domingo, 3 de octubre de 2010

La Ética del Imam As-Sâdiq (a.s.)


Extraído de: Las Virtudes Morales del Profeta del Islam (s.a.w.)

y de la Gente de su Casa (a.s.)

De: Bâqer Sharîf Al-Qurash

Traducido del árabe por: Feisal Morhell


E
l Imam As-Sâdiq (a.s.) es la personalidad académica más fructífera que ha conocido la historia de la humanidad. Hizo que brotaran las fuentes del conocimiento y la sapiencia en la Tierra, llenándose el mundo de sus conocimientos y nociones -según lo expresado por el sabio sunni Al-Ÿâhidz-. Así también, tuvo una participación positiva en la edificación de la civilización. Eso es así a causa de los instrumentos tecnológicos desarrollados que descubrió y que llevaron al ser humano al progreso en todos los órdenes de la vida. Él (a.s.) es quien descubrió el oxígeno y dejó textos referidos a sus características y componentes. Así también informó que el aire no es un elemento simple sino compuesto por diversos elementos. Asimismo descubrió muchos de los secretos del cosmos,[1] y los sabios de occidente lo consideraron un ideólogo e innovador de la humanidad.


Las más elevadas virtudes

1- La tolerancia

El Imam As-Sâdiq (a.s.) solía incentivar a sus compañeros a investirse de la tolerancia, y puso énfasis al respecto en una infinidad de hadices entre los que se encuentran los siguientes:
1. Dijo (a.s.): “La tolerancia es el ornamento de la gente virtuosa y una de las características de la gente de la Verdad”.[2]
2. Dijo (a.s.): “El más tolerante entre vosotros durante el enojo es aquel cuya posición se encuentra más cercana a Dios”.[3]
3. Dijo (a.s.): “En la tolerancia hay tres virtudes: el temor del enemigo, la lealtad del amigo, y la alabanza para quien escucha (en procura de) la recompensa de Dios, Imponente y Majestuoso”.[4]
4. Dijo (a.s.): “Nada se acerca más a otra cosa que la tolerancia al conocimiento, que la indulgencia a la (real) fuerza y que la condescendencia a la hermandad”.[5]
5. Dijo (a.s.): “Dios no hizo responsable al profeta que envía sino por fortalecer el vínculo de parentesco, ser benevolente con los padres y ser tolerante con los que se equivocan, hasta que vuelvan a Dios, Imponente y Majestuoso”.[6]
La tolerancia es señal de madurez de pensamiento y fuerza de carácter, siendo uno de los más elevados atributos mediante los que se invisten los líderes.

2- La humildad

En cuanto a la humildad, la misma pone de manifiesto la nobleza del alma y la elevación del sí mismo, especialmente en las grandes personalidades. El Imam As-Sâdiq (a.s.) puso énfasis en la necesidad de que el musulmán se invista de la misma, y legó una infinidad de narraciones al respecto, entre las que se encuentran las siguientes:
1. Dijo (a.s.): “La humildad es una de las redes para cazar honor”.[7]
Estas palabras doradas se cuentan entre las destacadas muestras de elocuencia que señalan que el escalón mediante el cual la persona se eleva para alcanzar nobleza y dignidad es la humildad.
2. Dijo (a.s.): “Es parte de la humildad el que te sientas complacido de participar tanto en una reunión como en otra, que saludes a cualquiera que te encuentres, que no discutas aunque tengas la razón y que no te guste ser elogiado por tu piedad”.[8]
Este hadîz nos señala la realidad de la humildad, la cual está conformada por una serie de asuntos, a saber:
A. No forma parte de la humildad ocupar la cabecera de una reunión a la cual se precipitan los que pretenden grandeza.
B. Es parte de la humildad que el que se encuentre con otra persona exprese el saludo, ya que eso pone de manifiesto el bienestar del alma y que la misma se encuentra desprovista de egoísmo.
C. Es parte de la humildad dejar de lado la discusión, esto es, la controversia, especialmente en cuestiones del saber, si es que la intención de ello es exhibir superioridad sobre otro.
D. Es parte de la humildad que a la persona no le guste ser elogiada por el conocimiento, comportamiento ético y piedad religiosa que posea, puesto que el hecho de que a uno le agrade ser ensalzado pone de manifiesto el gusto por mostrarse y la pomposidad, lo cual no contiene ni un atisbo de humildad.
3. Dijo (a.s.): “Ser humilde siendo avaro es mejor que ser magnánimo siendo soberbio”.[9]
La humildad cubre toda carencia en el ser humano y eleva su posición social, ganándose la estima de los corazones de la gente.
4. Dijo (a.s.): “La benevolencia y la humildad son tesoros de la esencia humana y conforman una nobleza en el Más Allá”.[10]
5. Dijo (a.s.): “La humildad en el noble incrementa su nobleza”.[11]
La humildad en alguien noble pone de manifiesto la sublimidad de su esencia, añadiéndole nobleza y distinción.
6. Dijo (a.s.): “La mejor de las virtudes es ser humilde con los creyentes”.[12]
Ser humilde con los creyentes es una de las mejores formas de humildad. En cuanto a ser humildes con los acaudalados por la condición que éstos poseen, es censurable y aborrecible.
7. Dijo (a.s.): “Los más amados de la Creación son los humildes”.[13]
Los humildes son lo más amados entre la Creación para Dios, Glorificado Sea, y los que gozan de mayor cercanía a Él.
8. Dijo (a.s.): “No se alzó entre su pueblo ningún profeta sino con la benevolencia y la humildad”.[14]
9. Dijo (a.s.): “Es parte de la humildad saludar a quien te encuentras”.[15]
Adelantarse a saludar y tratar a la gente cordialmente es señal de humildad y de una moral elevada.
10. Dijo (a.s.): “No tiene grandeza quien no se humilla ante Dios, Imponente y Majestuoso; y no posee rango y posición aquel que no es humilde por Dios, Bendito y Glorificado Sea”.[16]
La grandeza y la magnificencia pertenecen a quien se humilla ante Dios, Glorificado Sea, Quien es Fuente de toda dignidad y nobleza para quien se une a Él; asimismo, no tiene rango ni posición alguna quien no es humilde con otros además de serlo ante Dios, Glorificado Sea.
Éstos fueron algunos de los hadices sobre la humildad legados por el portaestandarte del movimiento académico e intelectual en el mundo del Islam, el Imam As-Sâdiq (a.s.).

3- El buen carácter

En cuanto al buen carácter, éste es uno de los sublimes atributos, y el Imam (a.s.) puso énfasis en la necesidad de investirse de los mismos, puesto que forma parte de la esencia del Islam. Los siguientes son solo algunos de la infinidad de hadices que fueron legados por el Imam (a.s.) al respecto:
1. Dijo (a.s.): “El buen carácter es una de las monturas de la salvación”.[17]
El buen carácter es uno de los medios de salvación tanto para este mundo como para el Más Allá.
2. Dijo (a.s.): “Quien aprende a comportarse con buen carácter, ciertamente que ha seguido a su maestro -esto es, el Mensajero de Dios (s.a.w.)- quien fue enviado para completar las más elevadas virtudes”.[18]
3. Uno de los compañeros del Imam (a.s.) le preguntó acerca del buen carácter y le respondió:
“Que bajes los hombros, que tus palabras sean agradables y encuentres a tu hermano con buen semblante”.[19]
Ciertamente que el buen carácter eleva al ser humano a un sublime grado de perfección y elevación del sí mismo.

4- El pudor y el recato

En cuanto al pudor y al recato, éstos se cuentan entre los más elevados atributos con los que se inviste el ser humano, siendo ambos parte de la fe. Dijo (a.s.): “El recato, el pudor y el refrenarse son parte de la fe”.[20]
Con “refrenarse” aquí se refiere a refrenar la lengua para no proferir obscenidades y no decir más que lo que complace a Dios.

5- La templanza

En cuanto a la templanza, ésta conforma un tesoro que no se acaba, siendo uno de los atributos con los que la persona se ennoblece, puesto que inhibe muchos de los problemas y contrariedades, y es una de las virtuosas cualidades del creyente. Dijo al respecto (a.s.): “El creyente es moderado y agradecido, mientras que el incrédulo es malvado y desagradecido”.[21]

6- La beneficencia

Uno de los distinguidos atributos en los que el Imam (a.s.) hizo hincapié que se debe poseer, es la beneficencia para con la gente. Prestemos atención a sus palabras:
“La beneficencia es la que señala y conduce hacia el Paraíso. En cuanto a quien sea caritativo, Dios será caritativo con él”.[22]
¿Veis esa manera de alentar a poner en práctica ese sublime fenómeno que origine una sociedad distinguida en la que impere la amistad y el afecto?

