martes, 21 de junio de 2011

La Semilla del Shiísmo


Fuente: Realidad y Orígenes del Shiísmo.
Traducción: Sumeia Younes

En contraposición a la línea del Iÿtihâd que consideraba que no era necesario someterse en todos los asuntos a los consejos y enseñanzas del Profeta (s.a.w.), había quienes consideraban necesario someterse a todos los textos estipulantes legados por el Profeta (s.a.w.) y aferrarse a todas sus órdenes, prohibiciones y consejos en cualquier asunto que fuese, ya sea que estuviesen relacionados a las cuestiones de la legislación, o a lo que facilitaría las cosas tras su fallecimiento (s.a.w.). Emergieron hombres que fueron exponentes de la línea del sometimiento al texto estipulante, cuyo número tal vez no sobrepasaba el de algunas decenas, pero luego otros se les acoplaron.

Es natural que los partidarios del texto estipulante extendiesen hasta el Profeta (s.a.w.) la legitimidad de sus posturas en cuanto a lo que respecta a la Marÿa‘îiah religiosa y política en la etapa posterior al Mensajero de Dios (s.a.w.), desde que su postura no fue un Iÿtihâd personal o relacionado a un asunto de amistades personales o tribales, sino que este grupo encontró en la persona de ‘Alî (a.s.) -además de los textos estipulantes- los rasgos de líder, a quien los dones de su persona y carácter le brindaban la idoneidad para ocupar este delicado cargo del cual dependía el futuro de la convocatoria, cuyas bases fundó el Profeta (s.a.w.) y cuyo edificio erigió, por lo que era imperioso para quien viniese después, tener la capacidad de proteger esta edificación del Profeta y mantenerla indemne de los vientos del cambio que pudiesen soplar como resultado de las circunstancias y peligros que rodearon a la convocatoria a lo largo de su recorrido. Entre las causas de tal peligro se encontraban: la cercanía del pasado de ignorancia de los musulmanes, el fortalecimiento del movimiento de la hipocresía tras la Emigración, y el hecho de que algunas personas guardaban resentimientos generados por las guerras demoledoras entre los musulmanes y sus oponentes. La mayoría de estos últimos llegaron a estar contenidos luego bajo la convocatoria islámica, especialmente tras la Conquista de La Meca, y son a quienes el Profeta (s.a.w.) denominó “At-Tulaqâ’” (“los libertos”) y cuyos corazones fueron conquistados con bienes y otras cosas con la esperanza de eliminar sus rencores contra los musulmanes y acallar la avidez y celo por los asuntos mundanales y el apego a sus ornamentos, ya que el Profeta (s.a.w.) sabía que la mayoría de ellos entró al Islam a disgusto luego de que vieran arruinado lo que tenían y no tuvieran más escapatoria que someterse a la nueva realidad, excepto que el Islam de la mayoría de ellos no era en forma de sometimiento. Ni qué hablar de los peligros externos a la península arábiga que amenazaban el futuro de la convocatoria, y que estaban representados por naciones arrogantes y poderosas que era natural que estuviesen agitadas por el hecho de que los musulmanes se habían convertido en una fuerza que amenazaba sus límites, por no decir toda su estructura.
Es así que, la línea del “sometimiento al texto estipulante” en contraposición a la línea del “iÿtihâd en oposición al texto”, fundamenta la legitimidad de su postura considerándola una extensión de la legitimidad de la postura del Profeta (s.a.w.) en relación a ‘Alî (a.s.) por un lado, y por considerar que tal postura profética se correspondía con la realidad existente en la persona de ‘Alî (a.s.) por otro lado, tal como lo expresan las palabras del Mensajero de Dios (s.a.w.):
« من أطاعني فقد اطاع الله، ومن عصاني فقد عصى الله، ومن أطاع عليّاً فقد أطاعني، ومن عصى علياً فقد عصاني».
“Quien me obedezca habrá obedecido a Dios, y quien me desobedezca habrá desobedecido a Dios; quien obedezca a ‘Alî me habrá obedecido, y quien desobedezca a ‘Alî me habrá desobedecido.”[1]
Y:
« أنا وعلي حجة الله على عباده ».
“‘Alî y yo somos la Prueba (huÿÿah) de Dios sobre Sus siervos.”[2]
Y sus palabras:
« أُوحِيَّ إليَّ في عليٍّ ثلاث: إنه سيد المسلمين، وإمام المتّقين، وقائد الغرّ المحجلين ».
“Se me revelaron respecto a ‘Alî tres (cosas): Que él es el señor de los musulmanes, el Imâm de los temerosos y el líder de los de frente marcada cuyos miembros se destacan por la ablución.”[3]
Y el Profeta (s.a.w.) dijo también:
« علي مع الحق والحق مع علي، ولن يفترقا حتى يردا عليَّ الحوض يوم القيامة ».
“‘Alî está con la verdad y la verdad está con ‘Alî, y ambos no se separarán hasta que regresen a mí en la Fuente (de Kauzar) en el Día de la Resurrección.”
También dijo (s.a.w.) señalando a ‘Alî (a.s.) mientras pasaba:
« الحق مع ذا، الحق مع ذا ».
“La verdad está con éste, la verdad está con éste.”[4]
Tales Compañeros comprendieron de estos textos y sus semejantes que el Profeta (s.a.w.) corroboró para ‘Alî (a.s.) un asunto de gran importancia: que él estaba en la verdad y con la verdad, y que ambos no se separarían. Anteriormente dijimos que el Profeta (s.a.w.) comparó a su Ahl-ul Bait con el Corán en el Hadîz de Az-Zaqalain, e informó que ambos no se separarían hasta que regresasen a él en la Fuente; y en este caso el Profeta (s.a.w.) distinguió a ‘Alî (a.s.) con tal particularidad diciendo: “‘Alî está con la verdad y la verdad está con ‘Alî, y ambos no se separarán hasta que regresen a mí en la Fuente (de Kauzar) en el Día de la Resurrección.”[5]
Entonces, si el Corán es una verdad sobre la cual no cabe duda, y ‘Alî está con el Corán, entonces él está con la verdad de manera evidente, y desde que él está con la verdad, entonces seguirlo se convierte en algo obligatorio por lo obligatorio de seguir a la verdad.
Ésta es la principal razón que ocasionó que aquellos Compañeros que seguían el texto estipulante vieran la necesidad de aferrarse a ‘Alî y obedecerlo, y supieran que no estaba permitido oponérsele, siendo sus posturas claras incluso en épocas del Profeta (s.a.w.).
Dijo Muhammad Kurd ‘Alî: “Un grupo de entre los grandes Compañeros era conocido por su inclinación hacia ‘Alî en épocas del Mensajero de Dios (s.a.w.), tales como Salmân Al-Fârsî, quien dijo: “Dimos la bai‘ah (pacto de fidelidad) al Mensajero de Dios en base a: ser fieles a los musulmanes, y seguir a ‘Alî ibn Abî Tâlib y su Wilâiah.”
O como Abû Sa‘îd Al-Judrî, quien dijo: “A la gente se le ordenaron cinco cosas, pero actuaron en base a cuatro y dejaron de lado a una de ellas.” Cuando se le preguntó por las cuatro dijo: “La oración, el zakat o diezmo, el ayuno en el mes de Ramadân y la Peregrinación a La Meca.” Le dijeron: “¿Cuál es aquella que dejaron de lado?”. Dijo: “La Wilâiah de ‘Alî ibn Abî Tâlib.” Se le dijo: “¿Acaso ésta fue preceptuada junto a las otras?”. Dijo: “Sí.”
O como Abû Dharr Al-Giffârî, ‘Ammâr ibn Iâsir, Hudhaifah ibn Al-Iamân, Dhû-sh Shahâdatain Juzaimah ibn Zâbit, Abû Aîiûb Al-Ansârî, Jâlid ibn Sa‘îd ibn Al- ‘Âss y Qais ibn Sa‘d ibn ‘Ubâdah.”[6]
El Doctor Subhî Sâlih se inclina por esta realidad cuando dice: “Incluso en épocas del Profeta (s.a.w.) entre los Compañeros había shias (seguidores) de su prohijado ‘Alî, entre ellos: Abû Dharr Al-Giffârî, Miqdâd ibn Al-Aswad, Ÿâbir ibn ‘Abdul·lâh, Ubaîi ibn Ka‘b, Abû Tufail ‘Âmir ibn Wâzilah, Al-‘Abbâs ibn ‘Abd-ul Muttalib y todos sus hijos, ‘Ammâr ibn Iâsir y Abû Aîiûb Al-Ansârî.”[7]
Además, la expresión “Shî‘ah” no es de entre los vocablos surgidos en épocas posteriores a la del Profeta (s.a.w.) tal como algunos estudiosos tratan de sugerir, puesto que el Profeta solía mencionar dicha palabra de vez en cuando para referirse a los seguidores de ‘Alî (s.a.w.) y albriciarles que estaban en la verdad y que eran los triunfadores y la mejor de las gentes. Es así que los exegetas y transmisores de hadices citaron que:
لما نزل قوله تعالى: ﴿ إنّ الذين آمنوا وعملوا الصّالحات اُولئك هم خير البريّة ﴾ قال النبي (صلى الله عليه وآله): « أنت يا علي وشيعتك ».
Cuando descendió la aleya: «Ciertamente que los creyentes que hacen el bien ¡esos son lo mejor de las criaturas (jair-ul barîiah)!»[8], el Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Oh ‘Alî! (Son) tú y tus shias.”[9]

La claridad de la línea:

La mayoría de esos Compañeros de entre los shias de ‘Alî pensaban que el asunto no se saldría de los Banî Hâshim y su principal exponente, después de tanto énfasis por parte del Profeta (s.a.w.) y su continua incitación a aferrarse a ‘Alî y a Ahl-ul Bait (a.s.), pero los apresurados acontecimientos de la Saqîfah dieron vuelta la situación de pies a cabeza, y la sorpresa fue grande para los seguidores de ‘Alî (a.s.), desde que no se les pasó eso por la cabeza a ninguno de ellos, a pesar de la existencia de señales que indicaban que los Compañeros de la línea del Iÿtihâd de entre Qureish no estaban entregados a la voluntad del Profeta (s.a.w.) en este asunto. Uno de los principales de dicha línea se lo dijo claramente a Ibn ‘Abbâs: que Qureish detestó que se reuniesen tanto el Califato como la Profecía en los Banî Hâshim, por lo cual tuvieron lugar las medidas que siguieron a tal sentimiento de rechazo y cuyos efectos se manifestaron en la Saqîfah de Banî Hâshim.
Pareciera ser que las medidas adoptadas por esta línea no eran del todo ocultas para los seguidores de ‘Alî (a.s.), puesto que entre sus integrantes existía la sensación de que Qureish maquinaba algo en secreto para despojar de este asunto a su dueño e hijos. Al-Barâ’ ibn ‘Âzib nos describe ello cuando dice:
“No dejé de sentir afecto por Banî Hâshim; cuando el Mensajero de Dios (s.a.w.) falleció temí que Qureish conspirara para despojarles este asunto, y me comporté como un afligido precipitado, con toda la tristeza que había en mi alma por el fallecimiento del Mensajero de Dios (s.a.w.); es así que alternaba acudiendo hacia Banî Hâshim en tanto ellos estaban en la habitación junto al Profeta (s.a.w.), y observaba los rostros de Qureish. Me encontraba de esa forma y he ahí que perdí de vista a Abû Bakr y ‘Umar, y alguien dijo: “La gente está en la Saqîfah de Banî Sa‘îdah.” Y otro dijo: “¡Dieron la bai‘ah (juramento de fidelidad) a Abû Bakr!”. No tardé en encontrarme luego con Abû Bakr que venía, y con él se encontraban ‘Umar, Abû ‘Ubaidah y un grupo de entre los Compañeros de la Saqîfah; estaban envueltos en lienzos san‘ânî[10] y no pasaban junto a nadie sin golpear su puerta, llevarlo hacia ellos y estirarle la mano, haciéndolo frotarla sobre la mano de Abû Bakr como una forma de dar la bai‘ah, ya sea que lo quisiese o no. Mi intelecto negaba que eso estuviese sucediendo y salí sintiéndolo cada vez más intensamente hasta que llegué a lo de Banî Hâshim. La puerta estaba cerrada, por lo que golpeé raudamente y dije: “¡La gente dio la bai‘ah a Abû Bakr ibn Abû Quhhâfah!”. Entonces dijo ‘Abbâs: “¡Que caigáis en la miseria hasta el final de los tiempos!; en cuanto a mí, yo os he ordenado algo y me habéis desobedecido.”
Permanecí atormentándome por lo que sentía en mi alma, y en la noche vi a Miqdâd, Salmân, Abû Dharr, ‘Ubâdah ibn As-Sâmit, Abû Al-Haizam ibn At-Taîhân, Hudhaifah y ‘Ammâr, quienes querían revertir el asunto convirtiéndolo en una junta entre los Muhâÿirîn…”[11]
La línea de los que corroboraban a ‘Alî (a.s.) comenzó a hacerse cada vez más y más clara después del suceso de As-Saqîfah y la sorpresiva bai‘ah a Abû Bakr, puesto que este pequeño encuentro del que habló Al-Barâ’, fue seguido luego por otras etapas que se caracterizaron por manifestar la propia opinión y las protestas por esa bai‘ah o juramento de fidelidad que tuvo lugar apremiada y súbitamente. Entre lo que dijo Salmân tenemos: “Obtuvisteis al de más edad de entre vosotros y fallasteis en relación a la Gente de la Casa de vuestro Profeta; si es que hubieseis dispuesto el Califato en ellos no habrían discrepado con vosotros ni siquiera dos personas, y todos os habrías favorecido de la misma profusamente.”
Cuando se incrementó el número de personas conformes con el hecho de que ‘Alî (a.s.) reniegue de dar la bai‘ah a Abû Bakr, y al mismo tiempo se intensificó la presión de Abû Bakr y ‘Umar contra él, Umm Mistâh ibn Uzâzah salió, se detuvo ante la tumba (del Profeta) y dijo:
كانت اُمور وأنباء وهنبثة
لو كنتَ شاهدها لم تكثر الخُطبُ
إنّا فقدناك فقدَ الأرض وابلَها
واختلّ قومك فاشهدهم ولاتَغبُ
Tuvieron lugar asuntos, noticias y cuestiones graves,
Que si hubieras estado para presenciarlas no habría habido muchos discursos.
Por cierto que te perdimos tal como la tierra ha perdido a su lluvia (de bendiciones).
Tu pueblo está perturbado, obsérvalos pues y no estés ausente.[12]
Anteriormente mencionamos cómo expuso Al-Barâ’ ibn ‘Âzib los comienzos de los sucesos de As-Saqîfah y su salida para encontrarse con algunos de entre los Compañeros. Ello continúa de la siguiente manera:
“Permanecí atormentándome por lo que sentía en mi alma. Al caer la noche, salí hacia la Mezquita, y una vez adentro, recordé que solía escuchar allí el murmullo del Mensajero de Dios (s.a.w.) leyendo el Corán, por lo que me abstuve de permanecer en ese lugar, y salí al aire libre. Era la explanada de Banî Baiâdah, y allí encontré a unas personas hablando en confidencia. Cuando me acerqué hicieron silencio, por lo que me alejé de ellos, pero me reconocieron aunque yo no los reconocí, y me llamaron, así que fui hacia ellos, y encontré a Miqdâd ibn Al-Aswad, ‘Ubâdah ibn As-Sâmit, Salmân Al-Fârsî, Abû Dharr, Hudhaifah y Abû Al-Haizam ibn At-Taîhân. Hudhaifah les decía: “¡Por Dios! que las cosas son como os lo informé. ¡Por Dios! que no mentí ni se me mintió. La gente quiere revertir el asunto convirtiéndolo en una junta entre los Muhâÿirîn”.
Luego dijo: “¡Ved hacia Ubaîi ibn Ka‘b puesto que sabe lo que yo sé!”. Dijo: “Entonces fuimos hacia Ubaîi, tocamos a su puerta, hasta que él se dispuso detrás de la misma y dijo: “¿Quiénes sois?”. Luego de que Miqdâd le hablara, dijo: “¿Qué necesitáis?”. Le dijo: “Abre tu puerta puesto que el asunto es muy grande como para ser tratado con un velo de por medio.” Dijo: “No voy a abrir mi puerta, puesto que ya sé para qué vinisteis; es como si quisieseis que se cambie la opinión sobre ese pacto.” Dijimos: “Sí.” Dijo: “¿Se encuentra Hudhaifah entre vosotros?”. Dijimos: “Así es”. Dijo: “Lo que él dijo es cierto, y ¡por Dios! que abriré mi puerta pero para que el asunto siga su curso actual, y luego no será peor de lo que lo es ahora, ¡y a Dios dirijo mi queja!”.[13]
Pareciera ser que Ubaîi permaneció portando este secreto en su pecho hasta que estuvo a punto de revelarlo varios años después, si no le hubiera sobrevenido la muerte tan sólo un día antes. ‘Utaî ibn Sajrah transmitió lo siguiente: Le dije a Ubaîi ibn Ka‘b: “¿Qué os pasa, ¡oh Compañeros del Mensajero de Dios!? ¿Venimos desde regiones lejanas pidiéndoos lo bueno y nos menospreciáis?”. Dijo: “¡Por Dios que si vivo hasta este viernes os diré algo sin importarme si me dejáis con vida o me matáis.”
