miércoles, 1 de septiembre de 2010

LAS FUENTES DEL PENSAMIENTO SHΑAH: El Intelecto (al-‘aql)



El Islam Shi‘ah : Orígenes, Doctrina y Prácticas. Capítulo II
 Por Muhammad Ali Shomalí 
Traducido por Sumeia Younes

El Intelecto (al-‘aql):

La Shî‘ah cree que el intelecto y la razón constituyen una fuente fiable de conocimiento, y que se encuentran en completa armonía con la Revelación. De acuerdo a algunos hadices, Al·lâh posee dos pruebas (huÿÿah) a través de las cuales los seres humanos pueden comprender Su Voluntad: una interna, que es el intelecto (al-‘aql), y otra externa, que la constituyen los profetas. A veces el intelecto es llamado “el profeta interno”, y los profetas son llamados “el intelecto externo”.
Existe una ley establecida entre los juristas shî‘as, respecto a que “cualquier juicio del intelecto y la razón categórica es el mismo que el juicio de la religión (shar‘), y viceversa”. También es aceptado unánimemente que una de las condiciones de la responsabilidad moral o legal es poseer una mente e intelecto sano. Si alguien es insano no se lo considera responsable de sus actos. Lo que se espera de la gente en materia de religión también varía de acuerdo a su capacidad mental y racional. Se espera que aquellos que son muy inteligentes y sagaces estén más preparados, sean más piadosos y obedientes que aquellos que son legos o ignorantes. Por ejemplo, de acuerdo a los dichos divinos (al-hadîz al-qudsî), Dios recompensa y castiga a la gente en proporción a su intelecto.
De acuerdo al Corán, Al·lâh requiere de todos los seres humanos que ejerciten su facultad racional y que mediten en Sus signos y mensajes en el universo. En muchas ocasiones los incrédulos son reprobados y censurados debido a su falta de razonamiento o por no actuar de acuerdo a los requerimientos racionales. Por ejemplo, son condenados debido a su ciega imitación de sus ancestros, y existen en él muchos versículos con preguntas retóricas, invitando a la gente a pensar, tales como:
﴿ أَفَلاَ يَعْقِلُونَ ﴾
«¿Acaso no piensan?»,[1]
﴿ أَفَلا يَتَدَبَّرُونَ الْقُرْءَانَ ﴾
«¿No meditan, acaso, en el Corán?»,[2]
﴿ إِنَّ فِي ذَلِكَ لاَيَاتٍ لِقَوْمٍ يَعْقِلُونَ ﴾
«Por cierto que en ello hay signos para los sensatos»,[3]
﴿ كَذَلِكَ نُفَصِّلُ الاَيَاتِ لِقَوْمٍ يَعْقِلُونَ ﴾
«Así dilucidamos nuestros signos a los sensatos»[4]...
En general, el intelecto contribuye a los estudios religiosos en tres grandes áreas: la primera, para comprender las realidades del mundo, tales como la existencia de Dios, la veracidad de la religión y los hechos científicos. La segunda es presentar los principios de los valores morales y las normas legales, tales como lo erróneo de la opresión y lo correcto de la justicia. La tercera es establecer patrones y procesos lógicos de razonamiento e inferencia. Estos tres roles de la razón son reconocidos, y, claro está, alentados por el Islam.
El primer paso hacia la religión, para inquirir acerca de ella y buscar su verdad, es tomado por el intelecto. Es el intelecto el que nos conduce a tomar el tema con seriedad y nos dice que nuestros intereses se verán dañados si las demandas de la religión son verdaderas pero fallamos en descubrirlas y creer en ellas.
Una vez que hemos comenzado nuestras indagaciones e investigaciones, es nuevamente el intelecto el que nos instruye respecto a cómo pensar y razonar. Es también el intelecto el que nos dice que seamos justos, piadosos, buscadores de la verdad, y sometidos a la verdad durante y después del proceso completo de descubrimiento racional. No podemos decir que debemos creer en Dios o en el Islam porque Dios lo dice así o porque el Corán lo requiere. No podemos tampoco decir que debemos investigar la verdad de la religión porque la religión misma nos lo dice así. Es el intelecto el que nos insta a inquirir acerca de la religión y por medio de eso descubrir la veracidad del Corán y del Profeta (BP). El intelecto, de este modo, juega un rol crucial con respecto a la creencia religiosa. Cada uno debe hacer su propia investigación respecto a la religión y descubrir la verdad independientemente, y nadie puede atenerse a otros. Por supuesto, una vez que la verdad de un Profeta o Libro dado es establecida, muchas más verdades pueden ser aprendidas de ese Profeta o Libro.
