miércoles, 1 de septiembre de 2010

COMPORTAMIENTO DEL PROFETA (S.A.W.) CON LOS NIÑOS Y JÓVENES : Utilizar a los jóvenes en las actividades de la nación



Autor : Muhammad ‘Alî Chenârânî
Traducido del persa por : Sumeia Younes



Un joven juicioso se aprovecha de su efímera juventud, torna buenos sus actos y se esfuerza en obtener las ciencias.”

- Hadrat ‘Alî (a.s.) -

En los países desarrollados el tema del respeto a la generación joven, así como el de su talento y la utilización de sus magníficas fuerzas, es algo que se tiene completamente en cuenta, y en diversos casos se les encomienda a ellos trabajos importantes y delicados del país, y se utilizan las fuerzas jóvenes e idóneas en beneficio de la nación.
El honorable Líder del Islam (s.a.w.) también puso especial atención a este importante punto social hace catorce siglos, y en su pequeña y flamante nación se valía de la generación joven para los trabajos delicados de la misma. En diferentes oportunidades delegó los trabajos importantes del país a los jóvenes competentes e idóneos, y los apoyó abiertamente tanto de palabra como en la práctica,[1] a pesar de que tener tal comportamiento en un ambiente sumido en la ignorancia y el atraso y lleno de fanatismo no era fácil de asimilar, desde que los adultos no estaban dispuestos a aceptar a la generación joven y seguirla. Cuando el Profeta (s.a.w.) elegía a un joven y lo hacía responsable de un gran cargo, los ancianos se ofendían y se lo reprochaban abiertamente al Profeta (s.a.w.), tal como se puede inferir perfectamente esta realidad del suceso de la primera convocatoria a sus parientes.[2]
            El Mensajero de Dios (s.a.w.) siempre persistió en el hecho de afianzar este proceder suyo y resistía contra los pensamientos incorrectos y los fanatismos ignorantes, hasta que finalmente, o persuadía a la gente con sus sabios discursos y sus innumerables recomendaciones, o los hacía guardar silencio. Además, en su púlpito y sus discursos ante la gente, elogiaba y apoyaba a los jóvenes capaces, y los situaba en altos cargos gubernamentales.
            Es digno de mencionar que la condición fundamental para elegir a los jóvenes, era su idoneidad y capacidad. Esta realidad se desprende claramente del análisis de las palabras del Profeta (s.a.w.). Los jóvenes que el Profeta (s.a.w.) elegía y asignaba para tareas fundamentales del Estado, eran idóneos y competentes desde el punto de vista del intelecto, ideas, inteligencia, fe, moral y administración.
            Seguidamente presentaremos algunos ejemplos de jóvenes que el Mensajero de Dios (s.a.w.) eligió para importantes tareas de la nación, a fin de que no se cometan errores en cuanto a la determinación del derecho real de los jóvenes, y para que no seamos víctimas de la exageración en ninguno de sus extremos a causa de juicios fuera de lugar, y los mismos jóvenes y la gente tampoco se equivoquen al respecto, puesto que el criterio del valor para la elección de estos jóvenes, fue la fe y los valores espirituales.

 ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.)

