miércoles, 1 de septiembre de 2010

COMPORTAMIENTO DEL PROFETA (S.A.W.) CON LOS NIÑOS Y JÓVENES : Jugar con los niños



 Autor : Muhammad ‘Alî Chenârânî
Traducido del persa por : Sumeia Younes 
Capítulo IV
“Todo el que tenga ante sí a un niño debe comportarse con él de manera infantil.”

- Del Noble Profeta del Islam (s.a.w.) –

Otro de los métodos que tiene efecto en la formación de la personalidad del niño, es la participación de los adultos en sus juegos, puesto que los niños, por un lado, debido a la debilidad y fragilidad física que perciben en sí mismos, y por otro, debido a la fuerza y poder que observan en los adultos, y el deseo que innatamente tienen por el desarrollo y perfeccionamiento, imitan el accionar y comportamiento de los adultos y quieren asemejarse a ellos.
      Cuando los padres se disponen al nivel de los niños y participan en sus juegos, obviamente el niño se regocija, divierte y entusiasma, y en su interior tiene la sensación de que sus actividades infantiles son muy importantes.
      Por lo tanto, el que los adultos jueguen con los niños goza de gran valor en los programas educativos actuales, y los psicólogos consideran a esta conducta como una de las responsabilidades de los padres.
      T. H. Morris, en su libro “Lecciones para los padres”, escribe:

“Debéis ser compañeros y amigos de vuestros hijos y jugar con ellos. Contadles cuentos, y mantened diálogos amigables y fraternales con ellos. Los padres y madres especialmente deben saber que deben ponerse al mismo nivel que los niños y hablarles de una manera que ellos perciban y entiendan”.[1]

Otro psicólogo escribe:

“Es menester que el padre participe de las diversiones y recreaciones de sus hijos. Este buen entendimiento parece ser imperioso. Por supuesto, el tiempo y el lugar y las etapas de su vida son diferentes. Sin dudas, un padre tiene poco tiempo para participar de los juegos de sus niños, pero, teniendo en cuenta el valor del mismo, o sea, el hecho de que el padre se disponga al nivel de los hijos, a ojos del niño esa poca cantidad es importante, de manera que en cualquier caso, se debe disponer de un tiempo para ello, aún cuando sea muy poco”.[2]

El instinto de jugar en los niños

            Uno de los instintos que Dios, el Sapiente, dispuso en los niños, es el hecho que le guste jugar. Él corre, brinca, y a veces se distrae con sus juguetes, deleitándose al trasladarlos de un sitio a otro. Aún cuando en principio estos movimientos parecerían inútiles, pero ocasionan el desarrollo de su cuerpo y espíritu, y en consecuencia el cuerpo del niño se fortalece y se incrementa su poder de razonamiento e inventiva, exteriorizando su potencial. Quizás ésta sea una de las razones por las que se hizo referencia al juego de los niños en las narraciones islámicas.
            El juego del niño es la ejercitación de un tipo de independencia de voluntad y a su vez suscita el poder de inventiva e innovación, puesto que cuando el niño, por ejemplo, se encuentra ocupado en la construcción de algo con sus juguetes, todo su aparato mental trabaja como un arquitecto, deleitándose con sus propios logros, y cuando a mitad del trabajo se tropieza con un impedimento, piensa en cómo resolverlo. En definitiva, todas estas actividades dejan un gran efecto en el desarrollo de su intelecto y en la construcción de su personalidad.
            Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “Todo el que tenga ante sí a un niño, debe comportarse con él de manera infantil”.[3]
         También dijo: “Que la misericordia de Dios sea sobre un padre que ayuda a su hijo en el camino de la benevolencia y a hacer el bien, lo trata con bondad, y cual un niño, es su compañero de la etapa de su niñez, formándolo sabio y educado”.[4]
         Dijo ‘Alî (a.s.): “Dejad a vuestros hijos libres para que se aboquen al juego hasta los siete años”.[5]
         Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): “Los primeros siete años el niño juega; los siguientes siete años se ocupa en adquirir conocimiento, y los siguientes siete años aprende lo lícito e ilícito (de la legislación religiosa)”.[6]
         Dijo ‘Alî (a.s.): “Quien tiene un niño debe comportarse infantilmente con él al educarlo”.[7]

