miércoles, 1 de septiembre de 2010

COMPORTAMIENTO DEL PROFETA (S.A.W.) CON LOS NIÑOS Y JÓVENES : Dar de comer y beber a los niños

 Autor : Muhammad ‘Alî Chenârânî
Traducido del persa por : Sumeia Younes 
Capítulo V

Dijeron sobre el Noble Profeta (s.a.w.):
“Saludaba al pequeño y al adulto.”

Una de las pesadas y delicadas responsabilidades en el camino de formar y educar a los hijos es observar la justicia y la equidad entre ellos, por lo que los padres y madres que tienen varios hijos deben mirarlos a todos con justicia, equidad e igualdad, y en la práctica, considerarlos a todos, a fin de que algunos no se sientan a menos. El Profeta (s.a.w.) se comportaba de esta manera con sus hijos; al respecto, se transmitió lo siguiente sobre una vez que dio agua a sus hijos y observó la justicia para con ellos:
Dijo ‘Alî (a.s.): El Mensajero de Dios (s.a.w.) vino a nuestra casa cuando Al-Hasan, Al-Husein y yo estábamos dormidos debajo de una manta. Al-Hasan pidió agua y el Mensajero de Dios (s.a.w.) se puso de pie y trajo un recipiente con agua. En ese mismo instante, Al-Husein se despertó y pidió agua, pero el Mensajero de Dios (s.a.w.) no le dio agua a él primero.
Dijo Fátima (a.s.): “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Parece ser que quieres más a Al-Hasan que a Al-Husein!”. El Profeta (s.a.w.) respondió: “Al-Hasan pidió agua antes que Al-Husein (a.s.). ¡Tú, Al-Hasan, Al-Husein, el que aquí está dormido (‘Alî) y yo, nos encontraremos en un mismo sitio el Día de la Resurrección!”.[1]
El Mensajero de Dios (s.a.w.) también alimentaba él mismo a sus niños. Este comportamiento nos demuestra que ponía completa atención al estado anímico de sus hijos.
            Dijo Salmân Al-Fârsî: Entré a la casa del Mensajero de Dios (s.a.w.) y Al-Hasan y Al-Husein comían con él. A veces el Profeta (s.a.w.) ponía un bocado en la boca de Al-Hasan (a.s.) y otras en la boca de Al-Husein (a.s.). Cuando terminaron de comer, el Profeta (s.a.w.) puso a Al-Hasan (a.s.) sobre su espalda y a Al-Husein (a.s.) sobre su rodilla; entonces se dirigió hacía a mí y dijo: “¡Oh Salmân! ¿Acaso los quieres?”. Dije: “¡Oh Mensajero de Dios! ¡Cómo no he de quererlos cuando veo cuánta posición y valor tienen ante ti!”.[2]

Saludar a los niños

            Una de las buenas prácticas que el Noble Mensajero del Islam estableció, es la de saludar a los niños, puesto que ellos, al tiempo que son infantes, traviesos y huyen de las responsabilidades, también entienden muy bien y perciben el cariño.
            Este hábito del Mensajero de Dios (s.a.w.) se contrapone a la visión de un grupo corto de miras e ignorante que no reconoce un lugar entre los adultos para los niños y considera a los hijos insignificantes y separados de ellos. Pero en la Escuela del Islam se ha advertido que todos los niños son dignos del mismo comportamiento que un adulto merece. Así es, el Profeta (s.a.w.) respetaba a los niños y se esforzaba porque ingresaran en el ámbito de la sociedad. Se transmitieron innumerables narraciones respecto a saludar a los niños:
            Dijo Anas ibn Mâlik: “Hadrat Muhammad (s.a.w.) se encontró en una callejuela con algunos niños pequeños y los saludó y les dio de comer”.[3]
         Y en otro hadîz dijo: “El Profeta (s.a.w.) vino hacia nosotros; nosotros éramos niños y él nos saludó”.[4]
Dijo el Imam Al-Bâqir (a.s.): El Mensajero de Dios solía decir: “Hay cinco cosas que no abandonaré hasta que muera. Una de ellas es saludar a los niños”.[5]
En otro hadîz se transmitió que: El Profeta (s.a.w.) saludaba a los niños y a los mayores.[6] Y al momento de saludar a las personas se adelantaba a hacerlo, incluso con los niños.[7] Cada vez que veía a alguien, era él quien saludaba primero y le extendía su mano.[8]
Dijo el Profeta (s.a.w.): “Yo observo el hecho de saludar a los niños, a fin de que después de mí quede como una tradición entre los musulmanes y todos actúen de acuerdo a ello”.[9]

