jueves, 21 de abril de 2011

La Señora entre las Señoras, Fátima Az-Zahrá (p)- Parte IV


Equipo de escritores de la Fundación Dar Rah-e Haqq .Traducción del persa: Martha Golzar y Rahmatul.lah Golzar .Asamblea Mundial de Ahl-ul Bayt (a.s.)

Contenido:
El regalo al necesitado y el collar glorioso. 

El velo luminoso.

El vestido del Paraíso que fue enviado para Fatimah Az-Zahra’(P)

Los ángeles ayudan a Fatimah (P)

 

El regalo al necesitado y el collar glorioso

Ÿaber, hijo de ‘Abdul.lah Ansarí relato: “Un día el Mensajero de Dios hizo la oración de la tarde y después de terminar se sentó mirando hacia La Meca y los hombres se sentaron a su alrededor. En ese momento; un hombre viejo de los emigrantes árabes; que vestía ropas muy usadas, vino hacia el Profeta (BP). Por lo viejo y débil que estaba no tenía fuerzas para mantenerse en pie. El Enviado de Dios se giró al verlo y le preguntó cómo se encontraba y éste le contestó: “¡Oh, Mensajero de Dios! Por dentro tengo hambre, dame comida. Mi cuerpo está desnudo, vístelo. Estoy pobre y necesitado, benefíciame con una limosna”.
“No tengo nada para darte –dijo el Profeta (BP) –, pero te recomendaré algo que es como si te hubiese dado: ve a casa de alguien que ama a Dios y a su Enviado y a quién Dios y su Enviado también aman, y es abnegada y se sacrifica en el camino de Dios. Ve a casa de Fatimah (P)”.
La casa de Fatimah se encontraba junto a la del Enviado de Dios, ya que él la había separado de la casa de sus esposas.
“¡Oh, Bilal! –Continuó diciendo– llévalo a casa de Fatimah”.
El viejo árabe acompañó a Bilal y se detuvo en la puerta de la casa de Fatimah (P) y con voz alta dijo: “¡Salud para ustedes familia de la profecía, hogar que frecuentan los ángeles y lugar donde desciende el Arcángel Gabriel, el digno de confianza, para traer el mensaje del Creador del Universo”.
“Salud para ti –contestó Fatimah– ¿quién eres tú?”
“Soy un viejo árabe, que sufre las dificultades y penalidades de la emigración y que tuvo fe en tu padre, maestro de los hombres. ¡Oh, hija de Muhammad!, mi cuerpo está desnudo y estoy hambriento, benefíciame y ayúdame, y ¡la misericordia de Dios sea para ti!”
En ese entonces Fatimah (P), ‘Ali (P) y el Mensajero de Dios vivían en extrema pobreza y llevaban varios días sin comer y el Profeta (BP) era conocedor de su situación. Fatimah tomó una piel curtida de borrego sobre la cuál dormían Hasan y Husain (P) y dijo: “¡Oh, el que se encuentra parado en la puerta! Toma esto. Espero que Dios con Su Misericordia te conceda algo mejor”.
¡Oh, hija de Muhammad! –dijo el hombre– Yo me quejé de hambre y tú me das una piel de borrego. ¿Dime qué hago con esta piel teniendo tanta hambre?”.
Al oír Fatimah (P) estas palabras, tomó el collar que prendía de su cuello, que Fatimah hija de Hamzah hijo de ‘Abdul Muttalib le había regalado y se lo dio al árabe diciendo: “Toma esto y véndelo. Espero que Dios te de algo mejor”.
El árabe tomó el collar y se dirigió a la mezquita del Enviado de Dios. El Profeta (BP) se encontraba sentado entre sus seguidores y el mendigo le dijo: “¡Oh, Enviado de Dios! Fatimah me dio este collar y dijo que lo vendiera y que esperaba que Dios me daría lo que necesitaba”.
“¿Cómo sería posible –dijo el Profeta (BP) con lágrimas en los ojos– que Dios no te diera lo que deseas, cuando Fatimah la hija de Muhammad, la Señora de todas las hijas de Adán, te lo obsequió?”
‘Ammar Ibn Yaser (la misericordia de Dios sea con él) se levantó y dijo: “¡Oh, Enviado de Dios! Permíteme que compre ese collar”.
“¡Oh, Ammar! –contestó el Mensajero– cómpralo, ya que Dios Todopoderoso no enviará al fuego a ningún genio u hombre que contribuya en este asunto”.
“¡Oh, hombre árabe! ¿a qué precio vendes el collar? Preguntó ‘Ammar.
