miércoles, 1 de septiembre de 2010

El espíritu


Extraído de "Autoconocimiento", de Muhammad Ali Shomali

Traducción: Sumeia Younes


Tras haber comprendido la importancia del espíritu (h) y de la vida espiritual, es natural que prosigamos nuestra exposición con este tópico: el espíritu. El tema del espíritu es una de las cuestiones más antiguas que confundieron la mente humana. Incluso los primeros seres humanos eran conscientes de una entidad inmaterial dentro de sí mismos; se percataban de diferentes estados y niveles de conciencia en sus vidas, y por medio de comparar el sueño y la muerte con su normal estado de vigilia llegaron a ciertas conclusiones preliminares. También estaban informados del hecho de que los seres humanos son diferentes a los animales, por la carencia de libre albedrío y sabiduría de estos últimos; los animales solo parecían seguir sus instintos.
También pensaban en los sueños. Los sueños que se hacían realidad eran especialmente intrigantes. Sin ser capaces de comprenderlos claramente, tenían la sospecha de que ello podía ser el resultado de una parte de la persona que se desprendía y se trasladaba al futuro.
            A medida que las sociedades humanas se desarrollaban, tales problemas fueron delegados a los filósofos quienes eran buenos pensando y reflexionando. La Filosofía afrontó el tema comenzando con la siguiente pregunta: ¿Es el espíritu material o inmaterial? En otras palabras, ¿es este fenómeno parte de nuestros cuerpos o no? Las cosas materiales poseen propiedades específicas, por ejemplo, pueden ser divididas en partes más pequeñas que a su vez pueden seguir siendo divididas en partes ad infinitum, si los medios estuvieran disponibles. También sabían que si una persona perdía un miembro, esencialmente ésta seguía siendo la misma persona, con una minusvalía. Sus nociones sobre sí mismos no parecían deteriorarse en el proceso. De este modo, muchos filósofos concluyeron que el alma es independiente del cuerpo. Esta teoría se afianzó más tarde cuando consideraron las nociones de “yo”, “mío”, “mí”, como rasgos marcados de la persona. ¿Es la persona, esta entidad de “ser humano”, material o inmaterial?
            Como se pudo notar con el ejemplo de la pérdida del miembro, los filósofos sabían que los seres humanos, incluso tras perder partes de sí mismos, seguían siendo los mismos. Todos parecemos tener una comprensión de nosotros mismos como un todo, como algo que no es divisible, y que es simple y no compuesto. Cuando nos cortamos el cabello, después no nos sentimos disminuidos; lo que queda junto a nuestro cuerpo y no está sobre el piso de la peluquería, es lo que somos después.
            Utilicemos otro ejemplo para ayudar a clarificar este tema ilusorio. Cuando una persona comete un crimen, especialmente uno nefasto tal como asesinatos en masa dirigidos metódicamente, como lo hicieron los Nazis en la Segunda Guerra Mundial, se espera que sea llevada a la justicia, aún cuando haya cometido esos crímenes hace medio siglo.
            La ciencia nos dice que todas las células del cuerpo de la persona promedio se renuevan aproximadamente cada seis años. Para todas las consideraciones prácticas no somos físicamente la misma persona que éramos, por así decirlo, diez años atrás. ¿Por qué entonces el oficial Nazi, cuyo cuerpo guarda una mera similitud con el que llevó a cabo las atrocidades, debería ser apresado, juzgado, y castigado? Intuitivamente comprendemos que no estamos perdiendo algunas partes de nuestro ser que deban ser reemplazadas. La unidad de identidad que sentimos no es justificada solo a través de la continuidad física.[1]
            Por lo tanto, parece haber un reconocimiento universal del hecho que, lo que da existencia a una persona es finalmente permanente y considerado responsable por la totalidad del cuerpo y espíritu de la persona. Debido a que los dos están tan estrechamente vinculados, y debido a que nosotros los humanos estamos tan profundamente aferrados a este mundo físico, material, tendemos a identificarnos con el cuerpo antes que con el espíritu. En el Islam no cabe duda de que el espíritu es la esencia de la persona, y el cuerpo un vehículo para la manifestación del alma en este mundo, y un medio para realizar sus actividades.
