miércoles, 1 de septiembre de 2010

COMPORTAMIENTO DEL PROFETA (S.A.W.) CON LOS NIÑOS Y JÓVENES : Particularidades de los Jóvenes

 Autor : Muhammad ‘Alî Chenârânî
Traducido del persa por : Sumeia Younes
Si alguien en su juventud es desapegado y devoto, en el futuro se incrementarán decenas de veces sus niveles de espiritualidad.”

- Hadrat ‘Alî (a.s.) -
La realidad es que en todos los períodos de su vida el ser humano necesita de la guía, orientación y consejos de los demás. Incluso, los adultos, cuyo intelecto ha alcanzado su madurez final, y han acumulado experiencias en las etapas de su vida, siempre están expuestos a descaminarse y extraviarse, por lo que también necesitan del consejo de los demás; entonces, qué decir de los jóvenes que no han alcanzado su madurez mental y son inexpertos intelectualmente. Así, ellos se encuentran muchas veces más necesitados de la guía y orientación de los demás. Para corroborar este alegato, prestemos atención a la siguiente narración:
Muhammad ibn Muslim Az-Zuhrî, era un gran hombre, entendido y sabio de su época, cuyo amor por las riquezas y posiciones lo desviaron del sendero de la pureza y la virtud, y en su vejez se vio afectado por la adversidad y la miseria.
El médico espiritual de su época, esto es, el Imam As-Saÿÿâd (a.s.), con la intención de guiarlo, orientarlo y aconsejarlo, le escribió una misiva, y en el marco de una corta frase, le recordó los peligros que acechan a los jóvenes por efecto de la falta de madurez mental y de pensamiento:
“Cuando el amor por lo mundano puede llevar hasta tal punto hacia la vileza y decadencia como te ha sucedido a ti, a pesar de que has vivido mucho y te has beneficiado de vastos y profundos estudios científicos, y de que no hay mucha distancia entre tú y la muerte, entonces, ¿cómo puede una persona joven permanecer inmune ante las inclinaciones mundanas? Un joven que, por un lado, es un muchacho que no goza del beneficio del saber, y por otro, su criterio es débil y su intelecto inmaduro y descaminado…”[1]
         Dijo ‘Alî (a.s.): “La excusa de la ignorancia es aceptable de parte del joven, puesto que su conocimiento y saber es limitado e inmaduro”.[2]
            Por lo tanto, la inexperiencia e ignorancia son características de los jóvenes que deben tenerse en cuenta durante la educación. Es por ello que Dios dejó abierto el camino del arrepentimiento ante todos sus siervos, y ha aconsejado a los jóvenes más que a nadie al respecto, ya que es posible que la ignorancia y la insensatez juvenil sean la causa de muchos de sus errores y equivocaciones, y el único camino de salvación, es el arrepentimiento, sentir inclinación hacia Dios, y seguir los preceptos de la religión.
Los jóvenes no son estables al momento de elegir los diversos asuntos, y su opinión continuamente se encuentra en estado de cambio. A veces tienden hacia un lado, y otras hacia otro, y en cada momento los amenazan diferentes peligros. En este ínterin los enemigos también explotan considerablemente esta situación de los jóvenes en su propio beneficio.
Otra de las particularidades de los jóvenes es su fuerza, capacidad, agilidad, dinamismo y actividad que, si no utilizan de una manera correcta, cometerán muchas equivocaciones imposibles de remediar. Por lo tanto, se debe armonizar este poder y capacidad con la experiencia, el conocimiento y el pensamiento a fin de que tenga un resultado deseado y estimable.
            Dijo ‘Alî (a.s.): “El claro pensamiento de los ancianos es más querido y amado para mí que la fuerza y poder de los jóvenes”.[3]

Las señales de los jóvenes creyentes

            Del conjunto de los análisis obtenidos de la historia y los dichos de los grandes de la religión, se deduce que los jóvenes creyentes poseen características y señales, a las que haremos referencia en forma concisa:

