martes, 23 de noviembre de 2010

DIARIO DE UN PEREGRINO / Parte 7



 Por Sumeia Younes

Pasamos los días tra­tando de visitar la ma­yor parte del tiempo el Ha­ram del Profeta, go­zando tanto del esplendor espiri­tual como de la be­lleza arquitectónica que nos ro­deaba. Me llamaron mu­cho la aten­ción algu­nos de los techos que cu­brían parte de la Mez­quita, una espe­cie de tol­dos plega­bles cuya base la confor­man co­lumnas cu­bier­tas de mármol blanco que cuentan con un sistema por medio del cual se abren y cierran automáticamente. 

El hecho de que estos toldos se abran y cierren se­gún las diferen­tes condiciones cli­máticas, da un efecto sensorial es­pecial al interior de la Mezquita. En verano, durante el día estos toldos blancos se despliegan y dan sombra a todo el patio de la Mezquita, y durante la noche, éstos son plegados, permitiendo que corra la brisa. En invierno, en cambio, los toldos son plegados durante el día para permitir al sol que irradie sus rayos y caliente el patio, y al anochecer son desplegados para evitar que penetre el frío al interior de la Mezquita. Estos toldos plegadizos, además de toda esa precisión y finalidad, gozan de una simpleza y belleza especial.

Techo móvil (cerrado)

Techo abierto
También hay otros techos móviles en forma de cúpulas que cubren otros sectores de la mezquita, que al igual que los anteriores, protegen los patios según las diferentes condiciones climáticas. Es así que en verano, con los primeros rayos del sol, las cúpulas se deslizan suavemente a través de unos rieles hasta cubrir y echar sombra completamente sobre el ámbito, y al llegar la noche, las cúpulas regresan a su lugar, abriéndose así los techos hacia el fresco cielo nocturno, para permitir la salida del aire caliente del interior de la Mezquita.

Toldos plegables en el interior de la Mezquita del Profeta (BP).
En la pared, círculos verdes con nombres de personalidades del Islam.

Muhammad Al-Mahdî

            Además, pude apreciar que en lo alto de los patios se encuentran inscriptos los nombres de personalidades del Islam, tales como los tres primeros califas, otros compañeros del Profeta (BP), los fundadores de las cuatro escuelas de Ahl-us Sunnah y otros, y en medio de ellos se leen los nombres de los inmaculados Imames de Ahl-ul Bait (P), siendo esto algo que se ha preservado desde la época otomana.

Aprovechamos también la oportunidad de participar lo más posible de la oración en comunidad, ya que se transmitió que es preferible, estando en Medina, realizar cuarenta oraciones seguidas, de entre las oraciones obligatorias, en la Mezquita del Profeta (BP). Además disfrutábamos del hecho de saber que todos los que allí estábamos, y que habíamos venido desde los más alejados rincones del planeta, aún cuando no nos conocíamos, estábamos unidos por algo en común: la creencia en el mismo Dios, en el mismo Profeta y en el mismo Libro Divino. Es así que nos regocijábamos al establecer algún tipo de contacto y saber de nuestros hermanos en el mundo, a veces comunicándonos a través de algún idioma en que coincidíamos, ¡y otras utilizando el idioma internacional de las señas!...

La Súplica de Kumail en Medina:


La súplica de Kumeil entre la Mezquita del Profeta (a la izquierda) y el Baqî' (a la derecha)

            Finalmente, llegó el tan ansiado día. Jueves a la noche, la noche de Du‘â Kumail. Estábamos impacientes por participar lo antes posible de esta ceremonia organizada y espiritual. De grupo en grupo, tras el Salat del ‘Ishâ’,  todos los amigos de Ahl-ul Bait An-Nabawî (P) nos dirigimos hacia el lugar programado: a nuestra derecha la Mezquita del Enviado de Dios (BP), resplandeciente y totalmente iluminada, y a nuestra izquierda, el Baqî‘, completamente en penumbras y silencioso, ni una luz encendida, pero resplandeciendo por la luz del Imamato. Sí, a un lado estaba Muhammad, y al otro, la familia de Muhammad… Y en medio de ambos, cientos de peregrinos, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, que habían sido seducidos por la atracción del Du‘â Kumail, se habían dado cita allí con sus corazones rebosantes de anhelo de cubrir el espacio que separaba a Muhammad de su familia, por medio de escuchar y susurrar las letanías de ‘Alî (P).
Era como si los ángeles hubieran desplegado sus alas y esparcido el perfume de la bendición y la brisa de la sinceridad sobre todo el ámbito, y Medina, escuchaba el estremecedor clamor de “¡Ia Rabb, Ia Rabb!” - “¡Oh! Señor, ¡Oh! Señor!”- de los peregrinos, mientras la melodía quejumbrosa y bañada en lágrimas de “Ia Giâza Al-Mustagîzîn” - “¡Oh auxilio de quienes procuran auxilio!”, cubría toda la ciudad y a través de los minaretes centelleantes del Haram del Profeta, se elevaba hacia el firmamento, dirigiéndose hacia el Trono Divino, y como una sombra de misericordia y bendición, se extendía sobre el Baqî‘.
Agradecí nuevamente a Dios, desde lo profundo de mi corazón, el que me hubiera permitido haber venido a Su Casa y a la casa de Su Enviado, y sentí un profundo regocijo interior y que mi corazón se purificaba y me otorgaba una confianza y tranquilidad espiritual, y hubiese deseado que esta súplica jamás hubiese terminado… ¡Iâ man ismuhu dawâ’ ua dhikruhu shifâ’! - ¡Oh Tú, cuyo Nombre es remedio, y cuya mención es curación”! -… ¡Ten misericordia de aquel cuyo único capital es la esperanza!

Visita a algunos lugares y mezquitas sagradas de Medina:

A la mañana siguiente, antes de la salida del sol, comenzaríamos con la visita a los lugares sagrados de Medina, y renovaríamos nuestro pacto por medio del recuerdo y evocación de los Compañeros del Noble Profeta (BP). Estos lugares rebosan de la fragancia de la respiración del Profeta y del sagrado aliento de sus fieles Compañeros. En cada rincón de estas mezquitas exhalamos el perfume divino. El guía que nos acompañaba nos explicaba la historia de cada uno de los lugares que visitábamos.

Mezquita de Qubâ
En primer lugar, partimos hacia Qubâ, siguiendo el consejo del Imam Ya‘far As-Sâdiq (P), ya que se narró que cierta persona le dijo: “Visitaremos las Mezquitas que se encuentran alrededor de Medina, entonces ¿por cuál de ellas comienzo?”. Dijo (P): “Comienza por Qubâ, y reza mucho en ella, puesto que es la primera Mezquita donde rezó el Profeta (BP) en esta región”.
Qubâ está a solo unos 3 km., al lado suroeste de la ciudad de Medina. El 12 de Rabî‘-ul Awwal, antes de que el Mensajero de Dios (BP) llegara a la ciudad de Medina tras su emigración, la tribu de Banî ‘Amrû ibn ‘Auf, que vivía en Qubâ, y que día y noche habían estado esperando su llegada, subieron a los techos para recibir profusamente al Profeta. De repente, alguien gritó: “Ahora mismo el sol brillante del Mensaje se aproxima hacia nosotros”. El Profeta, apenas entró al territorio de Qubâ comenzó con la construcción de los cimientos de la Mezquita con sus propias manos, de tal forma que los Compañeros le requerían que dejara todo el trabajo para ellos y que no había necesidad que él se esforzara, pero el Profeta no aceptó diciendo: “Ha triunfado quien construye mezquitas, y recita el Corán de pie y sentado”. Y según lo que transmitieron los exégetas, la aleya 108 de la Sura At-Taubah descendió en relación a la Mezquita de Qubâ, en contraposición de la “Mezquita del perjuicio (Darâr)” que los hipócritas habían construido para perjudicar a los verdaderos creyentes: “Una mezquita que desde el primer día ha sido cimentada en el temor de Dios es más digna de que ores en ella, pues en ella hay hombres que ansían purificarse…”. Además, el Enviado de Dios (BP) dijo: “Quien venga a la Mezquita de Qubâ, y rece en ella dos ciclos de oración, regresa habiendo realizado la ‘Umrah (peregrinación menor)”.