            ‘Alî es uno de los jóvenes que desde el comienzo hasta el final de su vida, continuamente estuvo bajo el servicio del Mensajero de Dios (s.a.w.). Él en todas las circunstancias tuvo una activa presencia, y fue muy querido por el Mensajero de Dios (s.a.w.), siendo considerado desde el comienzo del Islam uno de los soldados abnegados.
            ‘Alî era hijo de Abû Tâlib y pertenecía al más grande y famoso clan original de Qureish. Su madre fue Fátima, la hija de Asad ibn ‘Abdul Manâf, una gran dama con personalidad que pertenecía a la familia de los Hashemitas. Es por ello que ‘Alî (a.s.) era Hashemita tanto por parte de padre como de madre.[3]
            ‘Alî fue dado a luz en forma milagrosa en la Casa de Dios, la Ka‘bah. Este honor no le tocó a nadie más, y durante tres días permaneció en el interior de la Ka‘bah. Tras ello, salió de la Ka‘bah en brazos de su madre.[4]
            Abû Tâlib, el padre de ‘Alî (a.s.), defendió al Profeta (s.a.w.) durante los días críticos del Islam, en que todos se habían movilizado en su contra, hasta que en el año décimo de la Bi‘zah, Abû Tâlib y Hadrat Jadîÿah, la honorable esposa del Profeta (s.a.w.), fallecieron, y llamaron a ese año como “el Año de la Tristeza”. Abû Tâlib había tomado a su cargo al Profeta desde que éste tenía ocho años; luego, el Profeta (s.a.w.), a su vez, llevó a su casa a ‘Alî (a.s.), quien en ese entonces tenía seis años. De esta manera, ‘Alî creció en la casa del Mensajero de Dios (s.a.w.) bajo su tutela.[5]
            Después de que el ángel Gabriel descendiera ante el Mensajero de Dios (s.a.w.) en la cueva de Hirâ y el Profeta (s.a.w.) fuera elegido como tal, le informó a ‘Alî (a.s.) sobre la Revelación, y ‘Alî (a.s.), que era un niño de unos nueve años, aceptó la convocatoria del Profeta (s.a.w.), convirtiéndose así en el primer varón en aceptar el Islam.[6]
            Después de ser elegido como Profeta, el Mensajero de Dios (s.a.w.) no hizo pública su convocatoria durante tres años, y en el tercer año Dios le ordenó manifestar su prédica, comenzando su primera invitación con sus parientes. Es así que los invitó a una comida, y tras la misma dijo: “¡Oh hijos de ‘Abdul Muttalib! Dios me ha enviado para liderar a toda la gente, especialmente a vosotros mis parientes, y me dijo: «Y amonesta a tus parientes más cercanos»[7].”
            El Profeta (s.a.w.) anunció esto tres veces y excepto ‘Alî (a.s.) nadie respondió a su exhortación, siendo que en ese entonces ‘Alî (a.s.) solo tenía trece años. Entonces el Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo: “¡Oh ‘Alî! ¡Tú serás mi hermano, mi sucesor, mi heredero y mi visir!”.[8]
Autosacrificio de ‘Alî (a.s.) en el lecho del Profeta (s.a.w.)
            En el año trece de la Bi‘zah los jefes de Qureish, mediante la maquinación de un complot, decidieron asesinar al Mensajero de Dios (s.a.w.). Para ello eligieron a una persona de cada clan para que lo atacaran al caer la noche y lo martirizaran. El Mensajero de Dios (s.a.w.) requirió a ‘Alî (a.s.) que durmiera en su lecho para distraer a los enemigos respecto de las intenciones que tenía el Profeta (s.a.w.) de marcharse.
            En aquellos días en que ‘Alî (a.s.) aceptó de todo corazón el requerimiento del Profeta (s.a.w.) y durmió en su lecho, tenía veintitrés años. El Mensajero de Dios (s.a.w.) salió de la ciudad y se ocultó en la Cueva de Zaur, en las cercanías de La Meca. Al finalizar la noche cuarenta personas incursionaron en la casa del Mensajero de Dios (s.a.w.), pero se encontraron con ‘Alî durmiendo en el lecho del Profeta (s.a.w.).[9]
La Batalla de Badr
         La Batalla de Badr, en la historia del Islam, fue el combate entre la verdad y la falsedad. Esta batalla acaeció en el segundo año de la Hégira entre los jefes de los incrédulos de La Meca y los soldados del Islam, en una región llamada “Los Pozos de Badr” localizada a unas 28 leguas de Medina y a unos 6 km. del mar Rojo. El ejército de la incredulidad, conformado por más de mil guerreros, contaba con suficientes pertrechos, pero el Mensajero de Dios (s.a.w.) contaba solamente con la fuerza de trescientas trece personas. Tres famosos campeones del ejército de la incredulidad, ‘Utbah, su hermano Shaibah y su hijo Walîd, murieron a manos de ‘Alî (a.s.), Hamzah y ‘Ubaidah. En esta batalla ‘Alî tenía veinticinco años.[10]
La Batalla de Uhud
         Un año después de la Batalla de Badr, con preparación y renovación de sus fuerzas, los incrédulos se movilizaron bajo la comandancia de Abû Sufiân con tres mil guerreros de los diferentes clanes y se situaron con pertrechos suficientes en la ladera de la montaña de Uhud, a una legua de la ciudad de Medina. El Mensajero de Dios (s.a.w.), junto a setecientas personas, se enfrentó a ellos. El Profeta (s.a.w.) envió a cincuenta arqueros, bajo la comandancia de ‘Abdul·lâh ibn Ÿubair, hacia la boca de una montaña que se encontraba a la retaguardia de los musulmanes y ordenó que de ninguna manera abandonasen ese lugar.