1.    Estar familiarizado con las normas de la religión

El conocimiento más fundamental e importante que un joven debe adquirir, es el de la religión, ya que los jóvenes que desconocen la religión arruinan su juventud. La comprensión y entendimiento de las normas de la religión garantiza su felicidad.
            Dijo el Imam Al-Bâqir (a.s.): “Si veo a un joven de entre los jóvenes shias que no aprende las normas religiosas y no tiene conocimiento sobre la religión, ¡lo castigaré!”.[4]
         Dijo el Imam Mûsa ibn Ya‘far (a.s.): “Si encuentro a un joven shi‘ah que no está en procura del conocimiento de la religión, ¡le aplicaré veinte latigazos!”.[5]

2.    Estar familiarizado con el Corán

Desde que el Corán es la Palabra de Dios, el milagro eterno del Enviado del Señor, y un valioso Libro que porta el Mensaje de Guía para la humanidad y los conocimientos divinos, es responsabilidad de todo musulmán familiarizarse con el Corán y las ciencias coránicas y compenetrarse con este Libro sagrado, tal como fue explicado en algunas narraciones.
            “Cuando el muchacho se familiariza con el Corán en su juventud y lo lee continuamente, obtiene mayor espiritualidad del Corán, y es como si el Corán estuviese entremezclado con su carne y su sangre y dejara efecto en todo su ser”.[6]

3.    Estar familiarizado con las palabras de los Imames

Los jóvenes y adolescentes deben familiarizarse con las palabras de los Imames de la Shî‘ah y de los líderes de la religión para así engalanar su puro corazón con estas valiosas y preciosas joyas. En un hadîz leemos al respecto:
            “Los jóvenes deben iluminar sus corazones con los dichos de los líderes de la religión, conferir a través de ellos sensibilidad a su lengua y expresiones, y hacer llegar a sus oídos lo adecuado por medio de escuchar esas palabras”.[7]

4.    Aprender las ciencias

Dijo ‘Alî (a.s.) en un hadîz:
“Las ciencias experimentales, que proveen las necesidades materiales y que también son útiles al servicio de la sociedad, y los conocimientos literarios y el resto de las ciencias humanas, cada una de las cuales es, de alguna manera, necesaria para el individuo y la sociedad, todas son adecuadas para ser adquiridas por los jóvenes”.[8]

5.    Realizar los actos devocionales

Otra de las características de los jóvenes dignos es que pongan atención a la adoración y devoción a Dios, y por este medio limpien el óxido de sus espíritus y se formen en la adoración y devoción a Dios. A este respecto se transmitió que: “Si alguien en su juventud es desapegado y devoto, en el futuro se incrementarán decenas de veces sus niveles de espiritualidad”.[9]

6.    Arrepentirse

Otra de las particularidades de los jóvenes creyentes es que deben arrepentirse de sus errores y equivocaciones, ya que los jóvenes se encuentran en un estado de cambios, de manera que a veces tienen ánimo espiritual, y otras hacen necedades. Por ello, si llamásemos a la juventud “un período de inestabilidad”, no habremos dicho algo desatinado. Por lo tanto, un joven de fe constantemente se encuentra en un estado de arrepentimiento. Este método lo protege de caer en la desdicha.
            Dijo el Profeta (s.a.w.): “Más querido que nadie ante Dios es el joven que se arrepiente de sus pecados y pide perdón ante la Corte del Señor”.[10]

7.    Trabajo y esfuerzo

            La etapa de la juventud, que comienza alrededor de los dieciocho años, es el momento del trabajo y esfuerzo del ser humano en el que utiliza su dinamismo y agilidad para realizar sus labores, y si por el contrario, muestra debilidad y vagancia, se arraigará en su ser la falta de voluntad. En una narración se transmitió lo siguiente:
“Si es que él en la etapa de su juventud (en que posee una infinita fuerza corporal y espiritual) no lucha contra su propio ego, ¿cómo podría dedicarse a edificar sus asuntos espirituales en el futuro y en la etapa de la vejez? Él no debe gastar inútilmente sus fuerzas, puesto que de otra manera, en su vejez será muy difícil que pueda hacer algo por corregirse”.[11]

8.    Estar arreglado

En el Islam se ha prestado una especial atención a la belleza y al hecho de cuidar el propio aspecto, y los líderes religiosos mencionaron algunos temas respecto a arreglarse y engalanarse, lo que demuestra la importancia de la que goza este asunto en la vida humana. En los jóvenes existe esta característica más que en el resto de las personas y los líderes del Islam no solo no consideraron rechazable tal inclinación, sino que la corroboraron en la práctica.
Cuando el Imam As-Sâdiq (a.s.) ungía sus cabellos con aceite, decía: “¡Dios mío! ¡Te pido la belleza y el engalanamiento!”.[12]
También se transmitió de él (a.s.) que: “Un hombre se presentó en la casa del Mensajero de Dios (s.a.w.) y requirió verlo. Cuando el Profeta (s.a.w.) quiso salir de la casa para ir a ver a aquel hombre, se detuvo frente a un espejo o un gran recipiente de agua que había en la habitación, y se arregló la cabeza y el rostro. Cuando ‘Âishah observó esta escena se sorprendió, y al regresar el Profeta (s.a.w.) le preguntó: “¡Oh Mensajero de Dios! ¿Por qué al salir te detuviste frente al recipiente con agua y arreglaste tus cabellos, cabeza y rostro?”. Le respondió: “¡Oh ‘Â’ishah! A Dios le gusta que cuando un musulmán va al encuentro de su hermano, se engalane para verlo”.[13]
Sin embargo, aún cuando el Islam puso atención a la belleza aparente y a la vestimenta, eso no debe eclipsar los valores y bellezas espirituales, ya que la belleza espiritual es en realidad la hermosura real, en tanto que las bellezas aparentes solo serán buenas si van acompañadas de la belleza interior y de una correcta moral.

Los flagelos de la juventud

Aún cuando la juventud constituye una de las grandes bendiciones de Dios, está expuesta a ciertos flagelos, algunos de los cuales procedemos a mencionar:

1.    Desatender la fuerza de la juventud

Uno de los flagelos que amenazan a la fuerza de la juventud es el desaprovechamiento y malgasto de esta fuerza, a lo cual se hizo referencia en las narraciones islámicas:
“Aquel joven que no utilizó sus oportunidades en forma adecuada, cuando llega a la adultez y a la vejez, ya no tiene la capacidad para obedecer los preceptos de Dios”.[14]

2.    Lo efímero de la juventud

Otro de los flagelos de la juventud, es “dejar las cosas para mañana” y retrazar los trabajos y las oportunidades.
            Dijo ‘Alî (a.s.): “El joven inteligente y entendido saca provecho lo más rápido y mejor posible de esta efímera juventud, incrementando sus buenos actos y conducta, y esforzándose por adquirir las ciencias”.[15]

La manera de enfrentarse a los deslices de los jóvenes

Tal como lo mencionamos anteriormente, el Profeta (s.a.w.) brindaba una especial consideración a los jóvenes, y siempre los apreciaba y respetaba, pero, analizando minuciosamente la conducta del Mensajero de Dios (s.a.w.), nos topamos con otro tema más, digno de atención e importancia, y es la manera de tratar con los jóvenes transgresores y pecadores, respecto a lo cual mencionaremos algunos ejemplos:
Dijo el Imam Al-Bâqir (a.s.): “Fadl ibn Al-‘Abbâs, que era un joven bien parecido, en el día de la Festividad del Sacrificio (‘Id al-Adhâ) estaba montado al lado del Profeta (s.a.w.). En ese momento llegó ante el Mensajero de Dios (s.a.w.) una hermosa joven del clan de Jaz‘am junto a su hermano para hacerle unas preguntas sobre las normas de la Legislación islámica. El hermano de la mujer preguntaba las cuestiones de la religión ¡y Fadl ibn Al-‘Abbâs miraba a esa mujer!
El Mensajero de Dios (s.a.w.) tomó a Fadl del mentón y volteó su rostro hacia el lado opuesto al que se encontraba la mujer para que ya no la mirase. Pero el joven la miraba por otro lado, hasta que el Profeta (s.a.w.) nuevamente le dio vuelta el rostro.
Cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) terminó de responder a las preguntas de aquel hombre, tomó a Fadl ibn Al-‘Abbâs del hombro y le dijo: “¿Acaso no sabes que los días pasan, y si alguien protege su vista y lengua, Dios le registrará en su Libro de Acciones la recompensa de una Peregrinación (Haÿÿ) aceptada?”.[16]
         En otra narración se transmitió que ‘Abbâs, el tío del Profeta (s.a.w.) le dijo: “¿Volteaste el rostro de tu primo?”. El Mensajero de Dios (s.a.w.) le respondió: “Vi a una mujer y hombre jóvenes que no estaban a salvo de caer en la tentación y el pecado”.[17]
            Se transmitió que: Cierto día un joven se presentó ante el Profeta (s.a.w.) y le dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Permíteme fornicar!”. La gente, indignada, le reclamó a viva voz, pero el Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo con delicadeza: “¡Acércate!”. Aquel joven se acercó y se sentó frente a él. Con cariño, el Profeta (s.a.w.) le preguntó: “¿Te gustaría que hicieran eso con tu madre?”. Dijo: “¡No! ¡Que yo sea sacrificado por ti!”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “A la gente tampoco le satisface ello”.
         Luego el Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo a ese joven: “¿Te gustaría que la gente hiciera eso con tu hermana?”. Respondió: “¡No!”. El Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo: “La gente también es así”. Entonces el Profeta (s.a.w.) preguntó: “¿Te gustaría que alguien hiciera eso con tu hija?”. Dijo: “¡No!”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “Si alguien hace algo así con su hija, la gente también se enfada”.
         Tras la plática entre el Mensajero de Dios (s.a.w.) y ese joven, el Profeta (s.a.w.) colocó su mano sobre su pecho y dijo: “¡Dios mío! ¡Purifica su corazón del pecado, perdona sus pecados y protégele de la fornicación!”.
         Por efecto de este comportamiento, desde entonces en adelante, la fornicación se convirtió en la más desagradable de las acciones para ese joven.[18]
El trato del Profeta (s.a.w.) para con los jóvenes pecadores, conforma el mejor ejemplo para los musulmanes. Pero ha de tenerse en cuenta un punto en estos comportamientos, y es que deben evitarse los pecados de los demás utilizando “la manera correcta” de “ordenar lo bueno y prohibir lo malo” (al-‘amr bil ma‘rûf wa-n nahî ‘an-il munkar).

Sabios consejos del Imam Jomeinî (r.a.) a los jóvenes

            El Imam Jomeinî (r.a.), fundador de la República Islámica de Irán, aconsejó en diversas oportunidades respecto a temas relacionados a los jóvenes, entre ellos:

“Nosotros necesitamos que nuestros jóvenes sean formados con una educación humana, esto es, una educación islámica. Estos jóvenes que en el futuro deben proteger a esta nación, administrar esta nación, deben ser correctamente educados y encaminados. El Islam no se esfuerza con nadie de la manera que lo hace con la purificación de estos niños y jóvenes nuestros.
Pido a los jóvenes, muchachas y muchachos, que aún al costo de soportar molestias y sufrimientos, no sacrifiquen la independencia, la libertad y los valores humanos, por los lujos, placeres y el libertinaje, y por el hecho de estar presentes en los centros de corrupción que Occidente y sus agentes apátridas les ofrecen. Aquellos que quieren saquearnos se esforzaron a lo largo de la historia y a lo largo de estos cincuenta y pico de años por volver indiferentes a nuestros jóvenes.
Vosotros, jóvenes musulmanes, es necesario que en la investigación y análisis de las realidades del Islam, en los terrenos políticos, económicos, sociales y otros, tengáis en cuenta los orígenes islámicos y no olvidéis las distinciones que separan al Islam de todas las otras escuelas. Nuestros jóvenes deben saber, que hasta que en el individuo no existan la espiritualidad y la creencia en la Unicidad y la Resurrección, será imposible que pase por alto su propia persona por pensar en la comunidad.
¡Vosotros, oh queridos jóvenes! ¡No deis paso a la desesperanza! ¡La Verdad es la que triunfa! Este país debe ser reformado con la fuerza de vosotros los jóvenes. ¡Qué gran honor es que en nuestro país haya jóvenes prolíficos al servicio del Islam! Vosotros, jóvenes, que sois nuestra esperanza, ¡esforzaos! y mantened la unidad de palabra.
Vosotros, generación joven, tenéis la obligación de despertar de su letargo a los deslumbrados por Occidente, y de hacer públicas las atrocidades de sus gobiernos anti-humanos y de sus agentes.
Algunos de nuestros jóvenes ofrendaron por Occidente toda su reputación nacional, y ésta fue una derrota espiritual, que para nosotros significó la mayor de las derrotas. ¡Que nuestros jóvenes no piensen que todo lo que hay, está en Occidente y que ellos no tienen nada!
Desde ahora, que sois jóvenes y tenéis la fuerza de la juventud, tomad en serio el hecho de echar de vuestro ser las concupiscencias. La primavera del arrepentimiento son los días de la juventud, en que la carga de los pecados es menor, el herrumbre del corazón y la tiniebla interior más incompletas, y las condiciones para el arrepentimiento más fáciles y accesibles”.[19]

En espera del día en que los adolescentes y jóvenes de la querida nación islámica sigan atentamente estos consejos y exhortaciones fraternales del fallecido Líder de la Revolución, y puedan continuar siempre en el camino de ese maestro y preciado fundador, y desesperanzar a los enemigos del Islam y de Irán...



[1] Tuhaf al-‘Uqûl, p. 277.
[2] Gurar al-Hikam, p. 372.
[3] Nahÿ al-Balâgah, ordenación de Feiz, p. 1114.
[4] Bihâr al-Anwâr, t. 1, p. 214.
[5] Safînat al-Bihâr, t. 1, p. 680.
[6] Al-Kâfî, t. 6, p. 47.
[7] Ibíd.
[8] Sharh Nahÿ al-Balâgah, de Ibn Abî al-Hadîd, p. 20, Máxima nº 817.
[9] Maÿma‘ al-Baiân, t. 2, p. 385.
[10] Maÿmû‘ei-e Varâm, t. 2, p. 118; Mishkât al-Anwâr, p. 155.
[11] Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 353; Tafsîr al-Burhân, p. 882; Gurar al-Hikam, p. 645.
[12] Makârim al-Ajlâq, p. 51.
[13] Bâ Tarbîiat-e Maktabî Ashnâ Shavîm, p. 113.
[14] Al-Kâfî, t. 2, p. 135; Ta’rîj al-Ia‘qûbî, t. 2, p. 59.
[15] Nahÿ al-Balâgah, ordenación de Feiz, Discurso nº 82.
[16] Bihâr al-Anwâr, t. 9, p. 351; Fiqh ar-Ridâ, p. 73.
[17] Islâm va Tarbîat-e Kudak, p. 383.
[18] Rabesh-e Tablîg, p. 63.
[19] Kalemât-e Qesâr, Pend·hâ, Hekmathâ-ie Imâm Jomeinî, p. 216.

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