El juego del Profeta (s.a.w.) con los niños

         El honorable Mensajero del Islam (s.a.w.) jugaba con sus niños el Imam Al-Hasan y el Imam Al-Husein (a.s.). A este respecto se transmitieron abundantes narraciones, a algunas de las cuales haremos referencia seguidamente:
            Se transmitió que cada día a la mañana el Profeta (s.a.w.) acariciaba con amor y cariño la cabeza de sus hijos y nietos, y jugaba con Al-Husein (a.s.).[8]
            Dijo Ia‘lâ ibn Murrah: Habían invitado al Mensajero de Dios (s.a.w.) a comer y nosotros también nos encontrábamos con él, que de pronto vimos a Al-Hasan (a.s.) jugando en la callejuela. El Profeta (s.a.w.) lo vio, y delante de la gente corrió abriendo los brazos para cogerlo, pero el niño corría de un lado para otro, escapándose y haciendo reír al Mensajero de Dios (s.a.w.), hasta que el Profeta (s.a.w.) lo cogió y puso una de sus manos sobre el mentón de Al-Hasan (a.s.) y la otra sobre su cabeza; luego acercó su rostro al del niño, lo besó y dijo: “Al-Hasan es de mí y yo soy de él. Dios ama a todo aquel que le ama”.[9]
            Se transmitió en muchas narraciones que ello tuvo lugar en relación con el Imam Al-Husein (a.s.).[10]
            Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): Cierto día el Imam Al-Husein (a.s.) se encontraba en el regazo del Profeta (s.a.w.) y éste jugaba con aquel, y se reían, cuando ‘Â’ishah dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Qué tanto juegas con este niño!”. El Mensajero de Dios (s.a.w.) le respondió: “¡Pobre de ti! ¡¿Cómo no he de quererlo cuando él es el fruto de mi corazón y la luz de mis ojos?!”.[11]
         Dijo Ÿubair ibn ‘Abdil·lâh: “El Mensajero de Dios jugaba con los hijos de sus Compañeros y les hacía sentar a su lado”.[12]
            Dijo Anas ibn Mâlik: “El Profeta era la persona de mejor carácter entre la gente. Yo tenía un hermano pequeño al que acababan de destetar, y yo lo cuidaba; se apodaba Abû ‘Umair. Apenas el Profeta (s.a.w.) lo veía, decía: “¡¿Qué te hizo el destete?!”. Y él mismo jugaba con él”.[13]
            Se transmitió en un hadîz que: “El Profeta del Islam (s.a.w.) llamaba a ‘Abdul·lâh, a ‘Ubaidul·lâh y a Kuzaîir o Quzam, los hijos de Al-‘Abbâs, que en ese entonces eran niños que jugaban, y les decía: “El que primero llegue hasta mí, su recompensa será tal o cual cosa”. Los niños hacían una carrera corriendo hacia él, ¡y el Profeta los abrazaba y los besaba![14]. Y a veces los hacía montarse sobre su espalda a modo de cabalgadura, mientras acariciaba la cabeza de algunos”.[15]

Hacer montar a los niños

         Otro de los métodos de conducta del honorable Líder del Islam (s.a.w.) con los niños era que los hacía montarse sobre su cabalgadura adelante o detrás de él. Desde el punto de vista psicológico este método para los niños resultaba muy interesante, puesto que ellos consideraban este accionar del Mensajero de Dios (s.a.w.) un honor muy valioso y preciado para sí, conformando un recuerdo inolvidable para ellos.
            Un punto digno de atención es que a veces el Profeta (s.a.w.) alzaba a sus hijos sobre sus benditos hombros, y otras los hacía montarse sobre su espalda. También hacía montar a los hijos de los demás sobre su cabalgadura. En este capítulo mencionaremos algunos ejemplos de cada caso.
            Tal como dijimos con anterioridad, el dilecto Líder del Islam (s.a.w.) hacía montar a sus hijos sobre su bendita espalda y jugaba con ellos, y muchas narraciones transmiten esto:
            Ÿâber, el honorable Compañero del Mensajero de Dios (s.a.w.), dijo: Entré donde se encontraba el Profeta (s.a.w.) y Al-Hasan y Al-Husein (a.s.) estaban montados sobre la espalda del Profeta (s.a.w.). Él caminaba con sus manos y pies y decía: “¡Qué buena cabalgadura es la vuestra, y qué buenos jinetes sois vosotros también!”.[16]
         Dijo Ibn Mas‘ûd: El Profeta alzó a Al-Hasan y a Al-Husein (a.s.) sobre su espalda en tanto que había montado a Al-Hasan sobre su costado derecho y a Al-Husein sobre su costado izquierdo. Cuando se movía, decía: “¡Qué buena cabalgadura es la vuestra, y qué buenos jinetes sois vosotros también! Y vuestro padre es mejor que vosotros”.[17]