            Campeones de renombre como Talhah ibn Abî Talhah, Abû Sa‘îd ibn Talhah, Harz ibn Abî Talhah, Abû ‘Azîz ibn Talhah, ‘Abdul·lâh Abî Ÿamîlah y Artât ibn Sharhabîl, se presentaron en ese orden en el campo de batalla, y todos fueron aniquilados por un pujante joven de veintiséis años, esto es, ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.). Los soldados del Islam comenzaron a tener en sus manos la victoria de la batalla, pero debido a que los arqueros abandonaron el estrecho, Jâlid ibn Walîd junto a sus jinetes atacó a los musulmanes por la retaguardia y los derrotó. Los musulmanes tuvieron setenta mártires, uno de los cuales era Hadrat Hamzah. Algunos combatientes, entre ellos ‘Alî (a.s.), defendieron vehementemente al Mensajero de Dios (s.a.w.). En esta guerra ‘Alî (a.s.) sufrió noventa heridas, y fue en esta misma batalla que se escuchó desde el cielo una voz que clamaba: “No hay joven excepto ‘Alî, ni espada excepto Dhûl Fiqâr”.[11]
La Batalla de Jandaq (Ah·zâb)
         En el mes de Shawuâl del año quinto de la Hégira, los incrédulos de La Meca, con la ayuda de los judíos que quedaban en Medina y mediante el requerimiento de ayuda al resto de los clanes, se aprestaron con mil guerreros para exterminar a los musulmanes. El campeón de este encuentro, ‘Amr ibn ‘Abdawad, también estuvo presente. Él había sido herido en la Batalla de Badr y sentía rencor por los musulmanes, y se había prometido a sí mismo ¡no ungirse aceite en el cuerpo hasta no vengarse del Mensajero de Dios (s.a.w.) y de los musulmanes!
            Tras llegar a Medina, el clan de los judíos de Banî Quraîdzah, que había cerrado un pacto con el Mensajero de Dios (s.a.w.), se preparó para asistir a los invasores del bando incrédulo, quebrantando así el pacto que tenía con el Mensajero de Dios (s.a.w.). Por propuesta de Salmân Al-Fârsî, cavaron una fosa alrededor de Medina a fin de que los enemigos no pudieran ingresar en la ciudad. Los musulmanes estuvieron sitiados 28 días, hasta que el campeón de los incrédulos, ‘Amr ibn ‘Abdawad logró cruzar la fosa y requirió un contendiente. Nadie, excepto ‘Alî, estuvo dispuesto a pelear con él, ya que ‘Amr era un hombre valiente e intrépido. ‘Alî (a.s.) se dirigió al campo de batalla, y cuando se dispuso frente a ‘Amr ibn ‘Abdawad, el Profeta (s.a.w.) dijo: “Toda la fe se enfrenta con toda la incredulidad”.
Luego de una feroz lucha que se dio entre ambos, ‘Alî (a.s.) aniquiló al enemigo. El Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo: “Por cierto que el golpe de ‘Alî (a.s.) en la Batalla de Jandaq es mejor que la adoración de los genios y los hombres.”
            En aquel día en que ‘Alî (a.s.) hizo este valioso servicio al Islam y a los musulmanes, era un joven de veintisiete años. Tras esta batalla, el Mensajero de Dios (s.a.w.) se dirigió junto a un ejército que estaba bajo el mando de ‘Alî (a.s.) hacia los judíos de Banî Quraîdzah, y con la muerte de Huîi ibn Ajtab, el ilustre de los judíos, la gente de la ciudad de Medina se vio aliviada por completo del peligro de los judíos.[12]
La Conquista de Jaibar a manos de ‘Alî (a.s.)
En el año séptimo de la Hégira los judíos de Jaibar idearon un complot, de manera que algunas de las siete fortalezas de Jaibar que estaban situadas al noroeste de la ciudad de Medina a una distancia de 200 km., se habían convertido en un depósito de armas. En estas fortalezas vivían catorce mil judíos. El Mensajero de Dios (s.a.w.) se dirigió a Jaibar junto a mil cuatrocientos combatientes a pie y doscientos jinetes, y dio el estandarte del ejército a ‘Alî (a.s.), que en ese entonces era un joven de treinta años.
En esa batalla ‘Umar y Abû Bakr fueron derrotados, hasta que finalmente y por órdenes del Mensajero de Dios (s.a.w.), ‘Alî se dirigió a la lucha, y con un refulgente golpe que asestó a Marhab -el campeón de los judíos- lo derribó. Entonces los musulmanes atacaron y ‘Alî (a.s.) arrancó el portón de hierro de Jaibar, tomándolo en sus manos a modo de escudo. En esta batalla Marhab, Hâriz y Iâsir murieron a manos de ‘Alî (a.s.) y así fue como Jaibar fue conquistada. Tras finalizar la batalla ¡cuarenta personas ayudaron para poder colocar ese portón en su lugar![13].
La Conquista de La Meca
            En el octavo año de la Hégira, La Meca fue conquistada por el Profeta (s.a.w.) sin que mediara batalla alguna. El Mensajero de Dios (s.a.w.) ingresó a La Meca junto a mil personas y destruyó y derrumbó personalmente todos los ídolos de la Ka‘bah. Luego ordenó a ‘Alî (a.s.) que colocase sus pies sobre sus benditos hombros, subiera por las paredes, e hiciera añicos los ídolos (que se encontraban sobre el techo de la Ka‘bah). ‘Alî (a.s.) obedeció; luego saltó al suelo. Entonces el Profeta (s.a.w.) le preguntó: “¿Por qué no pusiste tus pies sobre mis hombros (para bajar)?”. ‘Alî (a.s.) respondió: “Al momento de subir, me ordenaste, y yo lo hice, pero al momento de bajar no me dijiste qué hacer, es por ello que salté y no fui mal educado. ¡Agradezco a Dios que no me sucedió nada!”.[14]
Así es, este gran campeón del Islam estuvo presente en todas las circunstancias en las que los enemigos y los incrédulos se presentaban para destruir al Islam y a los musulmanes, y los defendía con todo su corazón, y a este osado campeón le tocaron honores de los que los demás se vieron privados.