Respecto a las leyes prácticas y valores morales, los principios relevantes son comprendidos por la razón. Los detalles son, por supuestos, proveídos por las fuentes religiosas, aún cuando el proceso de entender las Escrituras y las implicaciones de los juicios religiosos nuevamente es gobernado por el intelecto. Por ejemplo, si Dios dice que tú debes realizar el Haÿÿ (la peregrinación a La Meca), ello racionalmente implica que debes hacer todas las preparaciones necesarias, tales como comprar el ticket y obtener una visa. Si es que hay un conflicto entre dos obligaciones, tales como salvar la vida de un inocente y realizar nuestras oraciones, ¿cuál de estos dos debemos realizar? En este caso, aún si no existiera una instrucción explícita o particular al respecto, racionalmente entendemos que debemos actuar de acuerdo al cierto y claro juicio de nuestro intelecto, el cual nos indica que debemos salvar la vida de la persona.
En contraste, el papel de la Revelación o las Escrituras en los estudios religiosos puede ser resumido de la siguiente manera:
Ø  confirmar los hechos que son ya conocidos por el intelecto;
Ø  presentar un nuevo tema que está fuera de los alcances del intelecto, tales como pormenores de la Resurrección y detalles de los sistemas morales y legales;
Ø  establecer debidas sanciones a través del sistema religioso determinado de recompensa y castigo.
Debe mencionarse también que, habiendo verificado la veracidad del Profeta o del Corán, llegamos a saber muchas cosas que éramos incapaces de saber por nosotros mismos, debido a nuestra falta de acceso a ciertas dimensiones de la realidad o ciertas evidencias. Uno debe, por lo tanto, distinguir entre lo que yace más allá de la capacidad racional actual de uno y lo que está en pugna con las pautas racionales. El primer caso atañe a los asuntos que son completamente posibles, puesto que corresponde a nuestra experiencia en nuestra vida diaria y sabemos, también, que nuestra habilidad para comprender puede incrementarse gradualmente. El segundo caso se relaciona con los asuntos que son imposibles en esencia. En suma, no hay nada irracional en el Islam. Por supuesto, se debe distinguir entre los juicios racionales categóricos y decisivos, y las propias conjeturas u opiniones personales. Si se presenta un caso en el que pareciera que el juicio racional está en conflicto con las posiciones religiosas tajantes, se debe verificar que debe haber un error por lo menos en un lado: o no era un juicio real de la razón, o no era una ley religiosa. Dios jamás desorienta a la gente por medio de decirles a través de los profetas que realicen algo, y lo opuesto a través del intelecto que Él Mismo les ha otorgado. Siempre ha habido juicios atribuidos al intelecto que contradecían las posiciones religiosas, pero que después de una precisa consideración se comprobó que eran contrarios a las premisas racionales categóricas.
M.R. Mudzaffar, en su comentario sobre el intelecto, dice lo siguiente:
Nosotros creemos que Al·lâh nos ha dotado con la facultad del intelecto (‘aql), y que Él nos ha ordenado reflexionar en Su Creación, observar meticulosamente los signos de Su Poder y Su Gloria a través de todo el universo así como también dentro de nosotros mismos. Ha sido expresado en el Corán: «Pronto les mostraremos Nuestros milagros en (todas) las regiones (de la Tierra), así como en sus propias personas, hasta que se les esclarezca que ello (el Corán) es la Verdad». [5]
Al·lâh ha mostrado Su desaprobación a aquellos que ciegamente siguen los caminos de quienes les precedieron: «Dicen: “¡No! Solo seguimos las huellas de nuestros padres”. ¿Les seguirán aunque sus padres nada comprendiesen ni se guiaran?».[6]
Y él ha demostrado Su aversión por aquellos que no siguen más que sus antojos personales: «…porque no siguen más que la conjetura…».[7]
En efecto, nuestro intelecto nos fuerza a reflexionar en la Creación a fin de conocer al Creador del universo, al momento que torna necesario para nosotros examinar los alegatos de alguien de ser profeta y considerar la veracidad de sus milagros. No es correcto aceptar las ideas de alguien sin un juicio crítico, aún cuando tal persona tenga el don de poseer un gran conocimiento o goce de una posición respetada.


[1] Sûra Iâ Sîn; 36: 68.
[2] Sûra An-Nisâ’; 4: 82; Sûra Muhammad; 47: 24.
[3] Sûra Ar-Ra‘d; 13: 4; Sûra An-Nahl; 16: 67.
[4] Sûra Ar-Rûm; 30: 28.
[5] Sûra Fussilat; 41: 53.
[6] Sûra Al-Baqarah; 2: 170.
[7] Sûra Al-An‘âm; 6: 116.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada