domingo, 6 de agosto de 2017


Discurso de Sheij Feisal Morhell en el Encuentro Islámico en Brasil: Los musulmanes y el enfrentamiento contra el terrorismo y el radicalismo – 30 Julio 2017

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso

Que las bendiciones y la paz con el Mensajero del Señor del Universo y con su familia inmaculada y sus Compañeros nobles

Señor secretario general de la Asamblea del acercamiento entre las escuelas religiosas, Sheij Mohsen Araki
Querido anfitrión de este congreso Sheij Taleb Al-Jazraýi
Estimados sabios del Islam y activistas en el terreno religioso y cultural
Hermanas y hermanos

La paz, la misericordia y las bendiciones de Dios sean con ustedes

Dice Dios, Glorificado sea, en el Sagrado Corán:
“¡Oh gente! Por cierto que os hemos creado de un varón y de una mujer y os dispusimos en pueblos y tribus para que os reconozcáis. Ciertamente que el más noble ante Dios de entre vosotros es el más piadoso”.

Difícilmente que el ser humano viva sin mezclarse con el resto de las comunidades que tal vez profesen una religión diferente a la suya y sin entrar en un intercambio con una contraparte o varias. El comportamiento razonable implica que proceda a acordar con ellos beneficios, propósitos y necesidades comunes.

La sociedad internacional define el término “convivencia pacífica” como la cooperación entre los pueblos del mundo en base al entendimiento mutuo, el intercambio de intereses en plano de la seguridad, la economía y el comercio.
La convivencia entre los musulmanes y la gente de otras religiones debe partir del respeto mutuo y el deseo de intercambiar colaboración en beneficio de la humanidad.
Existen numerosos aspectos que tienen una importancia en común que se vincula profundamente con la vida del ser humano.
En el presente el terrorismo amenaza la convivencia entre las sociedades e incluso entre los miembros de una misma sociedad. Este fenómeno que estamos tratando, la violencia, el maltrato, la falta de solidaridad, etc., se originan del pensamiento extremista takfiri y daña la vida social respetable y pacífica, la dignidad humanan y el bien general.
Si bien a lo largo de la historia hubo personas y grupos que a lo largo del mundo cometieron semejantes prácticas abominables, en nuestros días nosotros los musulmanes padecemos el surgimiento del terrorismo dentro de nuestras sociedades de una manera sin precedentes desde el punto de vista de su fuerza destructiva y gran apoyo del que goza de parte sus patrocinadores, así como por las repercusiones de sus crímenes al nivel mundial, la proliferación de la Islamofobia y otras complejidades.
Es deber de los sabios del Islam determinar los factores materiales, anímicos e ideológicos que atraen a los jóvenes para incurrir en la perpetración de tales crímenes o participar en los mismos. Es deber de los sabios del Islam elaborar alternativas positivas ante estas numerosas amenazas.
El terrorismo nos afecta a todos y cualquier sistema religioso y ético tiene la responsabilidad de culturalizar en el plano de la moral y la difusión de los valores humanos.
Proveer alternativas sólidas frente a la realidad de la cruel violencia terrorista no solo tiene que ver con una reacción al producirse los eventos terroristas, cualquiera que éstos sean, sino con tratar cualquier tipo de práctica de la violencia que se produce en la sociedad.
Antes de producirse una acción de violencia y un crimen afín por parte del extremista, ya existen ideas extremistas que lo han precedido. Que nuestra misión sea contrarrestar las ideas extremistas que están absolutamente alejadas de la moderación de la religión monoteísta del Islam.
Dice el Altísimo en el Sagrado Corán:
“Es así como os dispusimos como una comunidad moderada, de manera que seáis testigos para la gente siendo el Mensajero el testigo para vosotros”.
Debemos poner al descubierto el origen del extremismo y a quienes lo financian.
Debemos terminar con el fenómeno del takfir y el sectarismo por medio de aclarar a los musulmanes sus principios estables que se encuentran en la shariah “asequible e indulgente” y poner énfasis en los puntos en común dejando de lado el debate sobre las diferencias al ámbito académico sereno y respetuoso.
Esta función les corresponde a ustedes, sabios del Islam, puesto que incluso la utilización una palabra en La Meca puede influir en personas “en cualquier alejada comarca”.
La palabra tiene un valor esencial para exponer las ideas de carácter humano y los comportamientos de los líderes religiosos se toman como referencia para solucionar las contiendas de modo pacífico… o bien para encenderlas.
Se debe poner énfasis en que esos grupos extremistas no son de carácter islámico en absoluto y condenar a sus propulsores.
Es necesario que los disertantes, los imames de las mezquitas y los activistas en el trabajo islámico  aclaren a todos sus discursos y enseñanzas, que no existe justificación alguna para utilizar la violencia y el terror para alcanzar propósitos políticos y sociales, ni que decir de su utilización con fines religiosos. Se debe respetar a los demás en sus derechos y prácticas de las libertades civiles y esenciales.
Gracias a Dios, nosotros los musulmanes, con nuestras diversas escuelas teológicas, de jurisprudencia y de métodos espirituales, poseemos un ingente bagaje de enseñanzas religiosas que tomamos de aquel que fue presentado por el Creador en el Sagrado Corán como “ejemplo” para nosotros y misericordia para el universo; no es otro que el señor de los enviados divinos, nuestro Profeta Muhammad (s.a.w.).
El fenómeno del extremismo no se restringe a quien adhiere a una escuela islámica en particular, si bien aquello que estamos tratando surge del pensamiento extremista wahabita que fue originado por el colonialismo británico.
Un ejemplo de ello es la proliferación de ideas extremistas entre los sheijes de lo que se ha dado en llamar “shiísmo británico”, quienes falsamente invocan la pertenencia a la escuela de la Gente de la Pura Progenie del Profeta (s.a.w.) siendo que mancillan el buen nombre de los shias de Ahlul Bait (a.s.) al contrariar la conducta de nuestros Imames (a.s.) basada en la palabra de unicidad (“no hay divinidad más que Dios”) y en la unidad de palabra.
A este respecto, dijo el sexto de los Imames de Ahlul Bait (a.s.), Ya‘far ibn Muhammad As-Sâdiq (a.s.) dirigiéndose sus shias o seguidores:

“Cuando uno de vosotros es piadoso en su religión, veraz al hablar, cumple con lo que se le confía, tiene buen carácter con la gente y se dice “éste es seguidor de Ya‘far”, eso me alegra y me alegro por él y se dirá “esta es la moral de Ya‘far”. En cambio, sí que no se comporta de esa manera me incluirá en su infortunio y vergüenza y se dirá “esta es la moral de Ya‘far”.”

Indudablemente, la convivencia pacífica entre las escuelas islámicas es una necesidad vital antes de ser una obligación religiosa. Ese es el comportamiento que debe proliferar en las sociedades y las colectividades islámicas que contienen diferentes corrientes y numerosas razas, tal como es el caso en América Latina.

“Y no le digas a quien te dirige el salâm “no eres musulmán”.
El Libro de Dios nos indica el comportamiento correcto que se debe tener con quienes creen que no hay divinidad más que Dios y aceptan la condición de Profeta del sello de los Mensajeros, Muhammad (s.a.w.). En el Islam trasciende el atributo de “compasión” y actuar acorde a tal virtud no es algo que se restrinja a la conducta de los musulmanes entre sí, sino que incluye al no-musulmán. Dijo quien es la puerta de la ciudad del Conocimiento del Profeta  del Islam (s.a.w.), el Imam Alî (a.s.) dirigiéndose a Malik Al-Ashtar cuando lo designó gobernador de Egipto:
“Y siente en tu corazón compasión por los súbditos y trátales con benevolencia. No seas como un depredador  que les acecha para alimentarse de ellos, ya que ciertamente que la gente es de dos tipos: o bien es tu hermano en la religión, o bien es tu similar a tu en la creación”
Cualquier comportamiento diferente a estos principios se consideran un fenómeno aislado en la sociedad que tiene eco entre la gente, ni encuentra más que el rechazo entre los razonables. Dice el Altísimo:

“Dios no os prohíbe que seáis buenos y equitativos con quienes no han combatido contra vosotros por causa de la religión, ni os han expulsado de vuestros hogares. Dios ama a los que son equitativos * Lo que Dios os prohíbe es que toméis como amigos a los que han combatido contra vosotros por causa de la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra expulsión. Quienes les tomen como amigos, ésos son los impíos”.



El Islam no rechaza el buen trato con el no musulmán sino que incluso incentiva ello. Solamente rechaza la amistad con quien combate a los musulmanes y los expulsan de sus moradas. Hoy en día, son los extremistas quienes tienen vínculos con los que conspiran contra el Islam y ayudan a sus planes de manera directa o indirecta.

Algo que nos compete directamente a los musulmanes de estas regiones, es la vulneración de la seguridad de los musulmanes en los países en que son minoría por el accionar de los extremistas y las faltas de respeto a los mismos o incluso su asesinato o quema de mezquitas. Esos grupos de terroristas sanguinarios están contra la humanidad toda y se debe dejar en claro que las víctimas de su accionar en primer lugar son los mismos musulmanes.
El Islam no niega la existencia de otras religiones; por el contrario, alienta la convivencia con ellas en paz y seguridad. En la historia de la civilización islámica hay claros testimonios de ello.
Si bien actuar en pro de la paz no es algo que se restrinja a los sabios, tratar este fenómeno requiere gran lucidez y destrezas determinadas, además de orientación por parte de expertos en el tema.
En la escuela, la familia, los medios de información y los activistas en el plano social deben ayudarse mutuamente a este respecto y centrarse en la dignidad de todo ser humano como punto de partida en el trato con la gente.
Dice el Altísimo:
“Ciertamente que hemos dignificado a los hijos de Adán; les acarreamos por tierra y por mar, les otorgamos sustento de las cosas excelentes y los preferimos sobremanera por sobre mucho de lo que hemos creado”.
Hay quien se vale del accionar de los grupos takfiris para reforzar la islamofobia tratando de debilitar la presencia de las minorías musulmanas en la sociedad y marginarles totalmente. Debemos enfrentar ello mediante nuestra presencia en los ámbitos sociales en el más alto nivel y en el plano del establecimiento de relaciones con los gobiernos, las universidades, etc.
La racionalidad y la moralidad que abunda en nuestra religión se consideran un muy sólido factor para implantar la conciencia entre los musulmanes sobre este particular, e incluso atraer los pensamientos de todo aquel que es nuestro semejante en la creación y tiene un corazón sano.
Finalmente, concluimos que hay planes de acción en comunes para llevar a cabo nuestro deber en lo que concierne a la convivencia pacífica con los demás, que se verifican en el retorno a los valores que se desprenden del Libro de Dios y la Tradición del Profeta (s.a.w.). Es así como podemos participar en la edificación de la civilización islámica y la gran civilización humana.
Agradecemos al centro islámico de Brasil y a su director el Sheij Taleb Al-Jazraÿî (que Dios lo proteja) por llevar a cabo esta preciada iniciativa
Nuestra última invocación es que la alanza sea para Dios, Señor del universo

Que la paz, la misericordia y las bendiciones de Dios sean con vosotros


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