Ya‘far ibn Abî Tâlib

Ya‘far, el hijo de Abû Tâlib, se contaba entre los Compañeros del Mensajero de Dios (s.a.w.) y era hermano de ‘Alî (a.s.), siendo diez años mayor que él. Era un hombre valeroso y fue de entre los primeros musulmanes. Pasó a ser conocido como Ya‘far At-Taîiâr puesto que en una batalla perdió sus dos manos, y el Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo sobre él: “A cambio del sacrificio de sus manos Dios le otorgó dos alas en el Paraíso”. Es por ello que pasó a ser conocido como Ya‘far At-Taîiâr (el que vuela).[15]
El Profeta (s.a.w.) lo estimaba en demasía. En el año quinto de la Bi‘zah -o comienzo de la misión profética- emigró a Abisinia junto a otros musulmanes y allí fue elegido como el vocero de la delegación (para hablar con el rey de Abisinia), en tanto era un joven de solo veinticuatro años. Los musulmanes permanecieron en Abisinia hasta el año 7 de la Hégira y luego regresaron a la ciudad de Medina. Su llegada a Medina coincidió con el regreso triunfante del Mensajero de Dios (s.a.w.) de la conquista de Jaibar.
Apenas el Profeta (s.a.w.) los vio se levantó ante la presencia de su valeroso primo, lo tomó del cuello, besó su frente y lloró. Luego dijo: “¡No sé por cuál motivo alegrarme más, por haber conquistado Jaibar o por la llegada de Ya‘far!”.[16]
En el octavo año de la Hégira -es decir, un año después de su regreso de Abisinia- fue enviado por el Mensajero de Dios (s.a.w.) a los territorios de la actual Jordania como comandante al mando de tres mil combatientes para luchar contra los romanos. El ejército del Islam partió desde Medina y se enfrentó con los romanos en la región de Mu’tah, situada en el actual territorio jordano, que entonces formaba parte de lo que se daba en llamar Shâm o “la gran Siria”.
En el año 8 de la Hégira, en Mu’tah, tras una valerosa resistencia en la guerra, a Ya‘far le cortaron ambas manos. Ante esto, cogió el estandarte del Islam sujetándolo en su pecho, hasta que finalmente alcanzó la elevadísima posición de mártir. Fue enterrado en tanto tenía setenta heridas en el cuerpo.[17] Cuando llegaron las noticias del martirio de Ya‘far al Mensajero de Dios (s.a.w.), primero lloró, y luego dijo: “Se debe llorar por una persona como Ya‘far”.

Mus‘ab ibn ‘Umair

         Mus‘ab ibn ‘Umair se considera uno de los jóvenes prolíficos y de entre los brillantes rostros de la historia del Islam. Él era un joven muy bello, casto, de elevadas aspiraciones y valiente. Sus padres lo querían mucho y en La Meca era respetado por todos. Vestía las más lindas vestiduras y vivía bajo las mejores condiciones y facilidades materiales.[18]
            Él, que se sentía fascinado por las palabras del Mensajero de Dios (s.a.w.), por el hecho de frecuentar al Mensajero de Dios (s.a.w.) y escuchar las aleyas del Corán, aceptó sinceramente el Islam. En el ambiente de La Meca aceptar el Islam se consideraba el mayor crimen; por ello, resultaba muy problemático manifestarlo, razón por la cual muchas personas ocultaban su Islam. Entre esas personas se encontraba Mus‘ab ibn ‘Umair, hasta que sus padres se percataron de ello y lo encerraron. Pero él escapó, y junto al resto de los emigrantes, se dirigió hacia Abisinia, y tras un período de tiempo, regresó junto a sus acompañantes.
            En el primer Pacto de ‘Aqabah, en una noche iluminada por la luna, doce personas de entre las importantes personalidades de Medina se reunieron con el Mensajero de Dios (s.a.w.). Cuando este grupo quiso regresar a Medina, dos personas, de nombres As‘ad ibn Zurârah y Zakawân ibn ‘Abd-ul Qais, requirieron al Mensajero de Dios (s.a.w.) que enviara a alguien con ellos en representación suya a la ciudad de Medina para que enseñara el Corán a la gente y los invitara al Islam.[19]
            El Profeta (s.a.w.), que había logrado tan preciosa oportunidad, debía enviar representantes que pudiesen, a través de un método acorde al saber y la rectitud, convocar a la gente hacia el Islam de forma que ellos lo aceptasen, y este delegado debía, desde todo punto de vista, ser idóneo y competente.
            En aquellos días, Medina era una de las ciudades más importantes de la Península Arábiga, y en la misma habitaban los dos grandes y famosos clanes de Aws y Jazraÿ, los cuales mantenían una cruda enemistad y rencor entre ellos, y durante muchos años habían estado luchando entre sí.
            De entre todos los musulmanes y Compañeros, el Profeta del Islam (s.a.w.) envió hacia la ciudad de Medina para llevar a cabo esta importante misión, al joven Mus‘ab ibn ‘Umair, ordenándole que se dirigiera allí junto a As‘ad ibn Zurârah.
            Mus‘ab, que había aprendido bien el Corán, ingresó a la ciudad de Medina con el entusiasmo y el estímulo propios de la juventud, y con una sincera intención y esfuerzo, comenzó su tarea de difusión. Él residió en la casa de As‘ad, quien era de entre los notables del clan de Jazraÿ, y junto a su anfitrión se dirigió a la casa de Sa‘d ibn Ma‘âdz, el líder y jefe del clan de Aws, y los invitó al Islam, y éstos se hicieron musulmanes. Asimismo, Usaid ibn Hudair se convirtió al Islam a través de Mus‘ab. Mus‘ab, esta fuerza joven y fecunda, en su viaje a Medina llevó a cabo su misión de la mejor manera. Él fue el primero que celebró la Oración del Viernes y la Oración en Congregación en Medina, logrando para sí destacados honores.[20]
            Las influyentes actividades y los efectivos trabajos de difusión de Mus‘ab, prepararon el terreno para el ingreso del Mensajero de Dios (s.a.w.) a la ciudad de Medina, y la gente, con los brazos abiertos, esperaba recibir al Líder del Islam y a sus seguidores. Esto no se dio sino con la previsión, piedad, virtud, conocimiento y percepción de Mus‘ab, puesto que fue él quien dirigió la atención de las mujeres, hombres, ancianos, jóvenes, líderes de los clanes y personas comunes y corrientes de Medina hacia él, y aprendieron el Corán, aceptaron el Islam, eliminaron de su corazón su antigua enemistad, se hermanaron entre sí, y con completa pureza y sinceridad, participaron en las filas de la Oración del Viernes y de la Oración en Congregación.
            Tras el ingreso del Mensajero de Dios (s.a.w.) a la ciudad de Medina, Mus‘ab participó en las batallas de Badr y Uhud. En la Batalla de Uhud se desempeñó como portaestandarte del Profeta (s.a.w.) y finalmente alcanzó el martirio, siendo enterrado junto a Hamzah, el tío del Mensajero de Dios (s.a.w.) y célebre y valeroso comandante del Islam.[21]

 ‘Itâb ibn Usaid, Gobernador de La Meca

            En el año 8 de la Hégira, La Meca cayó a manos de las tropas del Islam sin derramamiento de sangre. Tras la Conquista de La Meca no pasó mucho tiempo que aconteció la Batalla de Hunain. El Mensajero de Dios (s.a.w.) y sus Compañeros se vieron compelidos a salir de La Meca para dirigirse al frente de guerra.
            Por otra parte, La Meca acababa de salir de las manos de los incrédulos y politeístas, y para administrarla debía elegirse un gobernante idóneo y competente y un administrador eficiente, a fin de que pudiera encargarse de los asuntos de la gente, e impidiese algún posible movimiento de parte de los enemigos.
            El Profeta del Islam (s.a.w.), de entre todos los musulmanes, eligió para este importante trabajo a un joven llamado ‘Itâb ibn Usaid, y emitió su designación ordenando que dirigiera el rezo con la gente. Él fue el primer gobernante que tras la Conquista de La Meca realizó la Oración en Congregación en dicho lugar.[22]
El Mensajero de Dios (s.a.w.) le dijo a ‘Itâb, el gobernador por él elegido: “¿Sabes para qué cargo te elegí y por sobre qué pueblo te dispuse gobernador? Te elegí como Regente de la gente del Santuario de Dios y de los habitantes de La Engrandecida Meca. Si de entre los musulmanes hubiese considerado a alguien más merecedor que tú, seguramente le hubiese delegado este cargo”. El día que ‘Itâb fue elegido por parte del Mensajero de Dios (s.a.w.) para el cargo de gobernador de La Meca tenía alrededor de veintiún años.[23]
            El hecho de que el Profeta (s.a.w.) eligiera a este joven para tan elevado cargo ocasionó una gran indignación e irritación en los árabes ilustres y los caudillos de La Meca. Finalmente protestaron, se quejaron y dijeron: “El Mensajero de Dios (s.a.w.) desea que nosotros siempre seamos humillados y rebajados. Es por ello que designó a un joven apenas maduro para gobernarnos a nosotros los ancianos árabes y los notables de La Meca.”
            Estas palabras llegaron a oídos del Mensajero de Dios (s.a.w.), y a raíz de ello escribió una larga misiva dirigida a la gente de La Meca, donde les recordaba los grados de aptitud e idoneidad de ‘Itâb, enfatizándoles que la gente debía ejecutar sus órdenes y obedecerlo. Al final de la misiva respondió de la siguiente manera a las quejas fuera de lugar de la gente:
            “Ninguno de vosotros debe poner la juventud de ‘Itâb como fundamento de su queja, puesto que el criterio para la superioridad y valor del ser humano no es la edad avanzada, sino, por el contrario, el criterio del valor del ser humano, es su virtud y perfección espiritual”.[24]
            Después del Profeta (s.a.w.) ‘Itâb también fue designado por Abû Bakr como gobernador de La Meca, hasta que falleció a comienzos del año 23 de la Hégira.[25] Por lo tanto, el énfasis e insistencia del Mensajero de Dios (s.a.w.) para corroborar el cargo de ‘Itâb ibn Usaid, y el hecho de no tomar en cuenta la indignación de los ancianos y otros, y responder a sus quejas, demuestra los programas de la valiosa Escuela del Islam y el apoyo a los jóvenes aptos y competentes. Con el comportamiento y el gran y manifiesto apoyo que el Mensajero de Dios (s.a.w.) tuvo para con ‘Itâb, no solo dirigió la atención de todos sus seguidores hacia la realidad de que se deben dejar de lado los absurdos y los fanatismos ignorantes, sino que incluso se debe luchar contra esos pensamientos anti-islámicos, y si hay jóvenes dignos y competentes deben ser aprovechados en las importantes tareas del Estado, utilizando la fructífera fuerza de la generación joven en beneficio de la nación.

