viernes, 3 de septiembre de 2010

La Ética del Profeta Muhammad (s.a.w.)

Extraído del libro: "Elevadas virtudes morales del Profeta Muhammad (s.a.w.)"
Autor: Bâqer Sharîf Al-Qurashî
Traducido del árabe por: Feisal Morhell
Asamblea Mundial de Ahl-ul Bait (a.s.)


N
os encontramos ante los perfumados hálitos de la ética del Profeta (s.a.w.) que iluminan los corazones, purifican los sentimientos y colman las almas de satisfacción y sosiego. Es la luz cuyas ondas son irradiadas desde ese sol naciente para iluminar luego los espacios del cosmos, portando una imagen brillante de una vida basada en la virtud y la elevación del ser, un sano pensamiento, y la felicidad humana. Antes de hablar sobre la misma mencionaremos algunos hadices del Profeta (s.a.w.) en los que incentiva a investirse de las más elevadas virtudes y los atributos encomiables.

Las más elevadas virtudes

El Profeta (s.a.w.) exhortó a los musulmanes a adornarse con las más elevadas virtudes las cuales conforman el primer eje para erigir la sociedad islámica. Éstos son algunos de esos hadices:
1- Dijo (s.a.w.): “Vosotros no podéis abarcar a la gente mediante vuestros bienes, así pues, abarcadla mediante vuestra moral”.[1]
La noble moral es la que une entre los sentimientos y los afectos y propaga el amor y el cariño entre la gente, y es mucho más efectiva y deja mayor huella que dar bienes, aún cuando éstos conforman las arterias de la vida.
2- Dijo (s.a.w.): “Los más virtuosos de entre vosotros son los de mejor moral, los de buen carácter, quienes procuran la amistad de los demás cordialmente y a su vez brindan la suya”.[2]
Por cierto que la gente de grado más elevado, los de mayor posición, son aquellos que se invisten de nobles virtudes, que son cordiales con la gente y entre sí, y manifiestan su buen carácter a quienes necesitan de sus personas.
3- Dijo (s.a.w.): “Por cierto que aquel que posee un buen carácter moral tiene la recompensa de aquel que ayuna durante el día y se mantiene erguido en oración”.[3]
4- Dijo (s.a.w.): “Procurad tener un buen carácter moral, puesto que quien lo posea indefectiblemente estará en el Paraíso”.[4]
5- Le dijo (s.a.w.) a su sucesor y puerta de la ciudad de su conocimiento, el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.): “¡Oh ‘Alî! ¿Quieres que te informe respecto a quién de entre vosotros se asemeja más a mí en cuanto a moral?”.
Dijo: “Sí, ¡oh Mensajero de Dios!”.
Dijo: “El de mejor carácter de entre vosotros, el de mayor tolerancia, el que es más bienhechor con sus parientes, y el más equitativo aún en detrimento propio”.[5]
Por cierto que el buen carácter moral se encuentra entre los más sublimes atributos, y quien se invista del mismo y de la tolerancia se habrá asemejado al Profeta (s.a.w.).
6- De entre los consejos del Profeta (s.a.w) a Amîr Al-Mu’minîn (a.s.): Le dijo: “¡Oh ‘Alî! Ten un buen carácter con tu familia, tus vecinos y todo aquel con quien trates o acompañes de entre la gente; de esa manera, se te registrará ante Dios, Glorificado Sea, en los más elevados niveles”.[6]
Tener buen carácter con la propia familia, los vecinos y los compañeros se cuenta entre las mejores acciones que puede lograr el ser humano en su vida mundanal.
7- Dijo (s.a.w.): “Por cierto que Dios ama las elevadas virtudes y aborrece las vulgaridades”.[7]
Dios ama las nobles pautas de moral y aborrece las malas actitudes que acarrean la animosidad y el rencor entre la gente.
8- Dijo (s.a.w.) en uno de sus consejos a Amîr Al-Mu’minîn (a.s.): “¡Oh ‘Alî! Hay tres cosas que se cuentan entre las más elevadas virtudes: dar a quien te ha privado, relacionarte con quien ha cortado los vínculos contigo y perdonar a quien ha sido injusto contigo”.[8]
Estas nobles virtudes son de entre las principales pautas de moral y los más bellos atributos.
Éstas fueron algunas narraciones en las cuales el Profeta (s.a.w.) incentiva a su comunidad a investirse de las nobles virtudes y los atributos sublimes, de manera que sean un ejemplo para las naciones del mundo y los pueblos de la Tierra.

El mal carácter

El Profeta (s.a.w.) advirtió a los musulmanes respecto del mal carácter lo cual hace que se rompan los vínculos entre los musulmanes y que se extiendan el rencor y la animosidad entre ellos. Las siguientes son algunas narraciones que se refieren a ello:
1- Dijo (s.a.w.): “Dios rechaza el arrepentimiento del poseedor de mal carácter”.
Se le dijo: “¿Cómo es eso, ¡oh Mensajero de Dios!?”.
Dijo: “Porque cuando deja de lado un pecado, cae en otro”.[9]
El mal carácter empuja a la persona a perpetrar los pecados, hasta que la lleva a la aniquilación.
2- Dijo (s.a.w.): “Precaveos del mal carácter, puesto que el de mal carácter se encuentra en el Fuego”.[10]
3- Dijo (s.a.w.): “El mal carácter corrompe la acción así como el vinagre corrompe la miel”.[11]
4- Dijo (s.a.w.): “Ciertamente que Dios aborrece a quien frunce el ceño ante los rostros de sus hermanos”.[12]

Sus más elevadas virtudes

En cuanto a las más elevadas virtudes morales del Profeta (s.a.w.), éstas fueron asimiladas con agrado por todos los idiomas del planeta, y la gente se ha referido a las mismas con orgullo. El elogio que Dios, Glorificado Sea, confirió al Gran Profeta (s.a.w.), le hace no necesitar la alabanza de quienes le halagan. Dijo el Altísimo: “Por cierto que eres de un magnífico carácter”.[13] Las siguientes son algunas perlas de esas elevadas virtudes:

1– Su rechazo al propio ego

Entre las más elevadas virtudes del Profeta (s.a.w.) se cuenta el rechazo al propio ego. Él negó cualquier manifestación de opulencia, y no solo lo hizo en teoría, sino que lo aplicó en su vida. Los historiadores han narrado numerosas muestras de ello, entre las que se cuentan las siguientes:
1. Llegó a verle una persona y a causa del porte del Profeta (s.a.w.) el pavor se adueñó de su semblante. Entonces el Profeta (s.a.w) le regañó y le dijo:
“¡Pobre de ti! Solamente soy el hijo de una mujer de Qureish que solía comer qadîd (tiras de carne secadas al sol)”.[14]
¿Observáis ese rechazo al propio ego, esa manera de desestimar el ego, y de impedir cualquier tipo de acometida de grandeza y de considerarse superior a la gente? La verdadera grandeza y la exaltación en todos sus aspectos solamente pertenecen a Dios, el Creador del Universo, el Dador de la vida, y es a Él, y a nadie más, que se someten los rostros.
2. El Profeta (s.a.w.) prohibió a sus Compañeros que le ensalzasen y engrandeciesen, puesto que ello contendría un aspecto de superioridad y elevación por sobre ellos, por lo que les dijo: “No me ensalcéis como lo hicieron los cristianos con el hijo de María (a.s.). Por cierto que solamente soy un siervo de Dios. Así pues, decid: “El siervo de Dios y Su Enviado”.[15]
Las más importantes particularidades que él deseaba que se le atribuyesen eran el de siervo de Dios y el de Su Enviado. El Profeta (s.a.w.) detestaba enormemente el egoísmo y los sentimientos de superioridad.
Se narró de Ibn ‘Abbâs que dijo: “Caminé tras del Mensajero de Dios (s.a.w.) para ver si eso le disgustaba o quería que hiciera ello”. Continuó: “Me tomó con su mano y me atrajo hacia él hasta llegar a caminar a su lado. Luego me atrasé otra vez y nuevamente me tomó con su mano y me atrajo hacía sí. Entonces comprendí que le disgustaba eso”.[16]
3. Entre los sublimes atributos morales del Profeta (s.a.w.) tenemos su rechazo al propio ego, de manera que si un esclavo le llamaba, le respondía, y no se ponía por encima de él. Fue narrado de él (s.a.w.): “Si un esclavo me invitara a compartir con él una pata de cordero, aceptaría”.[17]
4. Una de las señales de su moral es que si se le obsequiaba una pata de cordero la aceptaba. Fue narrado de él (s.a.w.) que dijo: “Si me obsequiaran una pata de res, la aceptaría, y si me invitaran a (comer) una pata de cordero, respondería afirmativamente”.[18]
Él no se ponía por encima de nadie y aceptaba la invitación aunque fuera para compartir un trozo de carne de oveja.
5. Entre sus elevadas pautas de moral está que era afín a las reuniones de los pobres y los débiles y los sentaba a su lado. Ello era una señal de su elevada moral y su rechazo al propio ego.

Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) describe la moral del Profeta (s.a.w.)

Imam Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (a.s.) habló de la moral del Profeta (s.a.w.) diciendo:
“Cuando estrechaba la mano de alguien que se encontraba necesitado, o hablándole, nunca la retiraba él, sino que era el hombre (que estaba con él) quien la retiraba primero. Nunca cortaba las palabras de nadie sino hasta que hiciera silencio. No se le vio nunca extender las piernas frente a alguien sentado junto a él. Nunca se le expusieron dos asuntos sin preferir el más riguroso. Nunca se liberó de una injusticia contra su persona de una manera que trasgrediera los preceptos de Dios, Enaltecido y Glorificado Sea. Nunca, hasta que dejó este mundo, comió apoyándose en un espaldar. Nunca le fue pedido nada a lo cual se hubiera negado, ni despidió a quien le fuera a pedir algo sino con lo que le había requerido o con unas buenas palabras…”.[19]

2- Su tolerancia

Entre las características del Profeta (s.a.w.) se encuentra la tolerancia. Era el más tolerante de la gente, de manera que no se irritaba con aquel que le trataba mal, a menos que trasgrediera los preceptos de Dios, Glorificado Sea, puesto que en ese caso lo contrarrestaba con inflexibilidad. Una de las señales de su tolerancia la encontramos en el suceso en que Dhul Juwaisarah, quien era de los denigradores cuyas almas estaban repletas de codicia e ignorancia, llegó donde el Profeta (s.a.w.) estaba repartiendo bienes, y le dijo: “¡Mensajero de Dios, sé justo!”. El Profeta (s.a.w.) le respondió: “¿Quién será justo si yo no lo soy?… en verdad que, si es que no soy justo, habré caído en la ruina y en la perdición”.[20]
El Profeta (s.a.w.) no le correspondió sino mediante la indulgencia y la benevolencia, y con ello dio el ejemplo a sus Compañeros para que siguieran su comportamiento.
Entre las señales de su tolerancia tenemos que per­donó a sus más aciagos enemi­gos, que eran los del clan de Qureish, quienes le combatie­ron y fueron hostiles con él y con todo el que creyó en su Mensaje, y emprendieron en su contra una guerra sin cuartel, y que, cuando emigró de La Meca a Medina dirigieron ejércitos para terminar con él y apagar la luz del Islam.
Cuando Dios dispuso el evidente triunfo y conquistó La Meca, la gente estaba segura de que se vengaría de ellos, pero les perdonó diciéndoles: “¡Marchaos, sois los libertos!”. Esa fue una de las señales de su nobleza y su elevada moral, puesto que no les correspondió de la misma manera.

3- Evitar a los ignorantes

Evitar a los ignorantes era otra de las virtudes morales del Profeta (s.a.w.), habiéndolo instruido Dios en esta elevada virtud. Dijo el Altísimo: «Adopta el perdón, ordena lo bueno y evita a los ignorantes»[21], por lo cual les replicaba de la mejor manera, y no les hería en su sensibilidad, de modo que si insistían en sus posturas y no se sometían a la lógica, les evitaba y dejaba deambulando en las tinieblas de la ignorancia.

4- Su lealtad

La lealtad fue otra de sus virtudes morales. Es así que fue el más leal de las personas. Entre las señales de su lealtad está que recordaba siempre a su esposa, la Madre de los Creyentes Jadîÿah, quien no dejó de brindarle ninguna forma de benevolencia, desde que se mantuvo a su lado durante los días en que el advenedizo Islam atravesaba la adversidad, y ofreció toda su copiosa riqueza al servicio del Islam. El Profeta (s.a.w.) le agradeció toda esa magnanimidad, y solía recordarla siempre después de su fallecimiento, cada vez con más exaltación y engrandecimiento. Cuando faenaba una oveja elegía la mejor carne y la enviaba a las amigas de Jadîÿah, lo cual le resultó molesto a ‘Âishah, hasta que no pudo más y llegó a decirle: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Qué tanto recuerdas a una anciana con la comisura de los labios enrojecidos, siendo que Dios te la ha cambiado por algo mejor que ella!”. El Profeta le replicó con enojo diciéndole:
“¡Dios no me la cambió por algo mejor! Ella creyó en mí cuando la gente descreyó; me dispensó su riqueza cuando la gente me mantuvo en privación; y me dio una progenie -esto es, la Señora de las Mujeres del Universo, Fátima Az-Zahrâ’, con ella sea la paz- siendo que ninguna otra me dio tal cosa”.
Una vez lo visitó Hâlah, la hermana de Jadîÿah, y cuando escuchó su voz se alegró y la recibió efusivamente mientras repetía: “¡Hâlah, la hermana de Jadîÿah!”. Eso en verdad conformaba el culmen de la lealtad.
Muestra de la grandeza de su lealtad es que enviaba presentes y atuendos a una de sus nodrizas. Algo similar a ello sucedió cuando le trajeron a los prisioneros de la Batalla de Hunain y vio a su hermana de leche entre los prisioneros del clan de Hawâzân. Cuando la vio la reconoció y la convocó. Cuando se presentó ante él le extendió su capa para que ella se sentara sobre la misma, y le dijo: “Si lo deseas puedes permanecer conmigo siendo tratada con afecto y honra, o bien, si lo deseas puedo proveerte para que vuelvas con tu gente”. Ella eligió volver, por lo cual la proveyó.[22]
La lealtad formaba parte de su ser y de su esencia, y no conformaba un fenómeno restringido a sus seres queridos y amigos, sino que era leal ante los acuerdos pactados incluso con sus enemigos, llegando a actuar caritativamente con algunos de los mismos.

5- Su paciencia

En cuanto a su paciencia, era uno de los atributos más exponentes de la personalidad del Profeta (s.a.w.). Recibió las desgracias y las aflicciones suscitadas por Qureish con paciencia. Le desmintieron y le combatieron, así como a quien creyó en su Mensaje.
Cuando le ocurrió la desgracia del fallecimiento de su hijo Ibrâhîm, se detuvo junto a su cuerpo y le dijo: “¡Oh Ibrahîm! Los ojos se llenan de lágrimas y el corazón se entristece, pero no decimos sino lo que complace a Dios, y es que nosotros estamos tristes por ti, ¡oh Ibrâhîm!”. De esa manera, enfrentó la dolorosa pérdida de su hijo con paciencia y firmeza y sometiéndose a la Voluntad de Dios, Glorificado Sea.
Cuando fue martirizado su tío Hamzah se entristeció por él y tuvo paciencia por esa abrumadora desgracia, en la que fue afligido con la más dura calamidad. En el día de la Batalla de Uhud la gente le abandonó y no quedó con él más que su hermano y primo, el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.). Ese día fue golpeado con una piedra que le provocó una fractura en la cabeza y le quebró uno de sus dientes incisivos, empapando la sangre su noble rostro; y permaneció firme y paciente en el campo de batalla hasta que los idólatras lo abandonaron. Asimismo sucedió con otros duros sucesos con los que tuvo que convivir, pero para los que se armó de paciencia hasta que Dios, Glorificado Sea, le otorgó el evidente triunfo y le auxilió por sobre sus enemigos y contrincantes, sometiendo a Qureish que le había impuesto la guerra.
El Profeta tuvo paciencia ante todas las vicisitudes que le tocó vivir. Dice el Imam As-Sâdiq (a.s.): “Por cierto que Dios, Majestuoso e Imponente, envió a Muhammad (s.a.w.) como profeta y le ordenó tener paciencia, diciéndole: «Y ten paciencia ante lo que dicen y apártate de ellos de buena manera.»[23]
Dios, Glorificado Sea, le educó de la mejor manera y le ordenó tener paciencia ante las penas que su pueblo le hacía padecer. Dice el Altísimo: «Y ten paciencia por lo que te acontece, que ciertamente que ello forma parte de los asuntos decisivos.»[24]

6- Su misericordia

Entre los atributos del Profeta (s.a.w.) se encuentra la misericordia y la indulgencia con toda la gente, tanto creyente como incrédula. Su Misericordia abarcaba a los de Qureish, quienes no dejaron ninguna forma de asedio sin utilizarla en su contra. Cuando incrementaron su acoso suplicó por ellos diciendo: “¡Dios mío! Guía a mi pueblo puesto que ellos no saben”.[25]
Habló sobre sí mismo y la misericordia que portaba en su interior, diciendo: “Por cierto que yo soy una misericordia conferida”.
Así es, él era una muestra de la misericordia de Dios, Glorificado Sea, para con Sus siervos, de manera que no trataba a nadie de mala manera, sino con benevolencia, para que así la persona eliminara de su ser la iniquidad y el mal. Cierto líder de los árabes se burló de él cuando le vio siendo afectuoso con el Imam Husain (a.s.) a quien besaba siendo éste un niño, y le preguntó por su relación de parentesco con él, a lo que le respondió que era su nieto. Esa persona no le pareció bien esa actitud, y le dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! Tengo diez nietos y nunca besé a ninguno de ellos”. El Profeta (s.a.w.) le dijo: “¿Qué puedo hacer contigo si es que Dios, Glorificado Sea, arrancó la misericordia de tu corazón?”.
Como ejemplo de su comportamiento compasivo con sus nietos leemos que: cuando uno de ellos se subió sobre él al encontrarse prosternado en la oración, el Profeta (s.a.w.) prolongó su prosternación. Luego, quienes rezaban tras él le preguntaron por qué prolongó su prosternación y les respondió: “Mi hijo me usó como montura y no quise molestarle”.
Entre sus muestras de compasión y ternura por aquella que era “parte de él”, la Señora de las Mujeres del Universo, Fátima Az-Zahrâ’ (a.s.), está que dispuso la complacencia de ésta como la suya propia y su enojo como el propio. La honraba y anunciaba su nobleza y elevada posición que gozaba ante él, tanto en el atrio de su Mezquita como en su púlpito. Ello era una muestra de su compasión, la cual abarcó incluso a los animales; es así que tenía una oveja a la cual le daba de comer con su propia mano y ello para orientar a los musulmanes a ser bondadosos con los animales. La compasión para con toda la gente formaba parte de su ser, especialmente en lo que se refiere a los creyentes. Dice el Altísimo: «Por cierto que os ha venido un profeta surgido de entre vosotros mismos; le apena lo que padecéis, anhela vuestro bien, y es benevolente y compasivo con los creyentes.»[26]
Era tal su preocupación y compasión por su gente -la cual le desmintió, le impuso la guerra y se esforzó por matarlo-, que no suplicó en su contra, al punto que el ángel Gabriel descendió y le dijo: “Por cierto que Dios, Glorificado Sea, ha escuchado las palabras de tu pueblo con relación a ti y la forma en que te rechazaron, y ha comisionado al ángel de las montañas para que le ordenes lo que quieras respecto a ellos”. Luego descendió sobre él el ángel de las montañas, quien le expresó que obedecería sus órdenes. Le dijo: “Deseo que Dios les otorgue una descendencia que adore a Dios, Glorificado Sea, y no le asocie nada”.[27]
¿Veis toda esa compasión sin límites? Dios, Glorificado Sea, ya la había anunciado en Su Libro: «Y no te enviamos sino como misericordia para el universo».[28]
Entre sus muestras de compasión y ternura está que: sucedía que se le traía un niño para que suplicase el bien para él o le diese un nombre, y él lo tomaba y ponía en su regazo. Ocurría que a veces el niño orinaba sobre él y algún pariente del niño le comenzaba a gritar, pero él (s.a.w.) decía: “No interrumpáis al niño”, y luego procedía a suplicar por él alegrando con ello a la familia del niño. Tras ello el Profeta (s.a.w.) se levantaba a lavar su ropa y su cuerpo.
Era intensamente tierno y compasivo con su gente y familia. Dijo su sirviente Anas Ibn Mâlik: “No he visto a nadie que fuera más compasivo con su familia que el Mensajero de Dios (s.a.w.)”.[29]
El Mensajero de Dios (s.a.w.) era un ideal de misericordia y ternura para con toda la gente, sin diferenciar entre su familia y los demás.

7- Su humildad

Entre las señales de los atributos morales de Al-Mustafâ (el Elegido) (s.a.w.) se encuentra la humildad. Los historiadores narran escenas sorprendentes de su humildad. Entre ellas:
1. Lo narrado por ‘Udai Ibn Hâtam, quien dijo: Fui a ver a Muhammad mientras él se encontraba en la Mezquita. Le saludé y preguntó: “¿Quién eres?”. Dije: “‘Udai Ibn Hâtam”. Entonces se irguió y me llevó a su casa. En el camino se encontró con una mujer débil y mayor quien le pidió que se detuviera. Él se detuvo un largo rato mientras ella le hablaba acerca de sus necesidades, y me dije: “¡Por Dios que éste no es un rey!”. Luego seguimos hasta su casa y allí tomó una almohada de cuero curtido rellena de fibras de palmera y me la extendió diciéndome: “¡Siéntate sobre ella!”. Le dije: “Mejor siéntate tú sobre ella”. Me dijo: “¡No, tú!”. Por lo que yo me senté sobre la misma en tanto él se sentó sobre el suelo. Entonces me dije a mí mismo: “¡Por Dios que éste no es un rey!”.[30]
Esa era su naturaleza. Se encontraba alejado de toda forma de altanería.
2. El Profeta (s.a.w.) visitó a Sa‘d Ibn ‘Ubâdah y cuando ya se retiraba, Sa‘d le alcanzó un burro para volver y le ordenó a su hijo Qais acompañarle. El Profeta le dijo: “¡Monta conmigo!”. Pero Qais no quiso hacerlo. Entonces el Profeta (s.a.w.) le dijo: “¡O montas o te vas!”.[31]
El Profeta no quería ir montado mientras Qais iría caminando tras suyo, puesto que en ello habría una señal de superioridad y eso era algo que detestaba.
3. Otra muestra de la humildad del Profeta (s.a.w.) es que fue a ver a las tribus de Banî Nadîr, Quraidzah y Jaibar montado sobre un burro cuyo cabestro y riendas eran de fibras de palmera. Eso era el culmen de la humildad y rechazo al propio ego.
La humildad era uno de los más exponentes atributos morales del Mensajero (s.a.w.), quien con esta elevada moral pudo atraer las almas y dominar los sentimientos y emociones de la gente.

