lunes, 28 de noviembre de 2011

La Tragedia de Karbalâ' - Día 1



Preparado por: La Asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.)
y el Instituto de Cultura y Ciencias del Islam “Al-Gadîr”.

Día 1: La Tragedia de Muslim ibn ‘Aquîl

Muslim, el hijo de ‘Aquîl ibn Abî Tâlib, fue una de las grandes personalidades de los hashemíes y primo de Abâ ‘Abdil·lâh Al-Husain. El Imam Al-Husain -con él sea la paz- había salido de la ciudad de Medina y se encontraba en La Meca cuando recibió una gran cantidad de cartas e invitaciones que le enviaba la gente de Kufa.

Cuando llegaron las últimas cartas, que en total sumaban miles, el Imam se encontraba entre el Pilar de la Ka‘bah -o ángulo en que se encuentra la Piedra Negra- y el Sitial de Abraham. Al-Husain (a.s.) rezó dos ciclos de oración y rogó a Dios por que aconteciera lo bueno. Luego requirió la presencia de Muslim y escribió una respuesta a esas cartas, en la que expresaba:
Vosotros decís: “No tenemos Imam. ¡Ven a nosotros, de manera que Dios, por tu intermedio, nos guíe y una!”. Envío a vosotros a Muslim ibn ‘Aquîl, mi hermano y primo, quien es de mi entera confianza. Así pues, si es que él me escribe que la opinión de los lúcidos y la gente de la virtud y la consulta de entre vosotros es esa misma que he leído en vuestras cartas, entonces me dirigiré hacia vosotros.
Muslim partió de La Meca a mediados del mes de Ramadán y llegó a Medina, donde rezó en la Mezquita del Profeta (s.a.w.) y se despidió de su familia. Tras ello se dirigió a Kufa junto a unos cuantos guías y acompañantes. Las condiciones del viaje eran muy duras, al punto que Muslim y sus acompañantes perdieron el rumbo y dos de los guías perecieron por la sed. Finalmente Muslim llegó a Kufa el día 5 de Shauwâl.
Las gentes de Kufa se congregaron en grupos a su alrededor y lloraron cuando les leyó la carta del Imam. A continuación, dieciocho mil personas de Kufa dieron la bai‘ah o juramento de fidelidad a Muslim. En consecuencia, él escribió una misiva al Imam (a.s.) donde le informaba de la bai‘ah de esa cantidad de personas y le incentivaba a movilizarse en dirección a Kufa.
Cuando la noticia de este juramento llegó a oídos de Iazîd ibn Mu‘âwîiah, éste comisionó a ‘Ubaidul·lâh ibn Ziâd, el gobernador de Basora, para que asumiera también la gobernación de Kufa. ‘Ubaidul·lâh ingresó a Kufa con una treta y asumió el gobierno, amedrentando a la gente. Luego procedió a torturar y encarcelar a Hâni ibn ‘Urwah, quien se contaba entre las grandes personalidades de Kufa y había dado cobijo a Muslim ibn ‘Aquîl en su casa.
Cuando Muslim escuchó la noticia de que Hânî había sido torturado requirió a la gente que le auxiliaran. La gente se unió a él, y la mezquita, el mercado y los alrededores del palacio de la gobernación se llenó de gente, en tanto que los compañeros de ‘Ubaidul·lâh no eran más de cincuenta personas.
‘Ubaidul·lâh envió a unas cuantas personas a los diferentes clanes de Kufa para amenazarles y sobornarles, y ordenó a algunos ilustres que se encontraban en su palacio, que amedrentaran y disuadieran desde los tejados de la gobernación a la gente que sitiaba el palacio.
Cuando la gente de Kufa escuchó las palabras de sus caudillos y personas ilustres se desanimaron y poco a poco los susurros seductores se incrementaron de manera que cada uno decía a otro: “¡Volvamos! Están los demás y son suficientes”.
Paulatinamente, la multitud a favor de Muslim se dispersó y tan solo unas treinta personas permanecieron en la mezquita para asistirle.
Cuando Muslim se enfrentó a esta deslealtad, se dirigió con esas treinta personas a la zona de Abuâb Kandah. Cuando llegó allí tan solo quedaban con él diez personas, ¡y al atravesar ese lugar ya no quedaba nadie con él!
Muslim observaba solitario a uno y otro lado pero no había nadie que le guiara o que siquiera le ocultara en su casa. El enviado de Al-Husain (a.s.) caminaba desorientado por los callejones oscuros de Kufa sin saber adonde ir, hasta que llegó a una casa en la que una anciana se encontraba parada en la puerta. El nombre de esta mujer era Tau‘ah y estaba esperando a su hijo que había salido de su casa para ir con la gente. Muslim saludó a la mujer y le pidió agua. 


