martes, 7 de junio de 2011

Un vistazo al proceso de auto-perfeccionamiento

Dr. Mohammad Ali Shomali
Traducción: Sumeia Younes


El proceso de auto-perfeccionamiento atraviesa por diferentes etapas. Seguidamente trataré de repasar brevemente todo el proceso y me referiré a sus principales etapas.

1. La vigilia o atención a uno mismo: 

La primera etapa es la vigilia (iaqzah), es decir, despertarse de la preocupación respecto a los compromisos mundanos y eliminar la negligencia. Despertar es acordarse de cuidar de la propia piedad, vida y espiritualidad. Muchos eruditos, como por ejemplo el Imam Jomeini en su libro: Yihâd-e Akbar (el Yihad Mayor) -que es una recopilación de conferencias impartidas por él a los estudiantes de la Hawzah o ámbitos de las escuelas religiosas- afirman que la primera etapa de la auto-purificación es la vigilia. De hecho, algunos místicos creen que esto es sólo una etapa preliminar y que la primera etapa se produce después de la vigilia. Sin embargo, no hay duda de que éste es el comienzo. El punto de partida es despertarse. Podemos decir que todos estamos 'despiertos', pero éste es un tipo diferente de vigilia. De acuerdo a un hadîz, el Profeta Muhammad dijo:

الناس نیام فاذا ماتوا انتبهوا 

“Las personas están dormidas y sólo cuando mueren es que despiertan”.[1]

Cuando mueren, se despiertan y jamás vuelven a dormirse. Pero ya es demasiado tarde. Entonces son como alguien que se despierta cuando el tren ya ha partido, cuando el avión ya ha despegado. En ese momento, ya no te sirve de nada ir al aeropuerto, ya que, a pesar de que ahora estás despierto, ya has perdido el vuelo. Todo lo que puedes hacer es culparte a ti mismo y lamentarte. O podrías decir que vas a tomar el siguiente vuelo, pero desafortunadamente en este caso no hay más vuelos. Es el fin del mundo; ese era el último vuelo y lo perdimos porque estábamos dormidos.

Por lo tanto, estemos despiertos. Si vamos a estar conscientes sólo al morir, ya no podremos hacer nada, puesto que no hay oportunidad de volver. Allah (swt) habla de las personas que piden ser devueltas a la vida a fin de poder hacer algo bueno. Él responde: "¡No! No son sino meras palabras que esta persona dice." (S. Corán; 23:100). Si se les diera otra oportunidad, tampoco cambiarían, e incluso entonces, no habrá otra oportunidad, ellos solo esperan el Día de la Resurrección.

Por desgracia, la muerte se nos ha vuelto tan familiar y natural que no pensamos en que vamos a morir, y siempre creemos que va a sucederle a otra persona. Según un poeta iraní:

"Somos como un grupo de ovejas,

llevadas de una en una al matadero;

cada una está disfrutando,

sin pensar que será la próxima".

De acuerdo a un hadîz, dice en la Torá de Moisés (a.s.):

عجبت لمن ایقن بالموت کیف یفرح 

"Me sorprende que alguien que está seguro de que va a morir, pueda estar contento".[2]

Así que tenemos que estar alertas y despertar antes de que muramos. A veces esto ocurre a través de un acontecimiento importante, como la pérdida de un familiar, una enfermedad grave, o al encontrarnos con una persona piadosa. Sin embargo, no debemos esperar a que algo de esto suceda para recién cambiar; simplemente podemos cambiar, ya que no hay garantía de que nos sucederá alguna de esas cosas.

Es muy fácil despertarse: sólo hace falta determinación y que pensemos cuán importante y significativa es para nosotros esta vida, este viaje para aproximarse a Allah (swt). Ésta es la única oportunidad que tenemos para obtener provisiones para nuestro viaje eterno. Según un hadîz, dijo el Imam ‘Alî (a.s.):

ان الليل و النهار يعملان فيك فاعمل فيهما 

"Ciertamente que el día y la noche constantemente te están afectando, por lo que tú también deberías tratar de afectarlos."[3]

Esto significa que tu vida está pasando rápidamente. Cada día y cada noche están haciéndote más viejo. En otras palabras, cada día y cada noche están llevándote más cerca al final de tu vida en este mundo, así que intenta hacer algo.

Hay una hermosa analogía respecto a nuestra situación. La vida en este mundo es comparada con una cuerda a la cual se aferra una persona que se ha precipitado en un pozo profundo. Si se suelta de esta cuerda estará perdida. Hay dos ratones, uno blanco y uno negro, en la parte superior del pozo, royendo la cuerda. El momento le llegará cuando la cuerda definitivamente se rompa. Los ratones están muy determinados y no van a marcharse. Ésta es nuestra situación. La cuerda representa nuestra vida; el ratón blanco representa al día y el ratón negro representa la noche. El día y la noche constantemente están “carcomiendo” nuestra vida y tarde o temprano “caeremos” y moriremos. Por lo tanto, debemos estar despiertos y ser muy cuidadosos con esta vida, con esta oportunidad de oro que se nos ha concedido.

2. Conociéndose a uno mismo:

 Después de despertarnos, debemos tratar de averiguar qué recursos, oportunidades y opciones tenemos a nuestra disposición. Ahora que estamos despiertos, queremos hacer algo. Es como alguien que no tiene trabajo u ocupación y por lo tanto no tiene ninguna fuente de ingresos. Todos le dicen que sea responsable y haga algo. Él coincide con ellos en que debe hacer algo, pero no sabe qué hacer. No puede comenzar de la nada. Ante todo, lo que debe hacer es descubrir qué tipo de habilidades y destrezas tiene. Él debe saber qué opciones tiene a su disposición. Por ejemplo, debería tratar de aprender acerca del mercado de negocios. Él debe averiguar quién ha tenido éxito para que pueda tomarlos como modelos. También debería ver quién ha quedado en bancarrota para que pueda aprender lecciones de su situación y evitar que le suceda lo mismo que a ellos. Esto es lo que se llama “auto-conocimiento” (ma'rifat al-nafs) y se considera que es "el conocimiento más beneficioso".

¿Por qué siempre tendemos a olvidarnos de nosotros mismos y sin embargo nos inclinamos por informarnos sobre otras cosas? Por ejemplo, hay algunas personas que pueden pasar toda su vida estudiando una rara especie de insectos pero no están dispuestas a pasar ni siquiera una hora sentadas tratando de averiguar lo que Dios ha colocado dentro de ellas.

Los musulmanes místicos dicen que hay dos mundos: uno externo, consistente en el hermoso mundo natural de los seres humanos, animales, plantas y seres inanimados creados por Dios, y otro mundo interno dentro de nosotros mismos. Y dicen que este mundo dentro de nosotros es el mundo mayor. Lo que Dios ha colocado dentro de nosotros es mucho más grande que todo el mundo físico fuera de nosotros. Es por eso que leemos en un hermoso dicho divino (hadîz qudsî):

لم يسعني سمائي ولا ارضي ولکن يسعني قلب عبدي المومن 

"Ni Mi cielo ni Mi Tierra podrían contenerme, es sólo el corazón de Mi siervo creyente el que puede contenerme."[4]

De este hadîz podemos entender que nuestro corazón debe ser aún mayor que todas estas estrellas y planetas, que toda esta creación que podemos ver.

Por lo tanto, necesitamos conocernos bien a nosotros mismos. A menudo subestimamos el potencial que tenemos para la perfección. Hay posibilidades interminables de perfección ante nosotros. Incluso la más santa de las personas puede todavía avanzar. Ellas siempre podrán llegar más lejos porque la distancia entre el hombre y Dios es infinita y por lo tanto siempre queda la posibilidad de ir aún más alto. Es por esta razón que suplicamos después del tashahhud, "¡Oh Dios! Por favor acepta la intercesión del Santo Profeta para nosotros y también eleva su nivel". Esto significa que el Profeta puede llegar aún más alto.

Muchos de nosotros nos satisfacemos fácilmente con nuestros logros. Tenemos que ser más decididos y tener mayores expectativas. Si nos satisfacemos con pequeñas cosas, entonces saldremos perdiendo y quizá ni siquiera lograremos esas pequeñas cosas. Se dice que cierta vez había un sabio religioso (‘âlim) cuyo hijo era un estudiante de religión. El padre le preguntó a su hijo qué quería llegar a ser en el futuro. El hijo le respondió que quería llegar a ser como su padre. El padre le respondió que se sentía apenado por él porque él mismo había querido asemejarse lo más posible al Imam Ya'far As-Sadiq (a.s.), quien era su modelo, y sin embargo, su situación actual era todo lo que había logrado. Le dijo a su hijo que si lo único que quería era ser como su padre, entonces no conseguiría nada. Por lo tanto, siempre debemos tener grandes ambiciones y de hecho, Dios nos ha creado con una potencialidad tal. Por lo tanto, tenemos que conocernos a nosotros mismos, debemos creer en nuestro potencial y ser conscientes de las diferentes cosas que pueden beneficiarnos o perjudicarnos.

3. Cuidando de uno mismo: 

Tras la vigilia y el auto-conocimiento, necesitamos auto-cuidado. No es suficiente con simplemente saber cosas; el conocimiento debe servirnos a través de su puesta en práctica. Por ejemplo, si sabes que fumar puede matarte pero no te preocupas en absoluto por tu salud y por lo tanto sigues fumando, no hay ningún provecho en ese conocimiento que posees. En realidad, eso sólo te vuelve más responsable de ello porque tú lo sabes. Por supuesto, esto no significa que debamos evitar seguir aprendiendo. Decir que no lo sabíamos no es una excusa suficiente; tenemos que aprender y luego poner en práctica lo que aprendimos. Por lo tanto, debemos cuidar de nosotros mismos. El Corán afirma:

يَآ أَيُّهَا الَّذِينَ ءَامَنُوا عَلَيْكُمْ أَنْفُسَكُمْ لاَ يَضُرُّكُم مَن ضَلَّ إِذَا اهْتَدَيْتُمْ 

"¡Oh creyentes! ¡Preocupaos de vosotros mismos! Quien se extravía no puede dañaros, si estáis en la buena dirección…". (S. Corán; 5:105)

Cuidar de uno mismo implica practicar también las responsabilidades sociales que uno tiene, dado que el Islam es una religión que nos pide que participemos activamente en la vida social: todos con el espíritu de vigilia y conciencia, y sabiendo qué es lo que puede beneficiarnos o perjudicarnos. Sin embargo, hay algo que a menudo les sucede a las personas en esta etapa. Cuando por fin llegan a ser conscientes y sensibles a las cuestiones espirituales, lamentablemente, en vez de preocuparse por su propia piedad, en vez de ocuparse más de sus propios problemas, se vuelven críticos respecto a otras personas. Por ejemplo, empiezan a pensar que esta persona es una inútil, que una de ellas es descuidada y que la otra no es realmente un creyente. Esto es muy peligroso. Ante todo y sobre todo un verdadero creyente debe ocuparse de sus propios problemas. Entendemos de los hadices que es mucho mejor para nosotros que nos ocupemos de resolver nuestros propios problemas y enfermedades en lugar de pensar en los de los demás y de estar criticando. Por ejemplo, se ha narrado que el Profeta Muhammad (s.a.w.) dijo:

طُوبى لِمَن شغَلَهُ عَيْبُهُ عن عُيوبِ النّاس 

“Bendito es quien está tan ocupado pensando en sus propios defectos que no tiene tiempo para pensar en los defectos de otros”.[5]

Así pues, debemos comenzar por criticarnos y evaluarnos a nosotros mismos antes de mirar a otros. A veces, cargamos con un enorme problema dentro de nosotros mismos pero no somos conscientes de ello; sin embargo nos damos cuenta de una pequeña cantidad de ese mismo problema cuando lo tiene alguien más. Por ejemplo, podríamos haber comido algo como ajo y no darnos cuenta de que nuestra boca huele mal, pero cuando nos encontramos con alguien que huele de alguna manera, ¡somos tan prestos para pensar o decir algo sobre ellos!

Hay una historia en Maznawî de Rumi. Cuatro personas tenían una cita con un rey inmediatamente después de las oraciones del mediodía. Estaban muy interesadas en no perder esta oportunidad de reunirse con el rey, y no querían llegar tarde. Por lo tanto, decidieron realizar sus oraciones rápidamente y luego ir a encontrarse con el rey. Comenzaron con sus oraciones apenas llegaron a la mezquita. Sin embargo, mientras estaban rezando, el mu'adhdhin (quien hace el llamado a la oración) entró en la mezquita para subir al minarete. Ahora los cuatro dudaban, y comenzaron a preguntarse a sí mismos si habían empezado sus oraciones demasiado pronto o si era el mu'adhdhin el que ese día había llegado tarde. Así, mientras rezaban, uno de ellos preguntó al mu'adhdhin si el tiempo para las oraciones ya habían llegado o no. La segunda persona le preguntó al primero por qué había hablado mientras rezaba, porque ya sea que el tiempo haya llegado o no, él ya había invalidado sus oraciones por hablar con el mu'adhdhin. La tercera persona destacó que la segunda persona ahora también había hablado por preguntarle a la primera por qué había hablado. Sin embargo, la cuarta persona se creyó "muy inteligente", y dijo: '¡Gracias a Dios que yo no he hablado!'. Así pues, en esta historia vemos que cuatro personas compartían el mismo problema pero cada una sólo pudo verlo en las otras personas y no en sí mismasº. En realidad ellas repitieron el mismo error por el cual estaban criticando a las otras.

Por lo tanto, es mucho mejor estar más preocupados por nosotros mismos que de otras personas. A veces la gente piensa que esto significa que deben ser indiferentes a lo que está sucediendo a su alrededor, en su comunidad o en la sociedad. Éste no es el caso. Pero si queremos ser más útiles para nuestra comunidad y sociedad entonces primero debemos empezar por nosotros mismos y recién luego podremos ayudar a otros.

Por ejemplo, vemos que cuando se dan instrucciones en un avión respecto al uso de las máscaras de oxígeno de emergencia, siempre nos aconsejan que primero nos ocupemos de nosotros mismos y recién luego ayudemos a las personas que están junto a nosotros. En caso contrario, mientras estemos tratando de ayudar a la otra persona con su máscara, nosotros mismos podemos desplomarnos.

Así, debemos cuidar de nosotros mismos. Pero, ¿cómo debemos cuidar de nosotros mismos? ¿Debemos sólo rezar y recitar el Corán? ¿Debemos servir a la sociedad simplemente haciendo trabajos comunitarios?

3.a. Adquirir una creencia y fe apropiadas: 

Lo primero que tenemos que hacer es adquirir creencias adecuadas y una apropiada comprensión del mundo. Si quieres ser un buen empresario debes conocer el mercado y a las personas que están en el mismo negocio. Necesitas conocer la situación presente, las posibilidades futuras y los factores que intervienen en ese negocio en particular.

Si queremos tener éxito en este mundo debemos saber Quién es El que tiene el control aquí. Si tenemos que conseguir permiso para iniciar un negocio debemos saber adónde ir a conseguir ese permiso. De la misma manera, si queremos empezar un “negocio” espiritual debemos saber de dónde obtener el permiso. Debemos saber qué leyes y reglamentos aplicar y que deberían ser observados. Debemos saber de qué disponemos y qué tipo de préstamos y subvenciones pueden darnos.

Sa'di, un famoso poeta iraní autor de Golestan y Bustan, narra una linda historia. Dice que cierta vez una persona fue a hacer un negocio en otro país y se dio cuenta de que en ese país la campana que acostumbraban colgar en los baños públicos era muy barata. Por ejemplo, si la campana costaba $100 en su país, en ese país costaba sólo $1. Así que vendió todas sus mercancías y con todo el dinero que tenía, compró quizás unas mil campanas. Él esperaba regresar luego a su país y generar un beneficio de $99 por cada campana. Así que transportó todas esas campanas a su ciudad natal. Sin embargo, el problema era que había sólo dos o tres baños públicos en su ciudad, por lo que nadie quería comprar las campanas. Nadie estaba interesado, aun cuando él se las ofrecía a mitad de precio. Por lo tanto, perdió todo su capital y quedó en bancarrota por no saber cuál era la clase de mercancía correcta que sí le comprarían en su país.

Muchos son así, y en este mundo invierten en cosas que carecerán de valor en el Más Allá. Invertimos nuestra vida, que es el más valioso “capital” que se nos ha otorgado, en cosas que, cuando lleguemos al Más Allá, se nos dirá que fueron inútiles y no sirvieron de nada, y fue así que habremos perdido este “capital”. De aquí que necesitemos tener fe y conocer la manera en que nuestra vida en este mundo pueda garantizar nuestra felicidad en la otra. Debemos tener una creencia correcta y ser especialmente cuidadosos para comprender la relación entre nuestra vida en este mundo y nuestra vida en el Más Allá. Alrededor de un tercio del Glorioso Corán habla de la otra vida. Este Sagrado Libro puso mucho énfasis en ello para enseñarnos que la vida eterna es aquello para lo que realmente tenemos que prepararnos.

