sábado, 23 de abril de 2011

La Señora entre las Señoras, Fátima Az-Zahrá (p)- Parte II


Equipo de escritores de la Fundación Dar Rah-e Haqq .Traducción del persa: Martha Golzar y Rahmatul.lah Golzar .Asamblea Mundial de Ahl-ul Bayt (a.s.)


Contenido:
Ascetismo. 

Los trabajos de la Casa. 

El trabajo en la casa.

El Profeta (BP) ayuda a Fatimah (P)

Una esposa que no le pide nada a su marido.

Entendimiento mutuo en la vida conyugal 

La dama más sincera. 

Adoración.

Adoración y ruegos para los demás. 

El velo.

Castidad



Ascetismo

Imam Sadiq (P) y Ÿábir Ansari transmitieron: “El Generoso Profeta (BP) vio a Fatimah que llevaba puesto un vestido de tela áspera y con su mano daba vueltas al molino para hacer harina y al mismo tiempo daba de mamar a su hijo. Los ojos del Generoso Profeta (BP) se llenaron de lágrimas y dijo:

“Hija mía, soporta las amarguras de este mundo, pues son el preámbulo de la dulzura del otro mundo”.

Fatimah respondió:

“¡Oh, Mensajero de Dios! Adoro a Dios por Su generosidad y le estoy agradecida”.

Entonces Dios Todopoderoso reveló esta aleya:

﴿ وَ لَسَوْفَ يُعْطِيكَ رَبُّكَ فَتَرْضى ﴾

“Tu Señor te dará y quedarás satisfecho”. (93:5)”[1]


Los trabajos de la Casa


Imam As Sadiq (P) dijo: “‘Ali (P) acarreaba agua y leña y Fatimah molía el trigo, preparaba la masa, horneaba el pan y remendaba la ropa y, aún así, esa honorable dama era una de los más bellos seres nunca vistos y la pureza de sus mejillas semejaba una flor. Las bendiciones de Dios sean para ella y para su padre, esposo e hijos”.[2]


El trabajo en la casa


‘Ali (P) dijo: “Fatimah (P) sacó tantas veces agua del pozo que su pecho quedó marcado, y molió tantas veces con el molino de piedra que sus manos estaban llenas de llagas, y barrió tanto la casa que sus ropas estaban empolvadas, y encendió tantas veces la lumbre para hacer la comida que sus ropas se tiznaron y esto le ocasionaba muchos esfuerzos y sufrimientos…”.[3]


El Profeta (BP) ayuda a Fatimah (P)


El Gran Profeta (BP) entró en la casa de su hija y vio que ‘Ali (P) y Fatimah (P) estaban moliendo con el molino de piedra, el Profeta (BP) dijo: “¿Cuál de vosotros está más cansado?”

‘Ali dijo: “¡Fatimah! ¡Oh, Mensajero de Dios!”

El Profeta (BP) dijo a Fatimah: “¡Hija mía, levántate!”

Y él mismo tomó su lugar y en compañía de ‘Ali (P) se puso a moler el grano para hacer harina.[4]


Una esposa que no le pide nada a su marido


El Imam Baqir (P) dijo: “Fatimah y ‘Ali (P) acordaron que los trabajos de la casa, hacer la masa, hornear el pan, barrer, etc. sería tarea de Fatimah (P) y los trabajos fuera de la casa, tales como acarrear la leña y traer la comida serán para ‘Ali (P).

Un día ‘Ali (P) preguntó a Fatimah (P):

“¿Tienes algo de comida?”

A lo que Fatimah (P) respondió:

“Juro por Él que te dio ese carácter justo tan eminente, que desde hace tres días no tengo nada para cocinar”.

“¿Por qué no me dijiste?” preguntó ‘Ali (P).

“El Mensajero de Dios me prohibió que te pidiera algo diciendo: “No pidas nada a tu primo, si él trae algo tómalo y si no, guarda silencio”.[5]


Entendimiento mutuo en la vida conyugal


El Amir de los Creyentes ‘Ali (P) dijo: “Juro por Dios que en toda la vida conyugal que llevé con Fatimah (P) hasta el día en que Dios Todopoderoso y Glorioso se llevó su alma, nunca la disgusté y nunca la forcé u obligué a trabajar. Y ella por su parte nunca me disgustó ni desobedeció. Cada vez que le miraba se terminaban mis penas y preocupaciones”.[6]


La dama más sincera


‘Aishah hija de Abu Bakú dijo: “Nunca he visto alguien más sincero que Fatimah (P) a excepción de su padre, el Enviado de Dios”.[7]


Adoración

Hasan Al-Basri dijo: “En esta Ummah (comunidad) no ha existido nadie más dedicado a la adoración que Fatimah (P). Se mantenía en pie para rezar y adorar a Dios Omnipotente hasta que sus pies se hinchaban”.[8]


Adoración y ruegos para los demás


El Imam Hasan Muytaba (P) dijo: “Vi una noche del viernes que mi madre Fátmah (P) estaba de pie en su lugar de oración y hasta la aurora estuvo rogando, se inclinaba (ruku) y se prosternaba (suyud) y escuché que rogaba y pedía a Dios por los creyentes y las creyentes, y los nombraba y no pedía nada para sí misma, le dije: “Madre, ¿por qué así como pides por los demás no pides para ti?”

Me respondió: “Hijo mío, primero es el vecino y después la propia casa”.[9]


El velo

El Imam Musa Ibn Ya’far (P) transmitió que sus antepasados habían narrado que ‘Ali (P), el Amir de los Creyentes, dijo: “Un hombre ciego pidió permiso de entrar en la casa de Fatimah (P), por lo que esta honorable dama se colocó detrás de la cortina. El Profeta (BP) le preguntó: “¡Oh, Fatimah! ¿Por qué te colocas detrás de la cortina si no te puedo ver?”

“El no me puede ver pero yo a él si, y su sentido del olfato está sano”, contestó.

Al escuchar su respuesta, el Profeta (BP) exclamó: “¡Juro que tú eres una parte de mí mismo!”[10]


Castidad

Fatimah (P) fue preguntada: “¿Qué es lo mejor para la mujer?”

“Lo mejor para las mujeres es que no vean a los hombres y también que los hombres no las vean”. Contestó.[11]

Y en respuesta a la pregunta que el Profeta (BP) hizo a uno de sus seguidores: ¿cuándo es la mujer más estimada por Dios y está más cerca de Él?, Fatimah (P) contestó: “La mujer es más estimada y está más cerca de Dios cuando está en la parte más recóndita de su casa (para no ser vista por hombres extraños)”.

El Profeta (BP) al escuchar la respuesta de Fatimah exclamó: “Fatimah es parte de mí mismo”.[12] Claro está que, si una mujer sale de su casa, mientras no sea para llevar a cabo cosas prohibidas, no tiene objeción. A lo que se refiere esta narración es a la conveniencia de que una mujer no se deje ver por un hombre ni vea a un hombre innecesariamente




Notas:

[1] Bihar, XLIII, p.85–86; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.120; Muntahal Amal, p.161; Baitul Al Ahzan, p.24.


[2] Rudah Kafi, p.165.


[3] Bihar, XLIII, p.42 y 82; Baitul Al Ahzan, p.23.


[4] Bihar, XLIII, p.50 y 51; Baitul Al Ahzan, p.21.


[5] Bihar, XLIII, p.31; Tafsîr ‘Aiashî, t.1, p.171.


[6] Bihar, XLIII, p.134; Kashful Gummah, t.I., p.492; Baitul Al Ahzan, p.37.


[7] Bihar, XLIII, p.53; Kashful Gummah, t.II, p.30; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.119.


[8] Bihar, XLIII, p.84; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.119; Muntahal Amal, p.161; Baitul Al Ahzan, p.22.


[9] Kashful Gummah, t.II, p.25–26; Bihar, XLIII, p81–82. Muntahal Amal, p.161; Baitul Al Ahzan, p.22.


[10] Bihar, XLIII, p.91; Raiahin Ash Shariah, t.I, p.216; Muntahal Amal, p.161–162.


[11] Kashful Gummah, t.II, p.23 y 24; Manaqib Shahr Ashub, t.III, p.119; Muntahal Amal, p.161.


[12] Bihar, XLIII, p.92; Muntahal Amal, p.162.

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