miércoles, 12 de enero de 2011

Cómo alcanzar nuestra meta


Extraído del libro "Autoconocimiento", de Muhammad Ali Shomalí
Traducción: Sumeia Younes

Habiendo comprendido nuestra meta final es necesario que en nuestro viaje analicemos la vía hacia esa meta. Este tema requiere de un libro independiente, pero aquí trataremos de reseñar en forma concisa los puntos más importantes, confiando en que los lectores que toman su vida en serio continuarán este viaje a través de un estudio y reflexión más profunda.

Ante todo debemos prestar atención a dos puntos: 

(a) Debemos observar nuestra meta en forma constante durante nuestras vidas, día y noche; de lo contrario no podremos utilizar nuestras capacidades para nuestro propósito, y los asuntos corrientes capturarán nuestra atención y poco a poco eso puede hacernos dudar de la necesidad de perseguir ese propósito. Es muy común en las personas que no tienen éxito en su programa predeterminado tratar de librarse de sus dificultades a través del rechazo de ese programa, 

(b) Debemos suplicar y rogar a Al·lâh seriamente que nos ayude y nos otorgue la salvación. No podemos continuar este viaje espiritual sin Su especial ayuda. Sí, con Su ayuda no habrá obstáculos y nada podrá detenernos. Entonces, en nuestra relación con Al·lâh, no debemos sentirnos autosuficientes, puesto que dependemos total y absolutamente de Él. Sin embargo, en nuestra relación con otros debemos confiar en nosotros mismos y fiarnos de nuestras capacidades sin permitir que la desesperación se apodere de nuestros corazones. El Profeta (s.a.w.), que fue el hombre más valiente, combatió a todos sus enemigos y fue capaz de transformar el mundo, dijo:
« رَبِّ لا تَكِلْنِي إِلَى نَفْسِي طَرْفَةَ عَيْنٍ أَبَداً »
“¡Oh Señor mío! Jamás me delegues a mí mismo ni siquiera por el lapso que dura un parpadeo”.[1]
Observemos lo que dice Imam As-Saÿÿâd (a.s.) cuando requiere ayuda a Al·lâh:
« سُبْحانَكَ ما اَضْيَقَ الْطُّرُقَ عَلى مَنْ لَمْ تَكُنْ دَليلَهُ، وَما اَوْضَحَ الْحَقَّ عِنْدَ مَنْ هَدَيْتَهُ سَبيلَهُ، اِلـهي فَاسْلُكْ بِنا سُبُلَ الْوُصُولِ اِلَيْكَ، وَسَيِّرْنا في اَقْرَبِ الطُّرُقِ لِلْوُفُودِ عَلَيْكَ، قَرِّبْ عَلَيْنَا الْبَعيدَ وَسَهِّلْ عَلَيْنَا الْعَسيرَ الشَّديدَ، وَاَلْحِقْنا بِعِبادِكَ الَّذينَ هُمْ بِالْبِدارِ اِلَيْكَ يُسارِعُونَ، وَبابَكَ عَلَى الدَّوامِ يَطْرُقُونَ، وَاِيّاكَ فِي اللَّيْلِ وَالنَّهارِ يَعْبُدُونَ، وَهُمْ مِنْ هَيْبَتِكَ مُشْفِقُونَ، الَّذينَ صَفَّيْتَ لَهُمُ الْمَشارِبَ وَبَلَّغْتَهُمُ الرَّغائِبَ، وَاَنْجَحْتَ لَهُمُ الْمَطالِبَ، وَقَضَيْتَ لَهُمْ مِنْ فَضْلِكَ الْمَآرِبَ، وَمَلاَتَ لَهُمْ ضَمائِرَهُمْ مِنْ حُبِّكَ، وَرَوَّيْتَهُمْ مِنْ صافي شِرْبِكَ »
“¡Gloria a Ti! ¡Qué estrechos son los senderos para quien no has sido su guía! ¡Y qué clara es la verdad para aquel a quien Tú has orientado en su camino! ¡Mi Dios! ¡Haznos marchar por los caminos que llegan a Ti, y dirígenos por los senderos más cercanos para alcanzarte! ¡Acércanos lo lejano, y facilítanos lo dificultoso y severo! ¡Reúnenos con Tus siervos que se apresuran hacia Ti diligentemente, que golpean constantemente a Tu puerta y Te adoran durante la noche y el día, mientras que permanecen temerosos por temor a Ti! Tú has purificado sus abrevaderos, los condujiste hacia lo que ansiaban, les concediste sus requerimientos, realizaste sus anhelos a través de Tu bondad, llenaste su interior con Tu amor, y saciaste su sed con Tu pura bebida”.[2]
El sendero recto hacia nuestra felicidad es la adoración, la servidumbre. Dice Al·lâh:
﴿ أَلَمْ أَعْهَدْ إِلَيْكُمْ يَا بَنِي ءَادَمَ أَن لاَّ تَعْبُدُوا الشَّيْطَانَ إِنَّهُ لَكُمْ عَدُوٌ مُّبِينٌ * وَأَنِ اعْبُدُونِي هَذَا صِرَاطٌ مُّسْتَقِيمٌ ﴾
«¿Por ventura, no tomé vuestro pacto, ¡oh hijos de Adán!, que no adoraríais a Satán porque es vuestro enemigo evidente, y que Me adoraríais, porque ésta es la recta senda?».[3]
Asimismo, el Profeta Jesús (a.s.), dijo a los Hijos de Israel:
﴿ إِنَّ اللَّهَ رَبِّي وَرَبُّكُمْ فَاعْبُدُوهُ هَذَا صِرَاطٌ مُستَقِيمٌ ﴾
«Ciertamente que Al·lâh es mi Señor y el vuestro. ¡Adoradle, pues! Ésta es la recta senda».[4]

La adoración no necesariamente significa unas formas especiales de devoción. Cada acción o incluso pensamiento que son realizados para satisfacer a Al·lâh, son considerados adoración. La adoración en este sentido general puede abarcar toda nuestra vida. Nuestro trabajo o empleo, nuestro hablar, nuestro escuchar, nuestro comer o beber e incluso nuestro dormir, pueden ser para complacerlo a Él y pueden resultar útiles en nuestro movimiento espiritual.

Estudiamos durante nuestro análisis sobre la meta de la creación, que los seres humanos fueron creados para adorarlo a Él, lo cual redunda en su propio beneficio. Supimos que existe una jerarquía de metas y entendimos el lugar de la adoración como una meta dentro de tal jerarquía.

Si queremos adorar a Al·lâh y acercarnos a Él, no es suficiente con practicar algunos rezos, ayunos o sus semejantes, sino que debería ocurrir una transformación en todos los aspectos de nuestra existencia. Ante todo, debemos conocer a Al·lâh y a Su religión. En segundo lugar, debemos acatar esas leyes. En tercer lugar, debemos hacer de nuestros caracteres y cualidades espirituales lo que a Él le complazca. De este modo, hay tres soportes de perfeccionamiento: creencia, acción y virtudes.

¿Qué debemos hacer en relación con nuestra creencia? En el Islam se le pide a toda persona investigar sobre la religión. Debemos pensar, reflexionar, estudiar y analizar la religión. Algunas creencias religiosas son necesarias para toda la gente, tales como los principios fundamentales; y algunas no son necesarias para toda la gente. Por lo tanto, no es menester, ni se espera, que cada individuo deba conocer, a través de una investigación personal, todos los detalles sobre, por ejemplo, la Resurrección.

Para hacer una investigación sobre las creencias religiosas ante todo se debe contar con el propio intelecto. 
Solo tras percatarse de la veracidad de la religión o del Profeta (s.a.w.) se puede hacer uso de la guía del Glorioso Corán y de los hadices del Profeta para ulteriores estudios. Además, el Profeta (s.a.w.) quiso que todos los musulmanes se refiriesen a la Gente de su Casa (a.s.) para comprender la verdadera interpretación del Glorioso Corán y su pura Tradición (Sunnah). Dijo el Profeta:
« تَرَكْتُ فيكُمُ الثَّقَلَيْنِ ما إِنْ تَمَسَّكْتُمُ بِهِما لَنْ تُضِلُّوا بَعْدِي أَبَداً ، كِتابَ اللهِ وَعِتْرَتي أَهْلَ بَيْتي، وَلَنْ يَفْتَرِقا حَتّى يَرِدا عَلَىَّ الحَوْضَ ، فَانْظُرُوا كَيْفَ تَخْلُفُوني فيهِما »
“Dejo entre vosotros dos cosas preciosas que, si os aferráis a ambas, jamás os extraviaréis después de mí: el Libro de Dios y mi Familia, la Gente de mi Casa. Ambos no se separarán jamás hasta que regresen a mí en la Fuente (del Paraíso). Así pues, observad cómo actuáis con ambos en mi ausencia.”

Este hadîz es una de las narraciones que expresa la autoridad de Ahl-ul Bait (la Gente de la Casa del Profeta) para presentar el puro Islam. La siguiente es una lista de libros que registraron esta narración, pero cabe aclarar que éstos solo son algunos ejemplos de las obras de los sabios sunnis y que existen muchos otros libros de sabios shias y sunnis que contienen este hadîz:

Sahîh Muslim, Libro de las Virtudes (Fadâ’il) de ‘Alî ibn Abî Tâlib, t. 7, p. 122; Sahîh At-Tirmidhî, t. 5, p. 328; Jasâ’is, de Imam An-Nisâ’î, p. 21; Musnad, de Imam Ahmad ibn Hanbal, t. 3, p. 17; Kanz al-‘Ummâl, t. 1, p. 154; At-Tabaqât al-Kubrâ, de Ibn Sa‘d, t. 2, p. 194; Ÿâmi‘ al-Usûl, de Ibn Azîr, t. 1, p. 187; Al-Ÿâmi‘ as-Saguîr, de As-Suiûtî, t. 1, p. 353; Usud al-Gâbah, de Ibn Azîr, t. 2, p. 12; Ta’rîj ad-Dimashq, de Ibn ‘Asâkir, t. 5, p. 436; At-Tafsîr, de Ibn Kazîr, t. 4, p. 113.

Debemos ser cuidadosos con nuestras creencias: con las básicas y las complementarias. Si una persona no es experta o diestra para descubrir las ideas y conceptos islámicos a través del Glorioso Corán o la Tradición, no debe interpretarlos según sus deseos o deficiente entendimiento, ni tampoco debe fiarse de personas que no poseen conocimiento y pericia suficientes. Hacer uso de sus libros o palabras es como tomar medicamentos prescriptos por un falso médico. De este modo, comprender los detalles de las creencias es como comprender las leyes prácticas.

Según el Islam nuestra felicidad no se fundamenta solo en nuestra fe o creencias. Tanto las obras como las virtudes conllevan nuestra felicidad. Las leyes prácticas islámicas están para guiarnos en el terreno de las acciones, especialmente cuando nuestro intelecto o conciencia está indefinida. Toda persona puede aprender la Jurisprudencia y las ciencias relacionadas, y convertirse en un Muÿtahid. Luego, puede confiar en su propio entendimiento de las leyes; pero es un proceso difícil y necesita de mucha destreza, mucho trabajo y experiencia.

Quienes no están capacitados para esta tarea tienen dos posibilidades: pueden actuar según la precaución; por ejemplo, cuando dudan si algo es obligatorio o recomendable, deben llevarlo a cabo, o cuando no saben si algo es prohibido o permitido, deben abstenerse del mismo. Actuar de esta manera es muy difícil e incluso imposible para aquellos que no son versados en Jurisprudencia.

La segunda posibilidad es imitar o seguir a una persona de quien se haya demostrado que es un Muÿtahid o el más sabio, y al mismo tiempo justo, confiable, perspicaz, etc. Este tipo de referencia, esto es, la referencia de un no-sabio que hace de una persona confiable y versada, es recomendada por el intelecto y aprobada por el Islam. Es exactamente lo que hacemos en nuestra vida diaria, por ejemplo, tomamos la receta de un médico o pedimos a un arquitecto que nos haga un plano para nuestra casa, etc.

Existe también una serie de deberes sociales para nosotros, especialmente ante la actual situación que atraviesa el mundo islámico. Si queremos gozar de respeto en este mundo y de recompensas en el otro, no es suficiente con llevar a cabo nuestros deberes personales. Otro rol de ese Muÿtahid perspicaz, versado y justo es enunciar los deberes de los musulmanes. Nuestro intelecto nos dice que por medio de obedecer a dicha autoridad tenemos garantizada nuestra felicidad material y espiritual. Citemos lo que ‘Al·lâmah Muhammad Ridâ Al-Mudzaffar ha escrito en su valioso libro “‘Aqâid al-Imâmîiah”:
 “Nosotros creemos que un Muÿtahid totalmente calificado es un representante del Imam, en caso de la ausencia de este último. De este modo, él es una autoridad sobre los musulmanes y realiza las funciones del Imam en cuanto al juicio y la administración entre la gente…
Por lo tanto, el Muÿtahid calificado no solo es alguien que emite fatwas o dictámenes religiosos, sino que también posee autoridad general sobre los musulmanes quienes deben consultarle si requieren un juicio, siendo esto obtenible solo de él. Es correspondientemente improcedente para cualquiera dar juicios excepto para él o alguien designado por él, como tampoco nadie puede dictar una sentencia sin su permiso”.[5]
Tras comprender nuestros deberes a través del iÿtihâd (capacidad para extraer las normas de sus fuentes) o taqlîd (imitación) debemos esforzarnos lo más posible por llevarlos a cabo. El primer paso a dar es realizar lo obligatorio (wâÿib). Si una persona no acata los deberes obligatorios detiene su movimiento hacia Al·lâh e incluso retrocede. El segundo paso a dar consiste en llevar a cabo los asuntos recomendables (mustahabbât).[6]

Junto a la realización de las obligaciones debemos cuidar nuestras cualidades espirituales. Este tema se estudia en Ética (ajlâq). En pocas palabras, en primer lugar debemos reconocer nuestras malas cualidades. Luego deberemos tratar de librarnos de ellas. De esta manera podremos purificar nuestros espíritus de toda maldad y capacitar a nuestros corazones para recibir las iluminaciones divinas. Además de los métodos generales hay algunos métodos especiales para tratar cada una de las debilidades morales.[7] Este proceso deberá ir acompañado de la adquisición de buenos atributos y virtudes.
Éstos son esbozos del programa islámico para que los seres humanos logren su felicidad. Esperamos que el lector pueda seguir estos puntos. Es adecuado concluir nuestra exposición con dos hadices del Profeta (s.a.w.):
« أَكْثَرُ مَا تَلِجُ بِهِ أُمَّتِيَ الْجَنَّةَ تَقْوَى اللَّهِ وَ حُسْنُ الْخُلُق‏ [ يَعْمُرَانِ الدِّيَارَ وَ يَزِيدَانِ فِي الأَعْمَارِ]  »
“La mayoría de la gente de mi comunidad entra al Paraíso a través de la piedad y el buen carácter. [Lo cual desarrolla las poblaciones y prolonga la vida de las personas]”.[8]
« بُعِثْتُ لأُتَمِّمَ مَكَارِمَ الأَخْلاقِ »
“Yo he sido enviado para completar las más nobles virtudes”.[9]




[1] Bihâr al-Anwâr, t. 86, p. 9.


[2] The Psalms of Islam (Sahîfah as-Saÿÿadîiah), pp. 245 y 246.


[3] Sûra Iâ Sîn; 36: 60-61.


[4] Sûra Âl-i ‘Imrân; 3: 51.


[5] The Faith of Shi‘a Islam (‘Aqâid al-Imâmîiah), p. 4.


[6] Aconsejamos al lector releer el hadîz sobre nawâfil en el capítulo anterior.


[7] Para un buen estudio sobre las diferentes escuelas de Ética y la postura coránica referirse a: “Al-Mizân fî Tafsîr al-Qur’ân”, de ‘Al·lâmah Tabâtabâ’î, bajo la interpretación de las aleyas 153-157 de la Sûra al-Baqarah.


[8] Bihâr al-Anwâr, t. 71 p. 375, nº 6.


[9] Bihâr al-Anwâr, t. 70, p. 372, nº 18.

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