miércoles, 12 de enero de 2011

Nuestro Presente


Extraído del libro "Autoconocimiento", de Muhammad Ali Shomalí
Traducción: Sumeia Younes

Habiendo discutido nuestro origen, ahora es necesario estudiar el tema de nuestra situación actual y el de nuestro porvenir. Ahora, nos aboquemos al primero, y el segundo será el tópico de nuestro próximo análisis. A fin de garantizar nuestra meta y programa práctico para alcanzar dicha meta, debemos conocer nuestras cualidades, capacidades, habilidades, oportunidades, etc.

Éstos son enunciados de nuestro conocimiento sobre nuestro presente. Hemos estudiado en los capítulos previos algunos de ellos, tales como: los buenos atributos de los seres humanos, los vicios atribuidos a los seres humanos y el libre albedrío. Aquí solo mencionamos algunos otros aspectos de nuestra situación actual.

Completa dependencia:

En nuestra existencia y vida, somos completamente dependientes de Al·lâh, nuestro Creador. Él es Quien nos ha otorgado esta existencia y vida; no somos auto-existentes, no podemos sobrevivir sin Su Voluntad. También dependemos de condiciones materiales. No podemos existir sin agua, aire, alimento, luz, una cierta temperatura, etc.

No podemos tener una vida confortable sin la ayuda de otros miembros de la sociedad. Nadie puede producir para sí mismo todo lo que necesita de vestimenta, vivienda, muebles, etc. Con el progreso y desarrollo de las sociedades humanas estas necesidades aumentaron. De este modo, dependemos de nuestro Creador y sus Bendiciones dispuestas en el universo material y en el universo social.

En nuestro conocimiento y entendimiento, no somos autosuficientes. Con el intelecto que Dios le dio todo ser humano es capaz de comprender muchas cosas tales como la veracidad de la religión y de la existencia de Al·lâh, y de adquirir algunas informaciones elementales y simples sobre la naturaleza y el medio que lo rodea. 

Con la conciencia que Dios le otorgó, todo ser humano comprende las normas generales de moralidad, por ejemplo, la justicia es buena y la opresión es mala. Este conocimiento teórico y práctico es común tanto entre los hombres de las sociedades primitivas como entre los de las sociedades desarrolladas. Pero lo que nos hace diferentes de los antiguos es lo que hemos recibido de los profetas, especialmente del Noble Profeta del Islam, el Sello de los Profetas (s.a.w.), cuyo Mensaje es el último y el más perfecto de nuestro Señor y que hemos recibido de las generaciones pasadas.

Estas dos fuentes, religión y conocimiento heredado, son muy importantes. Éstas son el punto de partida para cada campo en las ciencias, arte, literatura, tecnología y leyes positivas que se han vuelto muy complejas, desarrolladas y avanzadas. Por ejemplo, hoy cuando un químico comienza a trabajar en un proyecto, hace uso de los resultados de descubrimientos e investigaciones previas. Muchos de esos logros se han vuelto triviales. Quizás los estudiantes universitarios hoy sepan más que los químicos del siglo XVIII o incluso del XIX. O en las ciencias islámicas, hoy utilizamos muchas obras sobre diferentes temas elaboradas por grandes sabios en siglos pasados. Sin ellas tendríamos que comenzar desde el principio. Pero todavía estamos en medio del camino. Lo que sabemos es mucho menos de lo que no sabemos. Así, somos totalmente necesitados y dependientes en nuestra existencia, nuestra vida y nuestro conocimiento. No deberíamos enorgullecernos de nosotros mismos. No deberíamos pensar que somos autosuficientes o que nuestro conocimiento y entendimiento son perfectos.

Moralidad de este universo material:

Este universo material (duniâ) no es eterno. Ha tenido un principio y tendrá un fin. Esta tierra, el sol, la luna y todas las estrellas y planetas serán destruidos antes de la Resurrección. Este hecho es expresado en muchas aleyas del Glorioso Corán, como la siguiente:
﴿ إِذَا الشَّمْسُ كُوِّرَتْ * وَإِذَا النُّجُومُ انكَدَرَتْ * وَإِذَا الْجِبَالُ سُيِّرَتْ * وَإِذَا الْعِشَارُ عُطِّلَتْ * وَإِذَا الْوُحُوشُ حُشِرَتْ * وَإِذَا الْبِحَارُ سُجِّرَتْ * وَإِذَا النُّفُوسُ زُوِّجَتْ ﴾
«Cuando el sol sea arrollado; cuando las estrellas se extingan; cuando las montañas sean aventadas; cuando las camellas, de diez meses, sean abandonadas; cuando las fieras sean acorraladas; cuando los mares sean encendidos; cuando las almas sean apareadas…».[1]

