jueves, 7 de octubre de 2010

La Ética del Imam Al-Yawâd (a.s.)

Por: Bâqer Sharîf Al-Qurashî

Traducido del árabe por:

Feisal Morhell


El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) fue una de las más sorprendentes figuras del pensamiento y el saber en el Islam que hizo brotar las fuentes del conocimiento y la sapiencia en la Tierra. Fue el portaestandarte del movimiento científico y cultural en su tiempo. Los sabios, jurisconsultos, narradores de hadices y procuradores de la sapiencia se apresuraban a dirigirse ante su elevada posición para beber de la plenitud de su saber y conocimientos a pesar de su corta edad, siendo que no se le permitía a quien se encontraba en tal edad adentrarse en los terrenos del saber. Eso es un indicio concluyente de que los grandes Imames de la Gente de la Casa del Profeta (s.a.w.) fueron dotados por Dios, Glorificado Sea, de la sapiencia y la erudición sin que haya diferencias entre el adulto de entre ellos y el de poca edad.
En cualquier caso, nosotros exponemos a continuación las brillantes palabras que fueron transmitidas del Imam Al-Ÿawâd (a.s.) en relación con incentivar a investirse de las más elevadas virtudes; luego nos referiremos a sus elevadas virtudes.



Las más elevadas virtudes

1- Las mejores virtudes

El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) se refirió a las mejores virtudes en un gran número de hadices. Veamos algunos de los mismos:
1. Dijo (a.s.): “Parte del buen carácter del hombre consiste en que se esté a salvo de su molestia; parte de su generosidad estriba en ser benevolente con quien le procura; parte de su paciencia está en que se queje poco; parte de su cualidad de ser buen consejero está en prohibir lo que no considera apropiado; parte de la benevolencia del hombre para con su hermano está en no reprenderle en presencia de quien aborrece; parte de su buen compañerismo es no producir gastos; y parte de las señales de su afecto es aprobar mucho y contrariar poco”.[1]
2. Dijo (a.s.): “Le basta a la persona como perfección de su hombría de bien el que no trate a nadie de la forma que ella misma aborrece… y parte de su intelecto es ser justo y aceptar la verdad cuando se le manifiesta”.[2]
Estas breves palabras reflejan maravillas de la sapiencia, puesto que tratar a la gente con excelentes y suaves palabras es un indicio de la madurez del pensamiento. Asimismo, aceptar la verdad cuando se le evidencia es indicio tanto de la madurez como de la salud del pensamiento.
3. Dijo (a.s.): “El encabezado de las páginas del creyente es su buen carácter, y el encabezado de las páginas del dichoso es el buen elogio que se hace de él. El agradecimiento es el ornamento de quien memoriza y asimila el hadîz, y la humildad es el ornamento del conocimiento. El buen ejemplo es el ornamento del intelecto, es la belleza de la lengua y es la perfección del intelecto”.[3]
Estas nobles virtudes son las más elevadas con las que el musulmán puede investirse para ser un ejemplo de excelencia, educación y virtud.

2- Solventar las necesidades de la gente

El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) incentivaba a esforzarse por solventar las necesidades de la gente, a causa de la gran recompensa que ello conlleva. Dijo (a.s.):
“Por cierto que Dios posee siervos a los que distingue con una prosperidad permanente, de manera que siguen en la misma a pesar de lo que gastan; pero cuando la deniegan les despoja de la misma y la traspasa a otros”.[4]
El Imam (a.s.) puso énfasis en ello en otro hadîz en el que dice:
“No se incrementan las bendiciones de Dios hacia alguien sin que las necesidades de la gente dirigidas a él (también) se incrementen; y quien no sobrelleve esa carga estará exponiendo esas bendiciones a la extinción”.[5]
La permanencia de la prosperidad y mantener la misma a salvo de la extinción depende de solventar las necesidades de la gente, y aquellos poseedores de fortuna que no procedan así la estarán exponiendo a la extinción.