Tau‘ah le dio agua y entró a su casa. Al volver a salir vio que Muslim seguía sentado frente a la puerta de su casa y le dijo: “¡Oh siervo de Dios! Si ya tomaste agua vuelve a tu casa”. Muslim permaneció en silencio y la mujer repitió eso dos o tres veces. Muslim se puso de pié y le dijo: “No tengo casa ni familia en esta ciudad. Soy Muslim ibn ‘Aquîl. Esta gente me mintió, me engañó y me retiró el amparo”.
La mujer hizo ingresar a Muslim a su casa, extendió una alfombra y dispuso comida para él, pero Muslim no cenó y se durmió. En sueños vio a su tío Amîr al-Mu’minîn ‘Alî (a.s.) que le decía: “¡Apresúrate, que mañana estarás con nosotros!”.
Por otra parte, cuando ‘Ubaidul·lâh vio que la gente se dispersaba, se envalentonó y salió del palacio. Fue a la mezquita y dispuso una recompensa de mil dinares para quien encontrase a Muslim.
Cuando el hijo de Tau‘ah volvió a su casa se enteró de la presencia de Muslim, y al salir el sol informó de ello a los enemigos. ‘Ubaidul·lâh envió a un grupo compuesto por decenas de soldados para apresarle.
Muslim se encontraba ocupado en la adoración cuando los soldados llegaron a la casa de Tau‘ah. Cuando escuchó el relincho de los caballos finalizó rápidamente su súplica, vistió su armadura y agradeció a Tau‘ah, y se dirigió a enfrentar a los soldados por temor a que el enemigo destruyera o quemara la casa de la anciana.
Muslim, que era un guerrero, mató a más de cuarenta de los traicioneros de Kufa, pero luego éstos le atacaron en grupo a la vez que le arrojaban rocas desde los tejados. Finalmente, a causa de la severidad de las heridas, la sed y por una lanza que le atravesó por la espalda, cayó y fue hecho prisionero.
(Algunas fuentes agregan que cuando vieron que no podían apresarlo, le engañaron prometiéndole salvoconducto y fue así que consiguieron llevarlo a la gobernación).
Cuando Muslim ibn ‘Aquîl fue capturado, dijo: “Por cierto que somos de Dios y a Él retornaremos”, y comenzó a llorar. Uno de los soldados se sorprendió por el hecho de que llorara siendo él tan valiente, y le preguntó por qué lo hacía. Muslim dijo: “¡Juro por Dios que no tengo miedo de morir y que no lloro por mí! sino que lloro por la familia del Profeta que se dirige hacia aquí y por Al-Husain y su familia”.
Por orden de ‘Ubaidul·lâh llevaron a Muslim al tejado del palacio de la gobernación en tanto que él glorificaba a Dios y requería Su perdón. Entonces lo decapitaron y luego arrojaron desde el tejado primero su cabeza y después su cuerpo, para que todos lo vieran. Finalmente colgaron su bendito cuerpo para dejarle expuesto a las miradas de aquéllos que quebrantaron su pacto.
También llevaron al mercado de Kufa a Hânî, que era un anciano de 89 años, y le mataron de una manera lamentable, colgándolo, mientras éste llamaba a sus compañeros, pero nadie hizo nada por auxiliarle.
Posteriormente, Ibn Ziâd envió las cabezas de Hânî y de Muslim a Siria ante Iazîd. El cuerpo de Muslim ibn ‘Aquîl fue el primer cuerpo de entre los hashemíes que fue colgado, y su cabeza la primera que fue enviada a Damasco.
«¿Acaso no es así que la maldición de Dios recae sobre la gente opresora?».
«Y pronto sabrán aquellos que tiranizaron a qué destino se dirigen». 


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