miércoles, 12 de enero de 2011

Nuestro Porvenir


Extraído del libro "Autoconocimiento", de Muhammad Ali Shomalí
Traducción: Sumeia Younes

Con este título nos referimos a nuestra situación después de la muerte. Podemos definir a la muerte como la separación del espíritu del cuerpo. Hasta cierto punto, dormir es como la muerte. Sin embargo, existe una diferencia. Durante el sueño el espíritu sigue conectado al cuerpo, pero a un menor grado que durante la vigilia; pero con la muerte el espíritu se desconecta del cuerpo y permanece vinculado a otro que posee cualidades de un cuerpo material, como la forma y el tamaño, pero desprovisto de masa. 


Los filósofos lo comparan con los cuerpos de los sueños. Los llaman “barzajî” o “mizâlî”. Esto continúa hasta la Resurrección. Luego nuestros espíritus pertenecerán a otro cuerpo igual al de su condición presente.

Es así que nosotros creemos en la Resurrección físico-espiritual. Este tema es bastante controvertido. Incluso aquellas personas que creen en la Resurrección físico-espiritual no han llegado a un consenso en cuanto a la naturaleza de los cuerpos en tal universo. Pero lo que hemos expuesto se infiere fácilmente del Glorioso Corán y de las tradiciones islámicas en las que concuerdan grandes sabios, y esto nos basta para nuestro análisis. Como sabemos, el espíritu es la parte más importante de nuestro ser, el cual hace nuestra personalidad. Todos los castigos y recompensas están, de una manera u otra, relacionados al espíritu. El cuerpo solo conforma un medio para el espíritu. Observa las siguientes dos aleyas del Glorioso Corán:
﴿ قُلْ يَتَوَفَّاكُم مَلَكُ الْمَوْتِ الَّذِي وُكِّلَ بِكُمْ ثُمَّ إِلَى رَبِّكُمْ تُرْجَعُونَ ﴾
«Diles: “El ángel de la muerte, que os custodia, os recogerá (iatawaffâ) y luego seréis retornados a vuestro Señor».[1]
﴿ اللَّهُ يَتَوَفَّى الأَنفُسَ حِينَ مَوْتِهَا وَالَّتِي لَمْ تَمُتْ فِي مَنَامِهَا فَيُمْسِكُ الَّتِي قَضَى عَلَيْهَا الْمَوْتَ وَيُرْسِلُ الاُخْرَى إِلَى أَجَلٍ مُسَمًّى إِنَّ فِي ذَلِكَ لاَيَاتٍ لِقَوْمٍ يَتَفَكَّرُونَ ﴾
«Dios recoge a las almas en el momento de su muerte, y a las que no mueren, durante el sueño. Retiene, pues, a aquellas cuya muerte ha decretado, y deja en libertad a las otras, hasta un término prefijado. Por cierto que en esto hay signos para los que reflexionan».[2]

Estas aleyas demuestran que la muerte no es el fin de nuestra existencia, que tras la muerte nuestros espíritus serán recibidos completamente por el ángel de la muerte, o de acuerdo a la otra aleya, seremos recibidos completamente por Al·lâh,[3] y que el dormir se asemeja hasta cierto punto a la muerte. Estas aleyas son la respuesta a muchos interrogantes sobre la Resurrección, pero no se encuentran relacionadas estrechamente a nuestra exposición.

El Paraíso y el Infierno

Hay muchísimas cuestiones sobre el Paraíso y el Infierno. Trataremos de explicar solo aquellas que nos ayudan en nuestro propósito. El Paraíso y el Infierno ya han sido creados. Si nos purificáramos a nosotros mismos, seríamos capaces de verlos. Dijo Imam ‘Alî (a.s.) respecto a las personas piadosas:
« فَهُمْ وَ الْجَنَّةُ كَمَنْ قَدْ رَآهَا فَهُمْ فِيهَا مُنَعَّمُونَ وَ هُمْ وَ النَّارُ كَمَنْ قَدْ رَآهَا فَهُمْ فِيهَا مُعَذَّبُون‏ »
“En cuanto al Paraíso ellos son como quienes lo han visto y se encuentran disfrutando sus favores. Y en cuanto al Infierno son también como quienes lo han visto y se encuentran sufriendo castigo en él”.[4]
El Glorioso Corán también habla del Infierno:
﴿ كَلاَّ لَوْ تَعْلَمُونَ عِلْمَ الْيَقِينِ * لَتَرَوُنَّ الْجَحِيمَ ﴾
«¡Quiá! Si poseyerais el conocimiento de la certeza, ¡ciertamente, entonces, veríais la Hoguera!».[5]
De esta manera, podemos decir que nuestro porvenir está ahora presente. Quienquiera que sea bueno, está ahora mismo en el Paraíso, y los criminales y pecadores están ahora mismo en el Infierno. Recordemos que el Compañero del Noble Profeta (s.a.w.) que había alcanzado la certeza dijo que podía informarle, entre aquellos que se encontraban con el Profeta, quién era de entre las gentes del Infierno y quién de entre las gentes del Paraíso. Además, el Profeta (s.a.w.) dijo cierta vez que durante su Ascensión a los Cielos (mi‘râÿ) había visto trabajadores (ángeles) plantando árboles. A veces trabajaban y otras veces dejaban de trabajar. 
Luego le dijeron que cuando una persona hace ciertas súplicas a Dios un árbol es plantado para él, y  cuando se detiene, no es plantado ningún árbol para él. Esta narración, como muchas otras, demuestra que los castigos y recompensas son simultáneos a las acciones.