3- La realización de las buenas acciones

El Imam (a.s.) estimulaba a la realización de buenas acciones. Dijo (a.s.):
“La gente de la buena acción necesita más de su realización que los necesitados de la misma, puesto que obtienen su recompensa, el orgullo de su realización y la mención de la misma. Cualquier buena acción que realice el hombre primero redunda en él mismo”.[6]
Estas palabras contienen maravillas de la sapiencia, puesto que para el que realiza el bien permanece la grata y bella mención y logra la satisfacción de Dios, Glorificado Sea, así que en realidad habrá ponderado su propia alma y se habrá beneficiado a sí mismo.

4- Las cualidades que acarrean el afecto

El Imam (a.s.) se refirió a las cualidades que acarrean el afecto y el cariño. Dijo (a.s.):
“Tres cualidades acarrean el afecto: ser justo en el trato con los demás; la solidaridad en momentos de dureza; y reunirse en torno a la persona de corazón sano”.[7]
Verdaderamente estas cualidades propagan el afecto entre la gente y hacen que prolifere el cariño y el buen trato.

5- Las nobles cualidades

El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) se refirió a algunas nobles cualidades que motivan la satisfacción de Dios, Glorificado Sea, y el acercamiento a Él.
Dijo (a.s.): “Tres cualidades permiten lograr la satisfacción de Dios, Glorificado Sea: pedir mucho perdón a Dios, tener un buen trato, y dar mucha limosna. Y hay tres cosas cuyo poseedor no se arrepentirá de tenerlas: dejar de lado el apresuramiento, consultar, y encomendarse a Dios, Glorificado Sea, al tomar una decisión”.[8]
Este hadîz nos señala las cualidades que hacen que la persona se aproxime a Dios, Glorificado Sea, las cuales son:
1. Pedir mucho perdón a Dios.
2. Ser afable y tener un buen trato.
3. Dar mucha limosna.
Éstas son virtudes que Dios, Glorificado Sea, aprecia, y mediante las mismas la persona logra la satisfacción divina. Asimismo, este hadîz menciona cualidades mediante las que el ser humano se asiste en la vida. Esas son:
1. Dejar de lado el apresuramiento, puesto que el mismo provoca muchos problemas a la persona. Dice el poeta:
Tal vez el parsimonioso alcance (solventar) algunas de sus necesidades / y tal vez el apresurado solo obtenga tropiezos.
2. Pedir consejo y no considerar absoluta la propia opinión ya que eso induce a la persona al error.
3. Evitar la vacilación, puesto que la misma conlleva la perturbación del alma. Si la persona se decide por realizar algo que no sea ilícito, que se encomiende a Dios, Glorificado Sea, y proceda.

6- La innovación en la religión y la codicia

Dijo (a.s.): “Nada ha causado más destrucción en la religión que la innovación, ni nada elimina más la circunspección que la codicia”.[9]
Estas palabras nos indican que algunas conductas devastan la religión y eliminan la compostura, siendo éstas:
1. La innovación en materia religiosa, la cual le añade a la religión lo que no es parte de la misma, deforma la realidad religiosa y daña sus reservas espirituales e ideológicas.
2. La codicia. Ésta arrastra al ser humano hacia situaciones viles y escabrosas en la vida.

7- El insulto y la impetuosidad

El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) previno acerca de insultar y ser impetuoso. Dijo (a.s.):
“Quien insulta recibe respuesta y quien es impetuoso es objeto de arremetidas”.[10]
Estas breves palabras señalan la vergonzosa realidad del que insulta y es impetuoso. Al que insulta se le responde de la misma forma o peor y el impetuoso cae víctima de su propia imprudencia, ocasionándose un inmenso mal.

