miércoles, 12 de enero de 2011

Un vistazo al sistema penal islámico y su filosofía


Extraído del libro "Autoconocimiento", de Muhammad Ali Shomalí
Traducción: Sumeia Younes


Las penalidades islámicas se encuentran entre aquellos conceptos islámicos que a veces son malinterpretados por los no-musulmanes y considerados incompatibles con los valores humanos. Se preguntan por qué algunos seres humanos deben ser ejecutados por sus crímenes o por qué los musulmanes azotan a algunos transgresores, o cómo podemos considerar un determinado castigo invariable y aplicable bajo cualquier condición.


Para comprender la filosofía del sistema penal islámico debemos reparar en los siguientes puntos:

I) Según nuestro previo análisis, los seres humanos no se encuentran al mismo nivel y a pesar de tener en común su cuerpo o fisonomía poseen diferentes realidades o naturalezas. Es por eso que algunos son peores que los animales y algunos pueden ser más sublimes que los ángeles.

II) Según nuestro previo análisis, todo pecado o crimen en realidad conforma una opresión tanto para su perpetrador como para la víctima. Los pecados son considerados enfermedades o dolencias que son dañinas para el enfermo y que pueden ser infecciosas, por lo tanto, otros están en peligro y el enfermo debe ser curado, ya sea por medio de ingerir algunos medicamentos o de una cirugía. ¿Quién es el que puede prescribir algunos remedios o aconsejar una cirugía? La respuesta es obvia. Eso puede ser decidido solo por alguien que conozca los diferentes tipos de enfermedades y la manera de curar cada una de ellas, y posea una información exacta de la persona enferma para así diagnosticarle la enfermedad. Cualquier error puede llevar a la persona a la muerte y a la propagación de la enfermedad en la sociedad.

III) Una de las maneras más influyentes para incentivar a la gente a cuidar de su salud es hacerlos conscientes de las dificultades y molestias del proceso del tratamiento tal como las inyecciones, o las cirugías, o los gastos que ello acarrea.

IV) Al·lâh, el Creador del universo y de los seres humanos, conoce mejor que nadie más los diferentes tipos de pecados, sus efectos sobre el individuo y la sociedad, y la mejor manera de enfrentar cualquier problema. Asimismo, Al·lâh es el Compasivo, el Benevolente; Él ama a Sus criaturas más que nadie. Ama a cada persona incluso más que lo que la aman sus propios padres.

V) Algunos castigos en el Islam fueron determinados por Al·lâh para ser aplicados en todos los ámbitos y bajo cualquier condición. Estos castigos fijos son llamados hudûd” (حُدود). Algunos castigos dependen de las decisiones de los jueces. Estos castigos que varían bajo las diferentes condiciones son llamados penas discrecionales o “ta‘zîrât” (تَعْزيرات). Por ejemplo, las sanciones que se consideran por infracciones de tránsito o algunas operaciones administrativas ilegales, pueden ser diferentes para un determinado tiempo o lugar. La cantidad y tipo de castigo depende de las condiciones sociales y de la magnitud de la propagación del pecado, etc.

De este modo, algunos pecados son altamente peligrosos y las condiciones sociales no surten ningún efecto sobre sus perniciosas o malas consecuencias. Pero algunos pecados no son de tal envergadura y sus efectos dependen de las condiciones sociales. Esto es exactamente como las necesidades humanas las cuales están divididas en dos grupos: algunas necesidades son tan básicas que nada puede eliminarlas, tales como la necesidad que tenemos de alimento o de adoración; y algunas son suplementarias y pueden ser suprimidas o satisfechas de diferentes maneras. Las leyes prácticas fijas del Islam son para hacer frente a las primeras, y las leyes prácticas temporales que son definidas por un Muÿtahid de acuerdo a reglas generales, son para satisfacer a las últimas.

VI) Mientras un criminal está siendo castigado, otros miembros de la sociedad no deben permitir que la lástima por esa persona los detenga; de lo contrario los crímenes en la sociedad se propagarán exactamente como una enfermedad. Si un bebé necesita diez inyecciones, su madre no debe pedirle al médico que le prescriba solo cinco, puesto que con esta absurda lástima el bebé sufrirá el dolor de las inyecciones sin ningún beneficio, pudiendo perder su vida, y el resto de los niños de esa u otras familias pueden contagiarse también. Podemos observar algunos de estos puntos en la siguiente aleya:
﴿ الزَّانِيَةُ وَالزَّانِي فَاجْلِدُوا كُلَّ وَاحِدٍ مِّنْهُمَا مِاْئَةَ جَلْدَةٍ وَلاَ تَأْخُذْكُم بِهِمَا رَأْفَةٌ فِي دِينِ اللَّهِ إِن كُنتُمْ تُؤْمِنُونَ بِاللَّهِ وَالْيَوْمِ الاَخِرِ وَلْيَشْهَدْ عَذَابَهُمَا طَآئِفَةٌ مِنَ الْمُؤْمِنِينَ ﴾
«A la fornicadora y al fornicador, infligidles cien azotes a cada uno. Que la compasión no os conmueva al cumplir la ley de Al·lâh, si creéis en Al·lâh y en el Día del Juicio Final. Que una parte de los creyentes atestigüe su castigo».[1]

Podemos ver en esta aleya que es necesario que la penalidad islámica sea llevada a la práctica, y si creemos en Al·lâh, en el universo y en las realidades inmateriales, sabremos que las soluciones divinas para los problemas sociales e individuales son las mejores, y no debemos permitir que la compasión nos detenga y nos impida que tratemos las enfermedades sociales. Además es necesario que el castigo de estas personas sirva de lección a todos.

Otro ejemplo sobre el castigo determinado por Dios es encontrado en estas aleyas:
﴿ وَلَقَدْ عَلِمْتُمُ الَّذِينَ اعْتَدَوْا مِنْكُمْ فِي السَّبْتِ فَقُلْنَا لَهُمْ كُونُوا قِرَدَةً  خَاسِئِينَ * فَجَعَلْنَاهَا نَكَالاً لِمَا بَيْنَ يَدَيْهَا وَمَا خَلْفَهَا وَمَوْعِظَةً لِلْمُتَّقِينَ ﴾
«Ya sabéis lo que ocurrió a quienes de vosotros profanaron el sábado, a quienes dijimos: “¡Sed despreciables como simios!”. Y de ello hicimos un escarmiento para sus contemporáneos y descendientes, y una exhortación para los timoratos».[2]

A los Hijos de Israel se les prescribió abstenerse de trabajar los días sábados. Para probarlos, Al·lâh solía enviar una gran cantidad de peces al río los sábados, considerando que su principal ocupación era la pesca. 

Así, lo que ellos hicieron fue evitar que los peces escaparan para poder pescarlos los días domingos. Al·lâh los castigó y los convirtió en simios. Las aleyas mencionadas dicen que el castigo se debió a su desobediencia y al mismo tiempo fue una lección para los timoratos (tal como la gente que presencia el castigo del fornicador y la fornicadora o lo escucha).

En conclusión, podemos decir que las penalidades islámicas están para evitar más crímenes, para proteger a la gente y para purificar al criminal. Es por ello que algunas personas que habían cometido algunos pecados solían presentarse ante Imam ‘Alî (a.s.) para requerirle que las castigase, diciéndole: “¡Purifícame!”.



Notas:

[1] Sûra an-Nûr; 24: 2.


[2] Sûra al-Baqarah; 2: 65-66.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada