jueves, 23 de diciembre de 2010

La Naturaleza del Movimiento del Imam Husain (P)

Por el Gran Sabio Mártir Murtada Mutahhari [1]
Traducción: Sumeia Younes 
  
Así como los variados eventos tienen naturalezas diferentes, ocurre de igual manera con las rebeliones y levantamientos sociales.
A fin de obtener el conocimiento de algo, se debe prestar atención a su causa creativa, a su causa final, a su causa material, especialmente las partes que integran el conjunto, y a su causa nominal que le da sus características generales.
Los siguientes puntos explican la naturaleza de un movimiento:
1) Para comprender un movimiento y su naturaleza, es necesario conocer las causas y las razones que lo han llevado a ello. Esto es lo que se llama su “causa creativa”.
2) ¿Qué es un movimiento y cuáles son sus objetivos? ¿Persigue éste un objetivo o no? Esto es lo que se llama su “causa final”.
3) ¿Cuáles son los elementos y los contenidos de este movimiento, y qué actividades se llevan a cabo en él? Esto es lo que se llama su “causa material”.
4) ¿Qué forma ha asumido él como una totalidad? Esto es lo que se llama su “causa aparente o nominal”.

Del mismo modo, respecto al movimiento del Imam Husein (P), debemos averiguar si sus consecuencias han sido una explosión. ¿Ha sido como una caldera de agua hirviendo que ha concluido en una explosión?
Algunas rebeliones son explosiones. Una diferencia entre el Islam otras escuelas de pensamiento es que, por ejemplo, una escuela dialéctica confía en reforzar el antagonismo y la oposición de las cosas, en aumentar las agitaciones, profundizar las brechas y oponerse a las reformas reales, a fin de conducir a la sociedad a una revolución después de haber llegado a un cierto punto de explosión, no a una revolución de la cual la gente sea consciente.
El Islam de ninguna manera cree en una revolución explosiva, sino que insiste en su existencia basada en un cien por ciento en la conciencia y la resolución.
¿Fue el movimiento de Imam Husein (P) un movimiento explosivo causado inconscientemente por grandes presiones de la época de Mu’awîiah y de su hijo Iazîd, de modo que el Imam Husein (P) estaba, en su impaciencia, dispuesto a arriesgarlo todo?
Nuestra respuesta es negativa, por toda la evidencia que hay al respecto, incluyendo sus palabras y correspondencias mantenidas entre él y Mu’awîiah y más tarde con Iazîd, y sus discursos en lugares diferentes, especialmente aquel bien conocido, pronunciado en Mina a los compañeros del Profeta y citado en Tuhaf Al-‘Uqûl, el cual demuestra que este movimiento comenzó con plena conciencia y que no fue como una explosión sino una perfecta Revolución Islámica.
Al dirigirse a sus compañeros, el Imam Husein (P) no permitió que su revolución asumiera una forma explosiva. Una razón para esta afirmación es que él intentó en cada ocasión hacer que sus compañeros se fueran, y les recordó repetidamente que en ese lugar no debían esperar ningún beneficio material, sino sólo la muerte. Aún en la noche antes de ‘Ashura (el décimo día del mes de Muharram, cuando él (P) fue martirizado), dijo:  

No conozco mejores compañeros y más sabios que los míos. Os doy las gracias a todos. Ellos sólo me buscan a mí, así que podéis dejarme si lo deseáis. Si ellos supieran de vuestra intención de retiraros de este campo de batalla, no os molestarían. Por lo tanto, abandonad junto a mi familia este desierto donde cada cosa es extraña para vosotros, y dejadme aquí sólo.

Un líder que desea hacer uso de la ansiedad y del descontento de la gente para estimular una revolución, no hablaría de ese modo. El les enfatizaría la obligación religiosa. Pero el Imam (P) les pidió que atendieran a esta obligación religiosa con total libertad. Quería que sus seguidores se dieran cuenta de que no había compulsión sobre ellos para resistir en contra del enemigo. Ellos podían fácilmente desaparecer en la oscuridad de la noche sin ningún inconveniente. Tampoco actuó él con la intención de un amigo que insiste en su alejamiento de allí (para evitar su muerte), sino que dijo:

Yo os eximo de vuestro juramento de fidelidad hacia mí, si pensáis que ello representa un deber o una obligación para vosotros.

Esto quiere decir, dejarles la elección. Si ellos querían apoyar lo que era justo, podían libremente, con plena conciencia y sin ninguna ansiedad causada por él o por el enemigo, quedarse y resistir en su favor.
Esto es lo que otorga un valor más grande a los mártires de Karbalâ’. Por otra parte, él podía haber adoptado las mismas medidas empleadas en la guerra contra los españoles. Cuando Târiq ibn Ziâd conquistó España y movió sus barcos a través del famoso estrecho que lleva su nombre[2], ordenó a sus hombres almacenar provisiones para veinticuatro horas y quemar el resto junto con los barcos. Luego congregó a sus soldados y hombres y señalando hacia el mar, dijo: “El enemigo está frente a vosotros y el mar por detrás. Si intentarais huir, no tendríais camino sino el mar que os destruiría. Tenéis comida sólo para veinticuatro horas, y después de eso, moriréis de hambre. El único camino para vuestra seguridad es la lucha y la victoria, porque el enemigo tiene vuestro alimento”.
Éste fue el método utilizado por un líder político. Pero el Imam (P) nunca dijo que el mar estaba por detrás y el enemigo en frente de sus compañeros; o que había una compulsión por parte del enemigo o para el amigo.
Su revolución fue en todo sentido aceptada por él (P), su familia y sus compañeros. No fue explosiva en su naturaleza.
Una revolución con conciencia puede tener distintos elementos, y casualmente, la revolución de Imam Husein (P) tuvo muchos factores que hacen que el movimiento tenga un carácter múltiple y no unidimensional.
Una de las diferencias entre los distintos hechos sociales y naturales, es que éstos últimos son de una naturaleza particular, y no pueden, a diferencia de los eventos sociales, ser de múltiples clases. Un metal no puede al mismo tiempo poseer las propiedades del oro y del cobre. Pero el hombre, al igual que los eventos sociales, es, sorprendentemente, de múltiples clases. Es por ello que Jean Paul Sartre dijo que la existencia del hombre es anterior a su naturaleza. Además un ser humano puede al mismo tiempo tener la naturaleza de un ángel, de un cerdo y de un tigre. Esto en sí mismo es un tópico con una larga historia en términos de cultura y enseñanzas islámicas.
La rebelión del Imam Huein (P) también tiene un carácter múltiple, ya que fue influida por varios factores.
Un movimiento puede tener tanto naturaleza reaccionaria como naturaleza inicial. Si es de la primera forma la reacción puede ser positiva o negativa, según una u otra corriente. Todo esto puede ser observado en el movimiento del Imam Husein (P), lo que prueba su naturaleza multidimensional.
Uno de los importantes factores y que desde el punto de vista cronológico tal vez sea el primero, es el factor del juramento de fidelidad. El Imam Husein (P) estaba en Medina y Mu’awîiah, que deseaba obtener de él la bai’ah o juramento de fidelidad para la sucesión de su hijo Iazîd antes de su propia muerte, envió a tal efecto a sus agentes a Medina. Esto hubiera significado una aprobación para el Califato de Iazîd, no sólo en lo que se refiere a la persona de este último en particular, sino también a la tradición que quería fundar Mu’awîiah, que consistía en que “el sucesor fuera nombrado por su predecesor”. Esto significaba el rechazo de la norma que establecía que el próximo califa debía ser elegido por la gente, o, como creen los Shias, debía ser nombrado de acuerdo con lo dispuesto por el Profeta[3]. Por lo tanto, todo esto no era tan solo hacer que la gente aprobara la sucesión de un hijo por orden de su padre, sino también el establecimiento de una tradición introducida por primera vez, por Mu’awîiah, razón por la cual querían obtener el juramento de fidelidad del Imam Husein (P).
Esta exigencia se encontró con una reacción negativa por parte del Imam (P), basada en la taqwâ (piedad o temor a Dios). Cada ser humano se enfrenta a veces con una serie de exigencias en su sociedad en variadas apariencias, ya sea en forma de placer, deseo por posición, amenaza o temor. Él debe resistirse ante todo eso y decir ‘no’ a fin de ser virtuoso y piadoso.
Ellos exigían el juramento de fidelidad. El Imam se negó. Ellos amenazaron y él (P) dijo que estaba listo para morir, pero no para jurar fidelidad. Hasta aquí el movimiento está basado en una reacción de negativa a exigencias ilegales; en otras palabras, la esencia de este acto está en la taqwâ. Es como expresar: Lâ ilâha il·la Al·lah -“No hay divinidad sino Al·lah”-, donde la primera parte, o sea “Lâ ilâha” (No hay divinidad...) es una negativa de lo ilegítimo, es decir, un ‘no’ con taqwâ.
Pero éste no fue el único factor del movimiento. Además hay otro factor que indica que la esencia del movimiento de Imam Husein (P) es de esencia reaccionaria, sólo que la reacción aquí es positiva, no negativa. Está basado en la idea de que Mu’awîiah estaba destinado a abandonar este mundo un día, y que la gente de Kufa se daría cuenta de que veinte años antes de este suceso, ‘Alî (P) había gobernado en ese pueblo donde los efectos de sus enseñanzas aún permanecían. Por supuesto, ahora muchos de sus jefes y caudillos como Huÿr ibn ‘Adî, ‘Amr ibn Hamq Al-Jaza’i, Rashîd Hiÿrî, Maisam Tammâr y otros, habían sido desterrados para despojar al pueblo de las ideas y de los sentimientos de ‘Alî (P). Pero aún quedaban efectos de sus enseñanzas. Tan pronto como Mu’awîiah murió, ellos se reunieron y dijeron que no perderían la oportunidad y que no debían permitir que Iazîd fuera Califa, pues tenían a Husein ibn ‘Alî (P). Ellos debían invitarle a gobernar, y estar preparados para auxiliarle y así tornar al Califato verdaderamente islámico.
Aquí hay una invitación por parte de la gente basada en que “estamos preparados con toda el alma y el corazón” y en que “nos hemos congregado para vuestra llegada”. Kufa, que siempre había sido un campo militar de los musulmanes, envió invitaciones al Imam Husein (P). No fue solo una persona, o dos, o diez..., sino dieciocho mil cartas, cada una de las cuales era a veces firmada por veinte personas, hasta que llegó el número a cien mil personas que le enviaron cartas.
¿Qué debía hacer el Imam ahora? No necesitaba más excusas. La petición había sido hecha, y la reacción por parte de los musulmanes que se habían rebelado era positiva y el Imam (P) debía dar una respuesta positiva y apresurarse a su ayuda.
Al principio, antes de este suceso, su deber era sólo decir ‘no’ (a Iazîd) y conservarse a sí mismo puro. Por lo tanto, si él hubiera aceptado la sugerencia de Ibn ‘Abbâs y hubiera ido a vivir en las montañas del Yemen para estar a salvo del ejército de Iazîd, habría cumplido con su primera obligación desde el punto de vista de lealtad y piedad.
Pero ahora un nuevo deber había recaído sobre él como resultado de la invitación de los musulmanes, quienes se proponen una especie de ultimátum. A pesar de que el Imam (P) sabía desde el mismo comienzo de su partida que la gente de Kufa no estaba preparada adecuadamente, y que era temerosa y sin principios, sin embargo, ¿qué respuesta podría dar él a la historia? Si los hubiera abandonado, ¿qué habríamos dicho hoy preguntándonos por qué el Imam (P) no les dio una respuesta?  
Un ejemplo puede ser citado aquí: Abû Salamah Ÿalâl fue una persona a quien en la Corte Abasida llamaban “el ministro de la familia del Profeta”. El riñó con el Califa Abasida, y cuando al poco tiempo éste fue asesinado, escribió rápidamente una carta al Imam Ÿa’far As-Sâdiq (P) y simultáneamente otra a Muhammad ibn ‘Abdil·lah Mahd, en la que invitaba a ambos al mismo tiempo a aceptar la ayuda de él y la de Abû Muslim, quienes hasta la fecha habían servido a los Abasidas, pero ahora querían estar al servicio del Imam, y dijeron que si él estaba dispuesto, ellos destruirían a los Abasidas.
En primer lugar, cuando una misma carta es escrita a dos personas es señal de que no hay sinceridad; en segundo lugar la carta fue escrita después de que él había cortado sus relaciones con el Califa Abasida al darse cuenta este último de que le era deshonesto.
El Imam Ÿa’far As-Sâdiq (P) leyó la carta y la quemó en presencia del mensajero que preguntó qué respuesta él daría. El Imam (P) dijo: “Ésta fue mi respuesta”.
Antes de que el mensajero regresara, Abû Salamah había sido asesinado. Pero nosotros imaginamos que la gente se preguntó por qué el Imam (P) no envió una respuesta positiva y dio una negativa a Abû Salamah. Fue porque, en primer lugar, no era sincero, y en segundo lugar, no se llevaba bien con el Califa, quien lo mató como sospechoso de deshonestidad.
Con todo esto, si el Imam Husein (P) se hubiera rehusado a dar una respuesta positiva, el mundo lo habría criticado y hubiera dicho que si él hubiera aceptado la invitación, Iazîd y sus seguidores hubieran sido aniquilados por la valiente gente de Kufa. Kufa había sido un campo militar de los musulmanes y esta gente valiente había sido gobernada por ‘Alî (P) durante cinco años. Allí, la voz de ‘Alî (P) y de las viudas y huérfanos que habían sido mantenidos por él, aún podían ser oídas. Ellos habrían dicho que el Imam Husein (P) no fue porque estaba asustado, y que si hubiera ido a Kufa, hubiese comenzado una revolución. Por lo tanto, él consideró un deber decir: “Yo estoy listo, si vosotros lo estáis”.
Hay además un tercer punto de vista al cual nos referiremos luego. Ahora veamos cuál de estos dos factores tuvo prioridad. ¿Se negó primeramente el Imam (P) a la lealtad y luego fue invitado por la gente de Kufa, o fue al revés?
Fue definitivamente lo primero, ya que la exigencia de jurar fidelidad fue hecha inmediatamente después de la muerte de Mu’awîiah.
Cronológicamente, la cuestión de la lealtad se desarrolla primero, ya que el mismo hombre que hizo llegar las noticias de la muerte de Mu’awîiah al gobernador de Medina, le llevó a él otra carta en la cual era mencionado el asunto de obtener la lealtad del Imam Husein (P) y de algunas otras personas. A estas alturas, Kufa no podría haber estado informada de la muerte de Mu’awîiah, y de acuerdo a la historia, el Imam Husein (P) fue requerido para jurar lealtad, él se rehusó, y pasaron varios días hasta que el Imam (P) partió de Medina el 27 de Raÿab, bajo presión, llegando a La Meca seis días más tarde, el 3 de Sha’ban. La invitación de la gente de Kufa le llegó el 15 de Ramadán, es decir, alrededor de un mes y medio después de serle exigido el juramento de fidelidad y del posterior rechazo del Imam (P). Por lo tanto está claro que la invitación llegó después de su negativa a jurar fidelidad. Él (P) había dicho:  

Me rehusó a jurar fidelidad, aún cuando ningún lugar me fuera dejado sobre la Tierra para vivir.  

 El otro factor fue su obligación de ordenar lo bueno y prohibir lo malo. El partió de Medina con esta consigna. No fue una cuestión de alzamiento a causa de serle exigido el juramento de fidelidad, sino de levantamiento con motivo de ordenar lo bueno y prohibir lo malo en cualquier caso, pues los vicios se habían difundido por todo el mundo islámico, y su obligación religiosa le hizo necesario el revelarse.
La primera cuestión es de legítima defensa, algo que le incumbe personalmente al negarse a dar la bai‘ah. En la segunda cuestión él es un auxiliador. Pero en la tercera, el Imam (P) actúa como atacante al confrontar al gobierno de la época, y de acuerdo a todo esto el Imam Husein era un revolucionario. Cada uno de los factores arriba mencionados suscita una obligación diferente para él, y es por eso que nosotros decimos que el movimiento es de un carácter múltiple.
Sobre las bases de este primer factor, es decir, la cuestión de dar la bai‘ah. el deber del Imam era simplemente no dar el juramento de fidelidad, y si aceptaba la sugerencia de Ibn ‘Abbâs y se iba a las montañas del Yemen, hubiera sido correcto.  
Sobre las bases del segundo factor, es decir la cuestión del pedido de la gente de Kufa, él tenía la obligación de darles una respuesta positiva, mientras ellos respetaran su promesa. Desde el momento en que lo abandonaron, ya no tuvo esa obligación al haber violado ellos la promesa, ya que entonces el asunto de que él llevara las riendas del gobierno se tornaría nulo y vacío. Entonces el Imam (P) no tenía la obligación, pero ¿por qué él continuó su tarea? Esto demuestra que su tarea no estaba limitada al factor de la invitación, el cual fue un asunto temporal comenzando el 15 de Ramadán, hasta que él llegó al límite de Irak y Arabia y se encontró con Hurr ibn Iazîd Ar-Riahi y oyó de la muerte de Muslim, por lo que el asunto de auxiliar a Kufa perdió su validez. Además, teniendo en cuenta que se habló con la gente de Kufa y no con Iazîd y su gobierno, su obligación era sólo decirle a la gente de Kufa que si no lo querían, él volvería sobre sus pasos, lo cual no implica que si se tomara esa medida daría la bai’ah, algo que él mismo dejó en claro al expresar:  

Aunque vosotros no me alberguéis, aún así no daré la bai’ah. 

En la cuestión de prescribir lo bueno y prohibir lo malo, él ya no era un defensor o un auxiliador, sino un atacante y un revolucionario. Uno de los errores cometidos por el autor del libro Shahîd-e Ÿavîd (El Mártir Eterno) fue que él atribuyó demasiada importancia al factor de la invitación de la gente de Kufa, como si ello fuese algo básico. Da la casualidad de que fue el menos efectivo de los factores, pues si ello hubiera sido realmente un factor fundamental, el Imam (P) habría renunciado a su exigencia y juraría lealtad en el momento en que oyó que la situación de Kufa había cambiado, y no pronunciaría más su consigna de prescribir lo bueno y prohibir lo malo.
Casualmente el asunto es justamente al revés y sus más cálidas y emocionantes palabras son después de la derrota de Kufa. Esto demuestra que para él el tercer factor, es decir, prescribir lo bueno y prohibir lo malo es más significativo como un medio para atacar al gobierno como un revolucionario.
En su camino, el Imam (P) vio a dos hombres de Kufa y se detuvo para hablarles. Pero cuando ellos reconocieron al Imam (P) desviaron su camino. El Imam (P) comprendió que no deseaban hablar con él. Pero ellos hablaron con uno de los compañeros del Imam (P) sobre el martirio de Muslim y Hânî y dijeron que se sentían demasiado avergonzados como para comunicárselo al Imam Husein (P). El compañero del Imam le narró lo que los hombres habían dicho sobre la caída de Kufa y cómo el cuerpo de Muslim había sido arrastrado a través de las calles. El Imam (P) al escuchar este informe derramó lágrimas, y es para tener en cuenta el siguiente versículo del Corán que entonces recitó:

«Entre los creyentes hay hombres que cumplieron lo que habían pactado con Dios; los hay que han sacrificado sus vidas para cumplir su promesa, y otros que están esperando morir sin haber violado su pacto en lo más mínimo».
(Al-Ahzâb: 33: 23) 

En el Corán no podemos encontrar una aleya más adecuada para esta ocasión, la cual quiere decir: “Nosotros no hemos venido por causa de Kufa solamente, además ella ya cayó. Nuestro movimiento no fue causado solo por la invitación de la gente de Kufa. Éste fue solo uno de los factores por los cuales hemos venido de La Meca hacia Kufa. Muslim ya cumplió su promesa y nosotros tendremos el mismo destino”.
Teniendo en cuenta que el Imam era un atacante y un revolucionario, su lógica fue naturalmente diferente a la de un defensor y un auxiliador. La lógica de un defensor está basada en la lógica de alguien que posee algún objeto valioso. Para impedir que un ladrón se apodere de él, o él enfrenta al ladrón, o huye para mantener su propiedad intacta. Pero un atacante intenta destruir al otro, aún cuando él mismo sea muerto en el proceso. Ésta es la lógica de prescribir lo bueno y prohibir lo malo, la lógica de Husein (P), la lógica de un mártir.
La lógica de un mártir se refiere a la lógica de una persona que tiene un mensaje para su sociedad; un mensaje que debe ser escrito sólo con sangre.
Hubo mucha gente en el mundo que trajo sus mensajes. En excavaciones encontramos lápidas de reyes o jefes escritos en piedra vanagloriándose de su linaje, sus victorias, sus vidas, placeres y opresiones, y todo eso lo escribieron en piedra para que perduraran, pero al mismo tiempo que fueron escritos en piedra quedaron posteriormente enterrados bajo la tierra y sólo recientemente después de miles de años son desenterrados y depositados en museos en los cuales permanecen.
En cambio, fue como si el Imam Husein (P) hubiera escrito su esperanzado mensaje revolucionario sobre las páginas del vibrante aire; un mensaje que está grabado en los corazones de la gente porque está escrito con roja sangre. Hoy, los corazones de millones de árabes y no-árabes que entienden el lenguaje del Imam Husein (P), así como quienes puedan comprender las siguientes cuatro frases, pueden entender su mensaje:

Yo veo en la muerte,
solo felicidad,
y en el vivir con un tirano,
solo desdicha.

Para él, vivir con opresores y rendirse a muchas bajezas, y una vida de comer, beber y dormir solamente, es algo peor que la muerte. Éste es el mensaje de un mártir.
El mensaje del Imam Husein (P), que fue un atacante, y cuya lógica fue la lógica de un Shahîd, fue registrado en un día cuando no había papel ni pluma en aquel desierto de Karbalâ’ sino que sólo estaba la vibrante página del aire; pero este mensaje perduró y rápidamente se trasladó a los corazones de la gente de tal manera que nunca se borrará. Cada año, cuando el mes de Muharram se repite, el Imam Husein revive como un sol naciente, y otra vez dice:

Fue prescripta la muerte para los hijos de Adán así como el collar para los cuellos de las mujeres. Deseé ir a encontrarme con mis ancestros así como Ia’qûb añoró ver a Iûsuf. 

Otra vez vemos que el mensaje del Imam Husain (P) es que:

Ese bastardo hijo de un bastardo da a elegir una de dos cosas: la espada o la humillación. ¡Lejos está Husein de tolerar la humillación! ¡Nunca! ¡Nuestro Dios no aprueba eso para nosotros! 

Ese miserable hijo de un miserable, ese bastardo hijo de un bastardo, o sea ‘Ubaidul·lah Ibn Ziâd, quien estaba al mando de treinta mil hombres con espadas y lanzas, después de que todos los compañeros del Imam Husain (P) fueron asesinados, le dio a elegir entre dos caminos: desenvainar o humillarse. La respuesta del Imam es el mensaje del mártir: Mi Dios y mi Profeta no aprueban la humillación para nosotros.
Los creyentes, las mentes sanas, y la buena gente perdurarían hasta el Día de la Resurrección y hablarían de este asunto, y ninguno de ellos aprobaría su humillación. Él fue educado, criado y amamantado por una madre como Fátima Az-Zahrâ’ (P), por lo que nunca podría admitir humillación.
El día en que partió de Medina era atacante; ese día escribió en su testamento a su hermano Muhammad Hanafîiah lo siguiente:

Que la gente del mundo sepa que yo no soy un rebelde deseoso de la guerra, que no soy un corrupto ni un desobediente que busca una posición, como tampoco soy un opresor. No tengo tales propósitos. Mi levantamiento es de reforma. Yo me he revelado para reformar la nación de mi abuelo. Yo quiero ordenar lo bueno y prohibir lo malo. 

En esta carta no hay mención de la exigencia de la bai’ah, ni naturalmente tampoco de la invitación de la gente de Kufa, que todavía no había sido realizada, por lo que las acciones del Imam Husein (P) pueden ser explicadas por su lógica de ataque, martirio y difusión de la revolución. La acción de Imam Husein (P) solo se justifica con esta lógica. Si su lógica hubiera sido de defensa, él no habría permitido a sus compañeros partir en la noche antes de ‘Ashûra’, y no les daría la elección de quedarse o partir, ni les hubiera dicho que se fueran, que no tenían que morir allí ya que sólo lo querían a él.
El no les prohibió irse, siguiendo la lógica de un revolucionario, la lógica de un atacante, la lógica de quien quiere escribir su mensaje con sangre. Cuando sus compañeros y familia exteriorizaron su disposición a morir con él, el Imam (P) ruega por ellos a Al·lah para que les conceda la bienaventuranza y les recompense. ¿Por qué eso? ¿Por qué en la noche de ‘Ashurâ’ él envía a Habîb ibn Madzahir Al-As‘adî para reunir unos cuantos hombres de entre las tribus de Banî As‘ad? ¿Cuántos podían ser ellos? Aún cuando él pudiera traer consigo un grupo de cincuenta o sesenta hombres, ¿qué podrían hacer ellos en contra de aquellos treinta mil hombres para revertir la situación?  
El Imam Husein (P) esperaba que los efectos de su movimiento se extendieran lo más posible, basándose en la lógica de un mártir, la lógica de un revolucionario. Es por esto mismo que él trajo consigo a su familia, ya que ella sería la encargada de transmitir su mensaje. Una parte del mensaje debía ser llevado por su familia. El mismo Imam Husein (P) se esforzaba en estimular la situación lo más posible para que de esa forma quedara sembrada una semilla que diera sus frutos para siempre en el mundo. Realmente, ¡qué escena más estremecedora!

Los Factores

El factor de la invitación de la gente de Kufa, es el que le da al movimiento su carácter de ayuda y auxilio. El factor de la exigencia de la bai‘ah, es el que le da su carácter defensivo. Y el factor de ordenar el bien y prohibir el mal, es el que le da su carácter de ataque. Obviamente éstos no tienen el mismo valor, sino que cada factor tiene un valor particular en sí mismo y es en esa medida, que sumados, le dan al movimiento su valor total.
El tercer factor ha dado un valor superior al movimiento de Husein (P), valor que le fue conferido por su propio protagonista. Muchas cosas son de valor para el ser humano, y son un adorno. El conocimiento es un adorno, al igual que la jerarquía y la posición, particularmente la jerarquía divina, la que también es motivo de orgullo para las personas. Incluso las cosas materiales que representan esos valores, dan valor a un hombre. Por ejemplo, una vestimenta clerical provee algún significado a pesar de que esa vestimenta por sí sola no implique la condición de religiosa, sabia y piadosa de una persona sino que es un símbolo. Es como si esa persona estuviera diciendo: “yo soy un religioso”. A tal vestimenta se le atribuye ese valor por el hecho de haber sido usada generalmente por gente virtuosa. Lo mismo sucede con la vestimenta de un profesor universitario. Una joya es un adorno para una mujer.
Análogamente, en los movimientos hay muchos factores que le otorgan su valor a los mismos. Los movimientos son diferentes en su naturaleza; algunos son fanáticos, algunos seculares, otros son espirituales y humanos, y todos ellos brindan diferentes valores.
Cada uno de los tres factores contribuye en su medida a darle el valor total del movimiento, principalmente el tercero. A veces aquel a quien se le relaciona dicho valor es el mismo que ha brindado tal valor al movimiento, o sea que él mismo está infundiéndole valor a ese valor. Así como un valor hace que una persona sea portadora de ese valor, a veces la misma persona es la que eleva a ese valor; por ejemplo, la ropa de un religioso. Si alguien me preguntara: “¿Qué es esa vestimenta que llevas puesta?”. Yo respondería: “Es la misma ropa que vestía Ibn Sina (Avicena), de quien el mundo se enorgullece”. Así también para algunas personas la vestimenta de un profesor puede ser una honra, pero podemos encontrarnos con un profesor que tenga un grado de conocimiento tan elevado, que él mismo eleva el valor de esa vestimenta. Para una mujer las joyas son adornos, pero es posible que haya una mujer que sea un adorno para las joyas. Por ejemplo Sa’sa’ah ibn Suhan fue un magnífico orador educado por ‘Alî (P), y Yahiz, que era un letrado de entre los árabes, decía que Sa’sa’ah era un hombre elocuente y la mejor prueba de ello fue cuando ‘Alî (P) lo invitó a ponerse de pie y pronunciar unas palabras. Casualmente fue este mismo hombre quien, profundamente conmovido, pronunció el discurso del funeral durante la inhumación de ‘Alî (P). En la elección de ‘Alî (P) como Califa, este hombre pronunció las siguientes palabras de felicitaciones:

¡Oh, ‘Alî! Tú has adornado el Califato, y le has dado honra. El Califato no te adornó tanto como tú lo adornaste. El Califato no ha elevado más tu posición sino que tú al convertirte en Califa elevaste la posición del Califato. El Califato te necesitó más de lo que tú lo necesitaste. Yo felicito al Califato que permitió tu nombre, y no a ti por convertirte en Califa. 

Análogamente, el factor de ordenar lo bueno y prohibir lo malo, dio valor al movimiento y el mismo Imam Husein (P) le confirió valor a éste. La norma de ordenar el bien y prohibir el mal fue enaltecida con una corona de honor porque el Imam Husein la llevó a cabo de tal forma que elevó su valía. El mismo Imam (P) dijo:

Yo decidí prescribir lo bueno y prohibir lo malo y de este modo seguir con la tradición de mi abuelo y de mi padre. 

Esto es el Islam, que es una honra para mucha gente. Hay además musulmanes que en el sentido más amplio de la expresión, son un “honra para el Islam”. Fajr-ul Islam (Orgullo del Islam), ‘Izz-ud Dîn (Grandeza de la Religión), Sharif-ud Dîn (Nobleza de la Religión), son apelativos que tienen muchos musulmanes, pero no todos hacen honor a su nombre.
Siete u ocho años atrás fui invitado por la Sociedad Teológica de la Universidad de Shirâz. Uno de los profesores, que puede haber sido un ex-alumno mío, fue el encargado de presentarme. Él dijo al final de sus comentarios: “Si esta vestimenta de religioso es una fuente de honor para otros, este caballero es motivo de orgullo para tal vestimenta”. Yo me molesté mucho y cuando me puse de pie para hablar, pregunté: “¿Qué clase de comentario hiciste? ¿Acaso entiendes bien lo que dijiste? Yo sólo tengo un motivo de orgullo y es mi turbante y mi capa de religioso. ¿Quién soy yo para ser motivo de orgullo para el turbante y la capa? ¿Qué sentido tienen estos vanos cumplidos que os decís unos a otros? Abû Dharr Al-Giffarî puede ser considerado un orgullo para el Islam. De igual manera ‘Ammâr ibn Iâsir y Avicena, fueron un orgullo para el Islam al que hicieron florecer.
El Islam está orgulloso de haber educado hombres con quienes el mundo cuenta hoy; él ha tenido una profunda influencia en la educación y la cultura del mundo. El mundo no puede olvidar el nombre de Jaÿah Nasir-ud Dîn At-Tûsî por muchos de sus descubrimientos referentes a la Luna. Pero ¿qué somos nosotros y qué valor tenemos? Si el Islam puede aceptarnos, estaremos orgullosos. Pero la mayoría de los musulmanes somos una vergüenza para el mundo islámico. Por lo tanto dejemos de lado los cumplidos”.
Podemos decir que Ibn ‘Alî (P) infundió esplendor a los cimientos de la norma de ordenar el bien y prohibir el mal, tanto que podemos decir que le confiere valor a los mismos musulmanes y es algo que no lo digo yo sino que lo dice un claro texto coránico:

«Sois la mejor comunidad que ha salido de entre los hombres, ordenáis el bien y prohibís el mal».
(Âli ‘Imrân; 3: 110) 

Las personas deberían estremecerse ante tales expresiones del Corán. Lo que le da valor a la Ummah es el bien que encierra la misma norma de ordenar lo bueno y prohibir lo malo, pero al mismo tiempo es Husein (P) el que infunde su valor a dicha norma. Nosotros los musulmanes, no solo no otorgamos valor a este principio, sino que lo rebajamos cien por ciento al atribuir demasiada importancia a una serie de cuestiones insignificantes, sin dar importancia a asuntos que pueden llegar a convertirse en perjudiciales. Por ejemplo, si el “ordenar el bien” (Al-amr bil ma’rûf) de una persona sólo consiste en decirle a otra que se saque su anillo de oro, se deje la barba, o que no use ropa occidental, eso será apropiado sólo en determinadas circunstancias, como cuando no se observen más faltas que esas. Con ese tipo de cosas se rebaja la norma de ordenar el bien y prohibir el mal, tal como ocurre en Arabia Saudita.[4]
Pero Husein (P) puso atención a asuntos básicos como ordenar lo bueno y prohibir lo malo. Él describió y clasificó todo lo que puede ser considerado como bueno y malo en el Islam. Dijo que el primer pecador (manifiesto) y el más grande en el mundo islámico fue Iazîd ibn Mu’awîiah, ya que el Imam y líder debe ser una persona que cumpla con los mandatos del Corán, establezca la justicia y tenga completa fe en la religión.
El Imam ofreció todo lo que tenía con plena convicción para este principio y con su muerte elevó el valor de la norma de ordenar el bien y prohibir el mal.
Desde el primer día de su partida desde Medina, él habló de “la belleza de la muerte”. ¡Qué magnífica expresión sólo aplicable a la muerte en el camino de la verdad y de Al·lah! Así como un collar engalana el cuello de una mujer, del mismo modo, tal muerte es un ornamento.
Los siguientes versos que leí en el camino, probablemente sean de Farzdaq:

Aunque el mundo es muy hermoso y bello, sin embargo
el otro mundo es mucho más hermoso y bello aún.
Si todas las cosas mundanas deben ser dejadas atrás,
¿por qué el hombre no las otorga a los demás?
¿por qué el hombre no ayuda a los demás?
¿por qué el ser humano no hace el bien?
Si estos cuerpos deben morir, ya sea en el lecho o en la batalla,
¿por qué no morir una hermosa muerte teniendo en cuenta que la muerte de una persona en el camino de Al·lah,
bajo una espada, es mucho más noble y hermosa? 





[1] En este ensayo el autor discute la rebelión del Imam Husain (P) como un legítimo sucesor al Califato, en contra de los entonces gobernantes, el Califa Mu’awîiah y su hijo Iazîd. El autor demuestra que esta rebelión fue generada por varios factores, primeramente como un acto de defensa al negarse a jurar fidelidad a Iazîd, quien era considerado una innovación contraria a las tradiciones islámicas. En segundo lugar, toma la forma de auxilio a los seguidores del Imam en Kufa, después de su pedido explícito. En tercer lugar, asumió la forma de ataque en contra de un sistema inmoral a través del principio de “ordenar lo bueno y prohibir lo malo”, un factor que fue el más importante de todos como un eterno mensaje para el mundo entero en todos los tiempos.
[2] Ÿabal At-Târiq (Gibraltar).
[3] Doce sucesores o Califas, el primero de los cuales es ‘Alî (P).
[4] Como dijo Jesús (P) respecto a los fariseos: “Cuelan el mosquito y dejan pasar el camello”.

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