domingo, 8 de enero de 2012

La Escuela Económica Islámica (VII): El Problema Económico

 
Desde la óptica del Mártir Muhammad Baqir As-Sadr
Autor: Muhammad Al-Husaini -Traducción del árabe: Feisal Morhell

El Problema Económico 

¿Por qué existen millones de personas que están destinadas a morir de hambre? ¿Por qué estos millones se encuentran desprovistos, y el mundo es impotente de garantizarles lo que vista sus cuerpos y cubra sus necesidades?
¿Por qué un ser humano se ve impotente de proveer un digno bocado tanto a su familia como a sí mismo, mientras que otros de su misma especie viven sumergidos en la suntuosidad y el derroche? ¿Cuál es la causa de ese problema, y cuál es la solución para librarse de sus peligros?

El capitalismo sostiene que la causa principal de este problema es la falta relativa de recursos naturales, y que éstos son limitados desde que no es posible aumentar la magnitud de la tierra en la que vive el ser humano, ni la cantidad de las riquezas contenidas en ella, mientras que las necesidades de la humanidad aumentan en progresión, y en concordancia al crecimiento y desarrollo de las ciudades. Esto es algo que hace que la naturaleza sea incapaz de brindar una respuesta a todas las necesidades de la totalidad de los individuos de la raza humana, y por consiguiente se produzca una competencia entre los individuos para satisfacer sus propias necesidades, originándose así el problema económico.

El marxismo refiere el problema a la contradicción existente entre la forma de producción y las relaciones de distribución, siendo así que cuando haya correspondencia entre esa forma y relaciones regirá la estabilidad en la vida económica, cualquiera fuera la clase de régimen social producto de la correspondencia entre la forma de producción y las relaciones de distribución.

En cuanto al sistema islámico, ¿cómo enfoca el problema y cuál es la solución que propone islámicamente?

Encuentro necesario enfatizar la postura positiva del Mártir Muhammad Bâqir As-Sadr respecto al problema económico, desde que rechaza los intentos de carácter explicativo que se rinden al problema económico aceptándolo como una realidad, y reconocen su condición de inevitable, en lugar de buscar una solución para ello, lo cual profundiza el problema y lo cubre con un manto de legalidad.

El mártir As-Sadr, en su intento por representar el problema económico, parte de la sagrada aleya coránica que dice:

«Dios es Quien creó los cielos y la tierra e hizo descender agua del cielo mediante la cual hizo brotar frutos para vuestro sustento; y sometió para vosotros los navíos para que naveguen por el mar con su anuencia; y sometió para vosotros los ríos * Y sometió a vosotros el sol y la luna que marchan incesantemente; y sometió para vosotros el día y la noche * Y os concedió de todo cuanto le solicitasteis. Y si contarais las mercedes de Dios no podríais enumerarlas. Por cierto que el humano es tirano, ingratísimo»[1]



Él agrega: “Estos párrafos reconocen claramente que: Dios, Elevado Sea, ha dispuesto para el ser humano en este extenso mundo todo lo que es de su beneficio y conveniencia, y le proporcionó los recursos suficientes para su abastecimiento.

Del último párrafo que dice «Por cierto que el humano es tirano, ingratísimo», se desprende que la tiranía que el ser humano lleva a cabo en su vida práctica, y su ingratitud frente a las mercedes divinas, son las dos causas fundamentales del problema económico en la vida del ser humano.

La tiranía del ser humano en el ámbito económico se manifiesta en la mala distribución, y la ingratitud de las mercedes divinas se manifiesta en su negligencia al explotar la naturaleza y en su postura negativa respecto a la misma. Es así que cuando se elimina la tiranía de las relaciones sociales (que rigen) sobre la distribución, y se alistan las fuerzas de las personas para beneficiarse de la naturaleza y de su aprovechamiento, se elimina el problema real en el ámbito económico
”[2]. Entonces, “estas benditas aleyas, luego de señalar las fuentes de riqueza con las que Dios, Elevado Sea, ha agraciado al ser humano, hacen hincapié en que éstas son suficientes para satisfacer al ser humano y concretar su requerimiento: «Y os concedió de todo cuanto le solicitasteis». Entonces, el problema real no se origina de la mezquindad de la naturaleza o su impotencia para responder a las necesidades del ser humano, sino que se origina del ser humano mismo, como lo afirma la última aleya que dice: «Por cierto que el humano es tirano, ingratísimo». Es así que la tiranía del ser humano en lo que se refiere a la distribución de la riqueza, y su ingratitud de las mercedes por no aprovechar todas las fuentes que Dios le ha proveído de una manera completa, conforman las dos causas que conjuntamente conforman el problema en el cual vive el desgraciado ser humano desde las más remotas épocas de la historia.

La mera acción de explicar el problema sobre una base humanitaria hace que sea posible vencerlo y terminar con la tiranía y la ingratitud en lo referente a esas mercedes, mediante la implementación de relaciones de distribución justas, por medio de cargar todas las fuerzas materiales para el aprovechamiento de la naturaleza, y descubrir todos sus tesoros
”.[3]

Hasta aquí se hizo evidente que la representación del mártir As-Sadr del problema económico se compone de dos partes: una de ellas es la tiranía del ser humano y su mala distribución de la riqueza, y la segunda es la no explotación de todas las fuentes con las que Dios ha agraciado al ser humano. Eso es algo sobre lo que el mártir As-Sadr ha hecho hincapié en más de un lugar, solo que hay algunos que consideran la primera parte (de su teoría), descuidando la segunda.


Notas:

[1] Corán; Ibrâhîm 14: 32-34.


[2] As-Sadr, Muhammad Bâqir; Iqtisâduna (Nuestra Economía), p. 330, ed. Al-‘Ishrûn, año 1408HL - 1987AD.


[3] Ibídem, p. 638.

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