7- La benevolencia

Uno de los distinguidos ideales a los cuales exhortó el Imam (a.s.) es la benevolencia en toda su amplitud, la cual abarca al pobre y al débil, a la persona mayor y al menor. Dijo (a.s.):
“El creyente es benevolente y compasivo; su corazón no es severo con su hermano el creyente”.[23]

8- La compasión

Entre los distinguidos atributos con los que la persona se engalana se encuentra la compasión por el otro. A este respecto dijo (a.s.): “La misericordia por (la causa de) Dios, es vida”.[24]
¡Qué elocuentes son esas doradas y breves palabras! las cuales hablan de una conciencia desbordada de compasión en la senda de Dios, llamando a ésta “vida del ser humano”, puesto que con ello se une a Dios, Glorificado Sea.
Entre sus palabras doradas acerca de la misericordia se encuentran las siguientes:
“Quien se enternece por su hermano creyente y es amable con él encontrará a Dios como su Auxiliador y Secundador”.[25]

9- La generosidad

Entre los elevados atributos hacia los que el Imam incentivaba se encuentra la generosidad. Lo siguiente es una muestra de esa infinidad de hadices:
1. Dijo (a.s.): “La generosidad por Dios repele las muertes funestas y la desgracia, e incrementa la vida”.[26]
¿Veis los frutos que recogen los generosos, siendo entre lo más preciado que el ser humano alcanza en su vida?
2. Dijo (a.s.): “Los más cercanos a Dios entre vosotros, Glorificado Sea, son los más generosos”.[27]
Quien sea dadivoso, bienhechor para con los pobres y caritativo con los débiles, será de las personas más cercanas a Dios, Glorificado Sea, Quien se hará cargo de recompensarle.
3. Dijo (a.s.): “La generosidad es un árbol a la puerta del Paraíso: quien se prende a una de sus ramas, ésta lo lleva a los paraísos”.[28]
Dios, Glorificado Sea, brinda esta dádiva a los bienhechores de entre Sus siervos, encargándose de recompensarles.

10- La fuerza y la determinación

Entre las manifestaciones de una gran personalidad se encuentran: el poder, la determinación y la decisión; quien se equipa con ello alcanza lo que se propone. Prestemos atención a algunas de las palabras del Imam (a.s.) al respecto:
1. Dijo (a.s.): “La determinación es el ornamento de los profetas”.[29]
2. Dijo (a.s.): “La fuerza es la llave de la certeza”.[30]
3. Dijo (a.s.): “La fuerza es el conocimiento de la religión, y la determinación es la llave de la certeza”.[31]
La determinación y la decisión se cuentan entre los más fuertes atributos de las grandes personalidades que forjaron la historia de las naciones y pueblos. El Gran Profeta (s.a.w.) pudo cambiar el curso de la historia con la fuerza de su determinación, su solidez y su poder de voluntad.

11- El sometimiento a la verdad

Entre los atributos distinguidos a los cuales exhortaba el Imam (a.s.) se encuentra el sometimiento a la verdad y no dejarse influenciar por la intransigencia o alguna otra inclinación mundana. Dijo:
“El que se somete a la verdad es el primero en llegar a Dios, Glorificado Sea”.[32]

12- La veracidad y cumplir con lo depositado en confianza

Entre los nobles atributos mediante los que se conforma la moral del musulmán se encuentran: la veracidad al hablar y cumplir con lo depositado en confianza entregándolo a su gente.
Dijo (a.s.): “Por cierto que Dios no envió a ningún profeta sino con la veracidad al hablar y el cumplir con lo depositado en confianza tanto con el bienhechor como con el malhechor”.[33]

13- Cerciorarse de los asuntos

Entre las más elevadas cualidades del ser humano se encuentra el hecho de cerciorarse de los asuntos y no precipitarse en los mismos. Prestemos atención a las siguientes palabras del Imam (a.s.):
“Con el cercioramiento de los asuntos se encuentra el bienestar y con la precipitación se encuentra el arrepentimiento. Quien comience una acción fuera de su tiempo no la terminará en su momento (correspondiente)”.[34]
Cerciorarse de los asuntos incrementa las probabilidades de bienestar y pone a salvo de los riesgos de la vida. En cuanto a la precipitación, ésta incrementa las probabilidades de la ruina. Sobre esto se dijo:
A veces el parsimonioso llega a satisfacerse de alguna necesidad / y sucede que el apresurado cae en tropiezos.

14- Encomendarse a Dios

Entre las pautas morales del Imam (a.s.) se encuentra el hecho de encomendarse a Dios, Glorificado Sea, en todos sus asuntos, realizándolos sin titubear al respecto, a menos que hubiera una razón que amerite que una acción no fuera realizada, por lo cual no la llevaba a cabo. Narró Abû Basîr del Imam (a.s.), que dijo: “No hay nada que no tenga un límite”.
Abû Basîr se apresuró a decir: “¡Que yo sea sacrificado por ti! ¿Cuál es el límite de encomendarse a Dios?”.
- “La certeza”.
El significado de esto es que la certeza sobre la legitimidad de algo elimina el titubeo y dirige hacia la concreción de la acción. Abû Basîr continuó preguntando:
- “¿Cuál es el límite de la certeza?”.
- “Que no temas a nada fuera de Dios”.[35]
El Imam (a.s.) definió los límites de encomendarse a Dios, Glorificado Sea, en el hecho de que la persona tenga certeza de Su Poder, Glorificado Sea, con el cual domina todas las cosas, puesto que el curso de todos los sucesos se encuentra en Sus manos, sin que nadie fuera de Él tenga ningún dominio o influencia en la marcha de los asuntos.

15- Cualidades de los profetas

El Imam (a.s.) solía hablar a sus compañeros sobre las cualidades de los profetas (a.s.) de manera que fueran para ellos un ejemplo a seguir. Dijo:
“Por cierto que la paciencia, la caridad, la tolerancia y el buen carácter son pautas morales de los profetas”.[36]
Los profetas sólo pudieron proceder a guiar a la gente sólo a causa de los elevados ideales y nobles cualidades que poseían.

16- Atributos sublimes

El Imam (a.s.) habló a sus compañeros acerca de algunos nobles atributos que es necesario adoptar. Dijo:
“Quien no tenga cinco cosas no tendrá un gozo duradero: la religión, el intelecto, la (buena) educación, la libertad y el buen carácter”.[37]
Estos atributos se cuentan entre las principales virtudes, de manera que quien se inviste de las mismas alcanza los más elevados niveles de perfección.

17- Los atributos del creyente

El Imam (a.s.) hizo hincapié en que el creyente debe tener ocho virtudes. Dijo:
“Es necesario que el creyente tenga ocho virtudes: gallardía ante sucesos estremecedores, paciencia ante la calamidad, agradecimiento ante la holgura, complacencia por lo que Dios le agració, no ser injusto con el enemigo, no maltratar a los amigos, que fatigue su propio cuerpo y que la gente esté aliviada a su respecto. El conocimiento es el amigo íntimo del creyente, la tolerancia su visir, la paciencia el jefe de sus ejércitos, la benevolencia su hermano y la suavidad su progenitor”.[38]
Estos atributos de perfección son las cualidades más exponentes del creyente que tiene temor de Dios, Glorificado Sea, y que se esfuerza por lograr Su beneplácito.

18- Diez cualidades destacadas entre las virtudes

Narró ‘Abdul·lâh ibn Maskân del Imam As-Sâdiq (a.s.), que dijo:
“Por cierto que Dios, Exaltado y Glorificado Sea, distinguió a Su Mensajero (s.a.w.) con las más excelentes virtudes. Examinaos a vosotros mismos, y si las encontráis en vosotros, alabad a Dios, Imponente y Majestuoso, y rogadle que os las incremente”. Entonces mencionó las diez siguientes: La certeza, la templanza, la paciencia, el agradecimiento, la complacencia, el buen carácter, la generosidad, el celo (por los valores), la valentía y la hombría de bien”.[39]
Estas distinguidas cualidades eran los atributos más manifiestos del Gran Profeta (s.a.w.), y el Imam (a.s.) las refería a sus compañeros y seguidores para incentivarlos a investirse de las mismas, de manera que fueran un buen ejemplo para los demás.
Con esto concluyen nuestras palabras acerca de los nobles atributos que conforman las más excelentes virtudes morales. Extrajimos los mismos de nuestro libro Haiât Al-Imam Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.).

Los vicios morales

El Imam (a.s.) advirtió sobre los atributos censurables y las tendencias malvadas que hacen caer al ser humano a un nivel bajo y despreciable. Los siguientes son algunos de ellos:

1- El rencor

Entre los atributos execrables se encuentra el rencor hacia la gente. El Imam (a.s.) advirtió sobre el mismo en muchos de sus hadices, entre los que se encuentran los siguientes:
1. Dijo (a.s.): “Precávete del rencor, puesto que Dios, Glorificado Sea, abandona al opresor y asiste al oprimido”.[40]
2. Dijo (a.s.): “El rencor no habita en el corazón del creyente, puesto que el rencoroso es de la gente del Fuego”.[41]
3. Dijo (a.s.): “Quien siente rencor por su hermano el creyente y le perjudica (que sepa) que nosotros seremos sus adversarios en el Día de la Resurrección”.[42]
4. Dijo (a.s.): “Quien llegue ante Dios el Día de la Resurrección habiendo en su corazón rencor hacia su hermano el creyente, no ingresará en el Paraíso hasta que pase el camello por el ojo de la aguja”.[43]
5. Dijo (a.s.): “Por cierto que Dios, Glorificado Sea, perdona en la Noche del Destino (lailat al-qadr) en la medida de hojas de árboles y frutos que existen, a excepción de aquel que tenga rencor hacia su hermano”.[44]
Hay muchos otros hadices similares a éstos en los que el Imam As-Sâdiq (a.s.) señala la prohibición del rencor, puesto que conlleva la hostilidad y la animadversión entre las personas, abriendo ante ellas las puertas de la maldad.

2- La envidia

La envidia es una de las enfermedades espirituales sobre las que advirtió el Imam (a.s.), habiendo legado una infinidad de hadices que censuran la misma. Los siguientes son algunos de ellos:
1. Dijo (a.s.): “El envidioso es enemigo de Dios, puesto que aborrece lo que Dios, Glorificado Sea, quiere”.[45]
2. Dijo (a.s.): “El creyente no es envidioso ni rencoroso”.[46]
3. Dijo (a.s.): “El flagelo de la religión está en la envidia, la vanidad y la jactancia”.[47]
4. Dijo (a.s.): “Por cierto que el creyente tiene sano deseo de emular (gabt) pero no envidia, mientras que el hipócrita tiene envidia y no sano deseo de emular”.[48]
5. Dijo: (a.s.): “El envidioso se perjudica a sí mismo antes de perjudicar al envidiado; es como Iblís (Satanás) que mediante su envidia acarreó para sí mismo la maldición, y para Adán la preferencia, la guía y el ser elevado al lugar de las realidades del Pacto Divino y la predilección. Así pues, ¡sé un envidiado y no seas envidioso! puesto que la balanza de las acciones del envidioso es siempre liviana en comparación con el peso de la balanza del envidiado. El sustento se encuentra dividido; entonces, ¿en qué beneficia la envidia del envidioso? ¿y en qué le perjudica al envidiado la envidia? La envidia tiene su origen en la ceguera del corazón, y la negación del favor de Dios, Glorificado Sea, siendo estas dos, las alas de la incredulidad. Es con la envidia que el hijo de Adán cayó en la lamentación por siempre y en una ruina de la cual no se librará jamás. No hay arrepentimiento para el envidioso puesto que es porfiado en la misma, está amarrado a ella; ésta se le ha convertido en su disposición natural y se manifiesta sin que nada se lo impida e incluso sin causa alguna… y la disposición natural no cambia respecto de su origen aunque sea medicada”.[49]
6. Dijo (a.s.): “¡Cuántos envidiados se encuentran en la holgura siendo ésta su aflicción! ¡Y cuántos hay de quienes se siente compasión por su dolencia encontrándose en ésta su cura!”.[50]
Además de éstos hay muchos otros hadices transmitidos por el Imam (a.s.) que advierten a los musulmanes respecto de esta perniciosa característica suscitada por la ruindad humana, la pobreza de espíritu y la altivez sobre la creación de Dios, Glorificado Sea.

3- La vanidad

Ser engreído a causa de los bienes, los hijos o alguna otra de las ventajas y goces de la vida mundanal, fue combatido por el Imam (a.s.). Fueron transmitidos de él (a.s.) gran cantidad de hadices en los que advierte sobre la misma. Los siguientes son algunos de ellos:
1. Dijo (a.s.): “Aquel a quien le surge la vanidad es exterminado”.[51]
2. Dijo (a.s.): “¡Qué sorprendente es aquel que es vanidoso por sus obras mientras que no sabe cómo terminará! Quien se envanezca de sí mismo y de su accionar ciertamente que se ha extraviado de la senda de la rectitud y pretende lo que no tiene, siendo que el que pretende algo sin tener derecho es un mentiroso, aunque mantenga oculta su pretensión y viva largamente. Ciertamente que lo primero que se hace con el vanidoso es suprimirle lo que le provoca vanidad para que se percate que es impotente e insignificante, y que dé testimonio contra sí mismo para que la prueba en su contra sea más vehemente, tal como hizo Iblís. La vanidad es una planta cuya semilla es la incredulidad, su tierra la hipocresía, su agua la rebeldía, sus ramas la ignorancia, sus hojas el extravío y su fruto la maldición y la eternización en el Fuego. Quien elige la vanidad ha sembrado la incredulidad y ha plantado la hipocresía, lo cual necesariamente dará sus frutos”.[52]
Éstas fueron algunas narraciones aportadas por el Imam (a.s.) en las que advierte a los musulmanes respecto a adoptar esta particularidad execrable que induce a la soberbia y el envanecimiento.

4- La soberbia

La soberbia es uno de los atributos execrables que provocan la ira de Dios, Glorificado Sea. El Imam (a.s.) ha proporcionado un gran número de hadices en los que advierte sobre la misma. Entre los mismos se encuentran los siguientes:
1. Dijo (a.s.): “A quien se ensoberbece ante los amigos de Dios, Glorificado Sea, Él los devuelve hacia atrás y los reúne con los enemigos”.[53]
2. Dijo (a.s.): “La gente más alejada de Dios, Glorificado Sea, son los soberbios”.[54]
3. Dijo (a.s.): “No hay hombre que se haya ensoberbecido o vuelto altanero sino por una humillación que encontró en sí mismo”.[55]
Hay muchos hadices semejantes a éstos que fueron legados por el Imam (a.s.) y que advierten a los musulmanes acerca de esta característica maligna que lleva a menospreciar a las personas y menoscabar su dignidad.

5- La codicia

Entre los atributos censurables se encuentra la codicia, sobre la cual el Imam (a.s.) previno en una serie de hadices, entre los que se cuentan los siguientes:
1. Dijo (a.s.): “El creyente se encuentra exento de codiciar lo que no le pertenece”.[56]
2. Dijo (a.s.): “Al codicioso le sucede como en los sueños del durmiente: se alegra por los mismos durante el sueño y se lamenta largamente durante su estado de vigilia; o como al gusano de seda que teje sobre sí mismo por su intensa avidez y eso no le incrementa más que su aprisionamiento y su alejamiento de la salvación”.[57]
3. Dijo (a.s.): “Entre aquello que fue revelado está: Si el hijo de Adán tuviera dos valles en los que fluyeran el oro y la plata anhelaría un tercero. ¡Oh hijo de Adán! Ciertamente que tu estómago es un gran mar y un gran valle que no será llenado con nada más que con tierra”.[58]
4. Dijo (a.s.): “Las mayor riqueza la tiene aquel que no es prisionero de la codicia”.[59]
La codicia es un padecimiento degradante y aquel que está aquejado de la misma no tiene más preocupación que reunir bienes de cualquier manera, y su pensamiento se mantiene ocupado en amar la riqueza y reunirla, hasta que la tierra lo arroja a sus entrañas.

6- La avaricia

La avaricia es una de las enfermedades del alma sobre las que previno el Imam (a.s.) y a la cual censura en muchos hadices. Entre ellos:
1. Dijo (a.s.): “El Paraíso está vedado a todo avaro”.[60]
2. Dijo (a.s.): “¡Precaveos de la avaricia! puesto que la misma es un flagelo; y el flagelo no está en un creyente”.[61]
3. Dijo (a.s.): “Cuando la fe es correcta se elimina la avaricia, tal como es arrancado un pelo de la piel en que se encuentra”.[62]
4. Dijo (a.s.): “El avaro no tiene religión, ni afecto, ni certeza, y no es de los creyentes”.[63]
5. Dijo (a.s.): “No beneficia una fe con avaricia”.[64]
6. Dijo (a.s.): “La avaricia es ignorancia; es tener un escaso conocimiento acerca del Creador y Agraciador”.[65]
¿Veis cómo el Imam combate ese maligno fenómeno y advierte sobre el mismo puesto que se cuenta entre las tendencias malignas que más perjuicio provocan a la gente?

