viernes, 19 de noviembre de 2010

DIARIO DE UN PEREGRINO / Parte 5




Dijo el Enviado de Dios (BP):

Quien realice la Peregrinación a la Casa de Dios y no me visite, en verdad que me habrá desdeñado

Nos dirigimos a la ciudad del Profeta, a unos 500 km de La Meca, recordando aquel 27 de Safar en que el Enviado de Dios -las bendiciones y la paz de Dios sean con él y su descendencia- emigró de La Meca hacia Iazrib, llegando allí el 12 de Rabî’ul Awwal, hecho histórico que originó el más importante móvil para la conformación y transformación de Iazrib a Madînat-un Nabî: la ciudad del Profeta. Aquel día en que el Mensajero de Dios (BP) emigró hacia Iazrib, todos los incrédulos de La Meca se habían confabulado para verter su bendita sangre, en cambio nosotros lo hacíamos con completa seguridad, sin temor a persecución alguna. Podía corporizar en mi mente aquella telaraña que, ordenada por Dios, impidió que los incrédulos dieran con el Profeta, quien se encontraba protegido por ella, en la cueva de Zaur.

            Cuando ‘Alî (P) salió de La Meca tras tres días de la partida del Enviado de Dios (P), y llegó hacia donde estaba el Profeta en Qubâ, en los alrededores de Medina, sus benditos pies estaban tan lastimados y cubiertos de sangre, que ya no podía caminar más. En cambio nosotros nos dirigíamos con completa comodidad y sosiego, protegidos del intenso calor por el aire acondicionado del autobús.
            Por este mismo recorrido el Imam Hasan (P) se dirigió caminando a La Meca veinticinco veces en su vida para realizar el Hayy, y a pesar de que podía elegir para sí las mejores cabalgaduras, prefería dirigirse a la Casa de Dios caminando bajo los rayos del ardiente sol y sobre la incandescente arena del desierto. Por esta moderna carretera solo pasamos cerca de Gadîr Jumm, donde un día el Profeta levantó la mano de ‘Alî declarándolo líder, Imam y guía de los musulma­nes tras de sí.


       Madînat-ul Muna­wwarah, ciudad lumi­nosa, desde donde la luz de la guía y la re­velación, la luz de la fe y el conocimiento, la luz de la libertad y la justicia, iluminaron al mundo entero. Medina, ciudad a la cual emigró el Profeta en el año 622 de la era cristiana, marcando esa misma emigración el comienzo del calendario islámico. Ciudad cuyos rincones guardan recuerdos del Profeta. Medina, ciudad de ciudades, en la que los Ansâr, desde las azoteas de sus casas aguardaban día y noche la llegada de su emancipador. Hasta que de repente, alguien gritó: “Ahora mismo está viniendo hacia nosotros el sol brillante del Mensaje”. Y todos recibieron a su Profeta con los brazos abiertos, brindándole seguridad y entonando todos a coro… “Apareció la luna llena sobre nosotros desde Zaniât-il Wadâ‘…”.
Aquel día el camello del Profeta se detuvo en la tierra de dos huérfanos de Banî Nayyâr, a quienes les pagó diez dinares, a pesar de que ellos querían donar la tierra para la construcción de la Mezquita, y hasta que ésta y la habitación del Profeta fueron construidas, el Enviado de Dios permaneció en la casa de Abû Aiiûb. Y ahora nosotros, imitando a los Emigrantes, nos dirigíamos en procura de las huellas de los Ansâr.

En verdad que Medina es un corazón palpitante que atrae a miles de miradas deseosas; un museo histórico, y por qué no ha de ser así, desde que es una ciudad donde se afianzó la hermandad islámica, donde el esplendor del Profeta logró que la antigua discordia entre los Aus y los Jazray llegara a su fin, cerrándose además el pacto de hermandad entre los Emigrantes y los Ansâr, surgiendo así la “Constitución” de Medina, la cual representa el más perfecto y abarcador anuncio de los derechos humanos, la cual fue escrita en esta ciudad en un período menor a un año de la Emigración, echándose así las raíces del gobierno islámico. Medina, donde descendieron la mayoría de las aleyas legislativas, sociales, políticas, económicas y morales, y desde donde los alumnos de la escuela del Imam As-Sâdiq (P) esparcieron el conocimiento a la humanidad.
¡Oh Medina!, intercede ante el Profeta por nosotros, considéranos a nosotros también de entre los Ansâr y permítenos tener una parte de lo que corresponde a los Muhâyirîn!

            Ingresamos a la ciudad llenos de expectativas. Primero nos dirigimos al hotel para dejar nuestros equipajes y hacer un Gusl preferible para antes de ingresar a la Mezquita. Al salir, nos agradó saber que el hotel estaba ubicado a dos calles de la Mezquita de Mubâhalah, y que la mezquita del Profeta se encontraba tan cerca del hotel, que podíamos llegar a ella muy pronto, a pie.
            Mirando con los ojos del corazón, podía ver las huellas del Profeta y sus Compañeros en las callejuelas, pasajes y bazares.
            La ciudad del Profeta, la ciudad del Corán, la ciudad de Ahl-ul Bait, con ellos sea la paz. Es aquí desde donde el Enviado de Dios (BP) lideró a una gran nación; es aquí donde ‘Alî asistía a su Profeta; es aquí donde nuestros pies pueden tocar el Trono divino, porque aquí ponemos nuestros pies sobre las huellas de Az-Zahrâ (P).
            Los peregrinos, ansiosos, de grupo en grupo, se dirigían al Haram del Enviado de Dios. Cada grupo de diferentes naciones islámicas, de cuyas vestimentas podíamos claramente deducir de qué punto de la tierra habían llegado allí, y a pesar de que nos diferenciábamos unos con otros por los idiomas, razas, colores y vestiduras, pero todos, absolutamente todos, teníamos un solo Dios, un solo Libro, una sola Qiblah y un mismo Profeta.
            En verdad que el halo sagrado que propagó el nombre de Madînat-ul Munawwarah, surgió a partir de la Mezquita del Noble Profeta, una mezquita que se constituyó al elevarse el grito cautivante del Islam y exhalar éste su albor en la Península Arábiga, para convertirse con el paso del tiempo en un polo atrayente y una señal manifiesta de la religión y arquitectura islámica. Una mezquita que cambió el destino del mundo y de la humanidad, una base de la que emergieron las más grandiosas transformaciones humanas.
            Continuamos encaminándonos hacia ella con completa serenidad, tratando de mantener nuestras mentes y labios ocupados en el recuerdo, glorificaciones y alabanzas a Dios, y en continuos saludos al Profeta y a su bendita fami­lia, evitando las charlas va­nas, tratando de cumplir con todo lo que es recomendable hacer cuando uno se dirige a hacer Ziârah.




De repente, vi aso­marse la cúpula verde del dueño del Mensaje, y los mi­naretes que la rodeaban, er­guidos arrogantemente, enarbolaban luminosas lunas crecientes[i] que parecían al­canzar los cielos, mientras que el sol, en representación del reino celestial, acariciaba su cúpula. Era demasiada sublimidad la que veían mis ojos. En aquellos momentos sentí que la tierra y el tiempo de Medina se habían conjugado en la fragancia de la respiración del Profeta. 




Y vi a las criaturas de Dios apoyadas sobre las paredes de la Mezquita, y a otros con sus miradas dirigidas hacia la cúpula, sin pretender ningún tipo de posición y ventaja por sobre los demás.


En verdad que el color verde tiene tal efecto en el alma y el cuerpo, que al ver esta cúpula mi espíritu comenzó a elevarse en el mundo de la imaginación hacia el mundo angelical, y ante tanta grandeza e impotencia no pude sino hacer una prosternación de agradecimiento a Dios, Todopoderoso. ¡As-Salâm-u ‘Alaika ia Rasûla Al·lah! ¡La Paz sea contigo, oh Mensajero de Dios! ¡La paz sea contigo oh Sello de los Profetas! ¡La paz sea contigo, oh señor de los Enviados! ¿Acaso nos permites la entrada a tu casa?