Pueden concebirse tres clases de relaciones entre los actos y las recompensas o castigos:

A - Relación convencional: Las recompensas o castigos comunes son determinados por algunos legisladores. Por lo tanto, éstos varían en las diferentes sociedades. Por ejemplo, la pena por quebrantar las leyes de tránsito pertenece a esta clase.

B – Relación causal: A veces las recompensas o castigos son efecto de los actos. Por ejemplo, cuando una persona bebe vino, uno de sus castigos es la pérdida de su salud; o si un estudiante estudia bien, una de sus recompensas es aprender su lección. La pérdida de la salud y el conocimiento son efectos traídos a la existencia por aquellos actos.

C – Unidad: A veces las recompensas o castigos no son nada menos que las acciones. Son solo las realidades de aquellas acciones puestas de manifiesto en otro universo. De acuerdo al Glorioso Corán las realidades de los actos serán vistas en el Más Allá. Esto es a lo que nos referimos con “materialización de los actos” (taÿassum al-a‘mâl):
﴿ يَوْمَئِذٍ يَصْدُرُ النَّاسُ أَشْتَاتاً لِيُرَوْا أَعْمَالَهُمْ * فَمَن يَعْمَلْ مِثْقَالَ ذَرَّةٍ خَيْراً يَرَهُ * وَمَن يَعْمَلْ مِثْقَالَ ذَرَّةٍ شَرّاً يَرَهُ ﴾
«En ese día, los hombres comparecerán en tropeles para ver sus obras. Quien haya hecho bien, por insignificante que sea, lo verá. Y quien haya hecho mal, por insignificante que sea, lo verá».[6]
﴿ إِنَّ الَّذِينَ يَأْكُلُونَ أَمْوَالَ الْيَتَامَى ظُلْماً إِنَّمَا يَأْكُلُونَ فِي بُطُونِهِمْ نَاراً وَسَيَصْلَوْنَ سَعِيراً ﴾
«Porque quienes malversan el patrimonio de los huérfanos introducen el fuego en sus entrañas e ingresarán en el tártaro».[7]

De acuerdo a éstas y otras aleyas, veremos nuestros actos mismos. Si tuviéramos esa visión hoy, seríamos capaces de ver las realidades hoy mismo. Quienquiera esté consumiendo la propiedad de los huérfanos injustamente, en realidad está consumiendo el Fuego ahora mismo. Quienquiera esté haciendo maledicencia, está en realidad comiendo en este mismo momento la carne del cuerpo de su hermano o hermana muertos. Por lo tanto, deberíamos ser cuidadosos con nuestros actos, de lo contrario ingresaremos al Paraíso ahora mismo (no solo en el futuro). Si pensáramos en forma constante en lo espantoso de los pecados y sus realidades no cometeríamos ningún pecado.

Futuro eterno

Toda persona vive en este universo por un tiempo limitado. La muerte es el fin incuestionable de esta vida y nada puede salvar a los hombres de la misma:
﴿ أَيْنَمَا تَكُونُوا يُدْرِككُّمُ الْمَوْتُ وَلَوْ كُنتُمْ فِي بُرُوجٍ مُشَيَّدَةٍ ﴾
«Doquiera os halléis, la muerte os alcanzará, ¡aunque os guarezcáis en fortalezas inexpugnables!».[8]
Después del Barzaj, aquellos que ingresen al Paraíso estarán allí por siempre:
﴿ مَنْ خَشِيَ الرَّحْمَنَ بِالْغَيْبِ وَجَآءَ بِقَلْبٍ مُنِيبٍ * ادْخُلُوهَا بِسَلامٍ ذَلِكَ يَوْمُ الْخُلُودِ ﴾
«Que teme en lo oculto al Graciabilísimo y comparece con un corazón contrito: “¡Entrad en él, en paz! ¡He aquí el día de la eternidad!”».[9]

Las personas que ingresarán al Infierno son de dos tipos: los incrédulos que están en contra de la verdad, los cuales permanecerán allí por siempre; y los creyentes que entrarán al Infierno por sus malas acciones pero que finalmente ingresarán al Paraíso después de que hayan sido purgados:
﴿ فَاَمَّا الَّذِينَ شَقُوا فَفِي النَّارِ لَهُمْ فِيهَا زَفِيرٌ وَشَهِيقٌ * خَالِدِينَ فِيهَا مَا دَامَتِ السَّمَاوَاتُ وَالأَرْضُ إِلاَّ مَا شَآءَ رَبُّكَ إِنَّ رَبَّكَ فَعَّالٌ لِمَا يُرِيدُ * وَأَمَّا الَّذِينَ سُعِدُوا فَفِي الْجَنَّةِ خَالِدِينَ فِيهَا مَا دَامَتِ السَّمَاوَاتُ وَالأَرْضُ إِلاَّ ما شَآءَ رَبُّكَ عَطَآءً غَيْرَ مَجْذُوذٍ ﴾
«En cuanto a los desventurados, serán precipitados en el fuego infernal, donde exhalarán suspiros y estertores. Allí morarán perpetuamente, mientras subsistan los cielos y la tierra, a menos que tu Señor disponga otra cosa, porque tu Señor ejecuta lo que le place. En cambio, los bienaventurados morarán eternamente en el Paraíso, mientras subsistan los cielos y la tierra, a menos que tu Señor disponga otra cosa. Éste es un don inagotable».[10]
﴿ وَالَّذِينَ كَفَرُوا أَوْلِيَآؤُهُمُ الطَّاغُوتُ يُخْرِجُونَهُم مِنَ النُّورِ إِلَى الظُّلُمَاتِ اُولئِكَ أَصْحَابُ النَّارِ هُمْ فِيهَا خَالِدُونَ ﴾
«…Y los incrédulos cuyos protectores son los seductores que los arrastran de la luz a las tinieblas. Éstos serán los condenados del fuego infernal en el que se albergarán perpetuamente».[11]

Recompensas o castigos infinitos

Un grupo de gente ingresará al Paraíso y permanecerá allí por siempre. Este ingreso puede darse inmediatamente después del Juicio o tras algún intervalo. El otro grupo entrará al Infierno y permanecerá allí por siempre. Por lo tanto, no hay límites en lo que a tiempo se refiere.

Tampoco hay límite en lo que respecta a la intensidad (la cantidad y la calidad). No podemos comparar Sus recompensas con las cosas gratas de este universo. De acuerdo al Glorioso Corán, en el Paraíso hay todo lo que ellos desean:
﴿ وَفِيهَا مَا تَشْتَهِيهِ الاَنفُسُ وَتَلَذُّ الاَعْيُنُ وَأَنتُمْ فِيهَا خَالِدُونَ ﴾
«… En el mismo habrá lo que las almas apetezcan y lo que deleita los ojos; y allí moraréis eternamente».[12]
﴿ لَهُم مَا يَشَآؤُونَ فِيهَا وَلَدَيْنَا مَزِيدٌ ﴾
«Donde tendrán lo que deseen, y aún dispondremos de más».[13]

No solo podrán obtener y disfrutar de todo lo que deseen, sino también habrá cosas que ni siquiera pueden concebir. Normalmente deseamos lo que hemos visto o experimentado de antemano. Por ejemplo, a la gente le gusta tener grandes casas (con un enorme jardín y con características tales como en el mundo no haya otra igual). Pero hay aún algunas bendiciones en el Paraíso que no les resultarán familiares a los seres humanos, así que las recibirán sin ningún previo deseo o requerimiento:
﴿ فَلاَ تَعْلَمُ  نَفْسٌ مَآ اُخْفِيَ لَهُم مِن قُرَّةِ أَعْيُنٍ جَزَآءً بِمَا كَانُوا  يَعْمَلُونَ ﴾
«Nadie sabe, pues, el regocijo que le está reservado en recompensa de cuanto haya hecho».[14]

De acuerdo a los hadices hay un Paraíso que ningún ojo ha visto, que ningún oído ha escuchado y que ningún corazón ha concebido[15].

Tampoco podemos comprender los tormentos. Ese Fuego no es comparable con los fuegos normales. Ese Fuego quema el espíritu tanto como el cuerpo:
﴿ وَمَآ أَدْرَاكَ مَا الْحُطَمَةُ * نَارُ اللَّهِ الْمُوقَدَةُ * الَّتِي تَطَّلِعُ عَلَى الأَفْئِدَةِ * إِنَّهَا عَلَيْهِم مُؤْصَدَةَ * فِي عَمَدٍ مُمَدَّدَةٍ ﴾
«¿Y qué te hará entender lo que es al-hutamah? Es el fuego encendido de Dios, que abrasará los corazones (de los réprobos). Por cierto que será cerrado sobre ellos, con columnas extendidas».[16]

Aquellos que entran al Infierno y sufren sus tormentos anhelan morir. Piensan que de esta manera pueden librarse de los tormentos:
﴿ وَنَادَوْا يَامَالِكُ لِيَقْضِ عَلَيْنَا رَبُّكَ قَالَ إِنَّكُم مَّاكِثُونَ ﴾
«Y gritarán: “¡Oh Mâlik! ¡Que tu Señor nos aniquile!”. Y él les dirá: “¡Por cierto que permaneceréis (en él perpetuamente)”».[17]
﴿ ثُمَّ لاَ يَمُوتُ فِيهَا وَلاَ يَحْيَى ﴾
«Donde luego no morirá ni vivirá».[18]
Cada vez que el Fuego quema sus pieles, Al·lâh las renueva a fin de que sufran nuevamente:
﴿ كُلَّمَا نَضِجَتْ جُلُودُهُم بَدَّلْنَاهُمْ جُلُوداً غَيْرَهَا لِيَذُوقُوا الْعَذَابَ ﴾
«Cada vez que su piel se haya abrasado, se la cambiaremos por otra piel, para que experimenten el suplicio… ».[19]

Observa lo que dice Imam ‘Alî (a.s.) en la siguiente súplica:
« يا رَبِّ وَاَنْتَ تَعْلَمُ ضَعْفي عَنْ قَليل مِنْ بَلاءِ الدُّنْيا وَعُقُوباتِها وَما يَجْري فيها مِنَ الْمَكارِهِ عَلى اَهْلِها، عَلى اَنَّ ذلِكَ بَلاءٌ وَمَكْرُوهٌ قَليلٌ مَكْثُهُ، يَسيرٌ بَقاؤُهُ، قَصيرٌ مُدَّتُهُ فَكَيْفَ احْتِمالي لِبَلاءِ الاْخِرَةِ وَجَليلِ وُقُوعِ الْمَكارِهِ فيها وَهُوَ بَلاءٌ تَطُولُ مُدَّتُهُ وَيَدُومُ مَقامُهُ وَلا يُخَفَّفُ عَنْ اَهْلِهِ لاِنَّهُ لا يَكُونُ إلاّ عَنْ غَضَبِكَ وَاْنتِقامِكَ وَسَخَطِكَ، وَهذا ما لا تَقُومُ لَهُ السَّمـاواتُ وَالاْرْضُ »

“¡Oh Señor! Tú conoces mi debilidad ante la más pequeña tristeza de este mundo y sus padecimientos, y ante las calamidades que padecen sus habitantes, a pesar de que éstas son aflicciones e infortunios exiguos, efímeros y de corta permanencia. Entonces, ¿cómo podría yo soportar la aflicción del Más Allá y la magnitud de los padecimientos que allí ocurren, siendo que es una aflicción que se prolongará largamente y una morada perdurable, que no será atenuada para quienes la padecen porque no sucede sino como resultado de Tu Ira, de Tu Venganza y de Tu Cólera; y eso es algo a lo que los Cielos y la Tierra no pueden enfrentar”.[20]




Notas:

[1] Sûra as-Saÿdah; 32: 11.


[2] Sûra az-Zumar; 39: 42.


[3] En árabe el término “tawaffî” significa “tomar (o recibir) algo completamente”. Comparando estas dos aleyas comprendemos que el alma (o espíritu) es igual al “yo”, porque en la aleya 32: 11 el objeto tomado es “nosotros mismos” y en la aleya 39: 42 es “el alma”.


[4] Nahÿ al-Balâgah, Discurso nº 191.


[5] Sûra at-Takâzur; 102: 5-6.


[6] Sûra az-Zalzalah; 99: 6-8.


[7] Sûra an-Nisâ’; 4: 10.


[8] Sûra an-Nisâ’; 4: 78.


[9] Sûra Qâf; 50: 33-34.


[10] Sûra Hûd, 11: 106-108.


[11] Sûra al-Baqarah; 2: 257.


[12] Sûra az-Zujruf; 43: 71.


[13] Sûra Qâf; 50: 35.


[14] Sûra as-Saÿdah; 32: 17.


[15] Ver: Bihâr al-Anwâr, t. 33, p. 81.


[16] Sûra al-Humazah; 104: 5-9.


[17] Sûra az-Zujruf; 43: 77.


[18] Sûra al-A‘lâ; 87: 13.


[19] Sûra an-Nisâ’; 4: 56.


[20] Parte de “La Súplica de Kumeil”.

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