7- La ambición mundanal

La ambición mundanal es una de las más viles inclinaciones humanas y quien se encuentra aquejado de la misma está lejos de la dignidad. El Imam (a.s.) advirtió sobre la misma cuando se le preguntó: “¿Qué es lo que en el siervo afianza la fe?”.
Contestó con celeridad: “El estado de piedad que hace que la ambición mundana salga de él”.[66]
Aquel que se encuentra aquejado por la ambición mundana deja de lado todo accionar que implica encomendarse a Dios, Glorificado Sea, y ocupa toda su atención en lo que se encuentra en manos de la gente.

8- El embelesamiento por lo mundano

El Imam (a.s.) quiso edificar la personalidad del musulmán en base a la perfección y la virtud y alejarle de los pecados, entre los que se encuentra el embelesarse por lo mundano. Observad lo que dijo:
“El embelesado por el mundo es un desdichado que en el Más Allá se verá defraudado, puesto que vendió lo mejor por lo peor. ¿No te sorprendes de ti mismo? Tal vez estás fascinado por tu riqueza y a lo mejor la salud de tu cuerpo permanezca… Tal vez estás fascinado por lo larga de tu vida, por tus hijos y compañeros, y a lo mejor ellos te salvaguarden… Tal vez estás fascinado por tu propia belleza y por haber alcanzado lo que anhelabas y deseabas, por lo que piensas que estás en lo recto y acertado… Tal vez estás fascinado por el estado de arrepentimiento que tienes por haber sido negligente en la adoración, y a lo mejor Dios por tu corazón sepa que las cosas son diferentes… Tal vez has realizado actos adicionales de adoración imponiéndotelos, siendo que Dios quiere la sinceridad… Tal vez te enorgulleces por tu conocimiento y tu genealogía siendo que no te percatas de las cosas ocultas que están en el conocimiento reservado de Dios, Glorificado Sea… Tal vez te imaginas que estás suplicando a Dios cuando en realidad estás suplicando a otro… Tal vez consideres que eres un buen consejero para las criaturas, siendo que las quieres para ti mismo y para que tiendan hacia ti… Tal vez censuras tu alma, y en realidad al mismo tiempo la estás elogiando”.[67]
Este hadîz nos habla de las diferentes formas de embelesamiento por lo mundano y sus correspondientes formas de inhibirlo. El Imam (a.s.) previno de ello puesto que aleja a la persona de su Majestuoso Creador.

9- La ira

En cuanto a la ira, ésta es la llave de todo mal y la fuente de todo perjuicio. Dijo cierto maestro de Ética y Moral: “La ira es una llama de fuego que fue tomada del Fuego de Dios, Glorificado Sea, el cual está encendido y llega hasta las entrañas”.
La ira cubre la luz del intelecto y debilita su accionar, haciendo que se incurra en atrocidades como matar personas inocentes y otros crímenes. El Imam As-Sâdiq (.a.s) arremetió con vehemencia contra la misma. Prestemos atención a sus palabras:
1. Dijo (a.s.): “La ira es la llave de todo mal”.[68]
2. Dijo (a.s.): “La ira es la destrucción del corazón sapiente”.[69]
3. Dijo (a.s.): “Quien no controla su ira no controla su intelecto”.[70]
4. Dijo (a.s.): “No es de nosotros aquel que cuando se enoja su ira le saca de la verdad”.[71]
La ira arroja al ser humano en un mal terrible, le abre las puertas de todo lo malo, le despoja de su humanidad y le inserta entre las bestias depredadoras.

10- La hipocresía

En cuanto a la hipocresía, ésta es una de las más peligrosas enfermedades sociales. Los hipócritas son aquellos que manifiestan obediencia y esconden la rebeldía tejiendo conspiraciones. El Imam As-Sâdiq (a.s.) los fustigó mediante el reproche y el descrédito. Prestemos atención a lo que dijo:
1. Dijo (a.s.): “Aquel que ha desarrollado hipocresía tiene el corazón cegado a la sensatez, y su persona se vuelve despreciable para las criaturas”.[72]
2. Dijo (a.s.): “Nunca Dios ha estado complacido de alguien que ha actuado con hipocresía con otro”.[73]
3. Dijo (a.s.): “Quien al toparse con los creyentes muestra una cara y en ausencia de ellos tiene otra, se presentará el Día de la Resurrección con dos lenguas de fuego”.[74]
4. Dijo (a.s.): “El hipócrita en la religión de Dios es como el ladrón en el Santuario de Dios”.[75]
La hipocresía es uno de los más viles atributos, y el hipócrita no tiene conciencia ni honor, encontrándose su lugar en el más bajo nivel del Fuego.

11- La necedad

Entre las elevadas pautas de moral del Imam (a.s.) está que prevenía al musulmán de cometer actos de necedad. Las siguientes son una muestra de los hadices en los que reprocha la misma:
1. Dijo (a.s.): “El creyente está exento de necedad”.[76]
2. Dijo (a.s.): “La necedad es una de las puertas del infierno”.[77]
3. Dijo (a.s.): “La necedad es contraria a la luz”.[78]
Hay muchas narraciones similares a éstas en las que el Imam (a.s.) advierte acerca de esta característica. Es de mencionar que al necio se le inhibe la utilización de sus bienes materiales para protegerlo de la ruina.

12- La maledicencia

En cuanto a la maledicencia, ésta es una las cuestiones ilícitas más aberrantes, puesto que propaga entre los musulmanes la indecencia y el mal, destruyendo vínculos sociales a los que el Islam brinda especial consideración. Las siguientes son algunas de las narraciones transmitidas del Imam As-Sâdiq (a.s.) en las que el Imam (a.s.) censura este acto degradante y previene acerca del mismo.
1. Dijo (a.s.): “Quien dice acerca de un musulmán lo que han visto sus ojos y escuchado sus oídos es de aquellos sobre quienes Dios, Imponente y Majestuoso, dice: «Por cierto que aquellos que desean que se propague la indecencia entre los creyentes tendrán un doloroso castigo» (24: 19)”.[79]
2. Dijo (a.s.): “La maledicencia está prohibida para todo musulmán. La misma consume las buenas acciones tal como el fuego consume la leña seca”.[80]
3. Dijo (a.s.): “A quien narra acerca de un creyente algo con lo cual pretende su humillación y el menoscabo de su hombría de bien para rebajarlo ante los ojos de la gente, Dios le expulsará del ámbito de Su potestad haciéndole ingresar en el ámbito de la potestad de Satanás”.[81]
4. Dijo (a.s.): “Quien hace maledicencia mencionando algo que un creyente tiene, le ha matado; y quien hace maledicencia de un creyente mencionando algo que en realidad no tiene, le ha calumniado; y quien calumnia a un creyente, ciertamente que ha declarado la guerra a Dios y a Su Mensajero”.[82]
Hacer maledicencia de un musulmán conforma un gran pecado, y el Islam ha amenazado con un castigo eterno a quien lo perpetra.

13- La murmuración

Entre los atributos execrables se encuentra la murmuración. El Imam As-Sâdiq (a.s.) advirtió respecto a la misma en algunas narraciones, entre las que se encuentran las siguientes:
1. Dijo (a.s.): “A quien murmura de su hermano Dios le aflige con una desgracia que le avergüence”.[83]
2. Dijo (a.s.): “No ha murmurado nadie de su hermano el creyente sin haber sido alejado por Dios y sin que aquel creyente se haya salvaguardado del mal de esa murmuración, habiendo repelido Dios de él el rencor de aquel”.[84]
3. Dijo (a.s.): “¡Guardaos de frecuentar a quien es murmurador! puesto que dice falsedades, lleva mentiras, desune a las personas y toda su vida permanece sin rectitud”.[85]
4. Dijo (a.s.): “Un musulmán no murmura de un siervo que dice Dios es Uno”.[86]
El murmurador es malicioso y corrupto; su arma es la mentira y provoca desunión entre los musulmanes, induciendo entre ellos la hostilidad y el rencor.

14- Alegrarse por el mal ajeno

Esta peculiaridad es producto de la enemistad y la envidia, estando ambas cosas prohibidas en el Islam. El Imam As-Sâdiq (a.s.) la reprobó en algunos de sus hadices entre los que están los siguientes:
1. Dijo (a.s.): “No manifiestes alegría por el mal de tu hermano, puesto que Dios se compadecerá de él y hará que ese mal recaiga en ti”.[87]
2. Dijo (a.s.): “Quien se alegra por una desgracia que le haya acontecido a su hermano no sale del mundo hasta ser afectado por un padecimiento”.[88]
De esta manera, el Imam (a.s.) solía advertir a los musulmanes respecto a toda inclinación malvada y característica execrable para que edifiquen sus vidas en base a la virtud y las elevadas pautas de moral.

15- La disputa y la polémica

Con disputa (mirâ’) aquí se quiere significar la impugnación que se hace de las palabras de otro con el fin de escarnecerle, menoscabarle y prevalecer sobre él. En cuanto a la polémica (ÿidâl), con la misma se quiere significar la obcecación al departir, cuya causa es la envidia o la hostilidad. Ambas cosas son ilícitas en el Islam, y el Imam As-Sâdiq (a.s.) las ha prohibido en muchos hadices, entre los que se cuentan los siguientes:
1. Dijo (a.s.): “No disputes con un tolerante y juicioso, ni con un necio, puesto que el tolerante y juicioso te vencerá y el necio te agobiará”.[89]
2. Dijo (a.s.): “¡Guardaos de disputar! Puesto que ello acarrea desprestigio y expone las vergüenzas”.[90]
3. Dijo (a.s.): “La polémica mata el afecto”.[91]
4. Dijo (a.s.): “¡Guardaos de antagonizar! Puesto que distrae al corazón, acarrea la hipocresía y provoca resentimientos”.[92]
El Islam estableció una sociedad elevada basada en el afecto, la fraternidad y el cariño, y la polémica y el antagonismo provocan enemistad y rencor entre los musulmanes.

16- La calumnia

Entre los actos execrables se encuentra la calumnia, que consiste en que el musulmán diga sobre su hermano lo que en realidad no tiene, conformando un pecado mayor que la maledicencia y la mentira. Dijo el Altísimo: «Y quien cometa una falta o un pecado, luego acuse de ello a un inocente, ciertamente que habrá efectuado una calumnia y un pecado evidente».[93] El Imam As-Sâdiq (a.s.) previno de la siguiente manera para que no se perpetrara tal acto infame:
“Quien calumnie a un creyente o a una creyente con algo que no hizo, Dios, Imponente y Majestuoso, le resucitará en un barro supurado hasta que se retracte”.
Le fue preguntado al Imam (a.s.): “¿Qué es el barro supurado?”.
Respondió: “Pus que aflora de los genitales de las rameras”.[94]
La calumnia conforma un pecado y una opresión a otro; es por eso que es ilícita en el Islam, y el Imam (a.s.) puso énfasis en su prohibición y previno sobre perpetrar la misma.

17- La trasgresión

La trasgresión es opresión y atropello contra el otro y está prohibida en el Islam. El Imam As-Sâdiq (a.s.) advirtió con vehemencia acerca de ello con el fin de erradicarla. Prestemos atención a sus palabras:
1. Dijo (a.s.): “La trasgresión es el que más rápido se castiga entre los pecados”.[95]
2. Dijo (a.s.): “La trasgresión es el campo de batalla del mal”.[96]
3. Dijo (a.s.): “¡Qué mal provisión (para el Más Allá) es hostilizar a los siervos!”.[97]
La trasgresión es una de las prohibiciones más aborrecibles, la cual provoca que se difunda la opresión y la corrupción entre la gente.

18- La opresión

La opresión es una de las prohibiciones más abominables a las que se ha enfrentado el Islam, de manera que se maldice a la opresión y a los opresores, a quienes se castiga severamente. Se transmitió del Imam As-Sâdiq (a.s.) un gran número de hadices en los que condena la opresión y advierte a quien la perpetra. Los siguientes son algunos de los mismos:
1. Dijo (a.s.): “No hay opresión peor que aquella en la cual, quien es objeto de la misma no encuentra más auxiliador que Dios, Glorificado Sea”.[98]
2. Dijo (a.s.): “Quien devora los bienes de su hermano opresivamente y no se los devuelve, el Día de la Resurrección devorará brasas de fuego”.[99]
3. Dijo (a.s.): “Por cierto que Dios, Glorificado Sea, reveló a uno de sus profetas que se encontraba en el reino de cierto tirano, lo siguiente: ‘Ve ante ese tirano y dile (de Mi parte): Yo no te puse en ese cargo para que derramaras sangre y te apropiaras de las riquezas, sino que solamente lo hice para que te encargues por Mí de las voces de los oprimidos, puesto que Yo no consiento que se les trate injustamente aunque fueran incrédulos’.”.[100]
4. Dijo (a.s.): “A quien oprima, Dios hará que le domine quien (a su vez) le oprima a él”.[101]
5. Dijo (a.s.): “Quien cometa la injusticia, quien le ayude y quien esté complacido de ello, son los tres copartícipes”.[102]
6. Dijo (a.s.): “A quien excuse a un opresor por su opresión, Dios hará que le domine quien le oprima, de manera que aunque le suplique (a Dios) no le responderá, ni le compensará (en el Más Allá) por haber sido objeto de injusticia”.[103]
Estas narraciones legadas por el digno descendiente de la Profecía increpan a la opresión y condenan a los opresores, quienes son los lobos de la sociedad, conminándoles con el Fuego del Infierno.

19- La ostentación

Otra de las actitudes que el Islam condena es la ostentación, y quien incurre en la misma no posee una conciencia viva con la cual temer a Dios, Glorificado Sea, puesto que hace el bien no por el bien mismo ni por la causa de Dios, Glorificado Sea, sino que solamente lo realiza para ser visto por la gente como alguien correcto. Son abundantes las narraciones transmitidas del Imam As-Sâdiq (a.s.) en las que él condena la ostentación y advierte sobre ella. Las siguientes son algunas de las mismas:
1. Dijo (a.s.): “Dios, Glorificado Sea, expresó: ‘Yo soy el mejor asociado. Quien disponga en sus acciones a otro socio fuera de Mí, no le aceptaré de ellas sino aquello que fuera exclusivo para Mí’.”.[104]
2. Dijo (a.s.): “Toda ostentación es asociación. Ciertamente que quien obre por la gente le corresponderá a la gente darle su recompensa; y quien obre por Dios, Glorificado Sea, le corresponderá a Dios, Glorificado Sea, darle su recompensa”.[105]
3. Dijo (a.s.): “Sucede que el hombre realiza actos que merecen recompensa pero no pretende con ello la Faz de Dios, Glorificado Sea, sino que solamente pretende ser considerado puro entre las personas deseando que la gente escuche eso sobre él. Éste es quien ha cometido asociación en la adoración de su Señor”.[106]
4. Dijo (a.s.): “Cuando alguno de vosotros manifiesta una buena acción y oculta una mala acción… ¿acaso no reflexiona y no sabe que eso no es así? Dios, Imponente y Majestuoso, dice: «Pero el ser humano es consciente de sí mismo».[107] Por cierto que cuando el interior es correcto se fortalece el exterior”.[108]
5. Dijo (a.s.): “Quien procure a Dios, Imponente y Majestuoso, realizando unas pocas acciones, Dios manifestará para él más de lo que haya procurado; y quien procure a las personas realizando muchas acciones, fatigando su cuerpo y desvelándose de noche, Dios dispondrá que se vea apocado a los ojos de quien escuche que hizo tal cosa”.[109]
6. Dijo (a.s.) a ‘Ubbâd Al-Basrî -quien había incurrido en ostentación-: “¡Pobre de ti, oh ‘Ubbâd! ¡Guárdate de ostentar! Ciertamente que quien realiza una acción para otro que Dios, Glorificado Sea, Él le delegará a aquel por quien la haya realizado…”.[110]
7. Dijo (a.s.): “Disponed este asunto vuestro por Dios y no lo dispongáis por la gente, puesto que lo que sea por Dios será para Dios, y lo que sea por la gente no ascenderá hacia Dios”.[111]
Según estas narraciones y otras trasmitidas de los Imames de la Recta Guía (a.s.), la ostentación corrompe la buena acción. Los sabios son unánimes en que la ostentación invalida la adoración y que la intención en la misma debe ser sincera y exclusiva por la Faz de Dios, Glorificado Sea.
La ostentación es una cuestión ilusoria que necesariamente quedará al descubierto manifestándose la realidad de las cosas. Dijo Abûl Hasan At-Tahâmî:
La investidura de la ostentación trasparenta lo que tiene abajo / y si te envuelves con la misma en realidad estás desnudo.

20- La traición

Una de las actitudes contrarias a la moral más repugnantes y abominables es la traición. El Imam As-Sâdiq (a.s.) previno sobre la misma en una infinidad de hadices, entre los que están los siguientes:
1. Dijo (a.s.): “Ni un traicionero alcanza la salvación, ni un vilipendiador triunfa, ni enriquece Dios a un avaro”.[112]
2. Dijo (a.s.): “El traicionero y el vilipendiador son enemigos de sí mismos”.[113]
Ciertamente que la traición pone de manifiesto un interior putrefacto que se desentiende del honor y la dignidad y que no tiene vínculo con los elevados principios. La traición, en su amplio significado, ya sea contra la patria, contra la comunidad o contra el individuo, no surge sino de los bajos y viles.

21- El engaño y el fraude

El Islam ha prohibido el engaño y el fraude, puesto que forman parte de los vicios morales. El Imam (a.s.) arremetió con vehemencia contra quien adopta tal conducta. Los siguientes son algunos de sus hadices al respecto:
1. Dijo (a.s.): “Quien engaña a su hermano no es de nosotros”.[114]
2. Dijo (a.s.): “Los que son adversos a los creyentes son quienes les engañan”.[115]
3. Dijo (a.s.): “El enemigo de la verdad es aquel que no aconseja favorablemente a la gente de la verdad”.[116]
4. Dijo (a.s.): “A quien engaña a su hermano y esconde de él el consejo favorable, le es cambiado el bien que tiene por mal”.[117]
5. Dijo (a.s.): “A quien se le requiere orientación e indica lo incorrecto, Dios le suprime la capacidad de tener una opinión acertada”.[118]
El engaño y el fraude son realizados por quien no tiene vínculos con Dios ni cree en el Último Día.

22- El fanatismo

Entre aquellos atributos que el Islam combate está el fanatismo regionalista, el cual consiste en que la persona considere que la raza, casta o clan al que pertenece es lo mejor de la especie humana y asista a los miembros de su grupo en lo erróneo. En cuanto al mero amor de la persona por su grupo, ello no es fanatismo.
El Imam As-Sâdiq (a.s.) condenó ese fenómeno con las siguientes palabras:
“Por cierto que los ángeles consideraban que Iblís (Satanás) era de entre ellos, en tanto que Dios, Glorificado Sea, sabía que él no era de entre ellos, e hizo que pusiera al descubierto el fanatismo y enojo de su interior cuando dijo: «Me creaste de fuego y a él le has creado de barro.» (7: 12)”.[119]
El fanatismo ha encendido las llamas de la guerra en la tierra y ha arrojado un gran mal sobre la gente, y es por ello que es condenado por los defensores del Islam.

23- El pesimismo

El pesimismo es una actitud execrable. Consiste en que la persona vea solo el aspecto desfavorable y negativo de todos sus asuntos y estados, y no vea buen augurio en nada. El pesimismo nace de la acumulación de una perturbación anímica en el ser humano que le hace padecerlo. El Imam (a.s.) ha explicado en uno de sus hadices algunas de las formas del pesimismo. Dijo: “Hay tres cosas que producen pesimismo: la mujer, la bestia de carga y la morada. En cuanto al pesimismo que proviene de la mujer está en que su dote sea cuantiosa y sea rebelde con su esposo; en cuanto al de la bestia de carga está en que sea de mal carácter y no se deje montar; en cuanto al de la morada está en que su superficie sea estrecha, sean malos sus vecinos y tenga muchos defectos”.[120]
El Imam (a.s.) se ha ocupado en algunos hadices del pesimismo en general y exhorta al ser humano a tener buen augurio y ser emprendedor en todas las etapas de su vida.

24- El desgano y la preocupación

El Imam (a.s.) prohibió los estados de desgano y preocupación puesto que conllevan debilidad en la personalidad y su ruina.
Dijo (a.s.): “No estés fastidiado ni preocupado. Doblega tu alma dando la posibilidad de que, aquel que te es contrario es de aquellos que están por encima de ti y tienen mérito sobre ti”.[121]
El desgano y la preocupación llevan a la disociación de la personalidad o esquizofrenia, la cual es una de las más graves enfermedades mentales.

25- La holgazanería

El Imam (a.s.) previno acerca de la holgazanería en todas las acciones y la consideró una llave para todo mal.
Dijo (a.s.): “Mi padre me aconsejó diciéndome: ¡Oh hijo mío! ¡Guárdate de la holgazanería y el desgano! puesto que ambas cosas son la llave de todo mal. Por cierto que si eres perezoso no cumplirás con una obligación, y si te fastidias no tendrás paciencia para obtener un derecho”.[122]
La holgazanería lleva a que se debilite la economía de la comunidad, que no se incrementen los ingresos del individuo, conlleva el estancamiento de la economía del país y que aumente la desocupación entre los ciudadanos.

26- La humillación

El Imam As-Sâdiq (a.s.) previno al musulmán de que se humillara; quería para él la grandeza y la dignidad. Dijo: “Precaveos de la humillación puesto que la misma es una acción de Satanás”.[123]
Otra vez, el Imam (a.s.) puso énfasis en la necesidad de investirse de dignidad.
Dijo (a.s.): “¡Debéis guardar el decoro, y preveníos de caer en la humillación!”.[124]
La humillación lleva al menosprecio de la persona y a que se desvanezca la personalidad, y se contradice con lo que sostiene el Islam sobre la grandeza y dignidad de los musulmanes.

27- La mentira

La mentira es en el Islam una de las prohibiciones más repulsivas y perversas, multiplicándose su condenación en la mentira acerca de Dios, Glorificado Sea, de Su Profeta (s.a.w.) y de los Imames Inmaculados (a.s.). Los sabios jurisconsultos has dictaminado que ésta es una de las cosas que invalidan el ayuno, y para ello se basan en lo narrado del Imam As-Sâdiq (a.s.), que dijo:
“Por cierto que la mentira hace que al ayunante se le invalide el ayuno”. El narrador lo consideró demasiado, al suponer que el Imam (a.s.) se refería a que la mentira en general es de las cosas que invalidan el ayuno. Entonces él (a.s.) le aclaró: “No es como supusiste, sino que eso es solamente respecto a la mentira acerca de Dios, Glorificado Sea, de Su Profeta (s.a.w.) y de los Imames (a.s.)”.[125]
La mentira es de entre los pecados capitales, según el texto estipulante del Imam As-Sâdiq (a.s.) en el que dice:
“La mentira sobre Dios, sobre Su Mensajero y sobre los Albaceas (a.s.), es de entre los pecados capitales”.[126]
Se exceptúa en la condición de ilícita a la mentira dicha para evitar un gran perjuicio y para reconciliar a otros. A este respecto se le dijo al Imam As-Sâdiq (a.s.) lo siguiente:
“Tal vez suceda que mintamos a los tiranos por temor al mal que pudieran causarnos. ¿Acaso estaríamos pecando?”.
Respondió (a.s.): “Al contrario. Dios os recompensa por ello”.[127]

28- La rebeldía hacia los padres

Entre las actitudes que contrarían a las más elevadas virtudes se encuentra el hecho de ser rebeldes con los padres, puesto que Dios, Glorificado Sea, dispuso obligatorio a los siervos obedecerles. Dijo el Altísimo: «Y muéstrate deferente con ellos apiadándote, y di: “¡Señor mío! ¡Ten misericordia de ellos tal como ellos la tuvieron al criarme siendo niño!”.».[128]
También dijo: «Adorad a Dios y no le asociéis nada; y sed benevolentes con vuestros padres».[129]
El Imam (a.s.) estimulaba a comportarse con benevolencia con los padres y ponía énfasis en la necesidad de obedecerles. Fueron transmitidas las siguientes narraciones de él (a.s.) al respecto:
1. Un hombre le preguntó sobre la mejor y más querida de las acciones para Dios, Glorificado Sea. Dijo: “El rezo en su momento, la benevolencia para con los padres y la lucha en el sendero de Dios, Glorificado Sea”.[130]
2. Narró el Imam As-Sâdiq (a.s.) de su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.) lo siguiente: Una hermana de leche suya llegó a verle y se alegró por ello. Extendió su manto para ella, la hizo sentar sobre el mismo, y comenzó a hablarle manifestándole una buena hospitalidad y noble acogida. Luego ella se marchó y llegó el hermano de ésta, pero no tuvo con él una deferencia tal como la que tuvo para con su hermana. Se le dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! Te comportaste con su hermana de una manera como no lo hiciste con él, siendo él un hombre”. Respondió (s.a.w.): “Ella era mucho más benevolente con sus padres que él”.[131]
3. Un hombre le dijo: “Mi padre es un hombre anciano y débil y nosotros le alzamos cuando tiene que hacer sus necesidades”. Le dijo (a.s.): “Si puedes haz eso y dale de comer con tu mano, puesto que tal proceder conformará una protección para ti el día de mañana”.[132]
En muchos hadices similares a éstos, el Imam (a.s.) señala que es necesario que el musulmán sea considerado y benevolente con sus padres. No hay ninguna duda de que ser rebeldes con ellos es uno de los pecados capitales y de entre los principales actos de desobediencia.

29- Ignorar la benevolencia realizada

Otra de las actitudes reprobables sobre las que advirtió el Imam As-Sâdiq (a.s.) está el hecho de negar el favor recibido e ignorar la benevolencia realizada. A este respecto dijo (a.s.):
“La maldición es para el que niega la benevolencia (recibida)”.[133]
Ignorar un acto de benevolencia provoca que se interrumpa la vía del favor y se cierren las puertas de la caridad.

Éstos fueron algunos hadices legados por el digno descendiente de la Profecía en los que prohíbe la perpetración de las viles y reprochables conductas morales. Instamos al musulmán a que sea un gran modelo de virtud y un buen ejemplo en comportamiento y buenas acciones.

Sus más elevadas virtudes

En cuanto a su elevada moral, el Imam As-Sâdiq (a.s.) era uno de los signos de Dios, Glorificado Sea. Su moral era una prolongación de la de su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.), quien se distinguió por sobre el resto de los profetas por sus sublimes pautas de moral. Las siguientes son muestras de su prominente educación y moral:

1- Su humildad

La humildad era una de las exponentes cualidades de la moral del Imam As-Sâdiq (a.s.). Era parte de su humildad el hecho de detestar las muestras de superioridad, y denigraba la soberbia. Una vez le preguntó a un hombre: “¿Quién es el señor de tu clan?”. Le respondió: “Yo”. El Imam (a.s.) desaprobó tal respuesta y le dijo: “Si fueras su señor no hubieras dicho ‘yo’”.[134]
Otra de las señales de su humildad es que rechazaba sentarse sobre alfombras lujosas, y lo hacía sobre esterillas.[135]
La humildad era una de sus más exponentes pautas de moral, al punto que desdeñaba la soberbia por sobre la creación de Dios, Glorificado Sea. Solía considerar ello como una de las conductas más deplorables que hacen que el ser humano caiga a un nivel ruin. Los historiadores cuentan que un hombre solía frecuentar las reuniones del Imam (a.s.) y cierta vez vio que no estaba presente, por lo que preguntó por él. Un hombre se apresuró a menospreciarle diciendo: “¡Era un nabateo!”.
El Imam (a.s.) dijo:
“La procedencia del hombre está en su intelecto, su abolengo está en su religión, su dignidad en su piedad y las personas son iguales con relación a Adán”.[136]
La humildad y la desestimación del sí mismo eran parte de su naturaleza. Creía firmemente que la superioridad y la soberbia eran atributos exclusivos del Dios Único y Subyugador, sin que nadie más sea partícipe de las mismas.

2- Su paciencia

Entre sus elevadas pautas de moral está su paciencia ante las desgracias con las que fue afligido por parte del gobierno omeya. Éste se proponía menoscabar a Ahl-ul Bait (a.s.) y para ello dispuso que fueran insultados como parte de las obligaciones religiosas y que sus seguidores fueran objeto de matanza, encarcelamiento y destierro. El Imam (a.s.) veía todo ello y su alma se llenaba de pena y tristeza. Cuando se extinguió el califato omeya y los Abasíes tomaron el poder, éstos infringieron a los descendientes de ‘Alî (a.s.) todo tipo de tormentos y persecución, siendo su gobierno para los ‘alawíes peor de lo que lo había sido el de los Omeyas, llegando a decir un poeta:
¡Por Dios! Que los Omeyas no hicieron con ellos / ni una décima de lo que les hicieron los Abasíes.
Al-Mansûr Ad-Dawâniqî perpetró crímenes como enterrar vivos a los ‘alawíes y derrumbar cárceles sobre ellos. Cometió aberraciones sin parangón por su crueldad y abominación.
El Imam As-Sâdiq (a.s.) veía estas crudas tragedias que ceñían a los descendientes de ‘Alî (a.s.) en los días de Al-Mansûr Ad-Dawâniqî. Éste no conocía de compasión y piedad y había despojado su alma de toda noble inclinación. Además, mantenía rodeado al Imam (a.s.) por las fuerzas de seguridad que le tenían bajo estricto control y le trataban con rudeza y severidad. El Imam (a.s.) fue paciente frente a todas esas desgracias y adversidades.
Muestra de su paciencia es que cuando falleció su hijo Ismael, quien era uno de sus hijos más apreciados a causa de su piedad, fervor religioso, conocimiento y educación, él (a.s.) llamó a sus compañeros y les ofreció una comida en la que había sabrosos alimentos. Uno de sus compañeros le dijo: “¡Oh señor! No veo en ti ningún indicio de tristeza por tu hijo”. Él (a.s.) le respondió:
“¿Por qué no debería estar como me estáis viendo, siendo que en una narración del más veraz entre los veraces -esto es, su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.)- él dice: ‘Por cierto que voy a morir y vosotros también’?”.[137]

3- Su generosidad

El Imam As-Sâdiq (a.s.) era una de las personas más magnánimas y solía ser generoso dando lo que tenía para confortar a los pobres. Los narradores han transmitido muchas muestras de su generosidad entre las que se cuentan las siguientes:
1. Fue a verle Ashÿa‘ As-Salamî y le encontró enfermo. El Imam (a.s.) le dijo:
“Menciona la razón por la cual viniste”.
Dijo:
Que Dios te invista del bienestar / tanto durante el sueño que te sobreviene como durante tu desvelo;
Que aparte de tu cuerpo la languidez / tal como ha apartado la humillación de tener que pedirte.
En la segunda parte de la segunda estrofa el hombre hace alusión a su necesidad de una manera sutil. Al conocer el Imam (a.s.) su necesidad le dijo a su sirviente:
“¿Qué tienes contigo?”.
Le dijo: “Cuatrocientos”. Entonces le ordenó que se los diera.[138]
2. Llegó a verle Al-Mufaddal ibn Qais ibn Rummânah, quien era uno de sus mejores compañeros, y se quejó de su débil situación, y le pidió que suplicara por él. El Imam (a.s.) le dijo a su sirvienta:
“Trae la bolsa que contiene cuatrocientos dírhams”. Ella se la trajo y se la dio diciéndole:
“Asístete con esto”. Al-Mufaddal le dijo: “¡No! ¡Por Dios! ¡Que yo sea sacrificado por ti! No me proponía esto, sino que quería tu súplica”.
El Imam (a.s.) le dijo: “No voy a dejar de suplicar por ti”.[139]
3. Otra muestra de su caridad y generosidad es que él tenía una quinta cerca de Medina llamada “Ru‘ain Ziâd” en la cual había muchas palmeras. Cuando el dátil maduraba ordenaba a sus encargados que hicieran una brecha en el muro de la quinta para que la gente ingresara y comiera los dátiles.[140] Solía ordenar que les llevaran una ración de dátiles a los vecinos de la quinta que no podían concurrir por sí mismos, como los ancianos y los enfermos. Ordenaba que la mayoría de lo que quedara fuese llevado a Medina y distribuido entre los débiles y necesitados. El valor del dátil producido por la quinta alcanzaba los cuatro mil dinares. Él (a.s.) dispensaba tres mil dinares de ello y se quedaba con mil.[141]
4. Otra muestra de su generosidad está en que solía alimentar a los pobres y vestirlos al punto que no le quedaba nada para su propia familia.[142]
5. Parte de su caridad hacia los pobres está en que un hombre pasó junto a él y no le saludó. Él (a.s.) se encontraba almorzando y le invitó a compartir la comida. Uno de los presentes le dijo:
“La tradición es que salude y luego es invitado, y él dejó de saludar adrede”. El Imam (a.s.) se dirigió a éste con una sonrisa y le dijo: “Esa es una regla iraquí en la cual hay tacañería”.[143]
La generosidad era una de sus cualidades naturales y uno de sus constituyentes esenciales. Él no veía en la riqueza sino el valor de alimentar a los pobres y vestir a los desprovistos.