Por lo tanto, todo en este universo tiene un fin cierto. Nuestros cuerpos son mortales. Nuestras existencias físicas, nuestras fuerzas, nuestra juventud, fama y belleza son perecederas. Al·lâh es Eterno y el universo inmaterial también lo es. Nuestros espíritus pertenecen al universo inmaterial y no al universo físico:
﴿ وَيَسْأَلُونَكَ عَنِ الرُّوحِ قُلِ الرُّوحُ  مِنْ أَمْرِ رَبِّي وَمَآ اُوتِيتُم مِّنَ الْعِلْمِ إِلاَّ قَلِيلاً ﴾
«Te preguntarán acerca del espíritu. Diles: “El espíritu solo incumbe a mi Señor, y sólo se os ha concedido una mínima parte del saber”».[2]

Y si consideramos que nuestros espíritus conforman nuestra personalidad y realidad, fácilmente llegamos a la conclusión de que la muerte no es nuestro fin. La muerte es como una puerta a otro universo; no solo nuestros espíritus sino también nuestro carácter y actos serán preservados. (En el próximo capítulo discutiremos la materialización de nuestros actos).

De este modo, no podemos obtener eternidad y una vida infinita o placer sin fin en este mundo. Si eso es lo que queremos, deberíamos saber que ello depende de nuestra relación con Al·lâh. Debido a que Al·lâh es Eterno, por lo tanto todo lo que está relacionado a Él (de manera restringida), forma parte de Sus signos y Lo refleja, y debe ser eterno como Él:
﴿ كُلُّ مَنْ عَلَيْهَا فَانٍ * وَيَبْقَى وَجْهُ رَبِّكَ ذُو الْجَلاَلِ وَالإِكْرَامِ ﴾
«Todo cuanto existe en la Tierra perecerá. Y sólo subsistirá la Faz de tu Señor, Majestuoso, Honorabilísimo».[3]
﴿ وَلا تَدْعُ مَعَ اللَّهِ إِلهاً ءَاخَرَ لآ إِلَهَ إِلاَّ هُوَ كُلُّ شَيْءٍ هَالِكٌ إِلاَّ وَجْهَهُ لَهُ الْحُكْمُ وَإِلَيْهِ تُرْجَعُونَ ﴾
«Y no invoques con Dios a otra divinidad. ¡No hay más divinidad que Él! ¡Todo perecerá excepto Su Faz (waÿh)! ¡Suyo es el juicio y a Él seréis retornados!».[4]

En árabe “waÿh” es aquella parte de cada cosa a través de la cual te enfrentas a la misma. Por ejemplo, si confrontas al pie o a la mano de una persona, no estás enfrentándote y encontrándote con ella, pero cuando haces frente a su rostro y tienes un tipo de encuentro directo, la confrontas y la encuentras. Es ésta la razón por la que en árabe nuestro rostro es llamado “waÿh”. En el caso de Al·lâh, sabemos que Él no tiene cuerpo, así que no es necesario mirar hacia una dirección en particular para encontrarlo. En el Glorioso Corán este hecho es expresado en la siguiente aleya:
﴿ وَلِلّهِ الْمَشْرِقُ وَالْمَغْرِبُ فَاَيْنَما تُوَلُّوْا فَثَمَّ وَجْهُ اللّهِ إِنَّ اللّهَ وَاسِعٌ عَلِيمٌ ﴾
«Tanto el Levante como el Poniente pertenecen a Dios, y doquiera os dirijáis, allí hallaréis la Faz de Dios; porque Dios es Omnipresente, Sapientísimo».[5]

Desde que podemos considerar y valernos de toda cosa para conocerlo, para alcanzarlo, toda cosa puede ser llamada “waÿh Al·lâh”. Aquellas cosas que son consideradas de esta manera jamás serán destruidas, como vimos en las aleyas (55: 26-27) y (28: 88). Por lo tanto, toda acción o incluso intención que tienes de complacer a Al·lâh será conservada. Si das algo de dinero a una persona pobre, ese mismo dinero será destruido, pero aquel aspecto de este dinero o, en otras palabras, aquel aspecto de esta acción que es “waÿh Al·lâh”  permanecerá por siempre.