¿Castigaba el Profeta (s.a.w.) a los niños?

         ¿Se valía el Profeta (s.a.w.) de los golpes y castigos físicos para educar a los niños o no?
            Tras analizar en forma minuciosa la vida y proceder del Profeta (s.a.w.) deducimos que el Mensajero de Dios (s.a.w.) no se valía de los correctivos físicos para educar a los niños, a pesar de que pareciera que el castigo es un asunto necesario e inevitable, desde que son muy pocos los niños que no han sido objeto de algún correctivo o severidad en el período de su formación; pero el punto que estamos tratando es: ¿Acaso se permite aplicar un correctivo físico al niño o no?
            Del análisis de las narraciones del Islam y del comportamiento de los líderes religiosos se deduce que no se debe aplicar castigos físicos a los niños. Desde el punto de vista científico y educativo, en el mundo actual se considera incorrecto golpear a los niños o hacerles daño con el propósito de educarlos o reprenderlos por un mal comportamiento, y en casi todos los países se prohíben los golpes y castigos físicos.
            Pero hay personas ignorantes y desinformadas que fueron negligentes respecto al proceder de los líderes del Islam y no toman en cuenta las narraciones que prohíben golpear a los niños.
            El Imam Al-Kâdzim (a.s.) dijo abiertamente a un hombre que se quejaba de su hijo: “No golpees a tu hijo y para educarlo, enfádate con él, ¡pero ten cuidado! que tu enfado no se prolongue, y reconcíliate lo más pronto posible”.[10]
         El Mensajero de Dios (s.a.w.) no solo no aplicaba castigos físicos a sus niños sino que si alguien actuaba de esta manera él se le oponía enérgicamente y se lo reclamaba duramente. La historia ha registrado y grabado algunos ejemplos al respecto:
            Dijo Abû Mas‘ûd Al-Ansârî: Yo tenía un sirviente al que golpeaba. Por detrás de mí escuché una voz que decía: “¡Abû Mas‘ûd! ¡Dios te otorgó poder por sobre él (convirtiéndolo en tu siervo)!”. Me volví y vi que era el Mensajero de Dios (s.a.w.)”. Le dije al Mensajero de Dios (s.a.w.): “¡Lo he liberado por la causa de Dios!”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “Si no lo hubieras hecho, te habrían abarcado las llamas del Fuego”.[11]
         Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): El Mensajero de Dios (s.a.w.) se topó con un hombre de Banî Fahd que estaba golpeando a su esclavo, y ese esclavo gritaba: “¡Me refugio en Dios!”, y pedía ayuda, pero ese hombre no ponía atención a ello. Apenas la vista del siervo recayó sobre el Mensajero de Dios (s.a.w.), dijo: “¡Le pediré ayuda a él!”, y el amo dejó de golpearlo.
         El Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo al amo: “¡Teme a Dios! ¡No lo golpees! ¡Perdónalo por Dios!”. Pero aquel hombre no lo perdonó. El Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Por el derecho de Muhammad, perdónalo, aunque Dios es más digno que Muhammad (s.a.w.) para que se perdone a alguien por Su causa!”.
         Dijo el hombre: “¡Liberé a ese esclavo por la causa de Dios!”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Por el Dios que me envió como Profeta! Si no lo liberabas el calor del Fuego del Infierno te habría alcanzado”.[12]
            Analizando la historia se deduce el hecho de que el Mensajero de Dios (s.a.w.) tampoco aplicaba castigos físicos a los niños desobedientes, y los trataba con cariño y buen carácter.
            Se transmitió en la historia que cuando los soldados del Islam partían hacia la Batalla de Uhud, en medio de ellos se vio a unos niños que con entusiasmo y afición se habían alistado para estar presentes en el campo de batalla. El Mensajero de Dios (s.a.w.) se enterneció de ellos pero les hizo volver. Entre los mismos había un niño llamado Râfi‘ ibn Jadîÿ, que le dijo al Profeta (s.a.w.) que él era un buen arquero; debido a ello, el Profeta (s.a.w.) lo autorizó a unirse al ejército del Islam.
            Otro niño, llorando, alegó ser más fuerte que Râfi‘, por lo que el Mensajero de Dios (s.a.w.) les dijo: “¡Luchad entre vosotros!”. Râfi‘ fue vencido en la competencia, por lo tanto el Profeta (s.a.w.) les permitió a ambos participar en la batalla.[13]
            El correctivo físico jamás debe ser aceptado como un factor determinante y un recurso en la educación, especialmente si este método es aplicado durante un período prolongado, al punto que la personalidad del niño se vea afectada o el castigo ya no surta efecto, y ya el niño lo tome como un asunto común y corriente y no desista de su proceder, ni sienta vergüenza ni pena por ello.
            Dijo ‘Alî (a.s.): “El que la persona juiciosa siga los consejos se produce a través de la educación y la buena formación. Son las bestias y los animales los que son adiestrados solo con latigazos”.[14]
            De esta manera, es tan importante evitar el correctivo físico que se prescribió que no es lícito aplicar una pena a personas que cometieron una contravención pero que no alcanzaron la madurez; por lo contrario, debe aplicarse en ellos sanciones correccionales.[15]
            Es por ello que en la historia del Profeta del Islam (s.a.w.) o de otros líderes religiosos no encontramos que en la sagrada tarea de educar a sus hijos, hayan visto la necesidad de golpearlos. Ellos siempre estuvieron al lado de sus hijos como amigos cariñosos, como líderes queridos, como compañeros comprensivos y guías compasivos, de manera que en su niñez jugaban con ellos y en su adultez fueron sus amigos, confidentes y compañeros. Este proceder puede conformar una clara orientación para sus seguidores en las diferentes épocas y lugares, puesto que los programas del Islam y la religión no se circunscriben a una época, lugar, tendencia o grupo en particular, sino que son para la humanidad toda en todos los tiempos y lugares.


[1] Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 169.
[2] Bihâr al-Anwâr, t. 36, p. 304, hadîz nº 143; Kifâiat al-Azar, p. 7.
[3] Makârim al-Ajlâq, pp. 14 y 31; Bihâr al-Anwâr, t. 16, p. 229.
[4] Sunan ibn Mâÿah, t. 2, p. 2220.
[5] Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 96; Amâlî As-Sadûq, p. 44; ‘Uiûn Ajbâr Ar-Ridâ (a.s.), p. 235; Al-Jisâl, t. 1, p. 130; ‘Ilal ash-Sharâ’i‘, p. 54; Bihâr al-Anwâr, t. 16, p. 215, hadîz nº 2.
[6] Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 69.
[7] Rahmat-e ‘Âlamiân, p. 663.
[8] Nihâiah al-Mas’ûl fî Riwâiah ar-Rasûl, t. 1, p. 341; Makârim al-Ajlâq, t. 1, p. 23.
[9] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 3, p. 209.
[10] Bihâr al-Anwâr, t. 104, p. 74; ‘Uddat ad-Dâ‘î, p. 61.
[11] Bihâr al-Anwâr, t. 74, p. 142, hadîz nº 12.
[12] Bihâr al-Anwâr, t. 74, p. 142, hadîz nº 15.
[13] Islâm va Tarbîiat-e Kûdekân, t. 1, p. 224.
[14] Sharh Gurar al-Hikam, t. 1, p. 10, hadîz nº 81.
[15] Mustadrak al-Wasâ’il, t. 3, p. 223.


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