miércoles, 1 de septiembre de 2010

COMPORTAMIENTO DEL PROFETA (S.A.W.) CON LOS NIÑOS Y JÓVENES : La fuerza de la juventud




Autor : Muhammad ‘Alî Chenârânî
Traducido del persa por : Sumeia Younes 


«La juventud es una de las inestimables bendiciones de Dios y un gran capital de felicidad en la vida de la humanidad.»



Os encomiendo ser benevolentes con los adolescentes y jóvenes.”

- Del Noble Profeta del Islam (s.a.w.) -

En la primera parte nos familiarizamos en forma sucinta con el proceder del honorable Mensajero del Islam (s.a.w.) hacia con los niños. Ahora nos abocaremos a la segunda parte que trata del comportamiento de esta gran personalidad con los jóvenes, de manera que sea dispuesto como una orientación para la sociedad y los musulmanes, puesto que uno de los mayores capitales de cada país lo constituyen los recursos humanos de dicha nación, y se puede considerar a la generación joven de una sociedad como los recursos humanos más importantes de tal país, desde que son el poder y la fuerza de la juventud los que pueden triunfar sobre las dificultades de la vida y franquear fácilmente los arduos y accidentados caminos. Si los sembradíos son prósperos y florecientes, y las grandes y majestuosas ruedas de las pesadas industrias están en movimiento; si los recursos subterráneos son extraídos de las profundidades de la tierra; si los suntuosos y esplendorosos palacios rasgan los cielos y se elevan; si las ciudades son pobladas y prosperan las bases económicas de las naciones; si las fronteras de los países son protegidas del ataque de extraños y reina en ellos una completa seguridad, todo ello es por efecto de las valiosas actividades de la generación joven, puesto que estas incansables fuerzas constituyen la fuente de esperanza de todas las naciones.
Con la llegada de la juventud culmina la etapa de la niñez y el ser humano da pasos hacia el ámbito de las responsabilidades personales asumiendo la obligación de llevar a cabo funciones sociales y públicas. Así, el mundo de hoy toma en especial consideración a los jóvenes, y éstos han logrado tener una gran participación en todos los asuntos, ya sean políticos, sociales, económicos, industriales o éticos.
En los catorce siglos pasados, la sagrada religión del Islam, en sus programas universales, vivificantes y que conllevan la felicidad, también ha puesto una especial atención en la generación joven, de manera que ninguna sociedad, cultura, religión o programa humano pudo presentar algo igual. El Islam ha puesto bajo su especial atención a los jóvenes desde el punto de vista material y espiritual, psicológico, educativo, moral, social, en lo relacionado a lo mundanal, al Más Allá, y en definitiva, a todos los aspectos, en tanto en otras religiones y culturas solo se pone atención a un solo aspecto del mundo de los jóvenes.

El valor de la juventud

            Tal como mencionamos, en el mundo actual el tema de los jóvenes y su valor está en boga en todas las naciones y pueblos de la humanidad y en todos lados se aborda el tema de la generación joven. De aquí que los investigadores, sabios y escritores traten el tema desde diferentes aspectos.
            Entretanto, algunas personas se excedieron y han elevado a los jóvenes por encima de la posición y valor que les son pertinentes, en tanto otros, en contraposición, se han ido al otro extremo, rebajando a los jóvenes por debajo de su real posición a causa de la ingenuidad y la falta de experiencia teórica y práctica que los jóvenes poseen. Existe además un tercer grupo que ha adoptado una postura media y moderada.
            Los líderes de la religión consideraron a la juventud como una de las inapreciables bendiciones de Dios Altísimo y como un gran capital en la vida de la humanidad, y recordaron este tema a los musulmanes con variadas expresiones:
            Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “Os encomiendo ser benevolentes con los adolescentes y jóvenes, puesto que ellos poseen un alma más sensible y un corazón que acepta más fácilmente las virtudes. Dios me envió como Profeta para dar albricias a la gente de la misericordia divina y advertirla respecto de Su castigo. Los jóvenes aceptaron mis palabras y sellaron pacto conmigo, pero los mayores se abstuvieron de aceptar mi convocatoria y se levantaron en mi contra”.[1]
            Dijo ‘Alî (a.s.): “Hay dos cosas cuya medida y precio sólo conoce aquel que haya perdido a ambas: una es la juventud, y la otra la salud y el bienestar”.[2]
         Cuando Muhammad ibn ‘Abdil·lâh ibn Al-Hasan se levantó en armas y tomó de la gente un pacto de fidelidad para con él, se presentó ante el Imam As-Sâdiq (a.s.) y le requirió que le diera su pacto de fidelidad. El Imam no aceptó, pero le recordó algunas cuestiones, una de las cuales fue su recomendación respecto a los jóvenes. El Imam (a.s.) le habló así: “Debes hacerte de la compañía de los jóvenes y alejar de ti a los ancianos”.[3]
         Esta recomendación del Imam As-Sâdiq (a.s.) recuerda el valor e importancia de los jóvenes y dirige la atención hacia esta gran bendición divina. De aquí que el Mensajero de Dios (s.a.w.) le dijera a Abû Dharr:
            “Valora cinco cosas antes de que las pierdas. Una de ellas es la juventud, a la que debes valorar antes de llegar a la vejez…”[4]