El Profeta (s.a.w.) hacía montar a los hijos de los demás sobre su cabalgadura

         El Mensajero de Dios (s.a.w.) se comportaba con los hijos de sus Compañeros de la misma manera que lo hacía con sus propios hijos, haciéndolos montarse sobre su cabalgadura. Mencionaremos algunos ejemplos al respecto:
            Dijo ‘Abdul·lâh, el hijo de Ÿa‘far ibn Abî Tâlib: “Cierto día el Mensajero de Dios (s.a.w.) nos hizo montarnos detrás de él, ¡y nos habló con palabras que no repetiré a ninguna persona!”.[18]
            Se transmitió que cada vez que el Mensajero de Dios (s.a.w.) regresaba de un viaje y se encontraba con los niños, se detenía y luego ordenaba que los alzasen, y los hacía montarse a algunos delante y a otros detrás de él. Cuando transcurrían unos momentos, los niños se decían entre sí: “¡El Mensajero de Dios (s.a.w.) me hizo subir delante de él, y a ti te hizo subir atrás!”. Otros decían: “¡El Mensajero de Dios (s.a.w.) ordenó a sus Compañeros que te hicieran subir tras él sobre su cabalgadura!”.[19]
            Dijo Fudail ibn Iasâr: Escuché que el Imam Al-Bâqir (a.s.) dijo: “El Profeta (s.a.w.) salió de su casa para hacer algo, y cuando vio a Fadl ibn Al-‘Abbâs dijo: “¡Montad a este niño detrás de mí!”. Así, subieron al niño detrás del Profeta (s.a.w.), y él lo cuidaba”.[20]
         Dijo ‘Abdul·lâh, el hijo de Ÿa‘far: “Yo estaba jugando con Quzam y ‘Ubaidul·lâh, los hijos de Al-‘Abbâs, cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) pasó junto a nosotros, y dijo: “¡Alzad a este niño (‘Abdul·lâh ibn Ÿa‘far) para que se monte!”. Me alzaron y me montaron delante del Mensajero de Dios (s.a.w.). Entonces dijo: “¡Alzad a este niño (Quzam)!”. Lo alzaron y lo montaron detrás del Profeta (s.a.w.)…”[21]
            Se transmitieron algunas formas de cómo montaban a los niños sobre los hombros del Profeta (s.a.w.), que mencionaremos seguidamente:
1.    Hacía sentar a ambos sobre sus hombros de forma que cada uno quedara de frente al otro.
2.    Hacía montarse a ambos, uno de espaldas al otro, sobre sus hombros.           
3.    Hacía sentarse a uno sobre su hombro derecho y a otro sobre el hombro izquierdo.
4.    Hacía sentarse a uno hacia adelante, sobre su hombro derecho, y a otro hacia atrás, sobre su hombro izquierdo.[22]


[1] Mâ va Farzandân-e Mâ, p. 45.
[2] Ibíd., p. 22.
[3] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 15, p. 203; Man lâ Iahduruh al-Faqîh, t. 3, p. 312; Kanz al-‘Ummâl, hadîz nº 45413.
[4] Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 626.
[5] Al-Kâfî, t. 6, p. 626.
[6] Ibíd.
[7] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 5, p. 126.
[8] Sunan an-Nabîi, p. 152; Rahmat-e ‘Âlamîân, p. 658; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285.
[9] Sunan an-Nabîi, p. 152; Rahmat-e ‘Âlamîân, p. 658; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285.
[10] Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 626; Sahîh at-Tirmidhî, t. 5, p. 615; Mustadrak al-Hâkim, t. 2, p. 177.
[11] Bihâr al-Anwâr, t. 44, p. 260; Kâmil az-Ziârah, p. 68; Haiât al-Haiawân, t. 1, p. 111.
[12] Sharaf an-Nabîi, de Jargûshî, p. 102; Nihâiah al-Mas’ûl fî Riwâiah ar-Rasûl, t. 1, p. 340.
[13] Sahîh al-Bujârî, t. 8, pp. 37 y 55; Dalâ’il an-Nubûwah, de Al-Baihaqî, p. 154, traducción de Dâmgânî, transmitido de Sahîh Muslim.
[14] As-Sîrah al-Halabîiah, t. 3, p. 340; Usud al-Gâbah, t. 5, p. 210; Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 285.
[15] Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 285; Musnad Ahmad, t. 1, p. 337.
[16] Ihqâq al-Haqq, t. 10, p. 714; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285; Sunan An-Nisâ’î, t. 2, p. 229; Mustadrak al-Hâkim, t. 3, p. 166; Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 182.
[17] Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 286.
[18] Musnad Ahmad ibn Hanbal, t. 1, p. 335; Sahîh Muslim, t. 15, p. 197.
[19] Al-Mahaÿÿat al-Baidâ’, t. 3, p. 366.
[20] Bihâr al-Anwâr, t. 77, p. 135; Amâlî as-Sadûq, t. 2, p. 287.
[21] Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 285; Musnad Ahmad, t. 1, p. 337.
[22] Manâqib Ibn Shahr Âshûb, t. 3, p. 387; Bihâr al-Anwâr, t. 43, p. 285.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada