viernes, 22 de abril de 2011

La Señora entre las Señoras, Fátima Az-Zahrá (p)- Parte III


Equipo de escritores de la Fundación Dar Rah-e Haqq .Traducción del persa: Martha Golzar y Rahmatul.lah Golzar .Asamblea Mundial de Ahl-ul Bayt (a.s.)

Contenido:

Repartir el trabajo con la sirvienta de la casa.

Concesión del collar. 

Concesión del adorno.

Vestido de novia. 

Ascetismo y temor a Dios. 

El hambre y la comida celestial

Repartir el trabajo con la sirvienta de la casa

Salman Farsi dijo: “Estaba sentada Fatimah (P) moliendo el grano con el molino de piedra y el asa del molino estaba ensangrentada por las llagas que tenían sus mano. Husain (P) que era todavía un niño, lloraba de hambre en un rincón de la casa. Le dije: “¡Oh, hija del Mensajero de Dios! ¿Te lastimas las manos ahora que tienes a Fiddah[1] para que haga los trabajos de la casa?”
A lo que ella me contestó: “El Mensajero de Dios me recomendó que Fiddah hiciera las tareas de la casa un día y yo otro día, y hoy es mi turno”.[2]

Concesión del collar

El cuarto Imam, Imam Sayyad (P) dijo que Asma Bintu Umais le relató: “Estaba yo con tu abuela Fatimah (P) cuando el Profeta (BP) fue a visitarla. Ella tenía puesto un collar de oro que le había regalado ‘Ali (P), y el Profeta (BP) dijo:
“¡Oh Fatimah, no dejes que la gente diga que la hija de Muhammad se viste como se visten los opresores!”
Fatimah (P) se quitó el collar y lo vendió y con ese dinero compró un sirviente y lo liberó, lo cual fue muy del agrado el Mensajero de Dios.[3]

Concesión del adorno

El Imam Baqir (P) relató: “El Mensajero de Dios cuando quería viajar se despedía de su familia y de la última persona que lo hacía era de Fatimah (P). Iniciaba su viaje desde la casa de su hija y cuando regresaba en primer lugar iba a ver a Fatimah y después al resto de su familia.
Un día mientras el Profeta (BP) estaba de viaje, ‘Ali (P) que había tomado su parte del botín de guerra, lo entregó a Fatimah. Con ese dinero Fatimah compró dos pulseras y una cortina, la cuál colgó en la puerta. Cuando el Profeta (BP) regresó, fue a la mezquita y después, como era su costumbre, fue a casa de Fatimah (P). Ella se puso muy contenta y se levantó con mucha alegría para recibir a su padre. El Profeta (BP) miró las dos pulseras de plata y la cortina que colgaba de la puerta de la casa y se sentó ahí mismo (sin entrar en la casa). Fatimah (P) lloró y se entristeció y dijo: “Antes no se portaba así conmigo”.
Llamó entonces a sus dos hijos Hasan y Husani (la paz sea con ellos dos)– quitó la cortina que recién había colgado y se sacó las pulseras de la mano. A uno de ellos le dio las pulseras y al otro la cortina y les dijo:
“Id a casa de mi padre y saludadlo de mi parte y decidle: Dice nuestra madre que mientras usted estaba de viaje, solamente compró estas dos cosas, y que las utilice en la forma que crea más conveniente”.
Los dos niños llevaron este mensaje al Profeta (BP) de parte de su madre. El Enviado de Dios besó a los dos niños, los tomó entre sus brazos y los sentó sobre sus piernas. Ordenó que cortaran las pulseras en pedazos y llamó a los compañeros de la banca que era un grupo de nuevos musulmanes emigrantes que no tenían casa ni dinero y que vivían junto a la casa del Mensajero, y repartió los trozos de las pulseras entre ellos. Luego, tomó las cortinas, que era una tela larga pero estrecha, y la repartió entre los que no tenían ropa con que cubrirse. Entonces el Mensajero de Dios dijo:
“La bendición de Dios sea para Fatimah (P), Dios Todopoderoso le dará a cambio de esta cortina, vestidos del Paraíso y a cambio de las pulseras, adornos del Paraíso”.[4]

Vestido de novia

El Profeta (BP) había ordenado que se confeccionara un vestido para Fatimah (P) ya que el vestido que usaba estaba muy viejo y remendado. Cuando el vestido estaba listo se presentó un necesitado pidiendo ropa usada. Fatimah iba a darle su vestido viejo, pero en ese momento recordó que Dios en su Sagrado Libro dice:
﴿ لَنْ تَنالُوا الْبِرَّ حَتَّى تُنْفِقُوا مِمَّا تُحِبُّونَ ﴾
“No alcanzaréis la piedad auténtica mientras no deis de limosna algo de lo que amáis”. (3:92)
Por lo que regaló al necesitado su vestido nuevo”.[5]

Ascetismo y temor a Dios

Cuando la aleya:
﴿ وَ إِنَّ جَهَنَّمَ لَمَوْعِدُهُمْ أَجْمَعِينَ لَها سَبْعَةُ أَبْوابٍ لِكُلِّ بابٍ مِنْهُمْ جُزْءٌ مَقْسُومٌ﴾
“La gehena es el lugar de cita de todos ellos. Tiene siete puertas y cada una tendrá un grupo definido de ellos” (15:43-44)
fue revelada, el Mensajero de Dios lloró en voz alta y sus compañeros al verlo también lloraron pero no sabían lo que el Arcángel Gabriel le había revelado y (por lo atemorizado que se veía el Mensajero) nadie se atrevía a preguntarle. Como cada vez que el Profeta (BP) veía a su hija se alegraba, fue por lo que Salman se dirigió a casa de Fatimah para ponerla al corriente de lo ocurrido.
Encontró a esta honorable dama moliendo cebada y diciendo:
﴿ وَ زِينَتُها وَ ما عِنْدَ اللَّهِ خَيْرٌ وَ أَبْقى ﴾
 “En cambio lo que Al.lah tiene es mejor y más duradero” (28:60 y 42:36)
Ella vestía un abrigo de lana que tenía doce partes remendadas con fibra de palmera. Salman le contó a Fatimah (P) el estado del Profeta (BP) y que el Arcángel Gabriel le había revelado algo y esta honorable dama se levantó, se acomodó esa misma ropa remendada y se dirigió a ver a su amado padre.
Salman cuando la miró se puso muy triste y dijo: “¡Qué lastima! Las hijas de Kosroes (rey de Irán) y del Cesar (rey de la antigua Roma) se visten con sedas y gasa, mientras la hija de Muhammad (BP) lleva puesta una ropa que tiene doce partes remendadas con fibra de palmera”.
Fatimah (P) se presentó frente al Profeta (BP), le saludó y dijo: “Mi querido padre, Salman se sorprendió de mi vestido, pero juro por el Dios que te designó, que hace cinco años que ‘Ali (P) y yo no tenemos bienes, sólo una piel de borrego. Durante el día la utilizamos para darle de comer al camello y por la noche para dormir sobre ella y nuestra almohada está rellena con fibra de palmera”.
El Profeta (BP) dijo: “¡Oh, Salman, mi hija se encuentra entre los primeros y es de los que tomarán la delantera (en el camino hacia Dios)!”
Fatimah (P) dijo: “Mi querido padre, doy mi vida por ti. ¿Qué fue lo que te hizo llorar?”
El Profeta (BP) le recitó la aleya que acababa de revelar el Arcángel Gabriel. Fatimah (P) cuando oyó la aleya lloró tanto hasta que cayó al suelo y repetía: “¡Ay, ay… para aquél que caiga en las llamas del Infierno!”[6]