Cuando llegó el día viernes salí y he ahí que la gente de Medina se agitaba en sus callejones, por lo que pregunté: “¿Qué sucede?”. Dijeron: “Murió el señor de los musulmanes, Ubaîi ibn Ka‘b.”[14]
En una narración de Ibn Sa‘d éste expresa: Dije: “¡Por Dios! Nunca vi como hoy, en relación a la ocultación de un secreto, algo más fuerte de lo que ocultó este hombre.”[15]
En una narración de Al-Hâkim se transmitió que Ubaîi dijo: “Si es que me esperas hasta el día viernes hablaré sobre lo que escuché del Mensajero de Dios (s.a.w.), y no temo en cuanto a ello el reproche de nadie.”[16]
Dijo Al-Ia‘qûbî: “Un grupo de gente de entre los Muhâÿirîn (Emigrantes) y los Ansâr (Auxiliadores) se opuso a dar la bai‘ah a Abû Bakr y tendió hacia ‘Alî ibn Abî Tâlib, entre ellos: Al-‘Abbâs ibn ‘Abd-ul Muttalib, Al-Fadl ibn Al-‘Abbâs, Az-Zubair ibn Al-‘Awâm, Jâlid ibn Sa‘îd, Miqdâd ibn ‘Amr, Salmân Al-Fârsî, Abû Dharr Al-Giffârî, ‘Ammâr ibn Iâsir, Al-Barâ’ ibn ‘Âzib y Ubaîi ibn Ka‘b.”[17]
            Tal vez esto fue lo que empujó a algunos estudiosos y orientalistas a creer que el Shiísmo nació tras el suceso de As-Saqîfah. Es así que Jold Tsihar dice: “Se originó entre los grandes de los Compañeros cuando comenzó el problema del Califato y se reprochó la manera en que fueron elegidos los tres primeros Califas, que son: Abû Bakr, ‘Umar y ‘Uzmân, puesto que en su elección no fue observado el grado de parentesco con la familia del Profeta (s.a.w.), y este grupo, en base a tal consideración, prefería que se eligiese para el Califato a ‘Alî ibn Abî Tâlib, el primo del Profeta (s.a.w.) y su pariente más cercano, y que -independientemente de ello- también era  esposo de su hija Fátima; y este grupo no encontró una oportunidad adecuada para que su postura sea escuchada en voz alta.”[18]
Jâlid ibn Sa‘îd ibn Al-‘Âss volvió a Medina tras realizar una labor que el Profeta (s.a.w.) le había designado y luego de que el Mensajero de Dios (s.a.w.) muriera y de que la gente diera la bai‘ah a Abû Bakr. Éste le exhortó a dar la bai‘ah pero se negó. ‘Umar dijo: “Déjamelo a mí”, pero Abû Bakr se lo impidió. Transcurrió un año y Abû Bakr pasó junto a él mientras se encontraba sentado ante su puerta, y Jâlid lo llamó: “¡Oh Abû Bakr! ¿Quieres que te dé la bai‘ah?”. Dijo: “Sí.” Dijo: “Acércate”, y Jâlid le juró fidelidad mientras se encontraba sentado ante su puerta.”[19]
La oposición de los Compañeros que corroboraban a ‘Alî (a.s.) continuó hasta los días del Consejo que llevó a la designación de ‘Uzmân, y en esos días que precedieron a la designación, aquellos Compañeros manifestaron sus posturas abiertamente, de manera que al tercer día -el cual era el último día de plazo que ‘Umar había fijado para la consulta- ‘Abdu Rahmân ibn ‘Auf dijo: “¡Oh gentes! Indicadme a uno de estos dos hombres -o sea ‘Alî y ‘Uzmân-”, a lo que ‘Ammâr ibn Iâsir dijo: “Si queréis que la gente no discrepe da la bai‘ah a ‘Alî.” Entonces Miqdâd dijo: “‘Ammâr está en lo cierto, y si das la bai‘ah a ‘Alî escucharemos y obedeceremos.” Dijo ‘Abdul·lâh ibn Abî Sarh[20]: “Si es que quieres que Qureish no discrepe da la bai‘ah a ‘Uzmân.” Dijo ‘Abdul·lâh ibn Abî Rabî‘ah Al-Majzûmî: “Es cierto. Si es que das la bai‘ah a ‘Uzmân escucharemos y obedeceremos.” Ante esto ‘Ammâr insultó a Ibn Abî Sarh y le dijo: “¿Desde cuándo aconsejas por el bien del Islam?”. Banî Hâshim y Banî Umaîiah dijeron algunas palabras y luego ‘Ammâr se puso de pie y dijo: “¡Oh gentes! Ciertamente que Dios os ennobleció por medio de vuestro Profeta y os engrandeció por medio de vuestra religión. ¡¿Hasta cuando excluiréis de este asunto a la Gente de la Casa de vuestro Profeta?!”.
Entonces un hombre de Banî Majzûm dijo: “Ciertamente que te saliste de tus casillas ¡oh hijo de Sumeîiah! ¡¿Y desde cuando tú ordenas a Qureish qué hacer para sí mismo?!”. Sa‘d dijo: “¡Oh ‘Abdu Rahmân!, termina con tu asunto antes de que la gente caiga en la discordia.” En ese momento ‘Abdu Rahmân le propuso a ‘Alî (a.s.) actuar en base a la trayectoria de los dos Sheij (Abû Bakr y ‘Umar), pero le respondió: “En lugar de eso yo interpretaría según mi propia opinión.” Es así que ‘Abdu Rahmân le dio la bai‘ah a ‘Uzmân después de proponerle eso mismo y que éste aceptara. Entonces dijo ‘Alî (a.s.):
« ليس هذا بأوّل يوم تظاهرتم فيه علينا، فصبر جميل والله المستعان على ماتصفون، والله ما وليّته الأمر إلاّ ليردّه إليك، والله كلّ يوم في شأن ».
“Este no es el primer día que os secundáis en nuestra contra. Hay que tener una buena paciencia, y Dios es el que ayuda respecto a lo que atribuís. ¡Por Dios! No le adjudicaste el asunto sino para que después te lo devuelva. Y Dios cada día origina las cosas de un modo.”
Dijo ‘Abdu Rahmân: “No aprestes los medios en tu contra ¡oh ‘Alî!” –refiriéndose a la orden de ‘Umar dada a Abû Talhah sobre cortar el cuello de quien se oponga-, por lo que ‘Alî se puso de pie y salió diciendo: “Ya llegará el momento de lo escrito.
Dijo ‘Ammâr: “¡Oh ‘Abdu Rahmân! ¡Por Dios! Le has apartado, siendo que él es de los que juzgan con la verdad y a través suyo habríais sido objeto de justicia.”
Y dijo Miqdâd: “¡Juro por Dios! que no he visto algo igual que lo que le sobrevino a la Gente de esta Casa después de su Profeta, y ¡qué insólito lo realizado por Qureish! ¡Ha dejado a un hombre que, no puedo decir de nadie más que juzgue con más justicia, ni sea más sabio ni más piadoso que él! Pero, ¡Por Dios, si yo encontrara quien me secunde!...”
Entonces dijo ‘Abdu Rahmân: “¡Teme a Dios, oh Miqdâd! puesto que temo que caigas en la sedición.”[21]
Después de que el asunto terminara a favor de ‘Uzmân, Miqdâd salió de mañana y se encontró con ‘Abdu Rahmân ibn ‘Auf; y le tomó de la mano diciéndole: “Si con lo que hiciste procuraste la Faz de Dios, entonces que Dios te otorgue la recompensa de este mundo y el otro, pero si sólo procurabas lo mundano, entonces que Dios acreciente tus bienes.”
Dijo ‘Abdu Rahmân: “¡Escucha!, que Dios tenga misericordia de ti, ¡escucha!”. Dijo: “¡No escucho! ¡por Dios!”, y quitó su mano de la suya, y siguió hasta llegar junto a ‘Alî, a quien le dijo: “¡Levántate y pelea, que combatiremos junto a ti!”.
Dijo ‘Alî: “¡¿Junto a quién combatiré, que Dios tenga misericordia de ti?!”.
            En ese momento llegó ‘Ammâr ibn Iâsir clamando:
يا ناعي الإسلام قم فانعه
قد مات عرفٌ وبدا نكرُ
¡Oh anunciador de luto del Islam, levántate y anúncialo!
Pues ha muerto el reconocimiento y apareció la negación.
Y luego añadió: “¡Por Dios! que si tuviera quien me asista les combatiría. ¡Por Dios! que si uno les combatiera yo sería el segundo.”

            Entonces dijo ‘Alî:
« يا أبا اليقظان! والله لا أجد عليهم أعواناً، ولا أحب أن اُعرّضكم لما لا تطيقون ».
“¡Oh Abû Al-Iaqtân! ¡Por Dios! que no encuentro quien me asista contra ellos, y no deseo exponeros a lo que no soportaréis.”[22]
            De esto se deduce que la oposición representada por los partidarios de ‘Alî (a.s.) comenzó a tomar una forma mucho más violenta, desde que a veces incluso incitaban a rebelarse para resarcir el derecho de ‘Alî, luego de acabárseles la paciencia.
Si ‘Alî (a.s.) hubiera hecho caso a su exhortación habría tomado lugar un fuerte movimiento, sólo que él (a.s.) tenía miras más lejanas y sabía medir mejor los riesgos que acarrearía ello; asimismo conocía mejor lo que regía las almas de los leales a la línea del Califato, quienes representaban a la mayoría por razones que mencionó ‘Alî (a.s.), y que se evidencian de la narración de Ÿundab ibn ‘Abdul·lâh Al-Azdî:
Dijo Ÿundab:
“Entré a la Mezquita del Mensajero de Dios y vi a un hombre hincado sobre sus rodillas gimiendo como si el mundo hubiera sido suyo y se lo hubieran arrebatado, y diciendo: “¡Qué insólito lo de Qureish, por haber alejado este asunto de la Gente de la Casa del Profeta (Ahl-u Bait-in Nabîi)!, siendo que entre ella se encuentra el primer creyente, el primo del Mensajero de Dios, el más sabio entre la gente y el de mayor conocimiento en cuanto a la religión de Dios, quien representa la mayor riqueza en el Islam, el más perspicaz respecto al camino, y el más guiado hacia el sendero recto. ¡Por Dios! que fue aprovisionado con todo ello por quien es el guiador y guiado, y el puro y lozano; en verdad que no quisieron la conveniencia de la comunidad ni la rectitud en la religión, sino que prefirieron el mundo por sobre la otra vida. ¡Que  la maldición y la condena recaigan sobre el pueblo opresor!”.
Me acerqué a él, y dije: “¿Quién eres, que Dios tenga misericordia de ti? ¿Y quién es ese hombre al que te refieres?”. Dijo: “Yo soy Miqdâd ibn ‘Amr, y ese hombre es ‘Alî ibn Abî Tâlib.” Dije: “¿Quieres rebelarte contra ese asunto de manera que yo te auxilie?”. Dijo: “¡Oh sobrino! Éste no es un asunto para el cual sean suficientes uno o dos hombres”. Luego salí y encontré a Abû Dharr y le mencioné aquello, y dijo: “Mi hermano Miqdâd dijo la verdad.” Entonces fui ante ‘Abdul·lâh ibn Mas‘ûd y le mencioné ello, y dijo: “Estamos informados y no desistimos.”[23]
Ibn Abî Al-Hadîd transmitió esta narración con muy pocas diferencias.[24]
El caso es que los sucesos que se dieron tras ello durante el Califato de ‘Uzmân y que llevaron a que la gente le censurara, abrieron los ojos de los musulmanes a nuevas realidades, y la oposición a la política de ‘Uzmân comenzó a extenderse y a adquirir mayor apoyo, hasta que la sociedad llegó a percibir la enormidad del error que cometió en relación a ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.), percatándose de que ese error cometido en el rumbo que siguieron los musulmanes se profundizó como resultado de haberle rechazado a él y a la Gente de la Casa del Profeta (Ahl-u Bait-in Nabîi).
Los primeros shias como ‘Ammâr, Ibn Mas‘ûd y Abû Dharr Al-Giffârî se encuentran a la vanguardia de aquellos que exhortaron a corregir ese rumbo y devolver el derecho a su origen. La exhortación de éstos encontró muchos oídos que la escucharon, y la oposición verbal rápidamente se convirtió en una oposición armada que terminó con la vida del tercer Califa.
Cuando las noticias llegaron a oídos de Hudhaifah ibn Al-Iamân -quien era de entre los primeros shias- en tanto se encontraba en su lecho de muerte, al preguntársele sobre el asunto, les dijo: “Os ordeno que os aferréis a ‘Ammâr.” Dijeron: “¡‘Ammâr no se separa de ‘Alî!”. Dijo: “Ciertamente que la envidia es lo que más carcome el cuerpo, y ciertamente que  lo que os provoca repulsión por ‘Ammâr es su cercanía a ‘Alî. ¡Por Dios! que ‘Alî es mejor que ‘Ammâr, en una medida mayor que la distancia que existe entre la tierra y las nubes. ‘Ammâr es de entre las personas queridas.” Él sabía que si se hubiesen aferrado a ‘Ammâr hubiesen estado con ‘Alî.[25]
Cuando Hudhaifah ibn Al-Iamân se enteró de que ‘Alî llegó a Dhî Qâr y convocó a la gente, llamó a sus compañeros y les sermoneó recordándoles a Dios y encomendándoles el desapego al mundo; y haciéndoles anhelar el Más Allá, les dijo: “Adheríos a Amîr Al-Mu’minîn y al wasî (heredero) del señor de los Mensajeros, puesto que es un deber que le auxiliéis.”[26]
Hudhaifah solía advertir respecto a la sedición y la intriga, e invitaba a aferrarse a ‘Alî (a.s.) en el período de la convocatoria que los shias de ‘Alî (a.s.) realizaron, y decía: “Observad al grupo que convoca al asunto de ‘Alî y aferraos al mismo, puesto que se halla en la guía.”[27]
Abû Dharr solía sentarse en la Mezquita y decir: “… y Muhammad, el heredero del conocimiento de Adán y de aquello con lo que fueron distinguidos los profetas; y ‘Alî ibn Abî Tâlib, el wasî de Muhammad y heredero de su conocimiento. ¡Oh comunidad desorientada tras (la muerte de) su Profeta! Si es que hubieseis antepuesto a quien antepuso Dios, y relegado a quien relegó Dios, y hubieseis reconocido la Wilâiah y la condición de “herederos” de la Gente de la Casa de vuestro Profeta, os habríais sumido en la abundancia, el Walî de Dios no habría caído en el abandono, ninguna parte de los preceptos de Dios habría sido objeto de negligencia, y no habrían disputado dos personas sobre el juicio de Dios, sin que hubiesen encontrado el conocimiento del mismo surgido del Libro de Dios y la Tradición (sunnah) de Su Profeta; pero, si hicisteis lo que hicisteis, entonces probad el daño de vuestro asunto, «¡y sabrán los que oprimieron las vicisitudes que les esperan!»[28]
‘Udaîi ibn Hâtim solía decir: “¡Por Dios! Si es por conocimiento del Libro y la Sunnah, él -o sea ‘Alî- es el más sabio de la gente respecto a ambos; si es por Islam, él es el hermano del Profeta de Dios y la cabeza principal en el Islam; si es por desapego y adoración, él es el de más manifiesto desapego entre la gente y el que más se agota realizando adoración; y si es por intelecto y naturaleza, él es el de más intelecto y el de más noble naturaleza entre la gente.”[29]

Tras la bai‘ah:

Estas continuas convocatorias por parte de aquellos Compañeros que representaban la línea del Shiísmo de ‘Alî (a.s.) tuvieron un gran eco que llevó a extender el espectro del Shiísmo día tras día, hasta abarcar un número mayor de Compañeros, y tras ellos los compañeros de los Compañeros (at-tâbi‘în). Por ello no nos sorprendemos de encontrar a Mâlik Al-Ashtar, el día en que dio la bai‘ah a ‘Alî (a.s.), diciendo: “¡Oh gentes! Éste es el señor de los awsiâ’ (legatarios de los profetas), el heredero del conocimiento de los profetas, el de mayor mérito, el de mayor provecho, respecto a quien el Libro de Dios testimonió su fe, y Su Mensajero le albrició el Paraíso, en quien se perfeccionaron las virtudes, y respecto a quien los primeros y los últimos no dudan de su anticipación en el Islam, conocimiento y virtud.”
Al-Ashtar dio la bai‘ah a ‘Alî (a.s.) en representación de la gente de Kufa; Talhah y Zubair le dieron la bai‘ah en representación de los Muhâÿirîn (Emigrantes), y Abû Al-Haizam ibn At-Tîhân, ‘Uqbah ibn ‘Amr y Abû Aîiûb se levantaron y dijeron: “Te damos la bai‘ah en base a que sobre nosotros recae la responsabilidad de la bai‘ah de los Ansâr y el resto de Qureish.”
Un grupo de los Ansâr se puso de pie y habló, y el primero que habló fue Zâbit ibn Qais ibn Shamâs Al-Ansârî, quien era el orador de los Ansâr, y dijo: “¡Por Dios, oh Amîr Al-Mu’minîn! Si es que te precedieron en la jefatura, no te precedieron en la religión, y si bien se te adelantaron ayer, hoy ya les alcanzaste; ellos fueron de una manera y tú lo fuiste de otra; tu posición no está oculta ni es ignorado tu lugar. Necesitan de ti en aquello que no saben y tú no necesitaste de nadie con lo que sabes.”
Luego se puso de pie Huzaimah ibn Zâbit Al-Ansârî, Dhû-sh Shahâdatin (el Poseedor de los dos Testimonios), y dijo: “¡Oh Amîr Al-Mu’minîn! No hemos acertado en este asunto (del Califato) sino en tu persona, y no correspondía sino volverse hacia ti. Si queremos ser honestos con nosotros mismos, tú eres el primero de la gente en tener fe, el más sabio de la gente respecto a Dios, y el de más primacía entre los creyentes en relación al Mensajero de Dios (s.a.w.); tú tienes lo que ellos poseen, pero ellos no tienen lo que tú posees.”
Y se levantó Sa‘sa’ah ibn Sûhân y dijo: “¡Por Dios, oh Amîr Al-Mu’minîn! Has engalanado el Califato y no fue el Califato el que te engalanó a ti, y lo elevaste siendo que él no te elevó a ti, y en verdad que el mismo te necesita mucho más de lo que tú necesitas de él.”[30]

La obstaculización de la marcha:

La Shî‘ah alcanzó su apogeo durante el período del califato de ‘Uzmân, y tras ocupar ‘Alî el sitial del gobierno después de la multitudinaria y gran bai‘ah que culminó a su favor, y que él mismo describe de la siguiente manera:
« فتداكّوا عليَّ تداكّ الإبل الهيم يوم وردها وقد أرسلها راعيها، وخُلعت مثانيها، حتى ظننت أنّهم قاتلي، أو بعضهم قاتل بعض ولديّ... »
“Se abalanzaron sobre mí como si fuesen camellos sedientos en el día que se acercan al agua habiendo sido soltados por sus pastores y quitadas sus riendas, al punto que pensé que terminarían por matarme, o que matarían a alguno de mis hijos…”[31]
Las cosas comenzaron a marchar en dirección contraria cuando algunos Compañeros se opusieron a ‘Alî (a.s.) al percatarse de que él quería restablecer los asuntos a como eran en épocas del Profeta (s.a.w.) en lo relacionado a considerarlos igual al resto de la gente al otorgar las dádivas -cuestión que ‘Umar había modificado disponiéndola en base a la nobleza y raza, llegando a convertirse en tradición, y en lo cual fue imitado por ‘Uzmân-, además de cambiar algunos gobernadores que se habían vuelto famosos por su mal comportamiento, particularmente en épocas de ‘Uzmân. De esta manera, se encendió el fuego de la guerra y continuó hasta el fin del Califato de ‘Alî (a.s.), el cual se prolongó por alrededor de cinco años. Entre las características de estas guerras demoledoras y que tuvieron lugar en los días de Al-Ÿamal y Siffîn, tenemos que se consumió un número nada despreciable de entre los más sinceros y abnegados shias de ‘Alî (a.s.), y de entre los de creencia más correcta, y quienes eran más subordinados a él, no quedando de ellos sino un exiguo número. El resultado fue nefasto, puesto que la mayoría de quienes quedaron con él, no eran de sus seguidores y partidarios incondicionales y de aquellos que se congregaban a su alrededor, además de que la guerra los había agotado; es por eso que muchos de ellos respondieron inmediatamente a la primera exhortación para detener la guerra.
Cuando ‘Alî (a.s.) trató de apartarlos de su decisión poniendo al descubierto el aspecto engañoso contenido en la cuestión, encontramos que procedieron a desobedecerle al punto de amenazarlo con matarlo o entregarlo a su enemigo, por lo que no encontró más remedio que someterse a sus deseos. El asunto no terminó ahí, sino que pronto se arrepintieron de aceptar el tahkîm (someter la disputa al arbitraje), percatándose de su error, pero al querer remediar ello actuaron aún más negativamente al requerirle disolver el pacto que ellos mismos le constriñeron a concertar -y que él se impuso observar- y volver a la guerra. Esto indica que estas personas no tenían visión y perspicacia, y que su partidismo anterior por ‘Alî (a.s.) no era sino aparente y no surgía de una creencia arraigada. Asimismo este comportamiento suyo nos indica hasta qué grado se había arraigado el método que siguieron los Compañeros de la línea del Iÿtihâd, lo que ocasionó que, desacatar las órdenes de los responsables se volviera algo común, desde que se consideraba posible desacatar las órdenes del mismo Profeta (s.a.w.).