8- La piedad y el saber

El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) habló sobre la virtud del saber y la piedad diciendo:
“Sabed que la piedad y temor a Dios es grandeza, que el conocimiento es un tesoro y que el silencio es una luz”.[11]
El temor a Dios, Glorificado Sea, es grandeza y nobleza para el ser humano. En los hadices se menciona que quien pretende grandeza sin tener clan familiar, o un respetable porte sin tener poder, que sea temeroso de Dios, Glorificado Sea. En cuanto al conocimiento, también fue descripto como luz.
Dijo Ibn Sînâ (Avicena): “El alma es como el cristal, el conocimiento es luz y la sapiencia de Dios es el aceite”.
Si iluminas, es que estás vivo / y si ensombreces, es que estás muerto.

9- Lo que necesita el creyente

El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) se refirió a lo que necesita el creyente en su vida. Dijo (a.s.):
“El creyente necesita del éxito brindado por Dios, Glorificado Sea, que sea amonestador de sí mismo y que acepte el consejo que se le da”.[12]
Estas cualidades son imprescindibles para el creyente que marcha por el sendero de la Verdad y por aquello que le aproxima a Dios.

10- La confianza en Dios

Dijo (a.s.): “A quien confía en Dios, Él le hace ver el júbilo; a quien se encomienda a Dios, Él le basta en todos los asuntos. La confianza en Dios es una fortaleza en la cual no se resguarda más que el creyente. Encomendarse a Dios conforma la salvación respecto de todo mal y es una protección respecto de todo enemigo”.[13]
Los medios más esenciales que el ser humano necesita en su vida son:
1. Confiar en Dios, Glorificado Sea, el Creador del Universo y dotador de la vida. Dios hace ver lo bueno en toda su expresión a quien confía en Él.
2. Encomendarse a Dios, Glorificado Sea. Dios resguarda de todo enemigo a quien se encomienda a Él, y le salvaguarda de todo mal.

11- Ser autosuficiente a través de Dios

Dijo (a.s.): “Quien a través de Dios se vuelve autosuficiente respecto a lo demás, será la gente la que tenga necesidad de él; y quien sea temeroso de Dios será apreciado por la gente”.[14]
Aquel a quien Dios le basta y prescinde de todo lo demás, se ha aferrado al mayor poder y fuente de toda concesión. Es natural que las personas necesiten de Dios; asimismo, aquel a quien Dios ama es amado por la gente de un modo sincero, puesto que ello proviene de la fuente de lo bueno y la rectitud.
Dijo (a.s.): “Si alguien se consagra a otro fuera de Dios, Dios le delega a éste (para que se ocupe de sus asuntos)”.[15]

12- Proponerse a Dios con los corazones

Una de las realidades de la fe es proponerse a Dios, Glorificado Sea, desde lo profundo de los corazones y el fuero interno de las almas. Es evidente que eso es más efectivo que el agobio y padecimiento de las extremidades al realizar acciones vacías de fe.
Dijo (a.s.): “Proponerse a Dios, Glorificado Sea, mediante el afán de los corazones es más efectivo que el agobio de los miembros corporales”.[16]

Sus más elevadas virtudes

En cuanto a las cualidades morales del Imam Al-Ÿawâd (a.s.), éstas eran análogas a las de sus grandes padres (a.s.), quienes eran la prolongación fundamental de las cualidades morales de su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.), a quien se le asemejaban en todos los aspectos, en sus excelentes maneras y pautas de moral.
La siguiente es una breve muestra de las más elevadas virtudes del Imam Al-Ÿawâd (a.s.):

1- Su benevolencia para con la gente

Una de las elevadas cualidades morales del Imam Al-Ÿawâd (a.s.) era la benevolencia para con las personas y ser caritativo con ellas. Los historiadores narraron numerosas muestras de su benevolencia. Entre las mismas se encuentra lo narrado por Ahmad Ibn Zakarîiah As-Saidalânî de un hombre de los Banî Hanîfah de las gentes de Bast y Saÿestân,[17] quien dijo: Acompañé a Abû Ÿa‘far en el año en el cual hizo la Peregrinación -en los comienzos del califato de Al-Mu‘tasim-, y he ahí que le dije mientras me encontraba a la mesa:
“¡Que yo sea sacrificado por ti! Nuestro gobernante os expresa afecto a vosotros Ahl-ul Bait (a.s.) y yo le debo impuestos. Si es que lo consideras apropiado, ¡que yo sea sacrificado por ti!, escríbele de manera que sea benefactor conmigo”.
El Imam (a.s.) primero se excusó, pero aceptó hacerlo después de que supo que el gobernante profesaba el Imamato. Es así que después del basmalah[18] escribió:
“El que lleva este escrito mío ha mencionado que profesas una hermosa escuela, que es la de Ahl-ul Bait. Las acciones que permanecen contigo son aquellas en las que actúas con benevolencia; así pues, sé benevolente con tus hermanos. Debes saber que Dios, Glorificado Sea, te preguntará (incluso) acerca de una insignificante partícula y de un grano de mostaza”.
Cuando el hombre regresó a su tierra y el gobernador supo de la carta que el Imam (a.s.) le envió, fue presurosamente a verle y la cogió y la besó. Luego le preguntó al hombre lo que necesitaba y cuando le informó, le dijo:
“No me pagarás impuestos mientras yo sea gobernante”. Luego le ordenó que le hicieran llegar asistencia a él y a su familia. De esa manera el hombre permaneció sin pagar impuestos mientras ese gobernador estuvo en el cargo, como asimismo no le interrumpió las ayudas que le enviaba. Todo eso por la bendición y favor del Imam (a.s.).[19]

2- Su solidaridad para con la gente

Otra de las elevadas virtudes morales del Imam Al-Ÿawâd (a.s.) era la solidaridad con la gente tanto durante la holgura como en la estrechez:
1. Entre aquellos a quienes trató solidariamente se encuentra Ibrâhîm Ibn Muhammad Al-Bagdâdî, quien había sido tratado injustamente por parte del gobernador. Ibrâhîm le informó al Imam (a.s.) de ello y él se apenó, por lo que le escribió una carta en la que le expresaba su solidaridad por lo que le pasó. En la misma decía:
“¡Que Dios apresure tu triunfo sobre quien te oprimió y que te provea Su sustento! Te doy albricias del auxilio Dios, pronto si Dios lo permite, o sino más tarde. Y brinda muchas alabanzas a Dios, Glorificado Sea”.[20]
2. Otro ejemplo de su solidaridad con la gente eran las condolencias que les hacía llegar a los que habían sido víctimas de desgracia y aflicción. Cierta vez le envió una carta a un hombre que tuvo la desgracia de perder a su hijo. En la misma, luego del basmalah, le decía:
“Mencionaste tu desgracia por la pérdida de tu hijo ‘Alî; también mencionaste que era el más querido de tus hijos. Dios, Imponente y Majestuoso, se lleva a un hijo o a otro miembro de la familia que fuera lo más puro de la misma solamente para acrecentar la recompensa del afligido por la desgracia. Así pues, ¡que Dios incremente tu recompensa, que te conceda buena resignación y te conforte! Por cierto que Él es Poderosísimo. Que Dios te otorgue prontamente más descendencia. Deseo que Dios, Glorificado Sea, ya lo haya hecho, in shâ’a Al·lâh.[21]
Esta carta pone de manifiesto el trato benevolente que el Imam (a.s.) brindaba a la gente y cómo era partícipe de sus tristezas y padecimientos.
3. Una de las elevadas cualidades morales del Imam (a.s.) era ser solidario con la gente en sus desgracias y tristezas. Una vez le escribió una persona que se lamentaba por el dolor que le provocaba la pérdida de su hijo. El Imam (a.s.) le contestó en una carta en la que le expresaba su pésame. En la misma decía:
“Debes saber que Dios, Imponente y Majestuoso, toma bienes del creyente, e incluso también sus propios hijos, para recompensarle por ello”.[22]
Es por ese afecto y benevolencia que colmaba los corazones, que las personas le eran fieles y creían en su Imamato.