4- Sus limosnas en secreto

En cuanto a las limosnas que daba en secreto y en la oscuridad de la noche, eran un hábito de los Imames de Ahl-ul Bait (a.s.). Eso era así puesto que las acciones exclusivas para Dios, Glorificado Sea, no deben mezclarse con ningún propósito mundanal. Cada uno de los grandes Imames (a.s.) solía mantener a un grupo de pobres en tanto éstos no le reconocían. El Imam As-Sâdiq (a.s.) solía portar un saco en el cual había pan, carne y monedas de plata (dírhams), e iba hacia donde se encontraba la gente necesitada de la ciudad y distribuía el contenido entre ellos en tanto no le reconocían. Cuando el Imam partió hacia el Paraíso, echaron en falta esas dádivas y supieron que provenían de él.[144] Así era su abuelo el Imam de los timoratos Zain Al-‘Âbidîn (a.s.).
Entre sus dádivas secretas está lo narrado por Ismâ‘îl ibn Ÿâbir, quien dijo: “Abû ‘Abdil·lâh (el Imam As-Sâdiq -con él sea la paz-) me dio una bolsa de dinero con quinientos dinares y me dijo: “Dásela a tal persona de los hashemitas pero no le hagas saber que yo te la di”. Se la di a esa persona y cuando se la entregué me dijo: “¿De quién es esto?”. Le dije que era de alguien que no quería ser conocido. Este ‘alawí me dijo: “Ese hombre cada tanto me envía ese dinero y vivimos con ello hasta la siguiente vez, pero no me llega ni un dírham de Ÿa‘far a pesar de toda su riqueza”.[145]
Fueron transmitidas de él muchas narraciones en las que incentivaba a dar limosnas en secreto.

5- La manera en que honraba a los huéspedes

Entre las elevadas pautas de moral del Imam As-Sâdiq (a.s.) se encuentra la manera en que honraba a los huéspedes, de forma que procedía a servirles y les ofrecía deliciosa, variada y abundante comida. Solía repetirles siempre las siguientes palabras al momento de comer:
“Aquel de vosotros que más nos aprecie será el que más coma estando con nosotros”.[146]
Ordenaba que todos los días se colocasen diez manteles con comida para que en cada uno comieran diez personas.[147]
La generosidad era una manifestación intrínseca en los Imames de Ahl-ul Bait (a.s.) quienes eran un depósito de magnificencia y fuente de prodigalidad.

6- Su contrición a Dios

El Imam de los timoratos y los adoradores se dedicó a la obediencia a Dios, Glorificado Sea, de la manera más magnífica; se consagró a Él, e hizo todo aquello que le acercaba más a Él.
En los actos de adoración del Imam (a.s.) encontramos aspectos deslumbrantes de total dedicación a Dios, Glorificado Sea, que se caracterizaban por una espiritualidad que no tiene símil más que en sus padres y descendientes de entre los Imames de la Recta Guía, los exhortadores hacia Dios, Glorificado Sea, en la Tierra, y los portadores de las llamas del Monoteísmo. Asimismo encontramos muestras de su obediencia a Dios, Glorificado Sea, en las súplicas que le dirigía. Las mismas denotan su total consagración al Majestuoso Creador. En nuestra enciclopedia sobre su persona hemos dedicado una sección especial que habla sobre las súplicas que realizaba y que engloban todos los aspectos de su vida. Con esta breve exposición sobre sus elevadas pautas de moral concluimos las palabras sobre su persona.


[1] Al-Imam As-Sâdiq (a.s.) kamâ ‘arrafahu ‘ulamâ-ul garb (“El Imam As-Sâdiq tal como lo describen los sabios de occidente”), pp.120-130.
[2] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.3, p.318.
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.
[7] Ibíd., t.3, p.321.
[8] Ibíd.
[9] Ibíd.
[10] Ibíd.
[11] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.66.
[12] Ibíd.
[13] Ibíd.
[14] Ibíd.
[15] Al-Jisâl, p.12.
[16] Maÿmû‘ah Warrâm, t.2, p.152.
[17] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.3, p.318.
[18] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.66.
[19] Maÿmû‘ah Warrâm, t.2, p.188.
[20] Ibíd.
[21] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.3, p.320.
[22] Ibíd., t.1, p.324.
[23] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.56.
[24] Ibíd.
[25] Ibíd.
[26] Ibíd.
[27] Ibíd., p.28.
[28] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.3, p.323.
[29] Ibíd., t.3, p.325.
[30] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.65.
[31] Ibíd.
[32] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.60.
[33] Maÿmû‘ah Warrâm, t.2, p.188.
[34] Al-Jisâl, p.96.
[35] Maÿmû‘ah Warrâm, t.2, p.184.
[36] Al-Jisâl, p.229.
[37] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.3, p.329.
[38] Al-Jisâl, p.376.
[39] Al-Jisâl, p.401.
[40] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.3, pp.331-332.
[41] Ibíd.
[42] Ibíd.
[43] Ibíd.
[44] Ibíd.
[45] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.36.
[46] Ibíd.
[47] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.192.
[48] Ibíd.
[49] Mish ash-Sharî‘ah, cap. 51.
[50] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.3, p.332.
[51] Bahÿat al-Maÿâlis, t.1, p.439.
[52] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.1, p.326.
[53] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.4, p.333.
[54] Al-Gâiât, p.81.
[55] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.1, p.351.
[56] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.33.
[57] Ibíd.
[58] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.4, p.335.
[59] Maÿmû‘ah Warrâm, t.2, p.206.
[60] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.27.
[61] Ibíd.
[62] Ibíd., p.28.
[63] Ibíd., p.27.
[64] Ibíd., p.28.
[65] Ibíd.
[66] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.106.
[67] Ibíd., t.3, p.5.
[68] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.1, p.290; Al-Jisâl, p.8.
[69] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.1, p.290.
[70] Ibíd.
[71] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.54.
[72] Ibíd., p.45.
[73] Ibíd.
[74] Al-Ijtisâs, p.25.
[75] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.42.
[76] Ibíd., p.34.
[77] Ibíd.
[78] Ibíd., p.49.
[79] Usûl al-Kâfî, t.2, p.266.
[80] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.4, p.340.
[81] Usûl al-Kâfî, t.2, p.267.
[82] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.39.
[83] Ibíd., p.40.
[84] Ibíd.
[85] Ibíd.
[86] Ibíd.
[87] Usûl al-Kâfî, t.2, p.267.
[88] Ibíd.
[89] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.280.
[90] Ibíd.
[91] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.4, p.342.
[92] Ta’rîj al-Islâm, t.6, p.48; Tadhkirat al-Huffâdz, t.1, p.158.
[93] Sura an-Nisâ’; 4: 112.
[94] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.310.
[95] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.26.
[96] Ibíd.
[97] Ibíd.
[98] Usûl al-Kâfî, t.2, p.249.
[99] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.217.
[100] Usûl al-Kâfî, t.2, p.250.
[101] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.217.
[102] Ibíd.
[103] Ibíd.
[104] Usûl al-Kâfî, t.2, p.223, cap. “La ostentación”.
[105] Bihâr al-Anwâr, t.15, p.43.
[106] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.5, p.345.
[107] Sura al-Qiâmah; 75: 14.
[108] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.373.
[109] Ibíd.
[110] Ibíd.
[111] Ibíd.
[112] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.31.
[113] Ibíd.
[114] Ibíd., p.31.
[115] Ibíd.
[116] Ibíd.
[117] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.4, p.347.
[118] Ibíd.
[119] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.1, p.371.
[120] Al-Iznâ ‘Ashrîiah, p.29.
[121] Maÿmû‘ah Warrâm, t.2, p.153.
[122] Adab an-Nafs, t.1, p.220.
[123] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.29.
[124] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.4, p.349.
[125] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.319.
[126] Ibíd.
[127] Tahsîn at-Taqbîh wa Taqbîh al-Hasan, de Az-Za‘labî, p.8.
[128] Sura al-Isrâ’; 17: 24.
[129] Sura an-Nisâ’; 4: 36.
[130] Ÿâmi‘ as-Sa‘âdât, t.2, p.260.
[131] Ibíd.
[132] Ibíd.
[133] Al-Hikam al-Ÿa‘farîiah, p.46.
[134] At-Tabaqât al-Kubrâ, t.1, p.32.
[135] An-Nuÿûm az-Zâhirah, t.5, p.176.
[136] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.1, p.66.
[137] Al-Imam Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), p.49.
[138] Manâqib Âl Abî Tâlib, t.4, p.345; Amâlî At-Tûsî, t.1, p.278.
[139] Al-Kashshî, p.121.
[140] Al-Imam Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), p.47.
[141] Ibíd.
[142] Ta’rîj al-Islâm, t.6, p.45; Mir‘ât az-Zamân, t.6, p.160; Tahdhîb al-Kamâl, t.5, p.87.
[143] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.1, p.64.
[144] Al-Imam Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), p.47.
[145] Maÿmû‘ah Warrâm, t.2, p.82.
[146] Haiât Al-Imâm Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.), t.1, p.65.
[147] Ibíd., p.46.

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