8- Su desapego de lo mundano

Entre los atributos morales del Profeta (s.a.w.) se encuentra su desapego respecto a todos los placeres mundanos, de manera que prefería la pobreza a la riqueza y la estrechez al desahogo monetario.
Las siguientes son algunas de las narraciones relativas a su desapego:
1. Narró ‘Âishah que el Profeta (s.a.w.) nunca comía hasta saciarse ni divulgaba sus penas ante nadie; el estado de privación era más querido por él que el estado de riqueza. Aún cuando permanecía con hambre y solía retorcerse toda la noche por el hambre, eso no le impedía ayunar durante el día. Si le hubiera pedido a su Señor, le habría concedido los tesoros y frutos de la Tierra y sus profusos medios de vida. Yo me compadecía de lo que veía en él y frotaba su estómago con mi mano al ver el hambre que tenía, y le decía: “¡Que yo sea sacrificada por ti!, ¿por qué no tomas de lo mundano lo que te sea suficiente como sustento?”. Y respondía:
“¡Oh ‘Âishah! ¿Qué tengo que ver yo con lo mundano? Mis hermanos, “los dotados de decisión” (ûlul ‘azm) de entre los Mensajeros, fueron pacientes ante cosas peores que esto y soportaron su situación. Así se presentaron ante su Señor y Él honró su morada postrera y les otorgó una generosa recompensa, y por ello, si es que tuviera unos medios de vida confortables me avergonzaría de que el día de mañana se me considerara negligente. No hay nada más querido para mí que asemejarme a mis hermanos y amigos”.[32]
2. Narró Ibn ‘Abbâs lo siguiente: “El Mensajero pasaba varias noches seguidas junto a su familia hambrientos, sin encontrar nada para cenar”.[33]
3. Una persona fue a ver al Profeta (s.a.w.) y lo vio sentado sobre una esterilla que le había dejado marcas en su cuerpo, y vio una almohada de fibras de palmera que le había dejado marcas en la mejilla, por lo que el hombre dijo: “¡Ni Cosroes (rey de Persia) ni el César (emperador de Roma) se habrían complacido con ello! Ellos duermen sobre seda y brocado, ¡y tú lo haces sobre esterillas!”. El Profeta (s.a.w.) le dijo: “¿Qué tengo que ver yo con la vida mundanal? Por cierto que su ejemplo es como el de un jinete que pasa por un árbol que da sombra y lo aprovecha para permanecer bajo la misma, pero cuando su sombra se inclina más y ya no es aprovechable, se va y lo deja”.[34]
4. Narró ‘Âishah lo siguiente: “El Profeta (s.a.w.) no sació su hambre durante los tres días anteriores a su fallecimiento”.[35]
5. Narró ‘Âishah lo siguiente: “La cama en la que dormía el Mensajero de Dios (s.a.w.) era de cuero curtido rellena de fibras de palmera, y él falleció habiendo empeñado su escudo con un judío para mantener a su familia, mientras decía: “¡Dios mío! Dispón el sustento diario de la familia de Muhammad”.[36]
6. Un hombre de los Ansâr obsequió al Profeta una medida de dátiles que llevó su criada. El Profeta (s.a.w.) le dijo: “Fíjate si encuentras en la casa alguna bandeja o un plato y tráemelo”. Pidió eso para colocar ahí los dátiles, pero ella no pudo encontrar nada y se lo dijo al Profeta, ante lo cual él sacudió un lugar con su propia ropa y le ordenó a ella poner los dátiles allí, y dijo: “¡Por Aquel en cuyas manos se encuentra mi alma! Si la vida mundanal equivaliera ante Dios, Glorificado Sea, al ala de un mosquito, no le habría sido dada al incrédulo y al hipócrita nada de la misma”.[37]
Esto es una pequeña reseña del desapego del Profeta (s.a.w.) respecto a la vida mundanal. En su casa no había siquiera utensilios del hogar. En ello fue imitado por su heredero y la puerta de la ciudad de su conocimiento, el Imam Amîr Al-Mu’minîn ‘Alî (a.s.), quien “se divorció de la vida mundanal tres veces”,[38] hasta que le llegó la hora sin dejar tras de sí de lo mundano nada de oro ni de plata, y cuya preocupación durante su califato fue implementar la justicia y propagar el bienestar y el bien entre los musulmanes.

9- Su pudor

Entre los atributos morales del Profeta (s.a.w.) se encuentra el pudor. Dijo Abû Sa‘îd Al-Judrî: “El Mensajero de Dios era más pudoroso que una muchacha virgen cubierta con su velo”.[39]
Era tal su pudor que cuando conquistó La Meca, que era el centro de las fuerzas que le eran hostiles, ingresó a la misma rodeado por sus fuerzas armadas, pero con su cabeza inclinada hacia el suelo por pudor y vergüenza ante ese mismo clan de Qureish que se esforzó por combatirle, y se les dirigió diciendo: “¡Marchaos, sois los libertos!”.
Otra se las señales de su pudor era que no mencionaba explícitamente el nombre de aquel que le despreciaba, sino que decía por ejemplo: “¡Qué les sucede a algunas personas que dicen o hacen tal cosa…!”.[40]
Solía decir: “Por cierto que cuando Dios quiere aniquilar a un siervo le quita el pudor; cuando le quita el pudor no le encontrarás sino maldito y aborrecido; y si no le encuentras sino maldito y aborrecido le es quitada la seguridad; y si le es quitada la seguridad no le encontrarás sino menoscabado habiéndole sido quitada la misericordia; y cuando le es quitada la misericordia no le encontrarás sino maldito y execrado habiendo sido despojado del cordel del Islam”.[41]
Dijo (s.a.w.): “El pudor y la fe se encuentran juntos en una misma relación, de manera que cuando uno de los dos es suprimido el otro le sigue”.[42]
Heredó esta particularidad su nieto ‘Alî Zain Al-‘Âbidîn, el ornamento de los adoradores y el señor de los que se prosternan ante Dios (a.s.), y por ello el poeta Al-Farazdaq dijo respecto a él lo siguiente:
Baja su mirada por pudor mientras los demás la bajan ante él por su gallardía.
Nadie le habla sin encontrarle con una sonrisa.
El pudor es uno de los más nobles atributos, el cual aflora de la elevación de la persona y la nobleza del alma y conforma uno de los atributos principales del Señor de los Profetas (s.a.w.).