3- Su generosidad y magnanimidad

Una de las sublimes pautas de moral del Imam Al-Ÿawâd (a.s.) es que era de las personas más dadivosas y de mayor generosidad. Fue apodado “Al-Ÿawâd” (el Generoso) a causa de lo profuso de sus favores y caridad para con los pobres. Los historiadores mencionaron muchas muestras de su generosidad, entre las que se encuentran las siguientes:
1. Ahmad Ibn Hadîd partió hacia la Peregrinación junto a un grupo de sus compañeros y fueron atacados por ladrones que les despojaron de todo el dinero y mercancías que tenían. Cuando llegaron a Medina, Ahmad fue a ver al Imam Al-Ÿawâd (a.s.) y le contó lo que les había sucedido. El Imam (a.s.) ordenó que le trajeran una bolsa de dinero y le dio suficientes dinares para que los distribuyera entre todos sus compañeros, cuya cantidad era igual a lo que les fue despojado.[23] De esa manera el Imam (a.s.) les aprovisionó, reponiéndoles lo que les fue saqueado.
2. Otro ejemplo de su caridad es lo narrado por Al-‘Utbâ sobre un ‘alawî o descendiente de ‘Alî (a.s.) que anhelaba a una esclava de Medina, pero no tenía el dinero para comprarla. Fue a ver al Imam Al-Ÿawâd (a.s.) y se quejó de su situación. El Imam (a.s.) le preguntó quién era su dueño y él le contestó. El Imam (a.s.) fue a ver a ese hombre y le compró la esclava y la quinta donde ésta se encontraba, sin que el ‘alawî supiera. El ‘alawî pasó a preguntar por la esclava y le dijeron que había sido vendida. Preguntó por el comprador y se le dijo que no lo conocían. Sobresaltado fue a ver al Imam (a.s.) y le dijo en voz alta: “¡La esclava fue vendida!”.
El Imam (a.s.) le recibió con una sonrisa y le dijo:
- “¿Sabes quién la compró?”.
- “No”.
El Imam (a.s.) partió con el ‘alawî hacia la quinta en la que se encontraba la esclava. Al llegar le ordenó que ingresara a la quinta y el hombre se rehusó porque ésta pertenecía a alguien que no conocía. El Imam (a.s.) le insistió que entrara y entonces lo hizo junto con el Imam (a.s.). Cuando el ‘alawî vio a la esclava el Imam (a.s.) le preguntó:
- “¿La conoces?”.
- “Sí”.
- “Es tuya, así como la casa, la quinta, su plantación y todas las mercancías que hubiera en la casa”.
El ‘alawî se desbordó de alegría, pues había comprendido que el Imam (a.s.) la había comprado, y quedó estupefacto sin saber cómo agradecerle al Imam (a.s.).
Éstas fueron algunas muestras de la generosidad del Imam (a.s.).

4- Su benevolencia con los animales

La benevolencia del Imam (a.s.) abarcaba a los animales. Narró Muhammad Ibn Al-Walîd Al-Kirmânî lo siguiente:
“Había comido junto con Abü Ÿa‘far Az-Zânî (el Imam Al-Ÿawâd, con él sea la paz) y cuando terminamos y fue retirada la mesilla, el sirviente quiso levantar las migajas del suelo pero el Imam (a.s.) se lo impidió y le dijo:
“Lo comestible que esté en el desierto déjalo ya que no tenemos gato en la casa para que se coma esos restos”. El Imam (a.s.) se compadeció de los pájaros y otros animales que no encuentran algo para comer.