            Hay una serie de razones que demuestran la existencia del espíritu a través del estudio de nuestro mismo conocimiento. Si probamos que nuestro conocimiento no es material, será evidente que no somos simplemente cuerpos. Por ejemplo, es evidente que una cosa más grande no puede ser situada en una cosa más pequeña. Una gran caja puede fácilmente dar cabida a una más pequeña que sea colocada en ella. Lo contrario no ocurre. Luego, imagínate contemplando atentamente un hermoso bosque por un momento, apreciando con deleite todo lo que se erige ante ti. Más tarde, cuando recuerdes la experiencia con toda su majestuosidad, piensa un poco en el tamaño del bosque, el cual está ahora, de una manera, guardado en tu memoria. Sea como fuera que uno lo llame, la idea, la imagen, o la experiencia del bosque, se inserta hábilmente dentro de la mente de una persona, la cual es muy limitada en tamaño. Nos preguntamos cómo un bosque, con todas sus características y tamaño, puede encajar en nuestra conciencia.
            El problema no se resuelve al imaginarnos, por ejemplo, pequeños microfilmes, que son imágenes de lo que vemos, y, de una manera u otra, son almacenados en nuestras mentes. Incluso los microfilmes sumamente pequeños tienen dimensiones que, si se juntan, pronto no dejarían más espacio en nuestras mentes para nada más. También cuando tienes microfilmes necesitas algunos medios para poder interpretarlos. También necesitas algún tipo de capacidad para comprender cosas en sus tamaños reales. Hay una diferencia entre ver una pequeña fotografía de un bosque y ver el mismo bosque.
            Esto es un tema bastante difícil que ha dejado desconcertados a muchos científicos. De hecho, cuando una encuesta a eminentes científicos, incluyendo a premios Nóbel, fue llevada a cabo recientemente, al preguntárseles cuál será el campo más importante de investigación en la próxima década, la gran mayoría respondió que la psicobiología.
            Es sabido que las neuronas en nuestros cerebros, a través de sensores, se propagan como raíces, pulsos, señales eléctricas si lo prefieres, por medio de lo cual interactúan con miles de millones de otras células. Las ondas del cerebro son de este modo medidas, monitoreadas y estudiadas. Sin embargo, la naturaleza del depósito de información no es bien comprendida.
            Las acciones reiteradas de una persona, por ejemplo un atleta después de un entrenamiento intenso que abarca movimientos repetidos de la misma clase, en efecto dejan rastros en la fisiología del cerebro, tal como sucede con un curso de agua después de correr por el mismo sendero por un rato. Esto permite al atleta realizar tareas sumamente difíciles sin “pensar” o sin un gran esfuerzo de coordinación. Sin embargo, esto explica solo parte del proceso. Éste es el sistema de “canalización eléctrica” por así decirlo, y no el proceso de cognición, depósito de información, y recuperación. Todavía no se sabe en qué forma son almacenadas las habilidades del atleta.
             La pregunta que ocupa a muchas mentes es: ¿Es el cerebro físico la entrada a algo más, o es todo lo que hay y el fin último de todo lo que tiene que ver con la cognición? Espero que podamos  responder a esta pregunta sin tener que ocuparnos en análisis técnicos de filosofía.
            Hay muchos otros caminos para probar que el conocimiento no es material. Por ejemplo, el conocimiento no es alterable, pero toda cosa material lo es. A modo de ejemplo, hoy es sábado. Tienes el conocimiento de que estás leyendo un libro sobre autoconocimiento este día. Este conocimiento es verdadero hoy. Cuando pienses en ello mañana, será el mismo. Tu conocimiento sobre este libro en particular será el mismo después de una semana, un año, o incluso dentro de veinte años. Cuando olvidas algo, lo que ello realmente significa es que esa información en particular se ha perdido, y que no puede ser fácilmente evocada del depósito de la memoria. De ninguna manera significa que ese mismo conocimiento tuyo se haya alterado.