10- Su generosidad y magnanimidad

El Profeta (s.a.w.) era el más generoso entre la gente y el de mayor benevolencia. Los narradores mencionaron muchas actitudes suyas de benevolencia y generosidad. Entre ellas:
1. Le fueron traídas riquezas de Bahrein y les dijo a sus
Compañeros: “¡Distribuidla!”, y así lo hicieron. Fue la mayor riqueza que le haya sido traída. Fue a la Mezquita y cuando concluyó la oración la distribuyó entre Sus Compañeros y no se quedó con nada.[43]
2. Una mujer le obsequió un manto y él lo necesitaba, por lo que se lo puso. Un hombre de entre sus Compañeros le vio y le dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Qué excelente que es!”. Dijo: “¡Es tuyo!”, e inmediatamente se lo quitó y se lo dio.[44]
3. Un hombre le pidió algo al Profeta (s.a.w.) y él le dio un rebaño de ovejas que se encontraba encerrado entre dos montañas, y éste volvió a su pueblo alegre, extasiado por la generosidad del Profeta (s.a.w.), y dijo a su pueblo: “¡Islamizaos!, que por cierto que Muhammad otorga como aquel que no tiene temor de quedar empobrecido”.[45]
4. Devolvió al clan de Hawâzin a quienes de entre ellos habían sido hecho prisioneros, los cuales eran unas seis mil personas.[46]
5. Entre su generosidad y benevolencia está que cuando volvió de la Batalla de Hunain, vinieron a verle unos beduinos para que les asistiera con algo de su generosidad y éstos le estrecharon contra un árbol espinoso y le despojaron de su capa, por lo que les dijo: “Dadme mi capa; si tuviera tantas gracias como el número de espinas de este árbol, las dividiría entre vosotros, y no me encontraríais avaro, ni mentiroso, ni huidizo”.[47]
El Profeta (s.a.w.) no restringía sus favores a los menesterosos, sino que los mismos abarcaban a todos. El Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) describe su generosidad y magnanimidad y el resto de sus atributos diciendo: “Era el más generoso entre la gente, el de corazón más amplio, el más veraz al hablar y el de más tierno carácter…”.[48]
Dijo el poeta Shauqî respecto a su generosidad:
La benevolencia es para ti como un deber y un precepto, / siendo que no hay deber que a su vez sea un favor y un obsequio.
Él asumía por sí mismo la generosidad brindada a los pobres, sin delegársela a nadie. Dijo ‘Âishah: “No vi al Mensajero de Dios (s.a.w.) delegar sus limosnas a otros, sino que era él mismo quien las colocaba en manos del solicitante”.[49]
Tal como dijo Ibn ‘Abbâs, el Profeta (s.a.w.) era el más generoso y magnánimo de la gente, y tal particularidad fue heredada por su nieto el Imam Al-Hasan (a.s.), el Señor de los Jóvenes del Paraíso, quien no otorgaba valor alguno a la riqueza, excepto el de satisfacer el hambre de una persona o vestirla, de manera que fue apodado “Karîm Ahl-ul Bait”, esto es, “el Generoso de Ahl-ul Bait”, a pesar de ser todos ellos fuente de generosidad.

11- Su contrición a Dios

Entre las características esenciales del Profeta (s.a.w.) se encuentra su contrición a Dios, Glorificado Sea, y su gran temor por Él. Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): “No había algo más querido para el Mensajero de Dios (s.a.w.) que permanecer temeroso y hambriento por Dios, Imponente y Majestuoso”.[50]
Narró Ibn ‘Umar lo siguiente: Solíamos participar en las reuniones del Mensajero de Dios (s.a.w.) en tanto él decía cien veces: “¡Señor mío, perdóname! Ciertamente que Tú eres el Remisorio, el Perdonador”.[51]
El Profeta era contrito a Dios, Glorificado Sea, y sobrecargaba extremadamente su persona durante sus actos de adoración, al punto que le fue revelada la siguiente aleya: «Tâ Hâ. No te hemos revelado el Corán para que te abrumes»,[52] habiendo sobrepasado a todos los profetas en cuanto a la abundancia de sus actos de adoración.
Transmitieron los narradores: Continuamente se encontraba recordando a Dios, Glorificado Sea, de manera que cuando amanecía decía: “Al-hamdulil·lâhi kazîran ‘alâ kul·li hâl (La Alabanza sea para Dios abundantemente en cualquier situación)”, repitiendo ello trescientas sesenta veces, y cuando anochecía decía lo mismo.[53]
Solía decir: “La mejor adoración es decir: Lâ ilâha il·lâl·âh (No hay divinidad más que Dios)”.[54]
Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): “Por cierto que el Mensajero de Dios (s.a.w.) no se levantaba de su lugar aunque estuviera apresurado sino hasta pedir perdón a Dios, Imponente y Majestuoso, diciendo: Astagfirul·lâh (Pido perdón a Dios) veinticinco veces”.[55]
Solía pedir perdón a Dios, Imponente y Majestuoso, setenta veces y al final agregaba al pedido de perdón, la frase: “Wa atûbu ilaih (Y a Él me vuelo arrepentido)”.[56]
Narró Ibn Mas‘ûd lo siguiente: “Me encontraba leyendo para el Mensajero de Dios (s.a.w.) la Sura an-Nisâ’, y cuando llegué a la aleya que dice: «¿Y cómo será cuando convoquemos de cada comunidad a un testigo y te convoquemos a ti como testigo sobre éstos?»,[57] sus ojos se desbordaron de lágrimas”.[58]
El Profeta (s.a.w.) se aferraba a Dios y su amor interactuó con sus sentimientos y emociones, lo cual surgía de un conocimiento cabal acerca de Dios, Glorificado Sea, el Creador del Cosmos y Otorgador de la vida.

12- Su valentía

El Profeta (s.a.w.) era el más valiente y enérgico de la gente. Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) se refiere a la valentía del Profeta (s.a.w.) diciendo:
“Cuando se intensificaba la lucha y se enardecía la vehemencia del combate nos amparábamos en el Mensajero de Dios (s.a.w.), de manera que no había nadie más cerca del enemigo que él mismo. Presencié el día de la Batalla de Badr cuando nos refugiábamos tras de él, que era quien más cerca se encontraba del enemigo, y era el de más bravura entre la gente”.[59]
Narró Ibn ‘Abbâs sobre la valentía del Profeta (s.a.w.) diciendo: “Cuando los musulmanes se encontraron con los incrédulos en el día de la Batalla de Hunain, los musulmanes retrocedieron dando la espalda al enemigo, entonces el Mensajero de Dios (s.a.w.) comenzó a apresurar su mula hacia los incrédulos sujetando yo sus riendas y tratando de detenerla para que no avanzara…”[60]
Ello indica su desestima por las fuerzas concentradas que rodearon a los musulmanes desde todos lados en el suceso de Hunain.
Dijo ‘Umar Ibn Hasîn: El Mensajero de Dios (s.a.w.) no se enfrentó a ningún batallón enemigo sin ser el primero en dirigirse al combate. Cuando lo vio Ubaî Ibn Jalaf en el día de la Batalla de Uhud, comenzó a decir: “¿A dónde está Muhammad? ¡Que no me salve si es que él se salva!”. Entonces el Profeta (s.a.w.) tomó una punta de lanza de Al-Hâriz y le apuñaló con la misma en el cuello, de forma que se precipitó de su caballo y luego escapó volviendo donde se encontraban los de Qureish, elevando su voz y diciendo: “¡Me ha matado Muhammad!”. Ellos le dijeron: “¡No tuviste valor!”, y dijo: “Aunque hubiese estado allí todo nuestro contingente, Muhammad les habría matado. Me dijo: ‘Yo te mataré’, y, ¡por Dios! aunque sólo me hubiera salivado me habría matado”. Luego, al llegar a la región de Sarf,[61] murió.[62]
La valentía del Mensajero de Dios (s.a.w.) fue una de las más excepcionales de la historia.
Heredó esta valentía su nieto, el “padre de los libres”, el Imam Al-Husain (a.s.), quien se dispuso en el centro del campo de batalla habiéndole rodeado las hordas criminales por todos lados, pero no dio importancia a ello, y he ahí que cargó contra las mismas y éstas comenzaron a huir como lo hacen las ovejas cuando se abalanza el lobo sobre ellas -tal como lo expresan los narradores-, y cuando cayó abatido en el campo del honor y la grandeza, ese vil ejército cobardemente temía acercársele.
Dijo el Seîied Haidar:
¡De qué manera la guerra se detenía / por un abatido que acobardaba a sus valientes!

13- Su amor por los pobres

Entre los atributos morales del Profeta (s.a.w.) se encuentra su vehemente amor por los pobres, de manera que era un padre, una fortaleza, un refugio y un cobijo para ellos. Encontraron tanta benevolencia bajo el amparo de sus atenciones que no es factible de describir. Asimismo, nos fueron legadas abundantes narraciones que incentivan a ser caritativos con los necesitados. Les dispuso una parte obligatoria de los bienes de los ricos, legislando así el zakât para que fuese gastado en ellos. Solía suplicar a Dios, Glorificado Sea, que le resucitase junto al grupo de los pobres. Narró Abû Sa‘îd lo siguiente: Escuché al Mensajero de Dios (s.a.w.) suplicar:
“¡Dios mío! Hazme vivir como pobre, hazme morir como pobre y resucítame con el grupo de los pobres. Ciertamente que el más desgraciado de los desgraciados es aquel en quien se han reunido tanto la pobreza de este mundo como el castigo del Más Allá”.[63]
Narró Anas lo siguiente: Dijo el Profeta (s.a.w.): “¡Dios mío! Hazme vivir como pobre y resucítame con el grupo de los pobres el Día de la Resurrección. ‘Âishah le inquirió diciéndole: “¿Por qué, ¡oh Mensajero de Dios?”. Respondió:
“Ellos ingresarán al Paraíso cuarenta otoños antes que los ricos. ¡Oh ‘Âishah! No despidas al pobre sino con al menos una porción de un dátil. ¡Oh ‘Âishah! Ama a los pobres y acércales a ti; de esa manera Dios te acercará a Sí el Día de la Resurrección”.[64]

14- Su justicia

En cuanto a su justicia, ésta fue una de las señales de la moral del Profeta (s.a.w.) y de lo elevado de su persona, formando parte de la naturaleza con la que fue creado. Ese es uno de los puntos más importantes de su noble Mensaje que se propone propagar la justicia social entre la gente. Cierto ignorante de entre los árabes le llegó a decir: “¡Sé justo, oh Muhammad!”.
Y él respondió: “¡Pobre de ti! ¿Quién será justo si yo no lo soy?… en verdad que habré caído en la ruina y en la perdición si es que no soy justo…”.[65]
Como muestra de su justicia tenemos que no acusaba a nadie por la mera sospecha de otro, y no corroboraba a nadie contra otro, y esparció la justicia en toda su amplitud y formas entre la gente. No hacía distinciones de uno sobre otro, e igualó a todos en los derechos y obligaciones sin exceptuar a nadie. Erigió su sistema en base a las más sorprendentes formas de justicia, en lo cual se encuentra la vida de las personas, la defensa de sus derechos, su seguridad y su bienestar.[66]

15- Su jovialidad

Otra particularidad de la moral del Profeta (s.a.w.) es la jovialidad, y su simpatía con la gente, lo cual agradaba a las personas. Los siguientes son algunos casos que se han narrado al respecto:
1. Llegó a verle una anciana y le pidió que le suplicara a Dios, Glorificado Sea, que le otorgara a ella el Paraíso. Él le respondió: “¡Pero las ancianas no ingresan al Paraíso!”. Ella le miró atónita y a continuación agregó: “Al Paraíso no ingresan las ancianas porque Dios, Glorificado Sea, dice: «Y las tornaremos vírgenes * afectuosas y de una misma edad»”.[67]
2. Antes del Islam, Juwât Ibn Ÿubai Al-Ansârî solía rondar por las casas para fornicar con mujeres, y si alguien le preguntaba qué estaba haciendo respondía que se le había perdido una camella y la estaba buscando. Juwât se islamizó a manos del Profeta (s.a.w.) y luego de un tiempo se encontró con él y le saludó. El Profeta (s.a.w.) le dijo bromeando: “¿Qué hicieron todos tus camellos fugados?”. Juwât le respondió en conformidad: “El Islam los amarró, ¡oh Mensajero de Dios!”.[68]
3. El Profeta (s.a.w.) amaneció con el semblante cambiado y uno de sus Compañeros dijo: “Le haré reír”. Y se apresuró hacia él y le dijo: “¡Que mi padre y mi madre sean sacrificados por ti! Me dijeron que el Daÿÿâl (el Anticristo) aparecerá y la gente estará hambrienta por lo que les convocará para comer. Si es que llego a estar en su época, ¿qué opinas? ¿le arrojo su comida de manera que cuando tenga retorcijos de hambre eso sea una señal de mi fe en Dios y que habré descreído de él? ¿o mejor disfruto de su comida?”. El Profeta (s.a.w.) rió, siendo su risa siempre la sonrisa, y le dijo: “Dios, Glorificado Sea, te enriquecerá con aquello que enriquece a los creyentes”.[69]
Tuvieron lugar numerosos sucesos como éstos que fueron mencionados en libros que tratan su biografía, los cuales nos brindan ejemplos de su elevada moral, y su trato agradable hacia con las personas de una manera que beneficiaba sus asuntos y carácteres.

Éstas fueron unas breves reseñas de las elevadas virtudes morales del Mensajero del Islam (s.a.w.) mediante las cuales conquistó los corazones y afectos, y cambió la condición de su pueblo, cuyo previo comportamiento más se asemejaba a una conducta animal.


[1] Al-Âmâlî, de As-Sadûq, p.268.
[2] Usûl al-Kâfî, t.2, p.110.
[3] Usûl al-Kâfî, t.2, p.107.
[4] ‘Uiûn Ajbâr Ar-Ridâ (a.s.), t.1, p.107.
[5] Man lâ Iahduruh al-Faqîh, t.2, p.340.
[6] Bihâr al-Anwâr, t.74, p.68; Tuhaf al-‘Uqûl, p.14.
[7] Safînat al-Bihâr, t.1, p.411, Vocablo “Julq”.
[8] Al-Jisâl, de As-Sadûq, p.125.
[9] Bihâr al-Anwâr, t.74, p.8.
[10] Bihâr al-Anwâr, t.74, p.48.
[11] Kanz al-‘Ummâl, t.3, p.443.
[12] Kanz al-‘Ummâl, t.3, p.441.
[13] Sura al-Qalam; 68: 4.
[14] Ta’rîj Bagdâd, t.6, p.22.
[15] Sahîh Al-Bujârî, t.4, p.142.
[16] Ta’rîj Bagdâd, t.12, p.91.
[17] Bihâr al-Anwâr, t.16, p.275.
[18] Bihâr al-Anwâr, t.48, p.122.
[19] Haiât ar-Rasûl Muhammad, t.1, p.85.
[20] Kanz al-‘Ummâl, t.11, p.303.
[21] Sura al-A‘râf; 7: 199.
[22] Nihâiat al-Irb, p.18, p.268.
[23] Sura al-Muzzammil; 73: 10
[24] Sura Luqmân; 31: 17.
[25] As-Sîrah an-Nabawîiah, de Zainî Dahlân, t.2, p.267.
[26] Sura at-Taubah; 9: 128.
[27] Sharh as-Sunnah, t.13, p.214; Ash-Shafâ’, t.1, p.255; Tafsîr Ibn Kazîr, t.3, p.259.
[28] Sura al-Anbiâ’; 21: 107.
[29] Bihâr al-Anwâr, t.66, p.426.
[30] Haiât ar-Rasûl Al-Mustafâ, t.3, p.606.
[31] As-Sîrah an-Nabawîiah, de Zainî Dahlân, t.2, p.277.
[32] Ajlâq an-Nubûwah, p.286.
[33] Haiât an-Nabîi, t.1, p.94.
[34] Haiât an-Nabîi, t.1, p.94.
[35] Ash-Shafâ bi Ta‘rîf Huqûq al-Mustafâ, t.1, p.140.
[36] Musnad Ahmad Ibn Hanbal, t.2, p.446; Sunan Ibn Mâÿah, t.2, p.387, Fath al-Bârî, t.11, p.136.
[37] Bihâr al-Anwâr, t.16, p.456.
[38] Después del tercer divorcio dado a la esposa (o bien su tercera formulación en tres oportunidades diferentes), el hombre ya no puede volver a casarse con ella hasta que la misma no se case con otro hombre y a su vez se divorcie de este último. El Imam ‘Alî (a.s.) usó esta cuestión como metáfora para dar a entender que la vida mundanal no tiene cabida para él. (N. del T.)
[39] Haiât an-Nabîi, t.1, p.98.
[40] Ta’rîj al-Islâm de Adh-Dhahabî, t.1, p.455.
[41] Sunan Ibn Mâÿah, t.2, p.347; Kanz al-‘Ummâl, t.3, p.19.
[42] Ma‘ânî al-Ajbâr, p.410.
[43] Haiât an-Nabî Muhammad, t.1, p.91.
[44] Muhammad al-Muzul al-Kâmil, p.26.
[45] Ÿawâhir al-Bihâr fî Fadâ’il al-Mujtâr, t.1, p.41.
[46] Ibíd.
[47] Muhammad al-Muzul al-Kâmil, p.25.
[48] Haiât an-Nabî Muhammad, t.1, p.91.
[49] Ibíd.
[50] Rawdat al-Kâfî, p.63.
[51] Ibíd.
[52] Sura Tâ Hâ; 20: 1-2.
[53] Usûl al-Kâfî, t.2, p.489.
[54] Usûl al-Kâfî, t.2, p.507.
[55] Usûl al-Kâfî, t.2, p.504.
[56] Usûl al-Kâfî, t.2, p.505.
[57] Sura an-Nisâ’; 4: 41.
[58] Musnad Ahmad Ibn Hanbal, t.1, p.374.
[59] Ÿawâhir al-Bihâr fî Fadâ’il an-Nabîi al-Mujtâr, t.1, p.43.
[60] Fath al-Bârî, t.8, p.28; Sahîh Al-Bujârî, t.4, p.37; Sunan Abû Dawûd, t.3, p.50; Musnad Abû ‘Awânah, t.4, p.276.
[61] Sarf: lugar a siete millas de La Meca. Mu‘ÿam al-Buldân, t.3, p.239.
[62] Ta’rîj At-Tabarî, t.2, p.67; Az-Zuqât, de Ibn Habbân, t.1, p.229.
[63] Mustadrak Al-Hâkim, t.2, p.56.
[64] Sahîh At-Tirmidhî, t.2, p.56
[65] Ash-Shafâ’, t.1, p.223.
[66] Haiât Muhammad, t.1, p.106.
[67] Sura al-Wâqi‘ah; 56: 36-37. La narración se encuentra en Muhâdirât ar-Râguib, t.1, p.282.
[68] Nazr ad-Durar, t.2, p.132; At-Tadhkirah al-Hamdûnîiah, t.1, p.362.
[69] Nazr ad-Durar, t.2, p.132.

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