5- Su desapego

El Imam Al-Ÿawâd (a.s.) era un joven en la flor de su edad y había desdeñado los ornamentos de la vida mundanal, abandonando todas sus fastuosidades y anhelos, de manera que no les otorgaba consideración ni valía alguna. El Califa Al-Ma’mûn le colmaba de profusos bienes que llegaban al millón de dírhams; además, tenía a su disposición los bienes que los miembros de la escuela shiíta le remitían en calidad de pago de los deberes religiosos, y el usufructo de los awqâf o inmuebles donados para provecho religioso que se encontraban en la ciudad de Qom. A pesar de ello, no gastaba nada de eso para sus asuntos personales, sino que los gastaba en los pobres y desdichados. Cierta vez Al-Husain Al-Mukârî vio al Imam (a.s.) en Bagdad en tanto se encontraba rodeado de un halo de grandeza producto de la consideración de la que era objeto de parte de los medios oficiales y populares. Al ver eso se preguntó por qué el Imam (a.s.) no volvía a su tierra y en cambio permanecía en Bagdad rodeado de comodidades. El Imam (a.s.) leyó su pensamiento y le dijo:
“¡Oh Husain! Pan de cebada y sal machacada en el Santuario de mi abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.) es más querido para mí que aquello en lo que me ves”.[24]
El Imam (a.s.) no era de los que les apetecía el poder y la grandeza, sino que era como sus padres, quienes divorciaron a la vida mundanal tres veces y se orientaron hacia Dios, Glorificado Sea.

6- Su contrición a Dios

Una de las características más exponentes del Imam Al-Ÿawâd (a.s.) era la contrición a Dios, Glorificado Sea, de manera que era de las personas más temerosas de Dios, Glorificado Sea, y quien más sinceramente se sometía a Su obediencia. Su condición era como la de sus padres, quienes ofrendaron sus vidas a Dios, Glorificado Sea, y se esforzaron por realizar todo aquello que les aproximara más y más a Él. Es así que pasaba su tiempo rezando, ayunando y recitando el Libro de Dios, Glorificado Sea.

Ejemplos de sus súplicas

Las súplicas del Imam Al-Ÿawâd (a.s.) ponen de manifiesto el aspecto espiritual de su vida.
1. Entre sus súplicas se encuentra la siguiente:
“¡Oh Aquel que no tiene símil ni semejante! Tú eres Dios, no hay divinidad más que Tú; ni Creador más que Tú; las criaturas desaparecerán y Tú permanecerás. Eres tolerante con quien te desobedece y al pedir perdón se tiene esperanza en Ti”.[25]
En esta súplica hay enaltecimiento a Dios, Glorificado Sea, sincera y exclusiva obediencia a Él, y sometimiento ante Su grandeza.
2. Otra de sus súplicas es la siguiente, en la cual menciona la presión, injusticia y corrupción que su época padeció a manos de los gobernantes, siendo de este modo una súplica que toca asuntos políticos. Dijo (a.s.).
“¡Dios mío! Por cierto que la tiranía de Tus siervos se ha adueñado de Tu Tierra, al punto que ha matado a la justicia, ha cerrado las vías de escape, ha suprimido la Verdad, ha anulado la veracidad, ha hecho desaparecer la caridad, ha manifestado la maldad, ha relegado la piedad, ha suprimido la recta guía, ha desplazado lo bueno, ha afianzado lo perjudicial, ha hecho crecer la corrupción, ha fortalecido la enemistad, ha expandido la injusticia y ha transgredido los límites.
¡Dios mío! ¡Oh Señor! Sólo Tu Poder puede erradicar esa situación y sólo Tu Gracia puede resguardar de la misma. ¡Dios mío! ¡Mi Señor! Extirpa la opresión; disuelve las montañas del maltrato; haz languidecer el mercado de las maldades, ennobleciendo a quien lo rechace; cercena la raíz de la gente de la iniquidad e invísteles de la ruina luego de la opulencia, y apresura, ¡Dios mío! el que sean tomados sorpresivamente. Haz descender sobre ellos escarmientos y termina con la vida de las acciones reprobables, de manera que esté a salvo el amedrentado, se sosiegue el apesadumbrado, se sacie el hambriento, se proteja al extraviado, se cobije al expatriado, vuelva el desterrado, se enriquezca el empobrecido, se brinde amparo al que lo requiera, se respete a la persona mayor, se tenga compasión por el menor, se dignifique al oprimido, se humille al opresor, se brinde consuelo al acongojado, se reconforten las angustias, se apacigüen las turbaciones, se disipen las diferencias, se encumbre al saber, se extienda la paz, se reúna lo dispersado, se fortalezca la fe y se recite el Corán. Por cierto que Tú eres el Remunerador, el Agraciador y el Dadivoso”.[26]
Esta súplica nos refiere la opresión que imperaba y la iniquidad que estaba extendida a causa de las oscuras políticas que seguían los gobernantes abasíes, quienes convirtieron el mundo islámico en una quinta privada para ellos, gastando las riquezas de la comunidad en sus pasiones y noches de lujuria, difundiendo la corrupción, el impudor y el libertinaje entre la gente. Su gobierno no guardaba relación alguna con el Islam.
3. Otra de sus súplicas es la siguiente, la cual solía realizar en el qunût del rezo. En la misma menciona a los gobernantes de su tiempo y suplica en su contra. Veamos el texto de la misma:
“¡Dios mío! Tú eres el Primero sin inicio factible de contar, y el Último sin final factible de limitar. Nos creaste, no por una causa forzada; nos ideaste, no por (suplir) una necesidad que Te fortaleciera; nos originaste mediante Tu sapiencia por propio arbitrio, y nos pusiste a prueba mediante Tus órdenes y prohibiciones para examinarnos”.
Entre los puntos mencionados en esta súplica se encuentran los siguientes:
“Tú eres el Señor de la grandeza y el esplendor; la majestuosidad y la sublimidad; la benevolencia y las gracias; el favor y las mercedes; la concesión y la dádiva; el cumplimiento y la lealtad. Los corazones no abarcan Esencia alguna para Ti, ni las figuraciones comprenden ninguno de Tus atributos. Nada de entre Tus criaturas se te asemeja, ni se coteja contigo nada de lo que creaste. ¡Exaltado y bendito eres como para que seas percibido o palpado, o bien, como para que te adviertan los cinco sentidos!; ¡y cómo podría percibir la criatura a su Creador! ¡Oh Dios mío! Estás sublimemente por encima de lo que dicen los opresores”.
Luego de alabar y engrandecer a Dios, Glorificado Sea, comenzó a suplicar contra los opresores de entre los gobernantes de su época, diciendo:
“¡Dios mío! Exalta a Tus leales amigos por sobre Tus enemigos opresores, transgresores, quebrantadores de pactos, que obran injustamente, que salieron disparados de la religión, aquellos que extraviaron a Tus siervos, tergiversaron los significados de Tu Libro, cambiaron Tus normas, negaron Tu derecho y se situaron en el sitial de Tus asignados amigos. Eso fue una osadía de parte de ellos para contigo y una injusticia de ellos para con Ahl-ul Bait, la Gente de la Casa de Tu Profeta, sobre ellos sea Tu paz, Tus bendiciones, Tu misericordia y Tus enaltecimientos. Antepusieron a unos y extraviaron a Tu creación; y rasgaron el velo con el que cubres a Tus siervos. Tomaron, ¡oh Dios mío! Tu riqueza como factor de poderío, y a Tus siervos como servidumbre. Dejaron, ¡oh Dios mío! el mundo de la Tierra en un estado de mudez, ceguera y lúgubres tinieblas. Sus ojos están abiertos pero sus corazones están ciegos. ¡Oh Dios mío! Ya no quedan excusas. ¡Dios mío! Por cierto que has prevenido sobre Tu castigo y has dejado en claro Tu escarmiento. Has prometido Tu benevolencia a los obedientes y les has ofrecido las promesas. Así, una facción creyó y corroboró…”.
“¡Dios mío! Renueva para Tus enemigos y los suyos Tu Fuego y Tu castigo, el cual no aparatarás del grupo de los opresores”.
El Imam (a.s.) prosigue la súplica rogando por los amigos de Dios, quienes son obedientes a Sus órdenes, diciendo:
“¡Dios mío! Bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad. Fortalece lo débil de aquellos que te son sinceros en el amor; quienes nos escoltan mediante la lealtad; quienes nos siguen con la veracidad y la acción correspondiente; quienes nos asisten siendo solidarios con nosotros; quienes aman nuestro recuerdo cuando se reúnen. ¡Dios mío! Refuerza sus bases. ¡Dios mío! Dirígeles en su religión, la cual te satisface para ellos; complétales Tu gracia, depúrales y escógeles. ¡Dios mío! Solventa su pobreza. ¡Dios mío! Modifica su miseria. ¡Dios mío! Perdona sus pecados y faltas. No desvíes sus corazones después de haberles guiado; no les abandones -¡oh mi Señor!- por sus desobediencias y presérvales aquella integridad que les concediste de ser leales a Tus amigos y desentenderse de Tus enemigos. Ciertamente que Tú eres el Omnioyente, el que responde (a las súplicas)…”.[27]
Así concluimos con la mayor parte de esta súplica, la cual nos señala la congoja del Imam (a.s.) y su pesadumbre por la tiranía y la iniquidad que imperaban en las diferentes regiones. Asimismo, nos señala cómo suplicaba por los probos y creyentes, quienes en aquella época fueron afligidos por los gobernantes abasíes que sumieron los territorios en las desgracias y las dificultades.