            Cuando nos acercamos más, vimos las numerosas puertas por las que podíamos ingresar: Bâb-ul Baqî , Bâb-ur Rahmah, Bâb-us Salâm, Bâb-un Nisâ’, Bab-u Yibrâ’il [ii]… 


Bâb-ul Baqî'


Bâb-ur Rahmah

Bâb-un Nisâ'


Debíamos pedir permiso al Profeta (BP) para entrar, porque aquí era la casa del Enviado de Dios. Al principio también se encontraban aquí las casas de otros Compañeros cuyas puertas se abrían a la Mezquita, pero luego, por orden de Dios, el Profeta hizo cerrar todas esas puertas, excepto la suya y la de ‘Alî y Fâtimah (P), que se encontraba cerca de Bâb-u Yibrâ’il y que ahora se encuentra incluida dentro de los límites del recinto sepulcral del Profeta (BP).

Bâb-u Yibrâ'îl
            Parece ser que Bâb-u Yibrâ’îl es esa misma puerta que se habría desde la casa del Enviado de Dios para que ingresara el Angel Gabriel (P) cuando descendía de los cielos. Allí mismo golpeaba la puerta y entraba solo después de obtener el permiso del Profeta. Se presentaba ante él y le traía las noticias de Dios, tras lo cual se despedía y ascendía a los cielos. Es por ello que, imitando a los ángeles, ingresamos al recinto con completa serenidad, mesura y concentración, que son unas de las condiciones  para la perfección de la Ziârah.
            Ya adentro, apresuramos nuestros pasos, mientras podíamos escuchar en el espacio la recitación de la Luz, cuyas ondas habían quedado allí desde hacía mil cuatrocientos años, desde aquellos días en que las aleyas descendían al corazón del Profeta, y él las recitaba a la gente en esta misma Mezquita, para que las memorizaran y las transportaran desde sus corazones a pergaminos perpetuos.
            Podía vislumbrar los límites de la casa del Enviado de Dios en medio de aquellas altas y grandiosas columnas, hasta podía escuchar sus palabras que llegaban a mis oídos desde aquel ima­ginario Minbar [iii] y ver sus inclinaciones y prosternaciones en aquel bendito Mihrâb[iv], desde donde se elevaban a los cielos sus oraciones. Aquí pude com­prender todo, todo el Islam, los re­cuerdos del comienzo del Islam; re­pasé todo por medio de las alas de la reflexión, hasta que las escenas co­menzaron a sucederse una tras otra; los esfuerzos y penas del Enviado para los mundos ante los incrédulos de Quraish, el sacrificio de sus Com­pañeros y el martirio de sus seres queridos. La emigración, la construcción de la primera Mezquita en Qubâ, la guerra de Badr, Uhud, Al-Ahzâb, Jaibar, la conquista de La Meca ...
            Sí, oh Profeta, vinimos a visitarte para revivir todos esos eventos, pero nos avergüenza decir que somos de tu comunidad. ¡Oh Profeta! Según la aleya coránica, el día de la Resurrección tú te quejarás ante Dios de tu comunidad diciendo: «¡Oh Señor mío! Por cierto que mi pueblo ha abandonado este Corán» (25:30), algunos leyeron pero no entendieron, otros entendieron mal, algunos no actuaron de acuerdo a él, otros actuaron pero sin sinceridad. Algunos hicieron una separación entre el Corán y la Gente de la Casa profética -quienes eran los verdaderos esclarecedores del Corán-. Y otro grupo creyó en algunas aleyas abandonando las otras...


            Cuando llegamos frente al recinto sepulcral[v], lo encontramos cubierto de tanto en tanto por estantes repletos de Coranes que tapaban la visión hacia adentro del recinto. Nos detu­vimos frente a él, lamentándonos de no poder acariciar aque­llas rejas que nos acer­caban un poquito más a nuestro Profeta, por lo que solo nos entre­gamos a las súplicas, pidiendo perdón a Al·lah y arrepintién­donos de nuestras faltas, mientras rogábamos al Profeta (BP) que intercediera ante Al·lah por nosotros y nuestros seres queridos, puesto que dijo Dios en el Corán: «Si cuando fueron in­justos con­sigo mismos hubie­sen recurrido a ti y hu­bieran implorado el perdón de Dios, y si también el Men­sajero hubiese im­plorado por ellos, hubiesen encon­trado a Dios Indulgente, Misericordiosísimo» (4:64)
            ¡Oh Profeta! Tú eres aquel mismo que en el día de la Conquista de La Meca perdonaste a todos aquéllos que te habían combatido. ¡Oh Profeta! Tú eres aquel mismo respecto a quien Dios Altísimo dijo: «Por cierto que tú eres de magnífico carácter» (68:4). ¡Oh Profeta! Tú puedes interceder ante Dios para que perdone los pecados de toda tu comunidad; entonces ¡oh Profeta! intercede por nosotros que hemos venido a ti de lejos esperanzados en tu misericordia. Henos aquí como tus invitados; intercede por alguien que no tiene nada más que la esperanza en tu intercesión, intercede por todos los musulmanes del mundo que se encuentran hoy oprimidos…
           

Ar-Raudat-ush Sharîfah

         Me alejé un poco del bendito sepulcro para poder realizar la Ziârah con tranquilidad, agradeciéndole a Al·lah que en este mismo mundo me permitió dar pasos en el Paraíso, ya que leemos en las tradiciones del Profeta que en el espacio que se encuentra entre el Minbar del Santo Profeta (BP) y la casa del Enviado de Dios, que ahora constituye su lugar de sepulcro, está el Raudat-un Nabawî, que constituye un jardín de entre los jardines del Paraíso[vi].
            Sí, agradezco a Al·lah que en este mundo vine a visitar a alguien que me devolvió a la vida, sacándome de la ignorancia, las divisiones y las tinieblas, hacia la luz, el monoteísmo, el conocimiento y la unidad. «¡Oh creyentes! ¡Responded (afirmativamente) a Dios y al Enviado cuando éste os convoque a lo que os da la vida!» (8:24).
            ¡Oh Profeta! Testifico que has comunicado el Mensaje, que realizaste la oración, diste el Zakât, ordenaste lo bueno, prohibiste lo malo y adoraste a Dios hasta que te llegó la certeza. Entonces, ¡que las bendiciones y la misericordia de Dios sean sobre ti y sobre la purificada gente de tu casa!… ¡Oh Profeta! “Alabado sea Al·lah, Quien nos salvó a través tuyo de la idolatría y de la perdición”…
            Tras leer la Ziârah al Profeta (BP) hice un salât de dos ciclos en la Raudah, en procura de mayor bendición. Me quedé sentada allí, y podía imaginar al Profeta cómo cargaba rocas con sus propias manos y ayudaba en la construcción de esta Mezquita… y podía ver a Bilâl trepándose a lo alto de ella, para ya arriba, erguir su rostro hacia los cielos, queriendo abarcar toda la grandeza del Altísimo con sus manos abiertas hacia el Trono Divino, sacando de su pecho su más vibrante y resonante ¡Al·lah-u Akbar!
En esta Mezquita, la más importante después de Masyid-ul Haram, se fortalecían las fuerzas militares. En ella se instruía y enseñaba a los musulmanes, desde ella se emitían mensajes a los alrededores y se firmaban convenios. Ésta es una Mezquita en la que rezar una oración en ella equivale ante Dios a rezar mil oraciones en otras mezquitas, a excepción de Masyid-ul Harâm.
            Aquí estaba la casa del Mensajero de Dios (BP), que hasta el año 88 de la hégira permaneció con su construcción original y simple, y los hijos del Imam Al-Hasan y del Imam Al-Husain (P) vivían en aquellas habitaciones, hasta que Walîd ibn ‘Abd-ul Malik destruyó esas habitaciones y las incorporó a la Mezquita desapareciendo esa bendita reminiscencia.
            A su alrededor estaban también las casas de las esposas del Profeta, y cuando el Enviado de Dios (BP) fue al encuentro de su Señor, fue sepultado en la casa de ‘Aishah, quien al ver que se acercaban los últimos momentos de la vida del Enviado de Dios, pidió permiso al resto de las esposas del Profeta para que permitieran que él (BP) permaneciera en su casa, hasta que finalmente murió.
            Al lado de esta Mezquita, en un lugar llamado Suffah[vii], vivían, en completa indigencia, musulmanes del comienzo del Islam, como Salmân, Abû Dhar, ‘Ammâr ibn Iâsir, Miqdâd, Bilâl y Hudhaifah, que por auxiliar al Profeta y resguardar su religión también emigraron a Medina.


            En esta Mezquita fue que Abû Lubâbah, uno de los Compañeros del Noble Profeta, después de la derrota de Banû Qarîzhah, a causa de cometer un gran pecado, fue desdeñado por el Profeta (BP) y los Compañeros, tras lo cual se arrepintió tanto que se ató a sí mismo a una de las columnas de la Mezquita y permaneció allí algunos días sin comer hasta que el Enviado de Dios (BP) fue informado a través de una revelación que se le había aceptado su arrepentimiento. Entonces desató las cuerdas y en agradecimiento a la aceptación de su arrepentimiento, regaló sus bienes para la causa de Dios. Y aún hoy, esa misma columna, que se llama “Columna del Arrepentimiento”, está ubicada entre la tumba del Profeta y el Minbar, y se ha narrado que es preferible realizar allí dos ciclos de oración, y entregarse a las súplicas y al arrepentimiento sincero.
Otras columnas también guardan en sí recuerdos y sucesos de los primeros días del Islam: la columna “Sarîr”, donde se encontraba el sitio del Enviado de Dios (BP), adonde se situaba durante los días de I‘tikâf (retiro espiritual durante tres días en las mezquitas). Los Compañeros del Enviado de Dios extendían allí hojas de palmera para que el Profeta descansara sobre ellas. También está la columna Haras”, donde ‘Alî ibn Abî Tâlib se paraba para proteger al Enviado de Dios y allí también rezaba. También se conoce como Musal·la ‘Alî. Otra es la columna “Wufûd”, que era el lugar donde se ubicaban los invitados extranjeros del Enviado de Dios y recibía a los jefes de las tribus y delegaciones; la columna Hannânah”, donde al principio el Profeta (BP) ofrecía sus discursos apoyado sobre la misma. Es sabido que cuando finalmente construyeron el Minbar para el Profeta, este árbol, que constituía la columna, elevó un gemido parecido al gemido de las camellas cuando son separadas de sus críos[viii] ...
            Sí, esta Mezquita fue construida con diez columnas de troncos de palmeras datileras y parte de sus techos también estaban cubiertos de ramas y hojas de palmeras, mientras que sus paredes fueron levantadas con bloques de adobe, y el patio de la Mezquita estaba alfombrado de piedrecillas negras, y todo el ámbito no ocupaba más de unos cuantos cientos de metros[ix], pero el liderazgo del Enviado de Dios (BP) y la unión de los musulmanes, hicieron templar a todos los imperios de su época…



Hoy, en lugar de palmeras, la Mezquita está sostenida por columnas de piedra y cemento y ocupa alrededor de cien mil metros cuadrados con una capacidad para más de un millón de personas, equivaliendo el área de la Mezquita y sus alrededores a toda la ciudad de Medina en épocas del Profeta (BP), e incluso su techo es utilizado por los orantes como un segundo piso que es alcanzado a través de 18 escaleras normales y 6 escaleras mecánicas...
           