La rebeldía de este grupo llevó a que las cosas se complicaran aún más, desde que al final ‘Alî (a.s.) se vio obligado a entrar en guerra con ellos después de que se hubieran corrompido en algunos aspectos y asesinaran a algunos inocentes, lo que acarreó mayores consecuencias, puesto que la batalla agotó severamente las fuerzas de sus partidarios y llevó a que se encontraran cada vez más desanimados, de manera que el incentivo que les dio el Imam (a.s.) y los que permanecieron con él para motivarles nuevamente no surtió ningún efecto.
Luego ocurrió la gran calamidad cuando uno de los sediciosos perpetró la barbarie de asesinarle en su nicho de adoración, con lo que dio punto final a una página de lucha infatigable por formar una generación de shias por parte de quien se encontraba empapado de los valores que le volvían idóneo para llevar las cargas de la etapa de intransigencia desde la muerte del Profeta (s.a.w.), lo cual realizó hasta el momento de su caída en su nicho de adoración bajo la espada de Ibn Mulÿam.
Este final trágico que sobrevino en este crítico momento, afectó de una forma clara la marcha, y es por ello que su hijo Al-Hasan (a.s.) no encontró más remedio que desempeñar su papel complementario de reformador frente a esas pesadas cargas, ya que no contaba con un número suficiente de auxiliares que poseyesen una creencia correcta, y considerando la debilidad de la mayor parte de quienes le reconocían, no encontró otra solución más que pactar una tregua con Mu‘awîiah ibn Abû Sufiân, después de percatarse de que no tenía sentido continuar el combate bajo tales condiciones.
Cuando Mu‘awîiah tomó las riendas de los asuntos, el Shiísmo entró en su etapa más difícil, puesto que Mu‘awîiah comenzó a perseguir a los shias y a vengarse de ellos con toda tiranía, hasta que no quedó más que un exiguo número de shias a quienes Mu‘awîiah aprehendía y exterminaba. A modo de ejemplo: Huÿr ibn ‘Udaîi y sus compañeros. El resto atravesó situaciones muy severas, persecución y represión por el período de veinte años que duró el gobierno de Mu‘âwîiah, quien afianzó su jefatura sobre la comunidad islámica sometiendo y persiguiendo a la Shî‘ah con todo tipo de castigos.
Ibn Abî Al-Hadîd Al-Mu‘tazilî transmitió del libro “Al-Ahdâz”, de Al-Madâ’inî, lo siguiente: “Mu‘âwîiah escribió una misma carta a sus comisionados después del “Año del Consenso”[32]: “Considero fuera de mi protección a quien transmita alguna de las virtudes de Abû Turâb (‘Alî) y de su familia.” Ante esto los disertantes de toda comarca y en todo púlpito procedieron a maldecir y a desentenderse de ‘Alî, cargando contra él y su familia. Los más severamente hostigados en ese entonces fueron la gente de Kufa debido a la gran cantidad de shias de ‘Alî (a.s.) que había en ella, razón por la cual se nombró gobernador de la misma a Ziâd ibn Abîh, sumándosele a su distrito la ciudad de Basora. Éste perseguía a los shias en tanto los conocía, puesto que se había contado entre ellos en épocas de ‘Alî (a.s.); es así que los asesinó buscándoles bajo cada piedra y puñado de tierra; amedrentándoles, cortándoles las manos y pies, arrancándoles los ojos, y crucificándoles sobre troncos de palmeras; los proscribió y expulsó de Irak, hasta que no quedó de ellos nadie conocido.
Mu‘âwîiah escribió a sus comisionados de todas las regiones: “No consideréis válido el testimonio de ningun shî‘ah de ‘Alî y su familia”, y les escribió: “Tened consideración por los shias de ‘Uzmân y por los que le estiman, aceptan su preeminencia y transmiten sus virtudes y cualidades, aproximándoos a sus reuniones y acercándoles y honrándoles. Escribidme todo lo que transmita cada uno de ellos, sus nombres, el nombre de sus padres y de su tribu.” Hicieron todo eso hasta que incrementaron las virtudes de ‘Uzmân y sus cualidades a causa de las relaciones que lograban, los ropajes y las dádivas que obtenían, y las tierras que se adjudicaban, lo cual Mu‘awîiah repartía tanto entre los árabes como entre los mawâlî.[33] Esto se incrementó en toda región, al punto de llegar a rivalizar en posiciones y cuestiones mundanales, de manera que no se presentaba nadie que fuese reprobado por la gente, que fuera de los partidarios de Mu‘âwîiah y que transmitiera sobre ‘Uzmân una virtud o una cualidad, sin que se registrara su nombre, fuese aproximado a la corte y fuese objeto de favoritismo; y esta situación se prolongó durante un tiempo.
Luego escribió a sus comisionados: “Las palabras respecto a ‘Uzmân se han incrementado en demasía y se han difundido en todo el territorio en toda forma y aspecto; así pues, cuando os llegue este escrito mío invitad a la gente a transmitir virtudes de los Compañeros y primeros Califas, y no dejéis ninguna narración que transmita alguno de los musulmanes respecto a Abû Turâb, sin que me traigáis algo sobre los Compañeros que repela ello. Ciertamente que ello es más querido para mí, brinda más consuelo a mis ojos y rebate mejor los alegatos de Abû Turâb y sus shias; y será peor para ellos que la transmisión de las cualidades y virtudes de ‘Uzmân.”
Su escrito fue leído a la gente por lo cual se transmitieron abundantes narraciones sobre cualidades inventadas de los Compañeros. La gente comenzó a narrar al respecto hasta que llegaron a mencionarlo sobre los púlpitos en exaltación, y le era impartido a los maestros de las escuelas, es así que se lo enseñaron a los niños y jóvenes de manera abundante y extensa hasta llegar a recitar y aprenderlo tal como aprendían el Corán, e incluso se lo enseñaron a sus hijas, mujeres, sirvientes y asistentes, y continuaron así por un prolongado período de tiempo.
Luego escribió a sus comisionados en todas las regiones una misma carta que decía: “Borrad del registro y cortad las dádivas e ingresos de quien se haya demostrado que ama a ‘Alî y a la Gente de su Casa.”
Y añadió a ello otra copia: “En cuanto a aquel de quien sospechéis que mantiene amistad con esa gente, ¡dadle un escarmiento y destruid su casa!”.
En ningún lugar como en Irak fueron objeto de todo ello en tan elevado número y con tanta intensidad, especialmente en Kufa, al punto que si llegaba alguien en quien un shi‘ah podía confiar, le permitía ingresar a su casa y compartía con él sus secretos, pero temía de sus sirvientes y esclavos, y no le hablaba sino hasta tener una extrema seguridad de que lo mantendría en secreto.
De esa manera, surgieron muchos hadices falsos y se difundieron diferentes calumnias, y los sabios, jueces y comisionados territoriales se vieron envueltos en ello, pero los que más estuvieron implicados fueron los disertantes acostumbrados a la pompa y ostentación; y los débiles y oprimidos, por manifestar sumisión y fidelidad, inventaban hadices para con ello recibir algo de sus gobernantes, poder aproximarse a sus reuniones y obtener riquezas, terrenos y casas, hasta que esas narraciones y hadices llegaron a manos de las personas religiosas que no consideraban lícito la mentira y la calumnia, pero que tomaron eso como verdad; y si las hubieran sabido falsas nunca las habrían narrado y profesado.
Y el asunto siguió así hasta que murió Al-Hasan ibn ‘Alî (a.s.) y la adversidad y la insidia se incrementaron, y no quedó nadie que amara a ‘Alî y a la Gente de su Casa sin que tema por su vida o se vea expuesto a ser expulsado de su tierra.
Luego, tras la muerte de Al-Husein (a.s.) el asunto se agravó y cuando ‘Abdul Malik ibn Marwân llegó al poder, incrementó la severidad sobre la Shî‘ah. Les impuso el dominio de Haÿÿâÿ ibn Iûsuf, a quien se acercó la gente servil, procuradora de su conveniencia y que profesaba el rencor hacia ‘Alî y el afecto por sus enemigos y por aquellos que alegaban ser también de sus enemigos. Así, aumentaron las narraciones en cuanto a las virtudes, antecedentes y cualidades de los enemigos de ‘Alî (a.s.), e incrementaron la desconsideración para con ‘Alî  y el hecho de denigrarle e injuriarle, al punto que un hombre se paró ante Haÿÿâÿ –y se dice que era el abuelo de Al-Asma‘î, ‘Abdul Malik ibn Quraîb- y le gritó: “¡Oh Emir! ¡Mi familia me ha denigrado puesto que me llamó ‘Alî; soy pobre y desgraciado, y necesito adherirme al Emir!”. Haÿÿâÿ se rió y dijo: “¡A causa de la sutileza de la que te has valido, te designo regente de tal región!”.
Ibn ‘Arafah, conocido como Naftawaîh -y que se cuenta entre los más grandes expertos en Hadîz y sabios sunnis- transmitió en su libro de Historia algo que se adecua a esta reseña, al decir: “Ciertamente que la mayoría de los hadices inventados sobre las virtudes de los Compañeros fueron elaborados en los días de los Omeyas con el propósito de aproximarse a éstos por medio de lo que suponían desdeñaba a los Hashemíes.”[34]
Asimismo Ibn Abî Al-Hadîd transmitió otra narración del Imam Al-Bâqir (a.s.) con este mismo sentido, en la que se dirige a algunos de sus Compañeros, diciendo:
« يا فلان، ما لقينا من ظلم قريش إيّانا، وتظاهرهم علينا، وما لقي شيعتنا ومحبّونا من الناس! إن رسول الله (صلى الله عليه وآله) قُبض وقد أخبر أنّا أولى الناس بالناس، فتمالأت علينا قريش حتى أخرجت الأمر عن معدنه، واحتجّت على الأنصار بحقّنا وحجّتنا، ثم تداولتها قريش واحدٌ بعد واحد، حتى رجعت إلينا، فنكثت بيعتنا، ونصبت الحرب لنا، ولم يزل صاحب الأمر في صعود كؤود حتى قُتل ».