La verdadera naturaleza de esta vida

Esta vida presente es en sí misma una de las bendiciones de Al·lâh. Es la única oportunidad que tenemos. Si queremos purificarnos deberíamos utilizarla de la mejor manera. Cada momento de esta vida es tan valioso que no puede considerarse ningún precio para ello. Hay una famosa narración del Noble Profeta (s.a.w.):
« مَنِ اسْتَوَى يَوْمَاهُ فَهُوَ مَغْبُون‏ »
“Aquel que tiene dos días iguales (sin hacer ninguna mejoría) es un frustrado”.[6]

En muchas súplicas de nuestros Imames encontramos el requerimiento de una larga vida. Por otra parte, el Glorioso Corán nos enseña que los incrédulos que no creen en Su religión y en el Día de la Resurrección temen la muerte. Desearían poder vivir por miles de años o aún más:
﴿ وَلَتَجِدَنَّهُمْ أَحْرَصَ النَّاسِ عَلَى حَيَاةٍ وَمِنَ الَّذِينَ أَشْرَكُوا يَوَدُّ أَحَدُهُمْ لَوْ يُعَمَّرُ أَلْفَ سَنَةٍ وَمَا هُوَ بِمُزَحْزِحِهِ مِنَ الْعَذَابِ أَنْ يُعَمَّرَ وَاللّهُ بَصِيرٌ بِمَا يَعْمَلُونَ ﴾
«Por Dios que les hallarás más ávidos de vivir que nadie, incluso que los mismos idólatras, de manera que cada uno de ellos desearía vivir mil años, pero aun si fuera (tan) longevo, no se libraría del castigo (infernal). Y Dios bien ve cuanto hacen».[7]

De este modo, tanto creyentes como incrédulos desean vivir, pero sus razones y sus actitudes hacia la muerte y la vida son totalmente diferentes. Los incrédulos o aquellos que afirman ser creyentes pero no practican la fe, disfrutan esta vida porque no consideran la existencia de la otra vida o porque no han obedecido a Al·lâh y han cometido pecados o crímenes, por lo tanto temen Su castigo. Estas personas quieren a este universo y a esta vida solo para sí mismas. Están entregadas a una vida sumida en un círculo vicioso. Trabajan para ganar dinero, para comprar alimentos y ropas y para conseguir una vivienda para sí. Y si les preguntásemos: “¿Por qué necesitas comida, etc.?”, responderían: “De lo contrario, no podremos trabajar, no podremos vivir”. Pero para los verdaderos creyentes este universo es valioso porque pueden alcanzar Su complacencia, pueden adorarle. La única oportunidad que tienen los seres humanos para actuar y mejorar es esta vida. Tras la muerte, no podemos realizar nuevas acciones. Hoy podemos actuar y no hay juicio por las acciones, y mañana habrá un Juicio y no acción. Es posible hacer algo en esta vida que continuamente traerá Sus recompensas. Por ejemplo, si una persona construye una escuela u hospital con una intención pura, o si difunde su conocimiento por medio de enseñar o escribir, o si ha educado buenos niños, recibirá más y más recompensas tras su muerte. Pero es obvio que incluso en estos casos, no habrá oportunidad para actuar después de la muerte.

Por lo tanto, esta vida es muy valiosa. De acuerdo a las tradiciones islámicas, una de las primeras preguntas en el Día de la Resurrección será sobre la vida, así como otra pregunta será sobre la juventud[8], lo que demuestra la importancia especial de este período de la vida. Para vislumbrar una clara imagen de la actitud islámica hacia la vida, es bueno considerar esta súplica del cuarto Imam (a.s.):
« وَ عَمِّرْنِي مَا كَانَ عُمُرِي بِذْلَةً فِي طَاعَتِكَ، فَإِذَا كَانَ عُمُرِي مَرْتَعاً لِلشَّيْطَانِ فَاقْبِضْنِي إِلَيْكَ قَبْلَ أَنْ يَسْبِقَ مَقْتُكَ إِلَيَّ، أَوْ يَسْتَحْكِمَ غَضَبُكَ عَلَي‏ »
“Y permíteme vivir en tanto mi vida sea ofrendada en obediencia a Ti, pero si mi vida fuera pasto para Satanás, entonces tómala llevándome hacia Ti, antes que me alcance Tu ira o se afiance Tu enojo sobre mí”.[9]

