viernes, 12 de julio de 2013

Clases sobre Shiísmo - 20



Serie de clases sobre Shiísmo impartidas por Sumeia Younes
(Las clases fueron grabadas, transcritas y luego editadas por la autora para poder disponer de ellas en forma de texto)

Clase 20

En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordiosísimo

PARTICULARIDADES JURÍDICAS DE LA SHΑAH (2)

El wudû

El Wudû o ablución es uno de los actos de adoración islámicos que además de ser en sí mismo mustahabb o preferible, también es la preliminar para la realización de otros actos de adoración, como por ejemplo el salât (la oración). El Wudû tiene muchas normas que son mencionadas en detalle en los libros de fiqh (jurisprudencia).

La postura más famosa entre los juristas imamitas con relación a cómo se realiza el Wudû es la siguiente: en primer lugar, que el rostro y las manos deben ser lavados de arriba hacia abajo. Ahl-us Sunnah no considera necesaria esta condición.
Asimismo existe consenso entre los sabios shias sobre que en el wudû, después de lavar el rostro y las manos, se deben “frotar” –no lavar- parte de la cabeza y los pies con la mano húmeda, y que “lavarlos” invalida el wudû. Pero nuestros hermanos sunnis consideran necesario “lavar” los pies, y consideran que no es suficiente con frotarlos con la mano húmeda.
Por lo tanto, la diferencia en cuanto al Wudû entre shias y sunnis radica en dos cosas:
  1. ¿Cómo deben ser lavados el rostro y las manos? ¿Es necesario lavarlos de arriba hacia abajo? ¿O de cualquier forma que los lavemos será correcto?
  2. ¿Se debe lavar los pies o solo se debe frotarlos con las manos húmedas?

La Aleya del Wudû

Para responder a estas preguntas debemos analizar en primer lugar la aleya del Wudû. Dice el Sagrado Corán en la Sura al-Mâ’idah, aleya 6:
﴿ يَآ أَيُّهَا الَّذِينَ ءَامَنُوا إِذَا قُمْتُمْ إِلَى الصَّلاَةِ فَاغْسِلُوا وُجُوهَكُمْ وَأَيْدِيَكُمْ إِلَى الْمَرَافِقِ وَامْسَحُوا بِرُؤُوسِكُمْ وَأَرْجُلَكُمْ إِلَى الْكَعْبَيْنِ ﴾
«… ¡Oh creyentes, cuando os dispongáis a rezar, lavad vuestros rostros y manos hasta los codos y frotad (parte de) vuestras cabezas y vuestros pies hasta los tobillos».[1]
De lo aparente de la aleya del Wudû, se infiere que el Wudû está conformado por dos acciones: el Gasl (lavado) y el Mash (frotado).
La opinión famosa entre los jurisprudentes imamitas es que el rostro y las manos deben ser lavados desde arriba hacia abajo. Aún cuando esto no fue explicado en la aleya del Wudû, los hadices de los Imames Inmaculados (a.s.) que se transmitieron al respecto nos indican que así debe ser. Por otra parte, lo normal en la gente es lavar los miembros de su cuerpo como las manos y los pies desde arriba hacia abajo. Por ejemplo, si le pedimos a alguien que lave sus pies hasta las rodillas, lo más probable es que lo haga desde la rodilla hacia abajo, y no al revés. 
En la aleya la expresión en árabe es “aidiakum ilâl marâfiq”. Mediante los textos árabes de la época de la Revelación como las poesías pre-islámicas y pos-islámicas y las narraciones, y también las definiciones de los diccionarios árabes (incluso los diccionarios actuales), concluimos que la preposición “ilâ” puede tener tanto el significado de “hacia”, o sea indicar una dirección, como tener el significado de “hasta”, o sea delimitar una cantidad. Considerando también que la palabra “iad” en árabe se refiere a los miembros superiores desde la punta de los dedos hasta la muñeca, o bien hasta el codo, o bien hasta el hombro, por lo tanto la preposición “ilâ” en la frase “ilâl marâfiq” (marâfiq es codo) en la aleya delimita la “cantidad” que se debe lavar la mano, y no la “forma” de lavarla. Incluso si le diéramos el sentido de “hacia”, es decir, “hacia los codos”, deberíamos lavarnos desde la punta de los dedos en dirección hacia los codos, pero ¿cómo sabemos hasta dónde? Podría ser solo hasta la muñeca, o la mitad del antebrazo, o más arriba, es decir, no sabríamos hasta dónde. De cualquier manera, es la tradición la que explica la forma de hacerlo.
Ahora, en cuanto a la obligación de frotar parte de la cabeza y los pies, los shias imamitas son unánimes en cuanto a esto y consideran que lavarlos invalida el Wudû. Además de haber deducido esto de los hadices de los Imames, en la aleya del Wudû también se manifiesta claramente que se debe frotar la cabeza y los pies, y no lavarlos. Primero dice: Lavad vuestros rostros y manos hasta los codos”, y luego dice: “Frotad (parte de) vuestras cabezas y vuestros pies hasta los tobillos”.
La Shî‘ah también sostiene que necesariamente se debe frotar sobre el pie directamente y que en condiciones normales -que no son extremas como por ejemplo ante un intenso frío o por tener un vendaje o herida-, no es correcto hacerlo sobre el calzado o la media.