¡Oh fulano! ¡Cuánta fue la tiranía a la que Qureish nos sometió, y su conjura en nuestra contra; así también aquello de lo que fue objeto nuestra shî‘ah y los que nos aman de entre la gente! Por cierto que el Mensajero de Dios (s.a.w.) falleció habiendo informado que nosotros tenemos más prioridad ante la gente, pero los de Qureish se unieron en nuestra contra hasta que hicieron salirse el asunto de su fuente, y argumentaron contra los Ansâr con nuestro derecho y nuestro argumento. Luego Qureish se lo pasó de mano en mano hasta que volvió a nosotros, y he ahí que nuestra bai‘ah fue quebrantada y se alzó la guerra en contra nuestro. El dueño del asunto permaneció en una empinada escalada (de intrigas) hasta que fue asesinado.
« فبويع الحسن ابنه وعوهد ثم غُدر به واُسلم، ووثب عليه أهل العراق حتى طُعن بخنجر في جنبه، ونُهبت عسكره، وعولجت خلاخيل اُمهات أولاده، فوادع معاوية وحقن دمه ودماء أهل بيته، وهم قليل حق قليل، ثم بايع الحسين (عليه السلام) من أهل العراق عشرون ألفاً، ثم غدروا به، وخرجوا عليه وبيعته في أعناقهم وقتلوه، ثم لم نزل - أهل البيت - نُستذل ونُستضام، ونقصى ونُمتهن، نُحرم ونُقتل، ونخاف ولا نأمن على دمائنا ودماء أوليائنا ».
Luego le fue dada la bai‘ah a Al-Hasan (a.s.), su hijo; se le juró fidelidad y tras ello fue dejado sólo y entregado. La gente de Irak le atacó al punto de ser acuchillado con un puñal en un costado y de ser saqueado su campamento, de manera que tuvieron que curar las heridas de las madres de sus hijos. Él hizo la tregua con Mu‘awîiah para así mantener a salvo su vida y la de la Gente de su Casa, puesto que eran pocos, realmente pocos. Después le fue dada la bai‘ah a Al-Husein (a.s.) por parte de veinte mil personas de la gente de Irak, pero le dejaron sólo e incluso se alzaron en su contra mientras todavía se encontraban bajo su bai‘ah, y le asesinaron. Luego, todavía Ahlul Bait seguimos siendo humillados y nuestros derechos pisoteados; somos relegados y tratados duramente, somos objeto de privación y asesinados; vivimos en un estado de resquemor y nuestras vidas y las de nuestros seguidores no están a salvo.
« ووجد الكاذبون الجاحدون لكذبهم وجحودهم موضعاً يتقرّبون به الى أوليائهم وقضاة السوء وعمّال السوء في كل بلدة، فحدّثوهم بالأحاديث الموضوعة المكذوبة، ورووا عنّا ما لم نقله وما لم نفعله، ليبغّضونا الى الناس، وكان عُظم ذلك وكبره زمان معاوية بعد موت الحسن (عليه السلام)، فقُتِلَت شيعتنا بكل بلدة، وقُطِعَت الأيدي والأرجل على الظنّة، وكان من يُذكر بحبّنا والانقطاع إلينا سُجن أو نُهِب ماله، أو هُدمت داره، ثم لم يزل البلاء يشتدّ ويزداد الى زمان عبيدالله بن زياد قاتل الحسين (عليه السلام) ».
Los mentirosos contumaces en su mentira encontraron un sitio a través del cual aproximarse a sus patronos, malos jueces y viles comisionados en toda comarca, y es así que les narraron hadices falsos e inventados. Narraron de nosotros lo que no decimos y lo que no hacemos a fin de que la gente nos aborreciese. La mayor y gran parte de esto tuvo lugar en épocas de Mu‘awîiah, luego del fallecimiento de Al-Hasan (a.s.). Así, nuestros shias fueron asesinados en toda región y fueron cortados manos y pies por la sola sospecha. Aquel que era mencionado por su amor y su dedicación a nosotros era encarcelado o bien sus bienes saqueados o su vivienda destruida; luego de ello la aflicción continuó intensificándose e incrementándose hasta épocas de ‘Ubaidul·lâh ibn Ziâd, el asesino de Al-Husein (a.s.),
« ثم جاء الحجاج فقتلهم كل قتلة، وأخذهم بكل ظنّة، وتهمة، حتى أنّ الرجل لَيُقال له: زنديق أو كافر أحبّ إليه من أن يقال: شيعة عليّ، وحتى صار الرجل الذي يُذْكر بالخير -ولعلّه يكون ورعاً صادقاً - يحدّث بأحاديث عظيمة عجيبة من تفضيل بعض من قد سلف من الولاة، ولم يخلق الله تعالى شيئاً منها، ولا كانت ولا وقعت، وهو يحسب أنها حقّ لكثرة من قد رواها ممّن لم يُعْرَف بكذب ولا بقلّة ورع ».
Luego llegó Al-Haÿÿâÿ y les asesinó de todas formas imaginables, y les aprehendió por cualquier sospecha y acusación, al punto que si a un hombre le decían “ateo” o “incrédulo” era preferible para él a que se le dijera “shî‘ah de ‘Alî.” Incluso la persona que era mencionada con lo bueno -y tal vez fuera piadoso y veraz- comenzó a narrar hadices extremos e insólitos en los que se atribuía la mayor virtud a algunos de los antiguos gobernantes, siendo que Dios no dio lugar a ninguno de esos hadices, ni existieron ni tuvieron lugar, pero esa persona pensaba que ello era verdad a causa de la gran cantidad de sus narradores entre los que se encontraban aquellos de quienes no se conoció mentira alguna ni falta de piedad.”[35]
Estos dos importantes documentos dejan al descubierto la situación de la Shî‘ah en épocas de los Omeyas. El establecimiento de la dinastía Abbasí tras la caída de la dinastía Omeya tras más de un siglo y cuarto de ostentar el poder, no fue menos severo ni mejor para la Shî‘ah, puesto que los Abbasíes -quienes llevaron a cabo su revolución en contra de los Omeyas convocando a “la satisfacción de la Familia de Muhammad (s.a.w.)” (ar-ridâ min âl-i Muhammad), prontamente dejaron al descubierto sus intenciones de hacerse del poder, el cual se convirtió en una continuación del reinado Omeya. Es así que se dejaron de escrúpulos en relación a Ahl-ul Bait (a.s.) a pesar de que eran sus primos, puesto que tras un breve periodo de sosiego que tuvo lugar desde finales de la época de los Omeyas hasta comienzos de la época de los Abbasíes, en el cual Ahl-ul Bait (a.s.) y sus shias respiraron un poco brisas de libertad, prontamente los Abbasíes -en especial en tiempos de Al-Mansûr- sintieron la peligrosidad de la expansión del Shiísmo, debido a cómo las masas se congregaban alrededor de Ahl-ul Bait (a.s.).
Cuando éstas percibieron que los Abbasíes desconocían sus propios principios anteriormente manifestados, y que acabaron siguiendo las huellas de los Omeyas en lo referente a tiranizar y amedrentar para reforzar su reino usurpado, comenzando a sofocar a los Imames de Ahl-ul Bait (a.s.) y a sus shias, ello conllevó el levantamiento de revoluciones populares lideradas por un cierto número de alawíes, entre ellos Muhammad ibn ‘Abdul·lâh ibn Al-Hasan ibn ‘Alî, el apodado An-Nafs Az-Zakîiah (“el de alma pura”), quien en una carta enviada al califa Al-Mansûr señala el método seguido por los Abbasíes para despojar el derecho de Ahl-ul Bait (a.s.) a través del anuncio de revolución en su nombre contra los Omeyas para luego reservarse el poder. Entre lo que dijo se encuentra lo siguiente:
“Por cierto que el derecho es nuestro; solamente invocasteis ello por nosotros, os alzasteis con nuestros seguidores, y la fortuna que os tocó es por nosotros. Nuestro padre ‘Alî fue el heredero y fue el Imam, entonces, ¿cómo heredasteis su Wilâiah siendo que sus hijos están vivos? Luego, tú sabes que ninguno de entre los que requieren este asunto tiene nuestra genealogía, nuestra nobleza, nuestro estado y la nobleza de nuestros padres. No somos hijos de los maldecidos, ni de los desterrados ni de los libertos. Nadie de entre los Hashemíes tiene vínculos de parentesco, antecedentes y virtud como los que tenemos… Por cierto que Dios nos eligió, de manera que nuestro padre, de entre los profetas, es Muhammad, de entre los musulmanes precursores, el primero fue ‘Alî, de entre las esposas del Profeta, la más virtuosa fue Jadîÿah la pura, siendo los primeros que rezaron hacia la qiblah; entre las hijas, la mejor fue Fátima, la Señora de las Mujeres de la Gente del Paraíso, y de entre los que nacieron en el Islam, Al-Hasan y Al-Husein son los Señores de los Jóvenes del Paraíso.”[36]
Cuando Al-Mansûr perdió la esperanza de poder vencer a An-Nafs Az-Zakîiah, dirigió los dardos de su rencor sobre su familia y parientes cercanos. Al-Ÿâhidz describe lo que hizo Al-Mansûr diciendo: “Al-Mansûr llevó a los hasanidas a Kufa y los encarceló en la prisión de Ibn Hubairah. Hizo traer a Muhammad ibn Ibrahîm ibn Hasan, lo hizo poner de pié e hizo construir una columna cilíndrica a su alrededor en tanto que él estaba vivo, y lo dejó así hasta que murió de hambre y sed. Luego asesinó a la mayoría de los hasanidas que se encontraban con él. Entre los que fueron llevados con grilletes de hierro desde Medina hasta el sótano de la cárcel, se encontraba Ibrâhîm Al-Gamir ibn Al-Hasan ibn Al-Hasan ibn ‘Alî ibn Abî Tâlib, quien dijo a sus hermanos ‘Abdul·lâh y Al-Hasan lo siguiente: “Deseábamos el final del gobierno de los Omeyas y nos regocijamos por la llegada del gobierno de los Abbasíes, siendo que las cosas no hubieran terminado para nosotros en la situación en la que estamos.”[37]
La sublevación de An-Nafs Az-Zakîiah fracasó con su asesinato en la ciudad de Medina y la muerte de su hermano Ibrâhîm ibn ‘Abdul·lâh, quien se sublevó en Basora y fue asesinado en Al-Ajmarî, en las cercanías de Kufa, en el suceso que fue llamado por la gente “la pequeña Badr.”[38]
Las revueltas contra los Abbasíes se sucedieron continuamente. En épocas de Al-Mahdî ibn Ÿa‘far Al-Mansûr, se sublevó ‘Alî ibn Al-‘Abbâs ibn Al-Hasan ibn Al-Hasan ibn ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.), pero Al-Mahdî logró atrapar al revolucionario alawî. Luego lo liberó por la mediación de Al-Hasan ibn ‘Alî, pero después le puso veneno en una bebida con miel que le afectó severamente, pero no dejó de oponérsele hasta que llegó a Medina y comenzó a caérsele la carne y a separársele sus miembros, muriendo en un lapso de tres días después de haber ingresado a Medina.[39]
En épocas del califa Mûsâ Al-Hâdî se sublevó Al-Husein ibn ‘Alî ibn Al-Hasan ibn Al-Hasan ibn ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.), culminando su revuelta en la región de Fajj, y es el conocido como “el mártir de Fajj.”