Podemos encontrar otra útil parábola en los hadices. Hay un ejemplo en la historia de la persona que adoraba día y noche: un día un ángel pasó por donde ésta se encontraba, y pensó que con tanta devoción, esta persona debía tener una elevadísima posición ante Dios. Pero cuando el ángel se acercó a elle, se dio cuenta de que la persona no tenía una buena comprensión de Dios, puesto que le dijo a Dios: "Ojalá hubieras tenido un burro para que yo pudiera alimentarlo en mi campo, puesto que tengo un montón de hierba aquí". Esta persona vio a Dios como a un ser humano que tiene un burro. Este tipo de fe no es recompensada, y por lo tanto la ‘aqîdah (creencia) es la primera certeza que se debe obtener. Debemos esforzarnos por obtener una comprensión adecuada de Dios el Creador, Su posición en este mundo, la creencia en la Unicidad, la Profecía y la Resurrección.

Por lo tanto, primero debemos tener creencias correctas, pero no el tipo de creencias que normalmente aprendemos y que sólo podemos repetir como un loro. Debe ser una clase de creencia que nuestro ser absorba completamente, de modo que si decimos que hay un solo Dios, entonces todo nuestro cuerpo y alma confirmen que somos monoteístas.[6]

3.b. Realizar actos de devoción y abstenerse de los pecados y de las malas acciones

Debemos tratar de cumplir con nuestras obligaciones y observar todos los requisitos de nuestra fe. Incluso si tenemos adecuadas creencias y realizamos todas nuestras obligaciones pero no dejamos de cometer pecados, no tendremos éxito. Si alguien lava sus manos diez veces al día, pero sigue tocando las cosas que están sucias y contaminadas, se ensucia otra vez. No sirve de nada decir que él se lavó las manos diez veces ese día. Las oraciones diarias son como un baño espiritual que nos limpia, pero si después volvemos a hacer las mismas cosas entonces estaremos simplemente ensuciándonos nuevamente.

Hay un bello ejemplo de alguien que tiene un bolso en el que pone algunas compras para llevarlas a casa. Pero hay un gran agujero en la parte inferior del bolso y de esta manera todo lo que él pone allí cae a través del agujero. Él se sorprende y se pregunta cómo es posible que él haya llenado el bolso con al menos diez veces su capacidad y aún así esté vacío. Él se pregunta dónde está yéndose todo. De manera similar, dependiendo de nuestra edad, hemos adorado a Dios por 10, 20, 30 o 40 años. Pero, ¿dónde está el resultado de esta adoración? ¿Por qué todavía seguimos siendo los mismos? ¿Por qué después del mes de Ramadán seguimos siendo tal como éramos antes del mismo? Es porque hacemos cosas buenas pero además también hacemos cosas malas.

Hay otro buen ejemplo narrado por Rumi. Había un agricultor que solía cosechar su trigo y ponerlo en su despensa, esperando llenarla para el invierno. Pero, para su sorpresa, cada vez que iba a la despensa para llenarla con más trigo veía que el nivel del trigo era menor que antes y de este modo, la despensa nunca se llenaba. Por lo tanto, estaba sorprendido, especialmente porque la despensa siempre permanecía cerrada con llave, de modo que nadie más tuvo acceso a ella como para llevarse algo. Él siempre ponía cuidado de cerrar con llave la puerta. Así que decidió que alguna noche él tendría que quedarse despierto dentro de la despensa para averiguar lo que sucedía. De esta manera, una noche se quedó despierto en el interior de la despensa, observando silenciosamente.

Después de la medianoche se dio cuenta de que habían venido unas enormes ratas que se llevaban el trigo fuera de la despensa. Así se dio cuenta de que ellas eran la causa real del problema. Entonces Rumi nos dice que nos asemejamos a ello. Hay algunas ratas en nuestros corazones que se llevan la luz de nuestras buenas acciones. Si no hay ratas, entonces ¿dónde está la luz de cuarenta años de orar, la luz de cuarenta años de ayuno, de ir al Haÿÿ, etc.? Así que debemos ser muy cuidadosos de no cometer ninguna acción pecaminosa.

No debemos cometer ni siquiera un solo pecado. Por supuesto, somos seres humanos y podemos incurrir en equivocaciones, pero un verdadero creyente es aquel que, si comete un error, en primer lugar se siente triste y se amarga por ello, y en segundo lugar, se arrepiente rápidamente y decide sinceramente no repetir el mismo error otra vez. Por lo tanto, si cometemos un pecado debemos arrepentirnos lo antes posible.

Lamentablemente, entre algunas personas que están interesadas en la espiritualidad hay quienes piensan que la ley religiosa (shari‘ah) sólo es necesaria al comienzo y que después debemos preocuparnos por los requisitos del viaje espiritual (tariqah). A veces dicen que esto es como alguien que ha alcanzado el núcleo y de este modo ya no necesita de la corteza. Pero ésta es una idea equivocada porque siempre necesitamos acatar la shari'ah. El Santo Profeta (s.a.w.) y los Imanes de la Familia del Profeta (la paz sea con todos ellos) siempre siguieron la shari'ah y no hay nadie que pueda afirmar ser más devoto y piadoso que ellos. No hay registrado ningún incidente en el que el Santo Profeta haya cometido un pecado y luego haya dicho que estaba bien para él hacerlo. Por ejemplo, nunca dijo que nosotros no debemos decir mentiras pero que estaba permitido para él hacerlo. O que no debemos tomar alcohol o jugar por dinero pero que para él eso era permitido. Lamentablemente en estos días vemos que hay algunos que se dan en llamar musulmanes que siguen a ciertas personas que se autodenominan maestros o imames, quienes no cumplen con las exigencias de la piedad y aún así sus seguidores creen en ellos y piensan que nunca se verán afectados por sus actos ilícitos.

Sin embargo, según la escuela de Ahl-ul Bait este asunto es muy claro. Debemos observar la shari'ah pero esto no es suficiente. Hay dos maneras diferentes de mirar la shari'ah. Una manera es creer que la shari'ah es sólo para los principiantes y que después que alcanzamos los niveles superiores ya no la necesitamos más. Esto es lo que algunos sufíes hacen. La segunda es decir que la shari‘ah es siempre necesaria, pero que si sólo seguimos la shari'ah permaneceremos siempre en el nivel más bajo.

Si queremos alcanzar los niveles superiores, además de la shari'ah debemos tratar de ir más allá de la realización de meros rituales para descubrir el espíritu contenido dentro de ellos. Un ejemplo que podría ayudar es el de la persona que está en la escuela primaria. Si alguien está en la escuela primaria y se siente satisfecho con ello, entonces su educación seguirá siendo siempre incompleta. Necesita ir a la escuela secundaria y luego a la universidad. Pero no podemos decir que vamos a ir a la escuela secundaria y una vez que estemos allí vamos a olvidarnos de todo lo aprendido en la escuela primaria. O que cuando vayamos a la universidad vamos a olvidarnos de todo lo aprendido en la escuela secundaria. Esto no funcionará.

Debo señalar que nada puede sustituir el cumplimiento de las obligaciones y el hecho de abstenerse de cometer pecados. Dice el Imam ‘Ali en Nahÿ al-Balaghah:

لا تكن ممن يرجو الآخرة بغير عمل ويرجو التوبة بطول الأمل 

"No seas de esas personas que tienen esperanza en el Más Allá siendo que no practican, y que aplazan el arrepentimiento porque causa de sus esperanzas".[7]

Si continuamente practicamos como debemos, poco a poco, la luz de nuestras obras iluminará nuestros corazones. Incluso si realizas pocas cosas buenas, se puede construir sobre ello, mientras no cometas pecados. El Profeta Muhammad (s.a.w.) dijo a Abu Dharr:

يا أباذر يكفي من الدعاء مع البر ما يكفي الطعام من الملح. يا أباذر مثل الذي يدعو 
بغير عمل كمثل الذي يرمي بغير وتر 

¡Oh Abu Dharr!, teniendo piedad, sólo basta suplicar en la medida de la sal que es suficiente en la comida. ¡Oh Abu Dharr!, el ejemplo de quien suplica sin practicar es como el que intenta disparar una flecha sin arco."[8]