LA PROSTERNACIÓN SOBRE LA TIERRA

Otro asunto sobre el que existe discrepancia es respecto a aquello sobre lo cual es válido prosternarse durante la oración. La Shî‘ah Imamita sostiene que mientras sea posible elegir, la prosternación solo es válida sobre lo que es suelo natural o lo que crece del mismo sin ser comestible o factible de confeccionar vestimenta. En cambio, los sunnis consideran válido prosternase también sobre otras cosas como las alfombras o la vestimenta.
La fuente de documentación de la Shî‘ah sobre esta norma son los hadices que fueron transmitidos de los Imames de Ahl-ul Bait (a.s.). Hishâm le preguntó al Imam As-Sâdiq (a.s.) sobre qué cosas es permitido prosternarse y sobre qué cosas no es permitido prosternarse. El Imam (a.s.) respondió: “No se permite la prosternación más que sobre la tierra o lo que brota de la misma, a excepción de aquello que es comestible o sirve para confeccionar vestimenta”. Hishâm preguntó la razón de ello y el Imam (a.s.) le respondió lo siguiente:
“Puesto que la prosternación se realiza en sometimiento a Al·lâh, Imponente y Majestuoso, por lo cual no es correcto que se realice sobre aquello que se come o con lo que se confecciona vestimentas, puesto que las personas mundanas son esclavas de aquello que comen y visten. Es por ello que aquel que se prosterna en adoración a Al·lâh, Imponente y Majestuoso, no debe disponer su frente durante la prosternación sobre lo que adoran las personas que fueron seducidas por la vida mundanal”.[2]
Por supuesto, estudiando la vida del Gran Profeta del Islam (s.a.w.) y la de sus Compañeros también encontramos testimonios que corroboran esto.
En un famoso Hadîz del Profeta que fue transmitido en Sahîh Al-Bujârî, leemos que el Profeta dijo:
« جُعِلَتْ لي الأرضُ مسجداً و طَهوراً »
“Me fue dispuesta la tierra como lugar de prosternación y como purificadora (Tahûr)”.[3]
La palabra Tahûr” se refiere a aquello que es purificador para poder realizar el taiiamum o ablución seca, es decir, el masÿid o lugar de prosternación es eso mismo que es Tahûr o purificador, esto es, la tierra, la piedra, la arena, etc.
La costumbre de los musulmanes en épocas del Profeta (s.a.w.) era prosternarse sobre la tierra. Dijo Yâbir ibn ‘Abdil·lâh Al-Ansârî en un hadîz transmitido en Sahîh Muslim
“Me encontraba rezando la oración del mediodía con el Profeta de Al·lâh (s.a.w.) y yo llevaba un trozo de arcilla prensada y la pasaba de una mano a la otra hasta que se enfriaba, para luego posar mi frente sobre ella durante la prosternación por lo intenso del calor”.[4]
También hay muchos hadices transmitidos tanto en libros shias como sunnis que refieren que cuando el Profeta (s.a.w.) veía a alguno de sus Compañeros prosternados sobre su turbante o sobre su vestimenta se los impedía, aún cuando los Compañeros hacían esto por la intensidad del calor del suelo. Y como sabemos, el Profeta es la mayor corporización de la misericordia, y si hubiese sido posible la prosternación sobre algo como los turbantes, la vestimenta o las alfombras, seguramente él se los hubiera permitido y no los hubiera obligado a prosternarse sobre un lugar caliente.
Por supuesto, algunos hadices señalan también que es lícito prosternarse sobre la ropa o algo similar en condiciones adversas en las que uno esté compelido a hacerlo.
También, es necesario mencionar que el hecho de que se haya vuelto habitual entre los shias prosternarse sobre una turbah o pieza de tierra prensada que generalmente llevan consigo es porque:
Primero: es posible que no en todos los lugares haya tierra, piedra u otra cosa pura sobre lo cual es lícito prosternarse.
Segundo: prosternarse sobre la tierra es mejor que hacerlo sobre cualquier otra cosa, puesto que con ello se manifiesta más el espíritu de sometimiento al Creador.

El jums

El Jums es el gravamen religioso que se debe pagar del quinto de las ganancias netas. Ésta es una de las normas categóricas y necesarias de la religión islámica. Desde el punto de vista de la Shî‘ah el Jums no se restringe a los botines de guerra, como sostienen los sunnis, sino que abarca muchas cuestiones, como todo tipo de ganancias, como los minerales, las gemas extraídas del mar, los tesoros, y aquello que después de un año sobra de los beneficios del comercio, siendo los botines de guerra solo una de esas cuestiones. Nuestros hermanos de la escuela sunnita consideran que el Jums se limita a los botines de guerra porque la aleya del Jums descendió con relación a los mismos, pero a veces no se puede restringir un juicio al motivo por el cual descendió en su momento la aleya, ya que –al menos en la cuestión del Jums-:
1.       En el idioma árabe se le dice ganîmah o ganâ’im a todo lo que obtiene la persona, y no se restringe a los botines de guerra, tal como encontramos en el famoso diccionario Lisan Al-‘Arab de Ibn Mandzûr.[5] Además, el mismo Corán ha considerado las bendiciones del Paraíso como magânim, que tiene el mismo significado de ganâ’im, esto es, ganancias y beneficios:
﴿ فَعِندَ اللَّهِ مَغَانِمُ كَثِيرَةٌ ﴾
«Ante Dios hay muchas “magânim” (que aquí se traduciría como recompensas)».[6]
  1. En algunas narraciones se transmitió que el Noble Profeta (s.a.w.) consideraba obligatorio el pago del Jums para todo tipo de ganancias. Una de esas narraciones se encuentra en Sahîh Al-Bujârî, t. 4, p. 250.[7] Además están las narraciones transmitidas de los Imames de Ahl-ul Bait (a.s.) sobre el Jums, por lo que no queda ningún punto de ambigüedad al respecto.

El empleo del Jums

¿A quiénes debe dárseles el Jums? El destino que se le debe dar al Jums se ha especificado en la aleya del Jums:
﴿ وَاعْلَمُوا اَنَّمَا غَنِمْتُم مِن شَيْءٍ فَاَنَّ لِلّهِ خُمُسَهُ وَلِلرَّسُولِ وَلِذِى الْقُرْبَى وَالْيَتَامَى وَالْمَسَاكِينِ وَابْنِ السَّبِيلِ ﴾
«Y sabed que el quinto de lo que obtengáis es para Dios, para el Mensajero, para el pariente, para los huérfanos, para los indigentes y para el viajero que se ha quedado sin recursos».[8]
Como vemos, en esta aleya se ha enumerado a quiénes se debe dar el Jums. Y vemos que al Noble Profeta (s.a.w.) y sus parientes también les corresponde una parte del Jums. Ésta era una cuestión de consenso entre todos los musulmanes y hasta la muerte del Profeta no cambió, pero según las narraciones, después de que Abû Bakr llegó al Califato, eliminó la parte que le correspondía al Profeta y a sus parientes, y como resultado, Banî Hâshim se vio privado en adelante de la parte que le era dada en épocas del Profeta.
Muslim ibn Haÿÿâÿ transmitió de Iazîd ibn Hormoz que: Naÿdah ibn ‘Âmir, que era de los Jawâriÿ, le escribió una carta a Ibn ‘Abbâs donde le preguntaba de la parte que correspondía a los parientes, y a quién se referían con “pariente” que cita la aleya. Ibn ‘Abbâs en respuesta le escribió: 
“Somos nosotros (Banî Hâshim) los parientes del Profeta, pero nos han privado de ello”.[9]
Ahl-us Sunnah en esta cuestión sigue la opinión del primer califa Abû Bakr, pero la Shî‘ah Imâmîiah sigue la opinión de Ahl-ul Bait (a.s.)
Por otra parte, una postura cercana al consenso[10] entre la Shî‘ah sostiene que el propósito de “el pariente” en la aleya es el Imam inmaculado (a.s.) y quien tenga el juicio del mismo, como Fátima Az-Zahrâ’ (a.s.).
De esta manera, la Shî‘ah Imâmîiah considera que de las 6 partes del Jums que anuncia la aleya, tres partes -es decir, las que corresponden a Dios, al Profeta y a los parientes del Profeta-, pertenecen al Imam de la Época (a.ÿ.), y las otras tres partes, son particulares para los huérfanos, indigentes y viajeros que se han quedado sin recursos y, por supuesto, que sean de entre los hashemíes, puesto que Dios les prohibió a éstos tomar algo del zakât a cambio del Jums que particularizó para ellos.

El adhân

En esta cuestión también existen diferencias entre sunnis y shias. Según la creencia Shî‘ah, los dos llamados a la oración, esto es, el Adhân y la Iqâmah son consignas de la religión y actos de devoción al igual que el resto de los actos de adoración que Dios reveló al corazón de Su Profeta (s.a.w.) sin que ninguna persona participe con el Profeta en el acto de legislar. Por lo tanto, el texto del Adhân o llamado a la oración fue una revelación divina al corazón del Profeta (s.a.w.), por lo que ninguna persona puede añadir o quitar algo del mismo.
Las particularidades jurídicas de la Shî‘ah en relación con la forma del Adhân son las siguientes:
1. Es obligatorio que las frases del Adhân se repitan dos veces a excepción de la primera frase que dice Al·lâhu Akbar (Dios es el más Grande), la cual debe repetirse cuatro veces.
2. Después de la frase haîia ‘alâl falâh (¡Venid hacia el éxito!) se debe decir dos veces haîia ‘alâ jair-il ‘amal (¡Venid hacia la mejor de las acciones!). Por supuesto, el segundo Califa ‘Umar ordenó que quitaran esta frase del Adhan por temor a que la gente deje de dirigirse al ÿihâd (o la lucha por la causa de Al·lâh) al suponer que la mejor acción es el salât. Y nuestros hermanos sunnis siguen al segundo Califa a este respecto.
3. La frase final lâ ilâha il·lâl·lâh (No hay divinidad sino Dios) es obligatorio decirla dos veces, contrario a lo que realizan nuestros hermanos sunnis que la pronuncian una sola vez.
Es necesario aclarar que la Shî‘ah no considera obligatoria la frase ash·hadu anna ‘Alîian walîiul·lâh (Testimonio que Alî es el Walî de Dios) que pronuncian después de los shahadatain o los dos testimonios de fe, y que no es parte del Adhân en sí, pero decirla sin intención de que sea parte del Adhân y solamente como una consigna, no presenta ningún problema.
Asimismo, los shias imamitas sostienen la legitimidad y validez del Adhân solamente para las oraciones diarias.

La oración del viajero (salât al-musâfir)

La totalidad de las escuelas islámicas son unánimes en que acortar la oración es una norma particular de las oraciones obligatorias de cuatro ciclos que realiza el viajero, quien debe realizar las oraciones del mediodía (dzuhr), tarde (‘asr) y noche (‘ishâ’) -que originalmente son de cuatro ciclos- igual que la oración de la mañana (faÿr), o sea, en dos ciclos o rak‘ah.
La diferencia de opinión entre sunnis y shias radica en el hecho de que para la Shî‘ah Imamîiah el viajero no puede elegir entre realizar esas oraciones completas o acortarlas (como sostienen los sunnis) sino que es obligatorio acortar el rezo cuando uno está de viaje. Lo mismo sucede con el ayuno, que cuando uno está de viaje, según la jurisprudencia Imamita, no se debe ayunar y debe ser recuperado luego.

El mut‘ah o matrimonio temporal o por tiempo determinado

Existe unanimidad entre los musulmanes en el hecho de que el matrimonio por tiempo determinado fue legislado en tiempos del Profeta (s.a.w.), sólo que los sabios sunnis sostienen que el mismo fue abrogado. Los shias rechazan que se haya producido tal abrogación y han presentado numerosas pruebas respecto a la legitimidad del mismo.[11] Las normativas y condiciones de este tipo de matrimonio pueden ser encontradas en los libros de jurisprudencia de la Shî‘ah.

X X X X X

Finalmente, hay muchas otras cuestiones jurídicas en las que la Shî‘ah se distingue del resto de las escuelas islámicas, pero es de hacer notar que estas diferencias son menores y que no son mayores que las existentes entre las cuatro escuelas de jurisprudencia sunnitas –es decir, la Hanbalî, la Hanafî, la Shâfi‘î y la Mâlikî- entre sí. Lamentablemente la brevedad de este curso impide tratarlas a todas, por lo que las delegamos al estudio particular de la “Jurisprudencia Comparada”.




[1] Sura al-Mâ’idah; 5: 6.
[2] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 3, Cap. “Aquello sobre lo cual hay que prosternase”, cap. 1, h. nº 1.
[3] Sahîh Al-Bujârî, t. 1, p. 91, Kitâb At-Taiammum, h. nº 2.
[4] Musnad Ahmad, t. 3, p. 327, Cap. “Los hadices de Yâbir”. Sunan Al-Baihaqui, t. 1, p. 439, Cap. “Lo que se narra de apresurarla (a la oración) ante lo intenso del calor”.
[5] Lisân al-‘Arab, vocablos de raíz “ganama”.
[6] Sura an-Nisâ’; 4 : 94.
[7] Leemos en el hadiz nº 1403 de Sahîh Al-Bujârî: وَفِي ‏الرِّكَازِ الْخُمُسُ ‏ = “En los tesoros que se encuentran enterrados (rikâz) corresponde el quinto”. En la 254 del libro Fath al-bârî fî sharh sahîh al-bujârî se emnciona que Hasan Al-Basrî decía: “En el ámbar y  las perlas corresponde el quinto”.
[8] Sura al-Anfâl; 8: 41.
[9] Al-I‘tisâm bil Kitâbi ua-s Sunnah, p. 112.
[10] Al-Mustanad fî Sharh ‘Urwat al-Wûzqâ, de Saîied Abûl Qâsim Al-Jo’î, t. 25, p. 312.
[11] Wasâ’il ash-Shî‘ah, t. 14, cap. “El matrimonio por tiempo determinado”.

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