Cuando Harûn Ar-Rashîd asumió el poder después de Al-Hâdî, aprehendió a Iahiâ ibn ‘Abdul·lâh ibn Al-Hasan y construyó una columna sobre él estando éste vivo.[40]
Cuando Al-Ma’mûm, el hijo de Ar-Rashîd, asumió el poder, aparentó estimar a los alawíes y convocó al Imam ‘Alî ibn Mûsâ Ar-Ridâ (a.s.) confiriéndole por coerción la sucesión al poder para luego envenenarlo y asesinarlo.
Los actos nefastos de los Abbasíes dirigidos a los Imames de la Shî‘ah fueron más allá de los que se encontraban vivos, alcanzando incluso a los ya fallecidos, al punto que el Califa Al-Mutawakkil hizo nivelar la tierra de la tumba de Al-Husein (a.s.) y la inundó con agua, en tanto prohibía a la gente visitarle, y para ello estableció puestos de control armados sobre los caminos que allí conducían para aprehender a todo aquel que pretendiese visitar la tumba de Al-Husein (a.s.).
Al-Mutawakkil siguió la política de hacer pasar privaciones a Ahl-ul Bait (a.s.). Así, dispuso como comisionado de Medina y de La Meca a ‘Umar ibn Al-Faraÿ, quien prohibió a los descendientes de Abû Tâlib requerir algo de la gente, al tiempo que prohibió a ésta ser caritativa con ellos, de forma que no le llegaba la noticia de que alguien les hizo alguna caridad, aún cuando fuese insignificante, sin que lo castigase severamente y le impusiese una pesada multa. Las cosas llegaron al punto de haber grupos de mujeres alawíes que para rezar se turnaban para usar la misma túnica, una después de otra, para luego abrir sus remiendos y sentarse sobre sus deshilachadas telas expuestas y descubiertas.[41]
Cuando Al-Musta‘în asumió el poder, asesinó a Iahîâ ibn ‘Umar ibn Al-Husein, respecto a quien Abû Al-Faraÿ Al-Isfahânî dijo: “Fue un hombre heroico, valiente, corpulento, que atraía los corazones, y alejado de la necedad de la juventud; personas como él no son objeto de reproche. Cuando se trajo su cabeza a Bagdad, la gente comenzó a gritar en rechazo. Llegó Abû Hâshim a ver a Muhammad ibn ‘Abdul·lâh ibn Tâhir, y le dijo: “¡Oh Emir! ¡He venido a felicitarte por aquello que si el Mensajero de Dios (s.a.w.) hubiese estado vivo le habrían sido dadas las condolencias!”. Los prisioneros de entre los compañeros de Iahîâ fueron ingresados a Bagdad de una manera tan aberrante e ignominiosa como nunca antes se vio que prisioneros hayan soportado tal cosa. Eran llevados descalzos y con tremenda violencia y a quien se retrasaba le cortaban la cabeza.[42]
La Shî‘ah no gozó de tranquilidad y seguridad a lo largo de muchos siglos sino hasta que llegó la dinastía de los Buwaihíes en el año 320 de la hégira, quienes asumieron las riendas del poder en algunos puntos de la nación islámica, y tuvieron una muy buena trayectoria, de manera que en su época floreció la cultura, hasta que llegaron los Salyuquíes y dominaron sobre Bagdad en el año 447 de la hégira, y su líder Tugral Bek procedió a quemar la Biblioteca del Marÿa‘ (referencial religioso) Shî‘ah, el Sheij At-Tûsî y su púlpito desde el cual impartía clases. Quemó la Biblioteca que fue fundada por Abû Nâsir Sâbûr Ardeshîr, el ministro de Bahâ’ Ad-Dawlah Al-Buwaihî, la que desempeñaba un importantísimo rol académico en Bagdad. Había sido construida por este noble ministro en la zona comprendida entre los dos murallones en Al-Qaraj en el año 381 de la hégira. Para construirla se tomó como prototipo a “Bait al-Hiqmah” (“La Casa de la Sabiduría”) que había sido fundada por Hârûn Ar-Rashîd. Este ministro había reunido en ella diferentes libros que se encontraban dispersos en las zonas de Persia y de Irak y había hecho transcripciones de obras de autores de la India, China y Roma, y el número de libros se aproximaba a diez mil excelentes obras e importantes volúmenes, la mayor parte de los cuales eran manuscritos originales escritos con puño y letra de sus autores, y entre los mismos había ejemplares del Sagrado Corán escritos por Ibn Maqlah.[43]
Iaqût Al-Hamawî la describe de la siguiente manera: “No había en todo el mundo mejores libros que los que allí había. Eran todos manuscritos acreditados, escritos y fundamentos registrados por los sabios e Imames.”[44]
En el período otomano las cosas no fueron menos perjudiciales para la Shî‘ah. Llegó a oídos del Sultán Salîm el Otomano, que algunas enseñanzas de la Escuela Shî‘ah se habían difundido entre sus súbditos y que algunas familias se habían aferrado a ello; es así que ordenó “matar a todo aquel que ingrese en esta Shî‘ah.” De esta manera mataron a alrededor de cuarenta mil hombres, y Sheij Al-Islâm emitió un dictamen religioso (fatwâ) sobre que se obtiene recompensa por matar a los shias y declararles la guerra.[45]
Miles de shias murieron en una carnicería perpetrada contra ellos en la ciudad de Halab (Alepo) a causa de una fatwâ emitida por el Sheij Nûh Al-Hanafî en respuesta a quien le preguntó sobre la causa de la obligatoriedad de combatir a la Shî‘ah y la permisión de matarles. Él respondió: “Debes saber -que Dios te otorgue la dicha- que éstos son incrédulos, inicuos y corruptos; reúnen diversas formas de incredulidad, iniquidad y hostilidad y diferentes tipos de corrupción, herejía y ateísmo. Quien se abstiene de aceptar su incredulidad y ateísmo, la obligatoriedad de combatirles y la permisión de matarles será un incrédulo al igual que ellos”… (hasta donde dice:) “Es obligatorio matar a estos seres malvados e incrédulos, ya sea que se arrepientan o no”, y dictaminó que se puede tomar como esclavos a sus mujeres y a su descendencia.[46]
Esto es solo un poco de la inmensidad de las persecuciones y compulsión de las que fue objeto la Shî‘ah a lo largo de su historia y que hemos citado en forma resumida para poner al descubierto algunas de las causas que impulsaron a los poderes gobernantes y a quienes los imitaron, a deformar la imagen del Shiísmo en las mentes de la gente, puesto que la Shî‘ah a lo largo de la historia fue como una espina en los ojos de los reyes tiranos y de los gobernantes opresores. Asimismo, esto nos da una idea de las preliminares que conllevaron la división de la Shî‘ah en conformidad a esas apremiantes circunstancias, lo cual llevó a muchos de ellos a caer en la confusión, provocando situaciones favorables para el surgimiento de algunas sectas desviadas de la línea del Shiísmo original.
Entre algunas de las causas que llevaron al surgimiento de tales sectas se encuentra el ingreso de algunos desviados y personas sospechosas en las filas de la Shî‘ah que sostuvieron algunas posturas corruptas y se las adosaron al Shiísmo con el propósito de deformar su imagen ante la gente, lo cual brindó la oportunidad a los gobernantes tiranos y a sus copartícipes para tratar de terminar con esta línea islámica revolucionaria original, la cual desea proteger los valores islámicos que trajo el gran Profeta (s.a.w.), habiendo asumido la defensa y protección de los mismos los puros de la Gente de su Casa, Ahl-ul Bait (a.s.) a quienes el Mensajero (s.a.w.) consideró como pariguales y asociados al Corán.


[1] Al-Mustadrak ‘alâ as-Sahihain, t. 3, p. 121, transmitiendo de Abû Dharr, y dijo: “La cadena de transmisión de este hadîz es correcta (sahîh)”, t. 3, p. 128; Ar-Riâd an-Nadirah, t. 2, p. 167.
[2] Kunûz al-Haqâ’iq, de Al-Manâwî, p. 43; Ta’rîj Bagdad, t. 2, p. 88; Ar-Riâd an-Nadirah, t. 2, p. 193; Dhajâ’ir al-‘Uqbâ, p. 77, y dijo: “Lo citó An-Naqqâsh.”
[3] Al-Mustadrak, t. 3, p. 137, y dijo: “La cadena de transmisión de este hadîz es correcta (sahîh)”; Kanz al-‘Ummâl, t. 6, p. 157; Al-Isâbah, t. 4, p. 33; Usud al-Gâbah, t. 1, p. 69 y t. 3, p. 116; Ar-Riâd an-Nadirah, t. 2, p. 177; Hiliat al-Awliâ’, t. 1, p. 66; Ta’rîj Bagdâd, t. 13, p. 122; Al-Isti‘âb, t. 2, p. 657; Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 102; Faid al-Qadîr, de Al-Manâwî, t. 4, p. 358, y otros.
[4] Ta’rîj Bagdad, t. 14, p. 321; Al-Mustadrak, t. 3, pp. 119 y 124; Ÿâmi‘ At-Tirmidhî, t. 2, p. 298; Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 134 y t. 7, p. 235; y dijo Al-Fajr Ar-Râzî: ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.) solía leer en voz alta el basmalah (la frase: “En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso”), lo cual se comprobó en forma mutawâtir, y quien siga en su religión a ‘Alî ibn Abî Tâlib se habrá guiado, y la razón para ello son las palabras del Profeta (s.a.w.):
 اللهم أدر الحق مع علي حيث دار “¡Dios mío! Haz que la verdad esté donde esté ‘Alî”, At-Tafsîr al-Kabîr, t. 1, p. 204, capítulo: “Leer en voz alta el basmalah.”
[5] Al-Mustadrak, t. 3, p. 124; Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 9, p. 124; Kanz al-‘Ummâl, t. 5, p. 153; Faid al-Qadîr, t. 4, p. 356.
[6] Jutat ash-Shâm, t. 5, p. 251.
[7] An-Nadzm al-Islâmîiah, p. 69.
[8] Sura al-Baîinah; 98: 7.
[9] Tafsîr At-Tabarî, t. 30, p. 171; Ad-Durr al-Manzûr, de As-Suiûtî, quien dijo: Ibn ‘Asâkir citó de Ÿâbir ibn ‘Abdul·lâh que dijo: Nos encontrábamos ante el Profeta (s.a.w.) cuando llegó ‘Alî (a.s.), y el Profeta (s.a.w.) dijo: “¡Por Aquel en Cuyas Manos está mi alma! que ciertamente que éste y sus shias serán los triunfadores el Día de la Resurrección”, y descendió la aleya: «Ciertamente que los creyentes que hacen el bien ¡esos son lo mejor de las criaturas!». Por esta razón cuando ‘Alî se acercaba los Compañeros del Profeta (s.a.w.) solían decir: “Vino lo mejor de las criaturas (jair-ul barîiah)”; también dijo As-Suiûtî: Ibn ‘Udaîi citó de Ibn ‘Abbâs que dijo: Cuando descendió: «Ciertamente que los creyentes que hacen el bien ¡esos son lo mejor de las criaturas!», el Mensajero de Dios (s.a.w.) dijo a ‘Alî: “Esos son tú y tus shias (seguidores) que en el Día de la Resurrección estaréis complacidos (de Dios) y se estará satisfecho de vosotros”, y mencionó también que Ibn Mardawaih citó bajo la exégesis de la aleya, que el Profeta dijo: “En cuanto a ti y tus shias, mi cita con vosotros será en la Fuente (de Kawzar), cuando las comunidades se presenten para rendir cuentas, y seáis convocados, siendo vosotros los de frente marcada cuyos miembros se destacan por la ablución.”
[10] Relativo a San‘â’, la capital del Yemen. [N. del T.]
[11] Sharh Nahÿ al-Balâgah, de Ibn Abî Al-Hadîd, t. 1, p. 219.
[12] Sharh Nahÿ al-Balâgah, de Ibn Abî Al-Hadîd, t. 2, pp. 49 y 50.
[13] Sharh Nahÿ al-Balâgah, t. 2, pp. 51 y 52.
[14] Sîar A‘lâm an-Nubalâ’, de Adh-Dhahabî, t. 1, p. 399.
[15] At-Tabaqât al-Kubrâ, t. 3, p. 501.
[16] Al-Mustadrak, t. 3, p.  305.
[17] Ta’rîj Al-Ia‘qûbî, t. 2, p. 124.
[18] Al-‘Aqîdah wa ash-Sharî‘ah fî al-Islâm, p. 186; ver: Faÿr al-Islâm, de Ahmad Amîn, p. 266.
[19] Sharh Nahÿ al-Balâgah, de Ibn Abî Al-Hadîd, t.6, p. 41.
[20] ‘Abdul·lâh ibn Abî Sarh: Dijo Ibn ‘Abd-ul Birr en relación a su Biografía: “Se convirtió al Islam antes de la Conquista de La Meca y emigró. Solía escribir la Revelación para el Mensajero de Dios (s.a.w.), pero luego renegó de su fe convirtiéndose en incrédulo, tras lo cual se dirigió a La Meca y dijo a Qureish: “Yo solía manipular a Muhammad como quería. Me dictaba: «Poderoso, Prudente», y yo decía: “¿O acaso: Sabio, Prudente?”, y él me decía: “Sí, todo es correcto.” En el día de la Conquista de La Meca el Mensajero de Dios (s.a.w.) ordenó matarlo a él, a ‘Abdul·lâh ibn Jattal y a Muqaîs ibn Habâbah aún cuando los encontrasen bajo los mantos de la Ka‘bah. ‘Abdul·lâh ibn Abî Sarh escapó y pidió la protección de ‘Uzmân, quien era su hermano de leche -puesto que su madre amamantó a ‘Uzmân-. ‘Uzmân lo ocultó hasta que la gente de La Meca se apaciguó, entonces lo llevó ante el Mensajero de Dios (s.a.w.) y le solicitó su perdón. El Mensajero de Dios (s.a.w.) permaneció en silencio por un prolongado período de tiempo y luego dijo: “Está bien.” Cuando ‘Uzmân se fue, dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.) a quienes estaban presentes: “No permanecí callado sino para que alguno de vosotros se levante y le corte la cabeza.” Un hombre de entre los Ansâr preguntó: “¿Por qué no me hiciste una seña, ¡oh Mensajero de Dios!?”. Dijo: “No es adecuado que el Profeta realice miradas furtivas.” Al-Isti‘âb, t. 3, p. 50, nº 1571.
[21] Sharh Nahÿ al-Balâgah, t. 1, pp. 193 y 194.
[22] Sharh Nahÿ al-Balâgah, t. 9, p. 55.
[23] Ta’rîj Al-Ia‘qûbî, t. 2, p. 57.
[24] Sharh Nahÿ al-Balâgah, t. 9, pp. 57-58.
[25] Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 7, p. 234, y dijo: “Lo transmitió At-Tabarânî siendo sus riÿâl (integrantes de la cadena de transmisión) todos confiables.”
[26] Sharh Nahÿ al-Balâgah, de Ibn Abî Al-Hadîd, t. 2, pp. 187 y 188.
[27] Maÿma‘ az-Zawâ’id, t. 7, p. 236, y dijo: “Lo transmitió Al-Bazzâr siendo sus riÿâl (integrantes de la cadena de transmisión) todos confiables”; Fath al-Bârî, t. 13, p. 45.
[28] Sura ash-Shu‘arâ’; 26: 227. Ta’rîj Al-Ia‘qûbî, t. 2, pp. 67 y 68.
[29] Ÿamharat al-Jutab, t. 1, p. 379, nº 267.
[30] Ta’rîj Al-Ia‘qûbî, t. 2, p. 75.
[31] Sharh Nahÿ al-Balâgah, t. 4, p. 6.
[32] El año en que el Imam Al-Hasan (a.s.) hizo la paz con Mu‘awîiah fue llamado “el Año del Consenso”. [N. del T.]
[33] Mawâlî: no árabes convertidos al Islam. [N. del T.]
[34] Sharh Nahÿ al-Balâgah, t. 11, pp. 44-46, donde menciona parte de las molestias y persecuciones de las que Ahl-ul Bait (a.s.) fue objeto.
[35] Sharh Nahÿ al-Balâgah, t. 11, p. 43.
[36] Ta’rîj At-Tabarî, t. 7, p. 567.
[37] An-Nizâ‘ wa at-Tajâsum, p. 74.
[38] Maqâtil At-Tâlibîin, de Abû Al-Faraÿ Al-Isfâhânî, p. 365.
[39] Ibíd., p. 403.
[40] Ibíd., p. 403.
[41] Ibíd., p. 403.
[42] Ibíd., p. 403.
[43] Jutat ash-Shâm, t. 3, p. 185; Al-Kâmil fi at-Ta’rîj, t. 10, p. 3.
[44] Mu‘ÿam al-Buldân, t. 2, p. 342.
[45] Al-Imâm As-Sâdiq wa al-Madhâhib al-Arba‘ah, por Asad Haidar, t. 1, p. 244.
[46] Al-Fusûl al-Muhimmah fî Ta’lîf al-Ummah, del Seîied ‘Abdul Husein Sharâf Ad-Dîn, pp. 195-196, citado de Al-Fatâwâ al-Hâmidîiah, t. 1, p. 104; Ta’rîj ash-Shî‘ah, del Sheij Al-Mudzaffar, p. 147; At-Taqîiah fî Fiqh-i Ahl-ul Bait, t. 1, p. 51.

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