Ma‘âdz ibn Yabal

            Ma‘âdz ibn Yabal ibn ‘Amr Al-Ansârî pertenecía al clan de Jazraÿ y su apelativo era Abû ‘Abdurahmân. Era uno de los destacados Compañeros del Mensajero de Dios (s.a.w.) que gozaba de un intelecto rebosante, un bello rostro, generosidad y munificencia, así como también de un buen carácter. Él se hizo musulmán a la edad de dieciocho años y estuvo presente en todas las batallas de la época del Profeta (s.a.w.).[26]
Ma‘âdz se dedicó a obtener conocimiento y a aprender las ciencias islámicas en la Escuela celestial, bajo la dirección del Profeta de Dios (s.a.w.) y de los destellos de sus capacidades innatas y de su esfuerzo y denuedo constantes, de manera que en un período de estudio de algunos años, asimiló una gran parte de las ciencias islámicas, disponiéndose entre los destacados Compañeros del Mensajero de Dios (s.a.w.).
Al momento de la Conquista de La Meca tenía veintiséis años, y bajo tales circunstancias era necesario designar en esa ciudad a una persona adecuada y competente, a fin de que enseñara los preceptos y estipulaciones del Islam en cuanto a lo devocional y a las transacciones.[27] En virtud de ello, Ma‘âdz fue elegido para los asuntos de La Meca relacionados al saber y para enseñar las leyes prácticas de la religión; y en realidad, fue designado para ocuparse del cargo de responsable cultural de dicha ciudad.
Tras la Batalla de Tabûk, el Mensajero de Dios (s.a.w.) envió a Ma‘âdz hacia el Yemen para que allí se ocupara de emitir juicios y gobernar, y en una misiva que envió a la gente del Yemen, escribió lo siguiente: “Envié hacia vosotros a uno de mis mejores hombres”.
El Profeta (s.a.w.) le ordenó a Ma‘âdz que instruyera a los integrantes del ejército, que les enseñara el Corán y las leyes de la Legislación islámica, y que tomara de ellos el Zakât y lo enviara a Medina para que fuera utilizado por los musulmanes.[28]
Cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) quiso enviar a este joven hacia el Yemen, le preguntó: “¡Oh Ma‘âdz! Si es que surge un litigio ¿cómo juzgarás?”. Respondió: “Juzgaré con aquello que se encuentra en el Libro de Dios”. El Profeta (s.a.w.) dijo: “¿Qué harás si no encuentras su juicio en el Corán?”. Ma‘âdz dijo: “¡Juzgaré tal cual lo hace el Mensajero de Dios (s.a.w.)!”. El Profeta (s.a.w.) le preguntó: “Si en mi proceder tampoco encuentras un fallo, ¿qué harás?”. Dijo Ma‘âdz: “En ese caso sentenciaré según mi parecer”. Entonces el Profeta (s.a.w.) colocó su mano sobre el pecho del muchacho y dijo: “¡Agradezco a Dios que alegraste al Profeta con algo con lo cual se alegran los profetas!”.[29]
Cuando falleció el Mensajero de Dios (s.a.w.) en el año 11 de la Hégira, Ma‘âdz se encontraba en el Yemen. Abû Bakr lo confirmó en su cargo, y luego, en épocas del Califato de ‘Umar, se dirigió a Shâm y falleció a raíz de haber contraído la peste en ‘Imwâs,[30] en territorio de la actual Jordania, en el año 18 de la Hégira, a la edad de veintiocho, treinta y dos o treinta y cuatro años.[31]
Uno de los puntos que demuestra la idoneidad de Ma‘âdz es que él a esa edad y en épocas del Mensajero de Dios (s.a.w.) emitía fatuas de la forma en que lo harían los muÿtahid venideros y deducía las leyes prácticas de la religión fundamentándose en el Corán, la Tradición del Profeta y el intelecto, y esto mismo basta y sobra para demostrar el talento e idoneidad de ese prolífico joven de principios del Islam.[32]