            Consideremos otra situación. Por ejemplo, tienes un amigo que conociste hace dos años atrás. Te has formado una imagen de él en tu mente. Cuando piensas en aquel encuentro en particular, su imagen atraviesa tu mente precisamente con los mismos detalles. Nada ha afectado la imagen de tu amigo en tu cerebro. Si te lo toparas en la calle ahora mismo, todavía identificarías a tu amigo con la misma imagen que previamente habías almacenado en tu cerebro. Si cualquier cambio tomara lugar dentro de aquel conocimiento adquirido en particular, no podrías reconocerlo.
            Sin embargo, deberías saber que, ninguna información se pierde en el nivel inconsciente de tu mente, incluso si no puedes evocar algunos de tus recuerdos. Es importante que te des cuenta que la información ha sido guardada con seguridad en tu mente. Cualquier forma de experiencias que hayas tenido en tu vida, están en tu memoria. Ahora, a fin de permitirte recordar o extraer esos datos, necesitas algo de entrenamiento y práctica mental. No dilucidaremos este asunto en esta etapa. Lo que queremos decir es que es posible perder conocimiento en el nivel consciente de comprensión y es posible sentir que el conocimiento se ha opacado. Por ejemplo, los detalles de la imagen de aquella persona pueden haberse perdido, pero todavía recuerdas que es esa persona. Esto demuestra que el conocimiento no es material, puesto que todas las cosas materiales están sujetas a cambio.
            Indudablemente, una enorme masa sólida de una sustancia no puede caber u ocupar una pequeña vasija, recipiente o receptáculo, y lo mismo sucede en lo que se refiere a nuestro conocimiento, el cual no puede ni cambiar ni ser fraccionado en pequeñas porciones. Todos estos hechos prueban que el conocimiento no es material. Por lo tanto, nosotros, los dueños de ese conocimiento, no podemos ser materiales. No es posible suponer que seamos materiales, desde que somos poseedores de una cosa inmaterial, el conocimiento.
            Hay todavía otra manera de probar este hecho. Preguntémonos a nosotros mismos si una cosa material como un lápiz, posee conocimiento sobre sí mismo o sobre el mundo externo que lo rodea. Definitivamente responderás que no. Sabemos, por ejemplo, que la superficie exterior de un lápiz no está en absoluto informada de su superficie interna, o viceversa. La misma condición se aplica cuando hablamos de la relación entre dos o más lápices. Por lo tanto, es inexacto decir que éstas son las partes del mismo lápiz; lo mismo sucede con las partes de un libro; el libro no es una cosa única. Está compuesto de muchas cosas, muchos átomos que están aglomerados en algo que aparentemente es una unidad pero que realmente no lo es. Aún si hubiera sido una unidad no habría tenido conocimiento sobre sí mismo.
            En el extracto de la histórica carta a Gorbachov (31/12/1988) del fallecido Imam Jomeini (r.a.), el Imam planteó un punto filosófico sobre los mundos materiales e inmateriales. El Imam dirigió la atención de Gorbachov a la comparación lógica entre el alma, una entidad inmaterial, con una estatua, una entidad material. Imam Jomeini era de la opinión de que no todo podía ser analizado y justificado a través de la materia. Así, el Imam Jomeini pidió a Gorbachov que considerase por ejemplo una estatua que no posee ningún conocimiento. Cada lado de la estatua permanece oculto para el otro lado.[2]
            Esto debería ser analizado filosóficamente, pero puede ser comprendido prescindiendo de ello. Así, una cosa material no posee conocimiento respecto a la totalidad de su ser y tampoco posee conocimiento respecto al mundo externo. Pero éste no es el caso en lo que a los seres humanos se refiere. Un ser humano posee conocimiento sobre sí mismo, aun cuando piensa en un problema relacionado a la filosofía, matemáticas, historia, etc. Cuando tienes consciencia de ti mismo, entonces, también tienes consciencia del mundo externo.
            Existen también indicios experimentales para demostrar la existencia del espíritu. Estoy seguro de que has escuchado bastante sobre el hipnotismo. Se refiere a influir en el alma de alguien para que haga algo. Los hipnotizadores hacen que una persona entre en sueño, y luego logran que esa persona realice algo. El hipnotizador puede pedir a la persona que se encuentra bajo hipnosis que ejecute sus órdenes. Por ejemplo, puede pedirle que regrese a diez años atrás y le explique qué sucedió cuando estaba en la escuela. El hipnotismo también se utiliza para curar algunos desórdenes mentales. También puede ser usado como un medio de entretenimiento.