El hambre y la comida celestial

Abu Sa’id Jidri dice: “Un día, ‘Ali Ibn Abu Talib (P) estaba hambriento y le preguntó a Fatimah (P): “¿Tienes algo que me puedas dar para comer?”
Ella contestó: “¡Oh, Amir de los Creyentes! Juro por el Dios que nombró a mi padre Profeta (BP) y a ti su ministro, que no tengo nada para darte y desde hace dos días no tenemos nada para comer, sólo había un poco de comida que te he dado antes que a mí y que a nuestros hijos Hasan y Husain”.
‘Ali preguntó: “¿Por qué no me informaste de la situación para que yo consiguiera algo?”
“¡Oh, Abul Hasan! –Respondió Fatimah– Siento vergüenza ante Dios cuando te pido que hagas algo que está fuera de tu alcance”,
‘Ali (P) salió a la calle, optimista y con seguridad en Dios, y pidió prestado un dinar. En el momento en que quiso comprar algo para su familia con el dinar que tenía en su mano, se encontró con Miqdad Ibn Al Aswad. Era un día muy caluroso y el sol quemaba sus cabezas y las plantas de sus pies.
Ali (P) vio que Miqdad estaba preocupado y le preguntó: “Miqdad Ibn Aswad, ¿cuál fue la causa que un día como este te sacó de tu casa y te separó de tu familia?”
“¡Oh, Abul Hasan! –contestó Miqdad–, déjame y no preguntes por mi situación”.
“Hermano –dijo ‘Ali– es imposible que te deje sin antes enterarme de qué es lo que te preocupa”.
“Hermano –replicó Miqdad– por Dios déjame y no preguntes por mi estado”.
‘Ali (P) insistió: “Hermano, es imposible que trates de disimular tu congoja frente a mí”.
“¡Oh, Abul Hasan –exclamó Miqdad– ya que insistes tanto te lo diré. Juro por el Dios que nombró a Muhammad (BP) profeta y a ti su visir que la única causa por la cuál salí de mi casa fue para encontrar algo que quite el hambre, ya que cuando me separé de mi familia se retorcían de hambre y cuando escuché sus llanos no puede soportar el quedarme y salí triste y solo. Esta es mi historia y la causa de mi congoja”.
Los ojos de ‘Ali (P) se llenaron de lágrimas y cuando éstas llegaron a su santa barba dijo: “Por lo que tu juras, juro yo también que la causa por la cual saliste de tu casa fue la misma que me hizo salir de la mía y pedí prestado un dinar, pero te doy a ti la preferencia antes que a mi familia”. Y diciendo esto le dio el dinar y se fue a la mezquita del Profeta (BP) donde realizó la oración del medio día, de la tarde y del ocaso.
Cuando el Enviado de Dios terminó la oración del ocaso y se disponía a salir, pasó cerca de ‘Ali (P) que se encontraba en la primera fila y le hizo una señal. ‘Ali (P) se levantó, siguió al Mensajero de Dios y lo alcanzó cerca de una de las puertas de la mezquita. Lo saludó y el Profeta (BP) contestó a su saludo y dijo: “¡Oh, Abul Hasan” ¿Tienen ustedes algo para cenar para que vaya yo a tu casa?”
‘Ali (P) bajó la cabeza y calló por la vergüenza que sentía, no sabiendo como contestar a la pregunta de este generoso. Pero el Profeta (BP) sabía la historia del dinar, de quién lo había tomado prestado y a quién lo había dado, y Dios Todopoderoso le había revelado al Gran Profeta (BP) que esa noche fuera junto a ‘Ali (P). El Mensajero de Dios, cuando vio que ‘Ali (P) guardaba silencio dijo: “¡Abul Hasan! ¿Por qué no dices ‘no’ para que me vuelva o ‘sí’ para que te acompañe?”.
‘Ali (P) por pudor y recto, y también por respeto al Generoso Profeta (BP) contestó: “Por favor, acompáñame, estamos a tu servicio”.
El Profeta (BP) tomó la mano de ‘Ali (P) y ambos fueron en busca de Fatimah (P). Esta honorable dama acababa de terminar la oración y se encontraba aun sentada en su alfombrilla, mientras tras ella salía el vapor de una marmita. Fatimah (P) al oír la voz de su padre en su casa fue a su encuentro y le saludó. El Generoso Profeta (BP) acarició su cabeza y le dijo: “Hija mía, ¿cómo has pasado el día? La misericordia de Dios Todopoderoso sea para ti. Que Dios el Clemente perdone tus pecados y realmente están perdonados. Hija, dame algo de cenar”.
Fatimah (P) tomó la marmita y la colocó frente al Gran Profeta (BP) y ‘Ali (P). Cuando ‘Ali (P) vio la comida y olió su agradable olor, miró a Fatimah (P) sorprendido, ella dijo: “¡Glorificado sea Dios!, por qué me miras tan sorprendido ¿es que he cometido algún error que haya provocado tu enojo?”
“Es que ayer juraste que hace dos días no tenías nada de comida” contestó ‘Ali (P).
Fatimah, volviendo su rostro hacia el cielo, dijo: “Mi Dios que se encuentra en todas partes es testigo que he dicho la pura verdad”.
“¡Oh, Fatimah! Entonces ¿de dónde vino esta comida? ¡Nunca había visto algo semejante, ni olido algo más agradable ni comido algo más puro!”. Dijo ‘Ali (P).
El Generoso Profeta (BP) puso su santa mano sobre la espalda de ‘Ali (P) y señalando la comida dijo: “Esto es una compensación que te manda Dios por aquel dinar que diste”.
﴿ إِنَّ اللَّهَ يَرْزُقُ مَنْ يَشاءُ بِغَيْرِ حِسابٍ ﴾
 “En verdad Dios provee sin medida a quién el quiere” (3:37)
Entonces el Profeta (BP) lloró de dicha y agradecimiento y continuó: “Adorado sea Dios que los recompensó antes de que partierais de este mundo, a ti ‘Ali te puso en el lugar de Zacarías y a Fatimah en el lugar de María (P)”
﴿ كُلَّما دَخَلَ عَلَيْها زَكَرِيَّا الْمِحْرابَ وَجَدَ عِنْدَها ﴾
“Siempre que Zacarías entraba en el tempo para verla, encontraba sustento junto a ella”. (3:37)[7]