Por otra parte, si alguien comete pecados, incluso la realización de muchas buenas obras no ayudará. No podemos compensar los pecados con buenas acciones. El Corán dice:

إِنَّمَا يَتَقَبَّلُ اللّهُ مِنَ الْمُتَّقِينَ 

"Dios sólo acepta de los devotos". (5:27)

3.c. Adquirir buenas características y eliminar las malas:

Además de tener creencias adecuadas, realizar nuestras obligaciones y abstenernos de los pecados, tenemos que mirar dentro de las cualidades de nuestro corazón o espíritu y averiguar qué buenas cualidades nos faltan a fin de que las obtengamos y qué malas cualidades tenemos para que podamos eliminarlas. Esto es lo que normalmente aprendemos en la ciencia del Ajlaq (Moral) y es mucho más difícil que tener creencias adecuadas o buena práctica.

A menudo tenemos malos hábitos que son difíciles de cambiar o incluso de notar, porque casi se han vuelto parte de nosotros. Ante esta situación tenemos que luchar y necesitamos cura. Por ejemplo, una persona puede ser miedosa. Apenas se pone oscuro, se asusta. A veces, la persona puede estar muy determinada a superar este miedo pero aún así es muy difícil y necesita algún tipo de tratamiento. En cierto modo es como un cáncer que necesita de una terapia complicada.

En primer lugar tenemos que identificar nuestros malos hábitos y luego debemos tratar de prometernos a nosotros mismos que no haremos nada según ese hábito porque si actuamos según un mal hábito éste se vuelve más y más fuerte. Por ejemplo, podemos tener un mal hábito que no podemos eliminar de inmediato, pero si poco a poco dejamos de actuar de acuerdo a ese hábito, éste gradualmente se vuelve más y más débil.

También hay soluciones específicas para determinados malos hábitos, dependiendo de qué tipo de hábitos son. Por tanto, la recomendación y solución general es no actuar según un mal hábito y además aplicar soluciones específicas para los malos hábitos o cualidades. Por ejemplo, si alguien quiere dejar de fumar hay ciertas técnicas para ayudarlo a romper con este hábito que no funcionan para otro.

A veces, durante décadas puedes estar seguro de que eres bueno, pero luego te das cuenta de que no es así. Un ejemplo es el de una persona que siempre estuvo participando en primera fila de la Oración en Congregación, y después de muchos años se da cuenta de que no hizo eso por Allah, ya que una vez que llegó tarde y tuvo que rezar en la última fila, se sintió avergonzada de que la gente viera que no estaba en la primera fila. Se dio cuenta de que fue por obtener los elogios de otros que siempre llegaba temprano y se ubicaba en la primera fila.

Distinto fue el incidente respecto a Aiatullah Sheij Muhammad Husein Isfahani Qarawi, el maestro del difunto Aiatullah Ju'i. Cierta vez algunas personas en una calle de Nayaf vieron que él estaba sonriente y feliz, por lo que alguien le preguntó por qué estaba tan contento. El Aiatullah respondió que su bolsa con verduras se había caído, y que cuando empezó a juntar las verduras no le importó que los demás estuvieran viéndolo.

Esto lo había hecho feliz porque él recordaba otro incidente que tuvo lugar en sus primeros años de estudiante en la Hawzah. En esa época él tenía un costoso tasbih puesto que él era rico, y cuando se rompió, no recogió las cuentas del tasbih porque no quería que la gente lo viera haciéndolo. Ahora se sentía contento porque a pesar de ser ahora un gran erudito, no se sintió mal de que las personas estuvieran mirándolo mientras estaba recogiendo las verduras. En ese momento, había sentido que no existía ningún sentimiento de soberbia en él.

En obras como Mi'ray as-Sa'adah y Yami’ as-Sa'adah aprendemos diversas facultades de nuestra alma y sus correspondientes virtudes y vicios. También aprendemos los métodos de obtener las virtudes y eliminar los vicios.