Usâmah ibn Zaid

            Usâmah ibn Zaid era un joven cuyo padre fue de origen cristiano y procedente de los árabes de Siria. Su apelativo era Abû Muhammad y era considerado uno de los grandes y honorables Compañeros del Mensajero de Dios (s.a.w.). Nació en La Meca siete años antes de la Hégira o Emigración del Profeta (s.a.w.) a Medina, y el Profeta (s.a.w.) lo quería mucho. Era un joven inteligente, competente y talentoso.[33]
Su padre Zaid murió en la guerra con los romanos en el territorio de Mu’tah como segundo Comandante en Jefe después de Ya‘far ibn Abî Tâlib. Es por ello que el Mensajero de Dios (s.a.w.) decidió elegir a Usâmah, que en ese entonces no tenía más de dieciocho años, para combatir a los romanos como Comandante en Jefe del ejército del Islam, y enviarlo a esos territorios, en tanto todos los oficiales de altos rangos y comandantes del ejército del Islam, los grandes Emigrantes (Muhâÿirîn) y Auxiliares (Ansâr), y las personas destacadas de entre los árabes, formaban parte de este grandioso ejército. El Noble Profeta (s.a.w.) se dirigió a las afueras de la ciudad de Medina para pasar revista al ejército, y observó que todas las prominentes personalidades de entre los musulmanes estaban preparadas para la guerra.[34]
La elección de un Comandante de dieciocho años sorprendió y dejó estupefactas a muchas de esas personas, y este proceder del Líder del Islam ocasionó que se miraran entre sí con perplejidad. Como resultado, algunos de los Compañeros del Mensajero de Dios (s.a.w.) muy pronto revelaron sus pensamientos e ideas interiores y expresaron con sus bocas lo que guardaban sus corazones, manifestando su descontento al decir: “¿Qué sucedió que este joven apenas maduro fue elegido como Comandante de los Emigrantes poseedores de antecedentes y los adelantados en el Islam?”.
El Mensajero de Dios (s.a.w.) se molestó en extremo al escuchar estas palabras despectivas de algunos de los oficiales del ejército, por lo cual se subió a su púlpito y tras alabar y exaltar a Dios, dijo: “¡Oh gentes! ¿Qué son esas palabras que me llegaron de algunos respecto a la comandancia de Usâmah? Vuestras objeciones de hoy no son nuevas. Hace algunos años objetasteis y desaprobasteis mi designación de Zaid, el padre de Usamah, para la comandancia del ejército en la guerra de Mu’tah. ¡Juro por el Grandísimo Dios, que ayer Zaid ibn Hârizah era competente para la comandancia del ejército, y hoy su hijo Usâmah también posee tal idoneidad, y todos vosotros debéis seguirlo!”.[35]
Esta insistencia y tenacidad del Noble Profeta (s.a.w.) por apoyar a los jóvenes aptos y competentes tuvo un profundo efecto en las mentes de los musulmanes en general, y aquellos que pensaban erróneamente respecto a la generación joven, poco a poco se percataron de su error. La elección de un joven de dieciocho años no tiene precedentes en la historia militar en el mundo.
El desenlace de la tarea de Usâmah
         Así es, el tema de la comandancia de Usâmah y la insistencia del Profeta (s.a.w.) respecto a que todos debían reunirse bajo su estandarte, se cuenta entre los interesantes y famosos sucesos de la historia del Islam. En ese entonces el Profeta (s.a.w.) estaba enfermo y estaba transcurriendo los últimos momentos de su vida. Cuando Abû Bakr y ‘Umar se presentaron junto al lecho del Profeta (s.a.w.), apenas los vio el Mensajero de Dios (s.a.w.), molesto, dijo: “¡Partid hacia el campamento del ejército de Usamah! ¡Partid! ¡Partid! ¡Dios mío! ¡Maldice a quien se encuentra alistado para la guerra y se abstiene de unirse al ejército de Usamah!”.[36]
Tras el fallecimiento del Profeta (s.a.w.), Usâmah se quedó esperando en las afueras de la ciudad de Medina en un campamento que había preparado, hasta saber cuál era su deber. Cuando finalmente Abû Bakr asumió el poder envió a Usâmah junto al ejército hacia la misma dirección que había ordenado el Profeta (s.a.w.). Usâmah se dirigió a Shâm, pero cuando llegó a Siria, Abû Bakr lo destituyó y designó a Iazîd ibn Abî Sufiân en su lugar.
Cuando el joven comandante fue destituido, regresó a Medina, se detuvo junto a la puerta de la Mezquita del Mensajero de Dios (s.a.w.) y gritó: “¡Oh musulmanes! ¡Es sorprendente! ¡Un hombre a quien ayer el Mensajero de Dios (s.a.w.) puso bajo mis órdenes, hoy me da órdenes a mí y me depone de la comandancia del ejército!”.[37]
Tras ello Usâmah vivió en Medina hasta el año 54 de la Hégira, hasta que falleció en una región llamada Yurf en épocas del gobierno de Mu‘awîiah.[38]

De estos ejemplos de la historia se desprende claramente que el valor de los jóvenes en la valiosa y celestial Escuela del Islam es muy tomado en cuenta, siendo objeto de consideración.