            Visité la Mezquita del Profeta (BP), pero sentía cierta desazón y me encontraba en un estado extraño. Alguien nos llamaba...
            Saliendo por el lado oriental de la Mezquita nuestra mirada recayó en un largo y gran paredón de cemento que encerraba a una gran parcela de tierra que no tenía ninguna señal ni indicación... Entonces, desde nuestro corazón se elevó un grito: “¡Allá está el Baqî‘!”.
Continuará, In Sha’a Al·lah




NOTAS:

[i] Los minaretes de la Mezquita: En la ampliación sucedida en épocas de Walîd ibn ‘Abd-ul Malik se construyeron cuatro minaretes sobre los cuatro ángulos de la Mezquita del Profeta (BP). Estos minaretes con el paso del tiempo cedieron su lugar a minaretes más grandes y fuertes. Los minaretes originales son: los minaretes Sulaimanî y Mayîdî, que están dispuestos a los dos lados del lateral nórdico, y los minaretes Qâietbâi y Bâb-us Salâm, dispuestos a los dos lados del lateral sur, para el lado de la Qiblah. En las ampliaciones nuevas, además de éstos se añadieron seis minaretes más, cada uno de los cuales tiene una altura de 104 metros, en cuyas puntas, brilla una media luna, cada una de las cuales tiene una altura de 5 m. y son de cobre y están bañadas en oro.
[ii] En tiempos en que fue edificada la Mezquita se construyeron tres puertas para el ingreso y salida de los musulmanes, una al lado sur, otra era Bâb-ur Rahmah al lado occidental y la otra al lado oriental, llamada Bâb-u Yibrâ’il, por donde el Profeta ingresaba. Algunos de los Compañeros también construyeron sus casas a los alrededores de la Mezquita, desde las cuales se habrían puertas que daban a la misma. En el año 3 de la Hégira, antes de la Batalla de Uhud, por orden del Profeta (BP) fueron clausuradas todas las puertas de las casas excepto la de ‘Alî (P). La cantidad de puertas de la Mezquita se multiplicaron a lo largo de las épocas, siendo las más importantes de ellas: Bâb-ûr Rahmah (o de la Misericordia), que se encuentra en la pared occidental de la Mezquita. Fue llamada así debido a que cierto día una persona ingresó por ella para solicitar al Profeta que rogara a Dios que hiciera llover, y tras siete días, también, a pedido de la misma persona, el Profeta rogó que cesara la lluvia. También fue llamada “Bâb ‘Âtikah”. Bâb-u Yibrâ’il, se encuentra en la pared oriental de la Mezquita y es por donde ingresaba el Profeta (BP). Bâb-us Salâm, también se encuentra en la pared oriental de la Mezquita y existe desde la primera construcción de la misma. Bâb-un Nisâ’, es una de las puertas más importantes y surgió tras la ampliación de la Mezquita en épocas del segundo Califa. Esta puerta era especial para la entrada y salida de las mujeres. En las nuevas ampliaciones fueron añadidas decenas de puertas a la Mezquita.


[iii] El primer Minbar (Púlpito) que fue construido en la Mezquita para el Profeta era un emplazamiento de barro y no tenía escalones. El Profeta (BP) disertaba sobre él  en las oraciones del día Viernes y en otras ocasiones. En el año séptimo de la hégira (628 D.C.) construyeron un nuevo Minbar utilizando madera de árboles de tamarisco, de los jardines de Medina. Actualmente, en el lado oeste del Mihrâb de la Mezquita, hay un Minbar construido de mármol y de extremada belleza. Dicho Minbar o Púlpito fue obsequiado por el sultán Murad III, en el mes de Muharram del año 998 de la Hégira, disponiéndolo en lugar del Minbar Qâietbâi. Este Minbar tiene doce escalones.