Notas:

[1] Fiddah era una de las mujeres más piadosas y una sirvienta de Fatimah Az–Zahra’ (P). Deberá tenerse en cuenta que Fatimah (P) al igual que ella misma dice en una narración, durante los primeros años de su matrimonio con ‘Ali (P) vivó con mucha pobreza y dificultades. (Bihar, XLIII, p.88) Pero, desde que el Profeta (BP) le obsequió las tierras de labor de Fadak, su situación económica mejoró. Así también se ha narrado que el Profeta (BP) le dio una esclava llamada Fiddah. (Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.120) Por lo tanto, si en algunas narraciones se dice que la familia del Profeta (BP) vivía muy pobremente, y en otras se dice que tenían sirvientes en la casa, deberá tenerse en cuenta que se refieren a diferentes épocas de la vida de Fatimah Az–Zahra’ (P).
[2] Bihar, XLIII, p.28; Baitul Al Ahzan, p.20.
[3] Bihar, XLIII, p.81; ‘Uiun Ajbar Ar Rida, t.II, p.45; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.121, con algunos cambios.
[4] Bihar, XLIII, p.83 y 84; Makarim ul Ajlaq, p.94–95; Muntahal Amal, p.159–160, en forma condensada; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.121, en forma condensada.
[5] Raihin Ash Shariah, t.I, p.106.
[6] Raihin Ash Shariah, t.I, p.148; Baitul Al Ahzan, p. 28–29.
[7] Kashful Gummah, t.II, p.26 a 29; Amali Tusi, t.II, p.228 a 230; Bihar, XLIII, p.59 a 61; Bihar, XLIII, p.29, en forma condensada; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.117, la última parte de esta narración.

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