IV
 


[1] Dar Maktab-e Ahl-e Beit, t. 2, p. 117; Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 5, p. 125.
[2] Ta’rîj at-Tabarî, t. 2, p. 62; Al-Kâmil, t. 2, p. 40; Musnad Ahmad, t. 1, p. 111; Sharh Nahÿ al-Balâgah de Ibn Abî al-Hadîd, t. 13, p. 210.
[3] Ta’rîj al-Anbiâ’, t. 1, p. 76; Bihâr al-Anwâr, t. 35, p. 68; Sharh Nahÿ al-Balâgah, de Ibn Abî Al-Hadîd, t. 1, p. 6.
[4] Mustadrak al-Hâkim, t. 3, p. 483; Kifâiat at-Tâlib, p. 260; Al-Gadîr, t. 6, p. 22.
[5] Usûl al-Kâfî, t. 1, p. 448; Al-Gadîr, t. 7, p. 330; Bihâr al-Anwâr, t. 35, pp. 68 a 183.
[6] Ta’rîj at-Tabarî, t. 2, p. 212; Al-Gadîr, t. 3, p. 226; Bihâr al-Anwâr, t. 38, p. 262; Ihqâq al-Haqq, t. 4, p. 153.
[7] Sûra al-Baqarah; 2: 215; Tafsîr al-Furât, p. 112.
[8] Ihqâq al-Haqq, t. 6, p. 449; Bihâr al-Anwâr, t. 38, p. 244; Manâqib Ibn Shahr Ashûb, t. 2, p. 180; Kanz al-‘Ummâl, t. 6, p. 397.
[9] Ihqâq al-Haqq, t. 3, p. 26 y t. 6, p. 479; Bihâr al-Anwâr, t. 19, p. 60; Sîrah al-Halabîiah, t. 2, p. 26.
[10] Ihqâq al-Haqq, t. 8, p. 352; Bihâr al-Anwâr, t. 41, p. 80; Al-Irshâd del Sheij Mufîd, t. 1, p. 62.
[11] Ihqâq al-Haqq, t. 8, p. 359; Sharh Nahÿ al-Balâgah de Ibn Abî Al-Hadîd, t. 3, p. 401; Tadhkirah al-Jawuâs, p. 30; Ta’rîj at-Tabarî, t. 3, p. 37.
[12] Ihqâq al-Haqq, t. 8, p. 378; Mustadrak al-Hâkim, t. 3, p. 32; Ta’rîj Bagdad, t. 13, p. 19; Maqtal al-Husein, de Al-Juwârîzmî, p. 45.
[13] Ihqâq al-Haqq, t. 5, p. 420; Kanz al-‘Ummâl, t. 5, p. 283; Al-Irshâd del Sheij al-Mufîd, t. 1, p. 114; Mustadrak ‘alâs-Sahihain, t. 3, p. 37.
[14] Ihqâq al-Haqq, t. 8, p. 682; Sîrah Ibn Hishâm, t. 2, p. 429; Usud al-Gâbah, t. 3, p. 102; Al-Isâbah, t. 1, p. 318.
[15] Al-A‘lâm, de Az-Zarkalî, t. 2, p. 125; Al-Isâbah, t. 1, p. 237; Sifat as-Safwah, t. 1, p. 205; Maqâtil at-Tâlibîin, p. 3.
[16] Al-Isti‘âb, impreso en los márgenes de Al-Isâbah, t. 1, p. 212; Hiliat al-Awliâ’, t. 1, p. 114; Tabaqât Ibn Sa‘d, t. 4, p. 22.
[17] Al-Isâbah, t. 1, p. 239; Sîrah al-Halabîiah, t. 2, p. 786; Mu‘ÿam al-Buldân, t. 5, p. 219; Al-A‘lâm, de Az-Zarkalî, t. 3, p. 125.
[18] Al-A‘lâm, de Az-Zarkalî, t. 7, p. 248.
[19] Hiliat al-Awliâ’, t. 1, p. 106.
[20] Tabaqât Ibn Sa‘d, t. 3, p. 82; Al-Isâbah, t. 3, p. 401; Hiliat al-Awliâ’, t. 1, p. 106.
[21] Sîrah Ibn Hishâm, t. 2, p. 294; Usud al-Gâbah, t. 4, p. 369; Sifat as-Safwah, t. 1, p. 125; Bihâr al-Anwâr, t. 6, p. 405.
[22] Ta’rîj al-Islâm, de Adh-Dhahabî, t. 1, p. 380; Shadharât adh-Dhahab, t. 1, p. 26; Sîrah al-Halabîiah, t. 3, p. 120.
[23] Usud al-Gâbah, t. 3, p. 358; Al-A‘lâm, de Az-Zarkalî, t. 4, p. 200.
[24] Nâsij at-Tawârîj, Biografía del Profeta (s.a.w.), p. 378.
[25] Al-A‘lâm, de Az-Zarkalî, t. 4, p. 200; Al-Isâbah, t. 2, p. 451.
[26] Usud al-Gâbah, t. 4, p. 376; Tabaqât Ibn Sa‘d, t. 3, p. 120, Segunda Parte.
[27] Sîrah al-Halabîiah, t. 3, p. 120.
[28] Hiliat al-Awliâ’, t. 1, p. 228.
[29] Al-Isâbah, t. 2, p. 357.
[30] ‘Imwâs: es el nombre de una región de Palestina en las cercanías de Jerusalén en la que en el año 18 de la Hégira se propagó por primera vez una enfermedad contagiosa que se cobró la vida de muchos musulmanes y Compañeros del Profeta (s.a.w.). Esta enfermedad se manifiesta al ingresar el microbio a través de la sangre y mata a la persona en un período de unas cuantas horas (Mu‘ÿam al-Buldân, t. 4, p. 157).
[31] Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 310; Gâiat an-Nihâiah, t. 2, p. 301; Sifat as-Safwah, t. 1, p. 195.
[32] At-Tabaqât, t. 3, p. 12; Al-Isti‘âb, impreso en los márgenes de Al-Isâbah, vocablo “Ma‘âdz”.
[33] Al-A‘lâm, de Az-Zarkalî, t. 1, p. 291; Al-Isâbah, t. 1, p. 29.
[34] At-Tabaqât, t. 4, p. 42; Bihâr al-Anwâr, t. 21 p. 50; Usud al-Gâbah, t. 1, p. 64.
[35] Bihâr al-Anwâr, t. 21, p. 50; Usud al-Gâbah, t. 2, p. 81.
[36] At-Tabaqât, de Ibn Sa‘d, t. 4, p. 42; Tahdhîb Ta’rîj Ibn ‘Asâkir, t. 2, p. 391.
[37] A‘lâm al-Warâ, p. 145.
[38] Al-A‘lâm, de Az-Zarkalî, t. 1, p. 291; Al-Isâbah, t. 1, p. 29.

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