[iv] El Mihrâb fue construido en el mismo lugar donde el Profeta (BP) rezaba, y no existen dudas de que el Mihrâb actual se encuentra en ese exacto lugar. Cuando Walîd dio la orden de ampliar la Mezquita, ejecutándola ‘Umar ibn ‘Abd-ul ‘Azîz, allí fue construido un Mihrâb. Existen también en la Mezquita otros Mihrâb que eran el lugar de oración de algunos Califas.
[v] En épocas del segundo Califa, el sepulcro del Enviado de Dios (BP) estaba dispuesto en una pequeña habitación que constituía la antigua casa del Profeta, permaneciendo así hasta la ampliación de la Mezquita en épocas de Walîd. En esa época en que la parte oriental de la Mezquita fue ampliada, la sagrada tumba pasó a formar parte de la misma. Ahora el recinto o habitación que guarda la tumba tiene unos 240 m2 (16 m. de largo y 15 m. de ancho), y está rodeado por unas verjas doradas. A los cuatro ángulos de la habitación fueron construidas cuatro fuertes columnas, a lo alto de las cuales está dispuesta la cúpula verde. Este recinto tiene varias puertas. La puerta de la habitación de Fâtimah (P) que indica el lugar donde se encontraba su casa; la puerta Tahayyud, al norte del recinto; la puerta Wufûd o Bâb-ur Rahmah, al lado occidental, y la puerta del Arrepentimiento o puerta del Enviado de Dios (BP), al lado sur (Qiblah). Dentro del sagrado recinto hay un lugar que algunos consideran que posiblemente sería  la tumba de Fâtimah (P) y que está señalado por un pequeño túmulo. Al lado sur de este túmulo se encuentra el Mihrâb de Fâtimah (P). Dentro del recinto sagrado también se encuentra el Maqâm Yibra’îl.
[vi] « ما بين بيتي و منبري روضة من رياض الجنة » - “Entre mi casa y mi Minbar hay un jardín de entre los jardines del Paraíso”. La Raudat-ush Sharîfah tiene una longitud de 22 metros y un ancho de 15 m. En tiempos posteriores se añadió una parte de la Raudah a la construcción de la casa del Profeta, esto es, el recinto actual que guarda sus restos. En los entornos de la Raudah se encuentran tres lugares sagrados: La tumba del Profeta (BP), el Minbar y el Mihrâb.
[vii] Suffah: En el interior de la Mezquita del Profeta (BP) prepararon una Suffah (especie de galería) donde residían los musulmanes más necesitados, quienes fueron llamados “Ashâb-us Suffah”. Se narró que antes de que la Qiblah cambiara desde Bait-ul Muqaddas o Masyid-ul Aqsâ hacia la Ka‘bah, el Mihrâb del Enviado de Dios (BP) estaba ubicado en el lado norte de la Mezquita. Tras el cambio de Qiblah hacia el lado sur, por orden del Profeta esa parte fue techada, convirtiéndose en un lugar de descanso y vivienda para los musulmanes emigrantes y desamparados. En tiempos en que ese lugar les fue cedido ocupaba unos 96 metros, y estaba ubicado entre Bâb-u Yibra’îl y Bab-un Nisâ’, y luego de la ampliación de la Mezquita en el año séptimo de la hégira quedó incluido dentro de la Mezquita. Lo que hoy se conoce como Suffah, recibe el nombre de “Dakkatûl Agwât”. Es el lugar de los responsables de custodiar, proteger y servir al Haram y fue construido por órdenes de Nûr-ud Dîn Az-Zankî, en el año 569 de la Hégira Lunar.
[viii] Ninguna de las columnas fue cambiada de lugar a pesar de las ampliaciones posteriores de las que fue objeto la Mezquita a través de las épocas. Además de las mencionadas, otras columnas también son famosas: la columna “Mujal·laqah”; la columna “Murabba‘at-ul Qabr”; la columna “Muhâyirîn”; la columna “Tahayyud”, donde el Enviado de Dios rezaba la oración de la noche y se dedicaba a las súplicas. Allí actualmente construyeron un Mihrâb. Naturalmente, con las diferentes ampliaciones de la que fue objeto la Mezquita, fueron agregadas muchas más, de forma que hoy hay alrededor de 706 columnas. Las columnas que en la parte antigua de la Mezquita están dispuestas en el lado sur, ahora se encuentran pintadas de blanco, diferenciándose así del resto.
[ix] Al principio la Mezquita tenía un área de unos 1050 metros cuadrados, esto es, la dirección norte-sur tenía unos 35 m., y la dirección este-oeste unos 30 m. La altura de la Mezquita no era mayor que la altura de un hombre. 

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