Con esto damos por finalizadas nuestras palabras sobre el Imam Al-Ÿawâd (a.s.), quien fue un milagro del Islam en cuanto a sus facultades y genialidad. Sus más elevadas virtudes refieren las de sus grandes padres, los convocadores a la reforma social en el mundo de los árabes y el Islam.



[1] Al-Ithâf bi Hubb al-Ashrâf, p.77; Ad-Durr an-Nadzîm, hoja 223.
[2] Haiât Al-Imâm Muhammad Al-Ÿawâd (a.s.), p.112.
[3] Ibíd., p.113.
[4] Al-Fusûl al-Muhimmah, de Ibn As-Sabbâg, p.258.
[5] Ibíd.
[6] Haiât Al-Imâm Muhammad Al-Ÿawâd (a.s.), p.114.
[7] Haiât Al-Imâm Muhammad Al-Ÿawâd (a.s.), p.112; transmitido de Al-Fusûl al-Muhimmah, p.258.
[8] Haiât Al-Imâm Muhammad Al-Ÿawâd (a.s.), p.119.
[9] Ibíd., p.114.
[10] Ibíd., p.115.
[11] Ibíd., p.114.
[12] Tuhaf al-‘Uqûl, p.457.
[13] Al-Fusûl al-Muhimmah, de Ibn As-Sabbâg Al-Mâlikî, p.373.
[14] Ÿauharat al-Kalâm, p.150.
[15] Ad-Durr an-Nadzîm, hoja 33.
[16] Ibíd., p.233.
[17] Saÿestân: Se encuentra situada al sur de Harât, región habitada por nobles shiítas, cuya gente se abstuvo de maldecir a Amîr Al-Mu’minîn (a.s.); y qué nobleza mayor que abstenerse de maldecir al hermano del Mensajero de Dios (s.a.w.) y puerta de la ciudad de su conocimiento – Mu‘ÿam al-Buldân, t.3, p.190.
[18] Frase que dice: “En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso” (N. del T.).
[19] Bihâr al-Anwâr, t.12, p.129.
[20] Bihâr al-Anwâr, t.12, p.126.
[21] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t.2, p.873.
[22] Ibíd., t.3, p.893.
[23] Al-Wâfî bil-Wafîiât, t.4, p.105; Bihâr al-Anwâr, t.12, p.109.
[24] Haiât Al-Imâm Muhammad Al-Ÿawâd (a.s.), p.74.
[25] A‘iân ash-Shî‘ah, t.2, p.245.
[26] As-Sahîfah ar-Radawîiah, pp.127-128.
[27] Muhaÿ ad-Da‘awât, p.81; Al-Balad al-Amîn, p.657; As-Sahîfah ar-Radawîiah. p.154.

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