Brindar atención a los jóvenes

         En épocas pasadas, los legítimos líderes del Islam, exhortaron en sus valiosas palabras a brindar consideración al puro espíritu de los jóvenes y a su inclinación por los principios éticos y humanos, y continuamente recordaron a los maestros que se debe explotar ese valioso capital en vías de una correcta formación de la generación joven.
            Un hombre llamado Abû Ÿa‘far Ahwal, que era de los partidarios del Imam As-Sâdiq (a.s.), se dedicó por un tiempo a difundir la escuela Shî‘ah y a enseñar los pensamientos de la Familia del Mensajero de Dios (s.a.w.). Cierto día se presentó ante el Imam As-Sâdiq (a.s.) y éste le preguntó: “¿Cómo encontraste a la gente de Basora en cuanto a aceptar la escuela de Ahl-ul Bait (a.s.) y a su presteza para aceptar la creencia de los shias?”.
         Dijo: “Solo unos pocos de entre ellos han aceptado las enseñanzas de Ahl-ul Bait (a.s.)”. El Imam (a.s.) le dijo: “Tú concentra tu atención en la difusión entre la generación joven; emplea tus fuerzas en el camino de guiarles a ellos, puesto que los jóvenes aceptan más rápido la verdad y tienden más rápido hacia todo bien y rectitud”.[5]
            Ismâ‘îl, el hijo de Fadl Al-Hâshemî, preguntó al Imam As-Sâdiq (a.s.): “¿Por qué Jacob (a.s.) (después de que José (a.s.) fuera arrojado en el pozo y los hermanos de José se presentaran ante su padre para requerirle que les perdonase), retrasó la respuesta al requerimiento de sus hijos, pero José (a.s.) inmediatamente perdonó a sus hermanos y suplicó para que fuesen perdonados?”.
            El Imam As-Sâdiq (a.s.) respondió: “Debido a que el corazón de los jóvenes acepta la verdad más rápido que el corazón de los ancianos”.[6]
         De estas dos narraciones se desprende claramente que la generación joven ama las virtudes, aceptando más rápido las cosas buenas, y en forma natural siempre ha tenido y tiene mayor inclinación e interés por la hombría de bien, la bravura, la sinceridad, la rectitud, cumplir con las promesas, devolver lo confiado, la dignidad, servir a la gente, el sacrificio y otros atributos como éstos, y aborrece y rechaza más los atributos viles y los vicios morales.

Algunos puntos:

            Desde el punto de vista de los líderes religiosos, la juventud conforma un valor real y valioso. Si es que hay quienes desean su propia felicidad y dicha y quieren beneficiarse lo suficiente de esta valiosa fuerza, deben prestar completa atención a los siguientes puntos:
1.    El período de la juventud constituye una de las mejores y más valiosas oportunidades fructíferas del período de la vida de la humanidad.
2.    Aprovechar la fuerza de la juventud y esforzarse y empeñarse en aras de su explotación, conforma la condición fundamental para el éxito.
3.    La felicidad o desdicha de todo ser humano se edifican en el período de su juventud, puesto que si alguien saca el debido provecho de esas oportunidades, puede ser feliz, y mediante la utilización de las capacidades, obtener su propia felicidad para todos los períodos de su vida.[7]

En el Día de la Resurrección se preguntará sobre la juventud

            Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “En el Día de la Resurrección ningún siervo dará un paso sin que deba responder a las siguientes preguntas:
         Primero: ¿En qué actividades ocupó su vida?
Segundo: ¿Cómo y en qué camino culminó su juventud?”.[8]
            Estas palabras del Profeta (s.a.w.) muestran perfectamente hasta qué punto el Islam otorga valor y le presta atención a la fuerza de la juventud, puesto que derrochar este preciado capital es tan grave que en el Día de la Resurrección se le preguntará a su dueño especialmente al respecto.
            Así es, la valía de los jóvenes poseedores de valores morales y cualidades humanas son como una flor que posee un perfume inspirador, que además de su frescura, belleza y hermosura natural, tiene una fragancia agradable y placentera. Pero si un joven no posee valores divinos, es como una espina que jamás es objeto del amor de los demás.
            Dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.): “Es menester que el hombre de fe utilice sus fuerzas para su propio beneficio, y se aproveche del mundo para la otra vida, de la juventud antes de que llegue a la vejez, y de la vida antes de que le sobrevenga la muerte”.[9]
            Dijo también: “Cada noche un ángel de Dios clama a los jóvenes veinteañeros: ¡Esforzaos, afanaos y bregad por lograr vuestra perfección y felicidad!”.[10]
            Por lo tanto, la etapa de la juventud conforma los días de la responsabilidad individual, el momento del despertar y de la reflexión, y la época del trabajo y el esfuerzo, y quienes no utilicen esta fuerza divina serán recriminados.
            Dijo Dios Altísimo:
«¿Acaso no prolongamos vuestra vida a tal punto que quien quisiera reflexionar lo hiciera?».[11]
            Dijo el Imam As-Sâdiq (a.s.): “Esta aleya contiene un reproche y una reprimenda a los jóvenes negligentes que llegaron a los dieciocho años y no aprovechan la oportunidad que les brinda su juventud”.[12]


[1] Bâ Tarbîat-e Maktabî Ashnâ Shavîm, p. 320.
[2] Sharh Gurar al-Hikam, t. 4, p. 183.
[3] Al-Kâfî, t. 2, p. 163.
[4] Bihâr al-Anwâr, t. 77, p. 75; t. 81, p. 173 y t. 71, p. 180; Al-Jisâl, t. 1, p. 113.
[5] Rawdah al-Kâfî, p. 93.
[6] Safînat al-Bihâr, Vocablo “Qalb” (corazón), t. 2, p. 442.
[7] Guftâr-e Falsafî, Cap.: “El Joven”, t. 1, p. 71.
[8] Bihâr al-Anwâr, t. 71, p. 180; Amâlî as-Sadûq, p. 25.
[9] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 4, p. 30.
[10] Mustadrak al-Wasâ’il, t. 2, p. 353.
[11] Sûra al-Fâtir, 35: 37.
[12] Tafsîr al-Burhân, bajo la explicación de la aleya mencionada.



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