            Ello no significa que toda persona que alega dominar tal arte sea capaz de hacer eso. Sus alegatos pueden no ser auténticos. Pueden ser impostores que intentan estafar a personas simples.[3] Sin embargo, el hipnotismo como una ciencia y habilidad no puede ser rechazado porque tiene algunas aplicaciones en el campo de la medicina para curar algunas formas de trastornos mentales.
            Hay algo más, llamado espiritismo, que no está ligado a la filosofía sino a una rama de la ciencia de la parapsicología. Gente que afirma tener algunos poderes espiritistas alega poder evocar a los espíritus de los muertos a través de un médium. Por ejemplo, el espíritu del abuelo de una persona que murió dos o tres décadas atrás, puede ser convocado a través del médium para hablarle. Se le puede pedir al espíritu que dé la localización exacta de algo, como la fotografía perdida de la abuela. También se le puede pedir que dé los detalles de su asesino en algunos asesinatos misteriosos.
            Se dice que hoy en día más de cien revistas son publicadas a lo largo del mundo respecto al tema del espiritismo por parte de las sociedades espiritistas. Todas ellas creen en la existencia del espíritu y afirman que pueden tener contacto con los espíritus. No quiero decir que todas ellas sean verídicas, pero no puede ignorarse esta realidad.
            Es mejor dar ejemplos de las vidas de nuestros propios sabios. ‘Al·lâmah Seîied Muhammad Husein Tabâtabâ’î, el autor de “Al-Mizân”, una gran exégesis del Glorioso Corán (20 tomos), tenía un hermano llamado Seîied Muhammad Hasan Ilâhî, y este hermano suyo también fue de entre los grandes sabios. Ilâhî tenía un alumno que era capaz de evocar a las almas de personas fallecidas. Sin embargo, su hermano no reveló que él practicaba esta ciencia parasicológica. Es costumbre entre los grandes sabios ser discretos y mantener un perfil bajo en los ámbitos donde poseen facultades extraordinarias y sobrenaturales. Ilâhî, el hermano del ‘Al·lâmah Tabâtabâ’î, dijo que a veces surgían para él algunas preguntas y ambigüedades en la comprensión de algunas ideas en filosofía y necesitaba discutir esos problemas con la fuente original. Su alumno solía acudir a su socorro evocando a los espíritus de grandes filósofos y a través de él, Ilâhî solía clarificar y resolver los enigmas filosóficos. Pero su alumno no era consciente de esas soluciones desde que él no era un maestro en filosofía.[4]
            Es interesante tener en cuenta que un verdadero ‘ârif (gnóstico) puede fácilmente controlar los fenómenos sobrenaturales e incluso llegar a alcanzar un grado en el que puede tener control de todo en el universo. Sin embargo, considera que estas cosas carecen de importancia. Estas prácticas están incluso al alcance de discípulos del ‘irfân (Gnosis). Los maestros gnósticos consideran estos logros como muy elementales y rudimentarios. Aquellos que poseen elevadas jerarquías gnósticas pueden leer tu mente fácilmente; pueden predecir en forma precisa los eventos que toman lugar en medios totalmente diferentes. Por lo tanto, no es de extrañarse si el alumno de Ilâhî era capaz de evocar a los espíritus.
            Seîied Ÿalâl Ad-Dîn Ashtîianî[5] concedió una entrevista especial, publicada en Kaihân Farhanguî[6], respecto a Hakîm Sabzevârî.[7] Durante la entrevista, ‘Al·lâmah Ashtîianî dijo que una vez él había establecido contacto con el espíritu de Hakîm Sabzevârî, quien recitó unos versos de Mawlawî de “Maznawî”, que no podían ser encontrados en los ejemplares a disposición de ‘Al·lâmah Ashtîianî. Finalmente, a través de algunos estudios, ‘Al·lâmah Ashtîianî supo que un occidental había encontrado un ejemplar de “Maznawî”, que contenía tales versos.
            Por lo tanto, este fenómeno de la capacidad de hacer contacto con el espíritu de un muerto es una práctica muy factible. No tiene especial importancia y es insignificante para nuestros sabios y ‘ulamâ’. Al mismo tiempo, ellos no quieren hablar sobre estos asuntos porque dicen que en caso de hacerlo, ello ocasionaría algunas complicaciones innecesarias. No quieren hacer uso de tales prácticas para evitar tanto la publicidad como el acoso de la gente. En consecuencia, tratan de ocultar estos hechos, y solo sus amigos más cercanos pueden percatarse de estas prácticas. Este tema puede ser planteado en público para propósitos muy específicos en muy raras ocasiones.
            El fallecido Imam Jomeinî (r.a.) estaba capacitado en ‘Irfân tanto en teoría como en práctica. Sin embargo, nunca se dio aires de poseer tal talento. Solo algunos de sus alumnos que se encontraban a su servicio narraron algunas cosas de él al respecto. Incluso confesaron que ellos tenían dificultad para percibir aquellos aspectos de sus prácticas gnósticas. El fallecido Imam fue un ‘ârif de un rango muy especial. Poseía cualidades tan elevadas que nunca se jactó de sí mismo ni se atribuyó ninguna aptitud especial. El gran Imam Jomeinî fue un ‘ârif en el real sentido. El Imam ha legado un tesoro de obras en el campo del ‘irfân.
            El ‘irfân está dividido en dos grandes ramas. Hay un ‘irfân práctico y otro teórico. El ‘irfân teórico es tratado como una ciencia cuyo tema central es Al·lâh. El ‘irfân práctico estudia cómo acercarse a Al·lâh y cuáles son las etapas del viaje gnóstico. Los expertos en estas ramas han estudiado muchas cosas sobre ‘irfân. Pueden enseñarlo, pero existe la posibilidad de que no sean ‘ârif practicantes. Ello puede deberse al hecho de que no han alcanzado ciertas estaciones del viaje gnóstico. Quizás son personas comunes que simplemente poseen algún conocimiento sobre gnosis que pueden transmitir.
            Tener simultáneamente tanto el conocimiento práctico como el teórico, y ponerlos en práctica, nos conduce hacia la comprensión de la Sabiduría Infinita de Al·lâh, Todopoderoso y Sus Eternos Atributos, y nos capacita para ser honrados con las interminables bendiciones, que Él brinda a quien sea Su afable amante, Su siervo obediente y Su esclavo complaciente, si nuestra alma se somete totalmente a Su Voluntad y a Su Mandato.
            Anteriormente hemos analizado el tema de los espíritus. Hemos probado la existencia del espíritu como una realidad inmaterial. Además dijimos que es nuestro espíritu o alma la que hace nuestras personalidades, y que el cuerpo no es tan importante como lo es el alma. El cuerpo es solo un receptáculo o caparazón que porta nuestro espíritu. Algunas veces los sabios y filósofos comparan al cuerpo y al espíritu con una montura: una mula o un caballo. Nuestra alma armoniza íntimamente con nuestro cuerpo y efectivamente lo usa como un medio para realizar diferentes tareas.
            Al alma le es posible alcanzar una posición y un estado donde se vuelve totalmente independiente del cuerpo. Este estado puede plasmarse como una realidad una vez que la persona comienza a fortalecer su alma a través de la adoración a Al·lâh, su obediencia a Él, y la realización de los deberes religiosos. Si persistimos en estas prácticas, la dependencia al mundo material disminuirá al progresar nuestra alma hacia el reino divino a través de la santificación de nuestro espíritu. De este modo, nuestra alma gradualmente se desvincula del cuerpo físico.
            Muchos gnósticos y grandes sabios fueron capaces de experimentar un viaje incorpóreo. A veces incluso vieron sus propios cuerpos. Por ejemplo, algunos informaron que cuando vieron sus cuerpos por primera vez pensaron que estaban mirando a otra persona, pero tras unos momentos, comprendieron que estaban mirando sus propios cuerpos físicos.
            Un famosísimo y respetado sabio de Mash·had, Mirzâ Ÿawâd Âgâ Tehrânî (1919-1989), dijo en uno de sus libros:
“La mejor razón (para probar la existencia del espíritu) es ver al espíritu fuera del cuerpo. Esto es para aquellos que tuvieron esta oportunidad y yo personalmente he visto a mi espíritu una vez, es decir, a mí mismo delante de mi cuerpo tal como ahora me veo a mí mismo delante de las ropas que me he quitado y se encuentran delante de mis ojos.”[8]
            Este sabio era muy religioso y comprometido con sus valores, y su hijo narra que su padre estaba una vez sentado en el patio y después de un rato se puso de pie y se dirigió a su habitación. Tras unos momentos regresó. Su hijo le preguntó por qué había regresado, a lo que él respondió que había visto algunas hormigas en su ropa y se percató de que eran del patio y temía que si volvía a la habitación, esas hormigas perdieran su camino. Es así que decidió volver al patio para devolverlas al mismo lugar; luego volvió a su habitación. Se puede concluir que estas piadosas personas tienen cuidado de cada detalle de sus acciones de cada minuto para alcanzar posiciones elevadas y rangos espirituales especiales.
            Podemos deducir que no es difícil en absoluto probar la existencia del espíritu, tal como lo hicimos en nuestra exposición previa. Ahora podemos sacar la siguiente conclusión: que, desde que nuestros espíritus son inmateriales, y desde que nuestras personalidades y nuestras reales entidades están principalmente conformadas por nuestro espíritu inmaterial, nuestra comprensión del conocimiento del “yo” demuestra claramente que deberíamos hacer más hincapié en nuestras necesidades espirituales que en nuestras necesidades materiales. Evidentemente, debemos concentrarnos más en el lado espiritual del “yo” que en nuestro cuerpo físico.


[1] Algunos filósofos que niegan la sustancia espiritual apelan a la continuidad física para justificar la unidad de nuestra identidad. Dicen que nuestro cuerpo está siendo cambiado gradualmente con nuevas partes, pero este proceso es tan lento que no sentimos ningún cambio en la unidad y debido a la continuidad de nuestro cuerpo nosotros consideramos que es la misma. David Hume, por ejemplo, compara al cuerpo con un supuesto barco, el Queen Mary, que se mueve desde un puerto a otro y todas sus partes son sustituidas sucesivamente. Cuando este barco llega al último puerto no tiene ninguna de sus partes originales, pero todos los espectadores lo consideran el mismo, aunque erróneamente. Hay diferentes objeciones a esta idea además de lo expresado en el texto. Por ejemplo, de acuerdo a esta opinión, necesitamos algunos espectadores o jueces invariables que juzguen, aún erróneamente, que el barco es el mismo, y este rol puede ser jugado solo por el espíritu, el cual permanece dentro nuestro.
[2] Avâi-e Tawhîd, p. 11.
[3] Debemos cuidarnos de algunas personas que alegan tener tales capacidades. Solo están en busca de hacer dinero a través de medios indebidos. En los países occidentales, hay mucha gente que alega poseer algunos poderes extraordinarios que les permiten convocar a los espíritus a través del hipnotismo u otros medios, pero solo están timando a la gente. Se ha demostrado que muchos de ellos son embaucadores y sus intenciones deshonestas.
[4] Ma‘âd Shenâsî, Seîied Muhammad Husein Huseinî Tehrânî, t. 2, pp. 182-184.
[5] Un prominente sabio en Gnosis y Filosofía, que vivía en Mash·had. Ha escrito varios libros sobre Gnosis y Filosofía. Muchos sabios occidentales le realizaban visitas especiales cuando viajaban a Irán.
[6] Kaihân Farhanguî, vol. 10, nº 1, Marzo de 1993, serie nº 96, p. 11.
[7] Un gran filósofo islámico que escribió “Comentarios sobre Gurar al-Farâ’id”, una destacada obra sobre filosofía. El lugar donde descansan los restos de este gran sabio es Sabzevar, en la provincia de Jorasân. Hakîm Sabzevârî ha escrito un comentario sobre el renombrado “Maznawî” del gran gnóstico Ÿalâl Ad-Dîn Rûmî, más conocido como Maulawî.
[8] Bahzî dar Falsafe-ie Basharî va Islâmî, p. 33.

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