Ubicación de la Mezquita del Profeta (derecha) en Medina y la montaña de Uhud (izquierda)

Tras realizar dos ciclos de oración allí, nos encaminamos hacia Uhud. Uhud es el nombre de un conjunto de grandes y pequeñas montañas que se encuentran al norte de Medina, que tienen una extensión de 6000 metros a lo largo, y en general son de un color rojizo tendiendo a marrón. Ac tualmente, debido al ensancha miento de la ciudad, una gran parte de esta área está cubierta de construcciones.

Uhud

Fue aquí que acaeció la se­gunda batalla entre los musul­manes y los incrédulos de La Meca, en el año 3 de la Hé­gira. Las fuerzas enemigas esta­ban compuestas por 3000 incré­dulos, mientras que las del Is­lam, no eran más que 700 com­batientes. El Enviado de Dios (BP) le había ordenado a ‘Abdul·lah ibn Yubair, que estuviera alerta para que el enemigo no atacara por detrás y que hasta el final de la batalla no se moviera de su lugar. Tras el primer ataque los incrédulos retro­cedieron, dándose a la fuga, pero un grupo de alrededor cuarenta mu­sulmanes desoyeron las órdenes del Profeta de no moverse de su lugar hasta que él lo ordenara, y por más que ‘Abd-ul·lah intentó impedírse­los, no le obedecieron, dejando sus puestos y abalanzándose a recoger los trofeos de guerra que habían abandonado los incrédulos. Al ver esto, Jâlid ibn Al-Walîd, el coman­dante de los mequinenses, junto a su ejército, atacaron repentina­mente y por detrás al ejército del Islam. Es así que los musulmanes, tras una presta victoria, fueron luego derrotados, y Hamzah, el tío del Profeta (BP) y alrededor de setenta musulmanes más, fueron martirizados.
Hind, la esposa de Abû Sufiân, que sentía un profundo odio por Hamzah, le había ordenado a Wahshî, el esclavo de Yubair ibn Mut‘im que lo matara, por lo que Wahshî, en medio de la batalla, cuando Hamzah estaba sumido en la lucha, le arrojó una lanza desde lo lejos, causándole la muerte. Hind y las mujeres de Quraish mutilaron su cuerpo y con las partes del cuerpo de Hamzah y del resto de los musulmanes hicieron collares y aros. Hind, además, seccionó el estómago de Hamzah para quitarle el hígado y comérselo, pero por más que lo intentó no pudo morderlo.
Hadrat Hamzah se contaba entre los célebres e ilustres de Quraish y ad­hirió al Islam en el se­gundo año de la Bi‘zah, emigrando luego a Me­dina. Por orden del Profeta fue apodado Asad-ul·lah, Asad-u Rasûluh y Seîid-ush Shuhadâ’. Cuando es­cuchó que Abû Yahl había insultado y ofendido al Enviado de Dios (BP), lleno de ira entró a Mas­yid-ul Harâm, y al ver a Abû Yahl sentado junto a la Ka‘bah lo golpeó con su arco sobre su cabeza con toda su furia y le dijo: “¡Yo acepté la religión de Muhammad! ¿Por qué lo insultaste?”.
La adhesión de Hamzah al Islam jugó un papel importante en otorgar fuerza al Islam y en evitar muchas molestias e incomodidades al Noble Profeta (BP), al punto que ‘Alî (P) diría luego: “¡Ojalá tras la muerte del Enviado de Dios, yo hubiera contado con la ayuda de dos compañeros como Ya‘far At-Taiiâr y Hamzah!”.