“Dame una cantidad de pan y carne que me satisfaga y una capa del Yemen que me vista con ella y con la que pueda hacer mi oración, y dinero suficiente para que pueda llegar a mi hogar”, contestó el mendigo.
Y ‘Ammar, que había vendido su parte del botín ganado en la guerra de Jaibar, dijo: “Te doy a cambio del collar 20 dinares y 200 dirham, un corte de tela de Yaman y te doy mi camello para que te lleve hasta tu hogar, así como pan y carne suficiente que te satisfagan.
“Eres muy generoso”. Contestó el árabe y se fue con ‘Ammar que le dio lo convenido.
Luego regresó a ver al Profeta (BP) quien le preguntó: “¿Has quedado satisfecho?”
“¡Sí! –contestó– y no necesito nada más. ¡Ofrezco la vida de mi padre y mi madre por ustedes!”.
“Pide a Dios por la bendición de Fatimah”.
“Dios mío, tu sabes que siempre he creído en Ti y siempre Te he adorado, y eres Tú el que nos da el pan de todos los días, dale a Fatimah aquello que nunca nadie ha visto y aquello que nunca nadie ha oído”. Dijo el árabe.
“Amén, –dijo el Profeta (BP) y se volvió hacia sus seguidores– Ciertamente que Dios ha dado estas bendiciones a Fatimah en este mundo, ya que yo soy su padre y nadie en toda la existencia ha sido como yo, y ‘Ali (P) es su esposo y si ‘Ali (P) no hubiese existido, no habría existido pareja para Fátimah (P) hasta el fin del mundo, y Dios le dio a Fatimah a Hasan y a Husain, y no ha existido ni existirá nadie como ellos; dos señores de la familia del Profeta (BP) y dos señores entre los jóvenes del Paraíso”.
Miqdad, ‘Ammar y Salman estaban en presencia del Generoso Profeta (BP) y les dijo: “¿Quieren que continúe haciendo las alabanza y virtudes de Fatimah?”
“¡Sí! ¡Oh, Enviado de Dios!” contestaron.
“El Arcángel Gabriel me anunció que, cuando Fatimah muera y la entierren, los dos ángeles interrogadores le preguntaran en su tumba: ¿Quién es tu Creador?
Contestará: “Dios Todopoderoso es mi Creador”.
Preguntarán: “¿Quién es tu profeta?”
Contestará: “Mi padre”.
Preguntarán: “¿Quién es tu visir y tu Imam?”
Contestará: “El que está de pie al lado de mi tumba: ‘Ali Ibn Abi Talib”.
El Profeta (BP) dijo: “Estén atentos que les contaré más de las virtudes de Fatimah (P).
Ciertamente que Dios Todopoderoso ha comisionado a un grupo de ángeles que cuiden a Fatimah por el frente, por detrás, por la derecha y por la izquierda. Ellos la acompañarán mientras tenga vida, y en la tumba y después de la muerte. Y envían constantemente bendiciones para ella y para su padre y para su esposo e hijos; pues si alguien visita mi tumba después de mi muerte es como si me hubiera visitado cuando estaba en vida, y todo el que visite a Fatimah (P) es como si me hubiera visitado a mí, y todo el que visite a ‘Ali (P) es como si hubiera visitado a Fatimah, y todo el que visite a Hasan y Husain es como si hubiera visitado a ‘Ali (P) y todo el que visite a algún descendiente de Hasan y Husain es como si hubiera visitado a los dos.
Entonces ‘Ammar tomó el collar y lo perfumó con almizcle y lo envolvió en una tela del Yemen. ‘Ammar tenía un sirviente de nombre Sahm que había comprado con su parte del botín de la guerra de Jaibar, le dio el collar al sirviente diciéndole: “Dale esto al Mensajero de Dios y desde este momento tú también perteneces al Profeta (BP)”. El sirviente tomó el collar y fue a ver al Profeta (BP) y le hizo saber las palabras de ‘Ammar. Por su parte el Profeta (BP) envió al sirviente para que llevara el collar a Fatimah (P) y le dijo que él también pertenecía a su hija.
El sirviente llevó el collar a Fatimah y le hizo saber lo que había dicho el Profeta (BP). Fatimah (P) tomó el collar y liberó al sirviente, en ese momento éste sonrió y Fatimah (P) le preguntó: “¡Oh, muchacho!, ¿de que te ríes”!
Dijo: “La abundante bendición de este collar, contestó, me hizo reír, ya que dio de comer al hambriento, vistió al desnudo, hizo independiente a un necesitado y liberó a un joven y tras ello regresó a su primer dueño”.[1]

El velo luminoso

Un día ‘Ali (P) compró de un judío un poco de cebada a crédito; el judío pidió una prenda como garantía. ‘Ali (P) dejó como prenda un velo de lana que pertenecía a Fatimah (P) y el judío lo guardó en una habitación de su casa.
Esa noche su esposa entró en la habitación en busca de algo y vio que en ella había algo que iluminaba por completo toda la habitación. Regresó donde estaba su esposo y le explicó que había visto una luz muy luminosa y brillante, el hombre se asombró al oír lo que decía su esposa, había olvidado que en esa habitación había colocado el velo de Fatimah.
Se levantó rápidamente y se dirigió hacia allí y comprobando con asombro que la prenda mencionada brillaba con el resplandor de una luna llena. Quedó atónito mirando y entendió que lo que brillaba era el velo de Fatimah (P). Salió de la casa y fue en busca de sus parientes para decirles lo que había visto y su esposa también fue en busca de los suyos. Aproximadamente se presentaron ochenta de los judíos para ver lo sucedido y todos ellos aceptaron el Islam.[2]

El vestido del Paraíso que fue enviado para Fatimah Az-Zahra’(P)

Una familia judía de Medina tenía una boda y fueron donde el Profeta (BP) diciéndole: “Tenemos derecho, por ser tus vecinos. Por favor envía a tu hija Fatimah a nuestra casa para que nuestra boda sea más bella”. Y le insistieron y rogaron mucho para que aceptase esta invitación.
El Profeta (BP) dijo: “Ella es esposa de ‘Ali (P) y hace lo que él dice”. Es decir, que debían pedir permiso a ‘Ali (P) para invitarla a la boda.
Los judíos pidieron al Profeta (BP) que sirviera de intermediario y solicitara a ‘Ali (P) que le concediera permiso. Los judíos habían decorado lujosamente el lugar en que se celebraría la ceremonia. Creían que Fatimah (P) asistiría con su vestido viejo y usado, y veían en ello una posibilidad para humillarla.
Dios Altísimo envió al Arcángel Gabriel con un vestido del Paraíso, confeccionado con preciosos adornos y ornamentos Fatimah (P) se puso el vestido y, a causa del color y el olor que éste poseía, quien la veía quedaba estupefacto. Cuando se presentó en la casa de los judíos, las mujeres se prosternaron ante ella y besaban el suelo y muchos de los judíos al ver este milagro aceparon el Islam.[3]

Los ángeles ayudan a Fatimah (P)

Abu Dhar (la paz sea con él) relató: “Un día el Enviado de Dios me mandó en busca de ‘Ali (P). Fui a su casa y lo llamé pero nadie me contestó. En la casa el molino de mano daba vueltas por sí solo y nadie se encontraba ahí. Nuevamente lo llamé y esta vez ‘Ali (P) se presentó y el Mensajero de Dios habló con él y le dijo algo que no pude entender, entonces yo dije: “Estoy sorprendido ya que el molino que tiene ‘Ali (P) en su casa daba vueltas por sí solo y nadie estaba ahí”:
“Dios Altísimo llenó el corazón y las venas de mi hija Fatimah (P) de fe y certeza –dijo el Profeta (BP)–. Él sabe lo débil y endeble que Fatimah está y la ayuda en lo que necesita. ¿Es que no sabes que Dios Todopoderoso comisionó a un grupo de ángeles para que ayuden a la familia de Muhammad?”[4]




Notas:

[1] Bihar, XLIII, p.56–57.
[2] Bihar, XLIII, p.40; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.117–118, en forma condensada; Muntahal Amal, p.160.
[3] Bihar, XLIII, p.30.
[4] Bihar, XLIII, p.29; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.116, con algunos cambios.

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