Y para obtener una clara imagen de la actitud normal hacia la vida, se puede considerar esta aleya del Glorioso Corán:
﴿ اعْلَمُوا أنَّمَا الْحَيَاةُ الدُّنْيَا لَعِبٌ وَلَهْوٌ وَزِينَةٌ وَتَفَاخُرٌ بَيْنَكُمْ وَتَكَاثُرٌ فِي الاَمْوَالِ وَالأَوْلاَدِ كَمَثَلِ غَيْثٍ أَعْجَبَ الْكُفَّارَ نَبَاتُهُ ثُمَّ يَهِيجُ فَتَرَاهُ مُصْفَراً ثُمَّ يَكُونُ حُطَاماً وَفِي الأَخِرَةِ عَذَابٌ شَدِيدٌ وَمَغْفِرَةٌ مِنَ اللَّهِ وَرِضْوَانٌ وَمَا الْحَيَاةُ الدُّنْيَآ إِلاَّ مَتَاعُ الْغُرُورِ ﴾
«Sabed que la vida mundanal es tan solo juego (la‘ib), diversión (lahw), engalanamiento (zînah), mutua vanagloria (tafâjur) y multiplicación (takâzur) (en rivalidad) de hacienda e hijos; es como la lluvia: cuya plantación complace a los cultivadores; luego se agosta y la observas amarillenta, y finalmente se convierte en heno. Y (a quien sigue esta vida) en la otra sufrirá un severo castigo. (Mas quienes la desprecien obtendrán) una indulgencia y la complacencia de Dios. ¿Qué es la vida mundanal sino un placer ilusorio?».[10]

Una vida sin fe puede ser dividida en cinco partes. Algunos sabios consideran estas cinco partes en un orden cronológico, por lo tanto, son cinco fases sucesivas. Durante la infancia la principal actividad es jugar (la‘ib). Luego llega el turno de “lahw”, incluyendo todas las actividades que una persona realiza solo para divertirse en su tiempo libre o, en otras palabras, solo para mantenerse ocupado, como escuchar música o ver películas, o resolver crucigramas, o coleccionar cosas, o leer novelas, sin ningún propósito u objetivo. Después, cuando la persona se convierte en un joven y está listo para el matrimonio, cuida de su cuerpo y su cabello y por lo general de su belleza. Pasa mucho tiempo en frente del espejo, en las peluquerías o en las tiendas de ropa. Éste es el período del engalanamiento (zînah). Luego, cuando se gradúa y encuentra un trabajo y se casa, comienza a enaltecerse por sobre los demás y a enorgullecerse de sí mismo. Éste es el período del “tafâjur”. Y finalmente, tras esforzarse todo lo posible y trabajar durante muchos años, piensa en los resultados de su vida: hijos, dinero, propiedades y fama. Desea ser el mejor. Éste es el período de “takâzur”.

Esta aleya muestra que no deberíamos olvidar nuestra felicidad en el Más Allá y que no deberíamos permitir que los asuntos cotidianos nos alucinen y capturen nuestra atención. De lo contrario, estaremos atrapados en los grilletes de anhelos y actividades triviales como el juego, etc.

Daremos fin a esta parte de nuestra exposición con una frase de Imam ‘Alî (a.s.) sobre los timoratos (muttaqîn):
« صَبَرُوا أَيَّاماً قَصِيرَةً أَعْقَبَتْهُمْ رَاحَةً طَوِيلَةً تِجَارَةٌ مُرْبِحَةٌ يَسَّرَهَا لَهُمْ رَبُّهُمْ أَرَادَتْهُمُ الدُّنْيَا فَلَمْ يُرِيدُوهَا وَ أَسَرَتْهُمْ فَفَدَوْا أَنْفُسَهُمْ مِنْهَا »
“Fueron pacientes por unos cortos días y en consecuencia se aseguraron la comodidad por un largo tiempo. Es una fructífera transacción que su Señor les facilitó. La vida mundanal los quiso pero ellos no la quisieron. Ella los capturó pero ellos ofrendaron sus vidas para librarse de ella”.[11]


[1] Sûra at-Takwîr; 81: 1-7.


[2] Sûra al-Isrâ’; 17: 85.


[3] Sûra ar-Rahmân; 55: 26-27.


[4] Sûra al-Qasas; 28: 88.


[5] Sûra al-Baqarah; 2: 115.


[6] La misma idea también ha sido narrada de Imam ‘Alî (a.s.) y de Imam As-Sâdiq (a.s.). Ver: Bihâr al-Anwâr, t. 71, p. 173, y t. 77, p. 378.


[7] Sûra al-Baqarah; 2: 96.


[8] Ver Bihâr al-Anwâr, t. 7, p. 258.


[9] The Psalms of Islam (Sahifah as-Saÿÿadîiah), p. 68.


[10] Sûra al-Hadîd; 57: 20.


[11] Nahÿ al-Balâgah,
Discurso nº 191.

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