3.d. Continuar el proceso de auto-perfeccionamiento hasta convertirnos en verdaderos siervos que encuentran a su Señor

Debemos continuar este proceso. Es un desafío de por vida al que no puede dársele un plazo de un mes o un año, o tal vez de diez, momento a partir del cual podríamos sentir que lo hemos completado y entonces podemos permitirnos relajarnos. Por el contrario, mientras sigamos en este mundo, hasta el último momento de nuestra vida, debemos ser cuidadosos. Y no debemos perder ninguna oportunidad. Aquí no hay edad para jubilarse o graduarse, porque por mucho que logremos adquirir, en primer lugar no hay garantía de que vamos a preservar lo adquirido, y en segundo lugar, incluso si nos las arreglamos para preservarlo, eso no constituirá una provisión suficiente para nuestro viaje eterno. El Corán afirma: "Y adora a tu señor hasta que te llegue la certeza" (15:99). Antes de que nos reunamos con Él, no hay ninguna sensación de relajación, jubilación, graduación o descanso. Insha’ Allah que cuando nos reunamos con Él, entonces podamos descansar. Por lo tanto, debemos continuar este proceso hasta encontrarnos con Él y Él esté satisfecho con nosotros.
Hay una historia interesante que ilustra nuestra situación. Había un grupo de personas que iban a ser enviadas a un túnel oscuro. Se les dijo que una vez que entrasen en el mismo estaría muy oscuro y no podrían ver nada. Se les dijo que debían ir de un extremo al otro del túnel y que en el suelo habría algunas piedras que podrían recoger y llevárselas afuera. Se les dijo que si tomaban las piedras lo lamentarían, ¡pero que también lamentarían no tomar las piedras! Luego fueron enviados al túnel. Algunas personas pensaron que no valía la pena recoger las piedras porque luego lo lamentarían. Otras más curiosas pensaron que podrían tomar algunas piedras para ver lo que eran, incluso si más tarde lo lamentaban. Así, algunos recogieron las piedras mientras que otros no, y luego todos salieron del túnel. Cuando se encontraban fuera nuevamente, bajo la luz del día, las personas que recogieron piedras se dieron cuenta de que en realidad eran joyas muy costosas. Las personas que no habían tomado ninguna piedra vieron eso y se enojaron mucho. Comenzaron a protestar, preguntando por qué se les había dicho que lamentarían recoger las piedras.

En realidad, no solo aquellas personas que no recogieron ninguna piedra lo lamentaron, sino que incluso aquellos que sí habían tomado algunas lamentaron no haber tomado más y desearon haber recogido más y llenar también sus bolsillos.

Por lo tanto, esto es lo que debemos hacer. Debemos asegurarnos de que nuestras manos y bolsillos estén desbordados con buenas características y buenas acciones, obtener el beneficio de ellas en este mundo, y luego llevarlas al Más Allá.

Conclusión

Hay diversas etapas que uno debe atravesar en el camino de la auto-formación. Primero debemos despertar de nuestro sueño de negligencia y percatarnos de la realidad de nuestra existencia: sólo entonces nos conoceremos a nosotros mismos y cuidaremos de nuestras acciones. Esto debe ir acompañado de verdaderas creencias y fe en Dios Único. La fe no está completa sin las buenas acciones y por lo tanto, debemos también abstenernos de los actos prohibidos. Por último, debemos librar nuestra alma de las malas cualidades y hábitos.

Aunque es difícil emprender el camino, Insha' Allah con la gracia de Allah (s.w.t.) vamos a obtener el éxito para completar estas etapas y lograr fácilmente la proximidad a Él.


Notas:

[1] Bihâr al-Anwâr, t. 50, p. 134.


[2] Irshâd al-Qulûb, t. 1, p. 74.


[3] Gurar al-Hikam, nº 120.


[4] Bihâr al-Anwâr, t. 55, p. 39.


[5] Por ejemplo, ver Bihâr al-Anwâr, t. 1, p. 205.


[6] Ser una persona bondadosa, agradable y afectuosa es necesario, pero no suficiente para obtener un lugar en el Paraíso: también debemos tener fe. Si las personas son buenas en su relación con otros, pero no tienen fe, no tienen ninguna oportunidad de ir al Paraíso: quizá no serán enviadas al Infierno, o su castigo será reducido, pero no hay manera de alcanzar el Paraíso. Creer en Dios, como Uno y Único Creador es una creencia necesaria y fundamental.

[7] Nahÿ al-Balâghah, Máxima Nº 146 (150).



[8] Bihâr al-Anwâr, t. 74, p. 85.

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