Sepulcro de Hamzah en Uhud
Hamzah había parti­cipado de la batalla de Badr y allí había dado muerte a uno de los grandes del ejér­cito de la incredulidad, que se enorgullecía de su vigor y pujanza. Hamzah es un már­tir que en el momento de su martirio se encontraba ayu­nando. Es alguien por quien Fâtimah Az-Zahrâ (P) se dirigía a su tumba cada semana y lloraba por él, y respecto a quien el Profeta de Dios (BP) dijo: “Todo el que me visite pero no visite a Hamzah, me ha desdeñado”. Hamzah es un mártir por quien, cuando el Enviado de Dios vio que las mujeres de Medina lloraban y se lamentaban por el resto de los mártires, con ojos lagrimosos dijo: “¡Qué lástima que no hay nadie que llore por Hamzah!”, por lo que las mujeres desde ese momento hicieron tanto duelo por él que el Enviado de Dios dijo en virtud de ellas: “Regresad a vuestras casas que Dios os compensará por vuestros lamentos con Su misericordia y benevolencia”.

Cementerio de los mártires de Uhud
La tumba de Hamzah y Mus‘ab ibn ‘Umair se encuentran juntas, y las del resto de los mártires, un poco más alejadas, todas ellas al pie de la montaña de Uhud. Los sepulcros están cercados por cuatro paredones, cuyas puertas siempre cerradas y los barrotes de hierro, obligan a los visitantes a leer la Ziârah de los mártires de Uhud por detrás de las rejas. As-Salam-u ‘Alaika ia Seîid-ush Shuhadâ… ¡La paz sea contigo, oh Señor de los Mártires! ¡Oh León de Dios y de Su Enviado!
           
            Dejamos Uhud para dirigirnos a la Mezquita de Dhûl Qiblatain, dejando impreso y vivo para siempre en nuestros corazones, el recuerdo del León de Dios y del resto de los mártires en el camino del Islam, y llevándonos con nosotros esta gran lección que aprendimos del final que tuvo la Batalla de Uhûd, y nos preguntamos, ¿por qué el año anterior, en Badr, a pesar de que los musulmanes se encontraban menos preparados, obtuvieron la victoria, pero en Uhud, cuando se encontraban más fortalecidos y organizados, fueron derrotados? ¿Por qué los musulmanes en la Batalla de Uhud, tras haber obtenido la victoria con el primer ataque, fueron repentinamente derrotados? ¿Acaso Dios no había prometido a los musulmanes la victoria en esta Batalla? La respuesta nos la da el mismo Corán, cuando dice: “Dios ya os había cumplido Su promesa cuando, merced a Él, les aniquilasteis; mas cuando comenzasteis a vacilar y a disputar acerca de la orden, la desobedecisteis, a pesar de que Él os había mostrado cuanto anhelabais. Una parte de vosotros ambiciona la vida mundanal mientras la otra suspira por la futura” (Âal ‘Imrân; 3:152).
            Sí, el secreto del triunfo del Islam es la fe en Dios, la resistencia ante las pasiones del ego, la unidad en las filas y palabras de los musulmanes, y la obediencia al líder. ¡Es así que obtendremos la victoria!

Mezquita Dhûl Qiblatain

            La Mezquita de Dhûl Qiblatain está ubicada al no­roeste de Medina y se cuenta entre las mezquitas históricas del Islam. La Mezquita de Dhûl Qiblatain, por medio de dos cúpulas simples pero re­pletas de esplendor, se des­taca por sobre el resto de los edificios de los alrededores, seduciendo a los corazones hacia ella. El espacio místico de una edificación pura e in­maculada y el ambiente atra­yente de esta mezquita deja grabado por siempre un recuerdo espiritual especial en la mente de los peregrinos, y su construcción íntima y simple, más que cualquier otra cosa, da la bienvenida a los visitantes.
Fue narrado que el Profeta del Islam (BP) y el resto de los musulmanes, desde la Bi‘zah hasta principios de la Hégira, realizaban sus oraciones dirigidos hacia Jerusalén, hasta que los judíos comenzaron a molestar al Profeta diciéndole que él aseguraba que el Islam era una religión independiente y que la ley islámica era la última Ley divina y abrogante de las anteriores, pero que al mismo tiempo él rezaba hacia la misma qiblah que los judíos. Esto afligía en demasía al Profeta, por lo que durante las noches salía de su casa y miraba al cielo, esperando alguna orden divina que lo sosegara, hasta que en el mes de Sha‘bân del año 2 de la Hégira, en que el Profeta se encontraba en esta mezquita realizando el rezo del mediodía, aun cuando faltaban dos ciclos de dicha oración, descendió el Ángel Gabriel, y le reveló la siguiente aleya coránica: “Por cierto, ¡Oh Enviado!, que a menudo te observamos tornar el rostro hacia el cielo; mas ten por seguro que te dirigiremos hacia una qiblah que te satisfaga. ¡Torna, pues tu rostro hacia la santa Mezquita de La Meca!…” (Al-Baqarah; 2:144), tras lo cual Gabriel (P) tomó la mano del Profeta (BP) y lo hizo tornarse hacia Masyid-ul Harâm, de forma que por efecto del cambio de qiblah, los hombres se ubicaron en el lugar de las mujeres, y éstas en el sitio de los hombres. Es así que la primera parte de su oración fue hacia Bait-ul Muqaddas, y la última parte de la misma hacia la Ka‘bah, por lo que se la llamó desde entonces Masyid Dhûl Qiblatain (la mezquita de las dos qiblah).
En esta Mezquita, como evocación de este cambio acaecido, fueron construidos dos Mihrâb, uno hacia Bait-ul Muqaddas y otro hacia la Ka‘bah, pero lamentablemente y sin ningún motivo, tras las últimas reparaciones de la Mezquita, ¡¡estos Mihrâb fueron quitados!!!

Mashrabat-u Umm Ibrâhîm

            Dejamos la Mezquita de Dhûl Qiblatain, y junto al resto de nuestros compañeros de viaje nos encaminamos hacia el Mashrabat-u Umm Ibrâhîm (el regadío de Umm Ibrahim -María la Copta-, esposa del Profeta). Este regadío está ubicado al sur-este de Medina. Es sabido que el Profeta (BP) dispuso un tonel de agua en este huerto para beber de allí. Esta casa nos evoca los recuerdos del Profeta y su profundo amor por su hijo Ibrahîm. Esta parcela de tierra, con su simpleza y esplendor especial, nos trae a la mente los dulces tiempos de Medina y la sencilla vida del Enviado del Islam. Todo lo que allí se encuentra hoy en día, es una parcela de alrededor de diez metros por diez metros, rodeada de un paredón de una altura de un metro y medio, que se encuentra en estado de ruina. Al lado, existía antes un cementerio rodeado también de paredes, y allí se encuentra el sepulcro de Naymah, la madre del octavo Imam ‘Alî ibn Musâ Ar-Ridâ (P).


Mezquita Fadîj o Radd-ush Shams

Tras ello nos dirigimos a la Mezquita de Fadîj, acompañándonos en nuestro trayecto hacia ella, frondosas palmeras datileras. Este lugar se encuentra cerca del Mashrabat-u Umm Ibrâhîm. Fadîj significa “palmera” o “dátil”, también se dice que: es un embriagante que se hace con dátil. Fue narrado que un grupo de musulmanes estaba reunido en una casa bebiendo embriagantes y por efecto de la embriaguez, cayeron desvanecidos. En ese momento descendió la aleya que prohíbe los embriagantes, y cuando les llegó la noticia, se arrepintieron, rompiendo las vasijas de dicha bebida y construyendo en su lugar una Mezquita. También esta Mezquita es llamada Masyid Radd-ush Shams, por considerarse que fue en este lugar que Amîr-ul Mu’minîn ‘Alî (P) hizo volver el sol.


Vista aérea de la región de Jandaq donde pueden apreciarse cuatro de las siete mezquitas que allí se encuentran:
la de 'Alî (P), la de Fátima (P), la de 'Umar y la de Abû Bakr.

            Nos acercamos ahora a Masâyid-us Sab‘ah (las siete mezquitas), en la región que acaeció la Batalla de Jandaq, donde hay un grupo de mezquitas que están ubicadas una cerca de la otra, y cada una se conoce con un nombre: Fath, ‘Alî ibn Abî Tâlib, Fâtimah Az-Zahrâ, Salmân Al-Fârsî, Abû Bakr y ‘Umar. En la parte izquierda de ellas, en épocas de dicha batalla, por consejo de Salmân Al-Farsî y la aprobación del Mensajero de Dios, había sido cavada una zanja para evitar que el ejército de los incrédulos ingresara a la ciudad de Medina.

Mezquita de Fátima (P)

En medio de todas ellas, más que todas, la Mezquita de Fâtimah Az-Zahrâ (P) atrae nuestra atención por su sen­cillez. Se relata que Fâtimah acostumbraba dirigirse a ella y rezar una oración de agra­decimiento. Además de los amigos de Ahl-ul Bait (P), que de grupo en grupo se aglo­meran para visi­tar esta Mezquita, musul­manes de otras escuelas también, ansiosos, se encami­nan hacia ella, para acariciar la puerta, las paredes y el Mihrâb de la misma con sus manos, para luego frotarlas sobre sus rostros por bendiciones, y tras ello rea­lizan una oración de Tahîiah o salutación, y se dedican a las súplicas.


Mezquita de 'Alî (P)

            Nos despedimos de esta Mezquita y apartamos de ella nuestras miradas implorantes para dirigirnos a la Mezquita de ‘Alî (P). Esta Mezquita también tiene una construcción muy simple, pero desde el punto de vista espiritual, es esplendorosa. Tras encaramarnos en medio de la multitud que afanosamente intenta llegar a la entrada a través de una sencilla escalinata de ladrillos, finalmente llegamos a ella, y como se acostumbra al ingresar a cada Mezquita, rezamos también en ella un Salat de Tahîiah. Fue narrado que durante el período en que los incrédulos mantuvieron rodeada la ciudad durante la batalla de Jandaq, Amîr-ul Mu’minîn se dirigía a este lugar para adorar.

Mezquita de Salmân Al-Fârsî

            Tras descender nuevamente, visitamos la Mezquita de Salmân Al-Fârsî. La existencia de esta Mezquita nos reseña los esfuerzos imponderables de Salmân en este territorio y su astucia, tenacidad y persistencia en la Batalla de Jandaq.

Mezquita de Fath
            Nos alejamos de la Mezquita de Salmân, este honorable Compañero del Profeta, para visitar ahora la Mezquita de Fath.
            Esta mezquita es muy pequeña y está ubicada en el noroeste de la ciudad de Medina, en la ladera de la montaña de Sal‘. El único camino para dirigirse hacia ella es una angosta escalinata de cemento que fue construida para este efecto. Fue en este lugar que el Enviado de Dios (BP) en la Batalla de Jandaq pidió la victoria a Dios, respondiéndosele su súplica al ser derrotados los incrédulos. Esta mezquita también se conoce como Mezquita de Jandaq o Mezquita Al-Ahzâb, porque, por un lado, está ubicada en el territorio de Jandaq, y por otro, durante dicha batalla muchos grupos (ahzâb) se unieron para combatir a los musulmanes. También se narró que la Sura Al-Fath fue revelada en este lugar al Profeta.
            Algunos consideran que la séptima de las mezquitas que conforman Masâyid-us Sab‘ah es la Mezquita de Dhûl Qiblatain.
           
Mezquita de Mubâhalah o Iyâbah

Con intención de visitar la Mezquita de Mubâhalah, también conocida como Masyid Al-Iyâbah[2], damos por terminada nuestra visita a Masyid-us Sab‘ah.
Pasamos al frente de la Mezquita del Profeta (BP), hacia la avenida ‘Abdul ‘Azîz, y al final de dicha calle, hacia la avenida Sittîn. Entonces, en la parte norte de la misma, llegamos a una Mezquita conocida como Mubâhalah que se encuentra en el corazón de la ciudad de Medina y que fue restaurada recientemente, e ingresamos a ella recordando la historia de la misma.
Mubâhalah, lingüísticamente significa “imprecarse mutuamente”. En el año décimo de la Hégira, un grupo de cristianos de Nayrân (una región del Yemen, al sur de Arabia), se presentó ante el Enviado de Dios (BP) para dialogar con él respecto al Profeta Jesús –que la paz sea con él-. El Profeta (BP) les respondió: “Jesús es el siervo de Dios y Su palabra, que insufló a María”. Entonces le dijeron: “¿Cómo es posible que un hombre nazca sin tener padre?”, tomando ello como indicio de su condición divina, por lo que descendió una aleya coránica explicando: «El ejemplo de Jesús es como el ejemplo de Adán…» (Âal ‘Imrân; 3: 59). Al no llegar a un acuerdo, el Enviado de Dios, por orden divina dijo: «¡Venid! ¡Convoquemos a nuestros hijos y a los vuestros, a nuestras mujeres y a las vuestras; a nosotros mismos y a vosotros mismos; luego deprequemos para que la maldición de Dios caiga sobre los embusteros!». (Âal ‘Imrân; 3: 61).


Aquel día, que según algunas tradiciones era el 24 y de acuerdo a otras el día 21 de Dhûl Hiyyah, el Profeta de Dios, junto a ‘Alî, Fâtimah, Hasan y Husain (P), se presentaron en el lugar convenido para realizar la Mubâhalah. Los cristianos, al observar la excelsitud de estos seres inmaculados, temieron y se abstuvieron de realizar la Mubâhalah, firmando finalmente un pacto con el Enviado de Dios.


La Oración del Viernes (Salat-ul Yum’ah):

            Tras concluir con la visita a esta Sagrada Mezquita, regresamos al hotel, que se encuentra a unos metros de la misma, agotados pero con nuestro corazón repleto de emoción y sosiego, y tras un breve descanso, nos preparamos para participar de la ceremonia del Salât-ul Yum‘ah, la Oración del Viernes.
La gente, de grupo en grupo, desde los callejones y alrededores de la ciudad, al igual que un estrepitoso y bramante torrente, se apresura deseosa hacia el Harâm del Elegido (BP) para erigir la Oración del Viernes y no quedar rezagados de este grandioso precepto divino. Unos desde la India, otros desde China, un tercero desde Europa y muchos más desde Asia, cada cual con sus vestimentas tradicionales, ciñen las filas ordenadas del Salat-ul Yum‘ah, una oración que materializa la obediencia y el compromiso de los musulmanes del mundo. Es por ello que sería adecuado que en esta tribuna internacional, donde incluso el Enviado de Dios se encuentra presente, atrayendo a los musulmanes desde los más lejanos puntos de la Tierra como un imán poderoso, y otorgando esta grandeza y unidad a los musulmanes que preparan sus corazones y oídos para aplacar sus espíritus y saciar sus intelectos al escuchar una Jutbah política-religiosa como solía hacerlo él mismo… sería adecuado que en tal oportunidad el texto de tal Jutbah estuviera más de acuerdo a los problemas y necesidades del mundo islámico, y que, así como los ávidos políticos enemigos del Islam recorren los rincones del mundo para destruir al Islam y a los musulmanes, los sabios e imames de la Oración del Viernes, cada tanto se reunieran y pensaran algo para hacer prosperar al Islam y eliminar las disputas de la sociedad islámica. Entonces, sin dudas debemos hacer caso omiso a los gustos personales y a las diferencias insignificantes, y unirnos en una sola fila, para reavivar y ratificar la Palabra Divina en el mundo.




[1] Esta Mezquita también se conoce como Masyid-ul Iyâbah (Mezquita de la Respuesta), puesto que Dios respondió la súplica del Profeta (BP) en ella. Se narró que: Cierto día el Profeta (BP) pasaba por este lugar, por lo que ingresó a la mezquita y realizó allí dos ciclos de oración, tras lo cual suplicó a Dios. Tras ello dijo: “Pedí tres cosas a mi Señor; me respondió a dos de ellas, pero rechazó una. Le pedí a Dios que no exterminara a mi comunidad con la sequía, y respondió a mi súplica. Le pedí a Dios que no aniquilara a mi comunidad por medio de ahogarse, y respondió a mi súplica. Mi tercera súplica fue que no permitiera que surgiera la discordia entre mi comunidad, pero la rechazó”. (Ta’rîj-ul Madînah Al-Munawuarah, de Ibn Shubbah, T. 1, p. 67).


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